martes, 30 de marzo de 2010

Criatura de la noche


Esta semana se estrena Criatura de la noche (Déjame entrar, Låt den rätte komma in, 2008) Mónica Delgado la comentó hace unos meses. Aquí está el artículo.
Criatura de la noche es la tercera película de Tomas Alfredson y la primera que veo de su filmografía. Se trata de la historia de Oskar, un niño de 12 años, ensimismado, que recorta notas policiales de los periódicos y que es agredido diariamente por un grupo de estudiantes en el colegio, y que hace amistad con su nueva vecina, Eli, una niña vampiro de la misma edad.

El único tópico que existe sobre los vampiros cinematográficos en este filme es que beben sangre. Por lo demás, Eli es una púber abandonada, sin amigos ni familia, que hiede, no tiene frío, que tiene un ayudante, un anciano que le consigue víctimas, y que no tiene ni pizca de glamour de los personajes de Ann Rice o de la estilización de Blade y compañía. Pero Alfredson aprovecha la oscuridad inherente al vampirismo para adentrarnos en un pequeño suburbio de Estocolmo en pleno invierno a mediados de los ochenta.

Déjame entrar, basada en una novela transgresora de John Ajvide Lindqvist, que no tiene nada que ver con la saga de Crepúsculo, ya que tiene elementos de pedofilia, prostitución, crímenes, etc, es más bien un relato de cómo dos púberes incomunicados rompen barreras personales y se van acercando mutuamente en un clima hostil que se va enrareciendo. Los adultos, profesores, padres o vecinos de la clase obrera viven en ambientes enviciados sin mayores razones, preocupados por la ola de muertes atribuidas a un asesino en serie. Alfredson no hace un filme de terror sino un drama psicológico, donde el tema de vampirismo sirve para expresar algún tipo de enajenación y solipsismo, de soledad e incomprensión. Los vampiros ya no pertenecen a una élite, no tienen títulos nobiliarios y más bien se parecen a homeless, parias u ocupas. El final es antológico.

Mónica Delgado

miércoles, 24 de marzo de 2010

Cartagena y Guadalajara: dos espacios para el cine de América Latina


Acaban de realizarse, con pocos días de diferencia, las últimas ediciones de los festivales de cine de Cartagena de Indias y de Guadalajara, ambos dedicados de manera preferencial al cine de la región. Este año, además, ha sido un año de efemérides, pues Cartagena, el más antiguo de los que se hacen en la América de habla hispana y portuguesa, cumplió su quincuagésima edición, y el de Guadalajara celebró la vigésimo quinta.

50 años no es poco, y menos aún en nuestras tierras, pero el Festival de Cartagena llega a esa respetable edad con problemas de organización y logística propios de certámenes en sus inicios. A pesar de que la programación se ha visto mejorada, desde la edición anterior, por la presencia de Orlando Mora, este Festival deja mucho que desear y con todo el recorrido realizado hasta ahora no parece tener un perfil propio claramente definido ni cuenta con una parte académica suficientemente sólida. Este año hubo un simposio de crítica cinematográfica, organizado por la revista Kinetoscopio de Medellin y el Ministerio de Cultura, al que asistí, pero muy poco más que eso. Y la organización del Festival no daba señales de interesarse mayormente por esos eventos paralelos.

Por su parte, el Festival de Guadalajara, que empezó como la Semana de Cine Mexicano de esa ciudad del estado de Jalisco, está más abocado a los encuentros de autoridades cinematográficas (estuvo presente Rosa María Oliart, la presidenta de CONACINE), las reuniones de IBERMEDIA, el mercado de films, el Talent Campus, donde expusieron varios realizadores, entre ellos Pedro Costa y Tod Solondz, etc. Bien por todo ello, pues en Guadalajara se fortalecen realizaciones del proyecto Cine en Construcción, que iniciaron los festivales de Toulouse y San Sebastián, se asignan fondos para la producción, se venden filmes para su distribución en América Latina.

En otras palabras, las industrias cinematográficas de la región y, en general, las cinematografías existentes, que van en crecimiento, pues países como Costa Rica, El Salvador o Nicaragua ya exhiben largometrajes que merecen tomarse en cuenta, se ven notoriamente favorecidas por los acuerdos y negocios que se generan o se concretan en el marco del Festival.

Quienes no formamos parte del renglón de la producción o de las autoridades, nos dedicamos a ver cine y la cosecha del presente año no es desdeñable. Menciono, en primer lugar, lo más valioso que vi en Cartagena. Del cine de América Latina, la argentina El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella que, es de esperar, se estrene comercialmente en Lima; el documental brasileño Moscú, de Eduardo Coutinho, cuya continuidad en los últimos años es un motivo de beneplácito, dada la calidad del realizador; la nicaragüense La Yuma, opera prima de Florence Jaguey; la colombiana El vuelco del cangrejo, de Oscar Ruiz Navia. El último verano de la Boyita, de la argentina Julia Solomonoff, y Turistas, de la chilena Alicia Scherson –ya vista en Lima- estuvieron entre las mejores. Asimismo, se exhibieron dos películas peruanas, Paraíso, de Héctor Galvez, y Contracorriente, de Javier Fuentes-León, que obtuvo, como ya lo había hecho en el Sundance y más tarde en el Festival de Miami, el premio del público.

De Guadalajara destaco las mexicanas Las buenas hierbas, de María Novaro y Perpetuum mobile, de Nicolás Pereda, que con cuatro largos es el más promisorio de los jóvenes cineastas del país del norte; la argentina Rompecabezas, de Natalia Smirnoff; la brasileña Viajo porque necesito, vuelvo porque te amo, de Marcelo Gomes y Karim Ainouz; el documental salvadoreño Uno, la historia de un gol, de Gerardo Muyshont y Carlos Moreno. No llegué a ver, pero registré opiniones favorables para Rabia, del ecuatoriano Sebastián Cordero, Zona Sur, del boliviano Juan Carlos Valdivia y Norteado, del mexicano Rigoberto Pérezcano.

Todos los títulos mencionados (salvo el que ya se vio) deberían estar incluidos en la programación del Festival de Lima que tendrá lugar en el próximo mes de agosto. Ese será el momento de hacer un comentario puntual de cada uno de ellos. No hay ninguna película excepcional, pero sí varias en las que despunta el talento, se organiza un relato sólido o se advierte la originalidad de la propuesta.

Entre los films ajenos a la región, en Cartagena mis preferencias se inclinan por la alemana La cinta blanca, de Michael Haneke, la francesa Hierbas salvajes, de Alain Resnais, la israelí Lebanon, de Samuel Maoz. De lo visto en Guadalajara, por último, me entusiasmó la filipina Independencia, de Raya Martin y encontré de gran valor expresivo el segundo largo del rumano Corneliu Poromboiu, Policía, adjetivo, y el primero del australiano Warwick Thornton, Sansón y Dalila. Ah, y una mención especial para No cambies nada, del portugués Pedro Costa, un documental muy personal sobre los ensayos musicales de la actriz y cantante francesa Jeanne Balibar.

Isaac León Frías

La isla siniestra y Alicia en el país de las maravillas


“La isla siniestra” empieza con la llegada de Leonardo DiCaprio y Mark Ruffalo a una isla-sanatorio para criminales enajenados. Investigan la desaparición de una paciente acusada de haber asesinado a sus hijos. Desde el inicio se impone el tratamiento hiperbólico de la música, los movimientos de cámara, los efectos del montaje. Todo se muestra ansioso, se apunta tenebroso, se quiere febril: estamos ingresando en un templo del horror, donde nada es lo que parece porque todo es alucinatorio. En las dos horas que siguen, esas alucinaciones resultan teorías expuestas, delirios orales, paranoia verbalizada, pistas argumentales que se extravían en interminables conversaciones. Para colmo, el thriller quiere dar cuenta del clima de la época y, por eso, la trama entremezcla sin ton ni son al Holocausto con el macartismo y la bomba atómica.


Ricardo Bedoya

viernes, 19 de marzo de 2010

El cine y la francofonía

Este lunes 22 de marzo, a las 7 de la noche, en la sala multipropósito de la Embajada del Canadá, ubicada en Calle Bolognesi 228, Miraflores, podremos conversar sobre el cine y la francofonía.

Los interesados en asistir deben enviar un mensaje a genevieve.girard@international.gc.ca indicando su nombre completo y su número de documento de identidad, el cual debe ser presentado al ingresar a la embajada. El cupo es limitado y el registro es hasta el mediodía del lunes, 22 de marzo.
Ricardo Bedoya

Claudia Llosa en entrevista

Claudia Llosa hace un balance de su experiencia en Hollywood en una entrevista que pasará "El placer de los ojos". Hoy, viernes 19, y el domingo 21, a las 10 de la noche, por canal 7.

lunes, 15 de marzo de 2010

El maligno Orson Welles




Un artículo de John Campos Gómez, en Cinencuentro, enlaza a un documental televisivo de Orson Welles llamado Viva Italia. Portrait of Gina (1958). Es el malvado intento de Welles de desconstruir la imagen de Gina Lollobrigida como encarnación de la mujer italiana intemporal. Fingiendo amabilidad y admiración por el mito fulgurante de los años cincuenta, Welles - con invariable sonrisa irónica o maligna- dinamita la figura de Gina teniéndola (o tal vez no) al frente, cara a cara.

¿Qué vemos en esa entrevista final? ¿Es el campo-contracampo en continuidad temporal del entrevistador y la entrevistada o la manipulación de planos filmados en tiempos distintos teniendo al montaje como "tercer hombre" y al entrevistador-director como prestidigitador?

La ira de Gina contra esta película podría haber estado justificada ante la trampa que le tendió el director de F For Fake.

Aquí está el artículo de Campos Gómez y los enlaces a este documental apasionante:
Ricardo Bedoya

Rohmer por Godard




Jean-Luc Godard, con la voz nasal de siempre, ahora también cascada -susurrada, casi inaudible- de sus 80 años, rinde homenaje a su amigo Maurice Schérer, más conocido como Eric Rohmer.

domingo, 14 de marzo de 2010

Los abrazos rotos


“Los abrazos rotos”, de Pedro Almodóvar, es un melodrama cerebral, frío, distanciado y, por eso, casi espectral. Es como la radiografía de un “melo” clásico, digamos “Sublime obsesión” o “Palabras al viento”, de Douglas Sirk. Los ingredientes necesarios están allí, sin faltar ni uno: las pasiones amorosas se agolpan en una suma de situaciones argumentales improbables y hay escenas de obsesión, de celos desbordados, de fascinación con una silueta femenina, de nostalgia por un pasado trágico. La protagonista —como debe ser— es deseada por dos hombres, el millonario y el cineasta, el protector y el creador, para los que es prostituta y actriz, respectivamente. Dualidad que se encarna en las apelaciones del personaje, Lena (Magdalena-Madeleine, como la protagonista de “Vértigo”) y Severine, como la Catherine Deneuve de “Bella de día”.


Pero no solo eso. Las imágenes alternan el arrebato cromático de rojos y amarillos, emblemas de pasión, exaltación y sangre, con las sombras del mundo sofocante del protector, el castillo del vampiro que busca dominar a la mujer hasta someterla. Los gestos de Penélope Cruz se modelan ante una cámara de cine que es instrumento de una indagación fetichista de su apariencia, que a ratos recuerda la de Audrey Hepburn y, más tarde, la de Marilyn Monroe o la de Kim Novak de “Vértigo”.




Ricardo Bedoya

jueves, 11 de marzo de 2010

La caja


"La caja" es una extraña e interesante película que mezcla la alegoría, la ciencia ficción, el "cuento de navidad" ciertamente perverso, el drama de suburbio, la fábula teológica, la película de "freaks", la ficción post 11 de setiembre, la crítica social a estos tiempos de restricción de subvenciones y apoyos estatales, y la dramatización del dilema ético esencial que supone elegir el ganar un millón de dólares o salvar la vida de un desconocido. Dirige Richard Kelly, el realizador de "Donnie Darko" y "Southland Tales", basado en un relato de Richard Matheson, con un estilo frío, impasible, de encuadres geométricos y ritmo pausado que no le teme al ridículo ni a las situaciones extremas.


Lo más atractivo de todo es el personaje de Arlington Steward, el extraño que toca a la puerta de la familia normal, encarnado por un sobrio Frank Langella que resume, en sus gestos y talante, la justicia divina, la ira de los justos, el rigor de la sanción, la fantasía funesta del castigo por la falla humana, el designio del que no se escapa o la maldad monda y lironda. Mutilado, sereno, arrogante, implacable, parece un ser incompleto, desgarrado, de Cronenberg o Bacon. Acaso es un villano o, tal vez, un Dios vengativo o un ángel tentador que llega a la tierra para probar que el "infierno son los otros", que la libertad personal no prevalece sobre el determinismo del mal y que todos llevamos la marca de Caín desde el nacimiento.


El pie mutilado de Cameron Diaz expresa más que el daño médico que sufrió en la infancia. Es también el signo de la ambición por superar el estigma y salir pronto de las estrecheces de su vida. El dolor que lleva al pecado de la codicia. Su marido (James Mardsen), en cambio, comete el pecado de la soberbia, exponiendo el misterio de la caja, su vacío. El elemento "fantástico" de "La caja" se construye en el trayecto que va de la fantasía obsesiva de Cameron Diaz a la racionalidad de su esposo.


Kelly es un cineasta de talento. Puede crear atmósferas tan inquietantes, opresivas, mórbidas, encerradas y opacas como las de Lynch, pero se pierde en las explicaciones. No había necesidad de proclamar diez veces, en el tercio final de la proyección, que "La caja" es una fábula y no una película que sigue las pautas ortodoxas del cine fantástico.


Ricardo Bedoya

martes, 9 de marzo de 2010

Rumores de Cannes 2010



Ya se mencionan los primeros títulos del Festival de Cannes 2010, que se inicia el 12 de mayo.
The tree of life, de Terrence Malick, en la foto
Area 51, de Oren Peli
Machete, de Robert Rodriguez
You will meet a tall dark stranger, de Woody Allen
Black swan, de Darren Aronofsky
Death of a Hostage, de Johnny To
Room in Rome, de Julio Médem
The way back, de Peter Weir
Socialisme, de Jean-Luc Godard
Rio Sex Comedy, de Jonathan Nossiter
Las heridas, de Pablo Trapero
The fighter, de David O Russell
Black Venus, de Abdellatif Kechiche
Rabbit hole, de John Cameron Mitchell
Chantrapas, de Otar Iosseliani
Poetry, de Lee Chang-dong
Somewhere, de Sofia Coppola
Potiche, François Ozon
La Princesse de Montpensier, de Bertrand Tavernier
Les petits mouchoirs, Guillaume Canet
Hors-la-loi, de Rachid Bouchareb
Route Irish, de Ken Loach
Another year, de Mike Leigh
Biutiful, de Alejandro González Iñárritu
Habemus Papam, de Nanni Moretti
The Turin horse, de Béla Tarr
Aurora, de Cristi Puiu
Autoreiji, de Takeshi Kitano
The Housemaid, de Im Sang-Soo
The Grand Master, de Wong Kar-Wai

Después del Oscar

“La teta asustada” no obtuvo el Óscar, pero los reconocimientos que recibió en festivales de cine y la candidatura para el Oscar son méritos que tienen en su haber Claudia Llosa y sus productores. Pasado el entusiasmo mediático, es necesario evaluar con claridad los logros alcanzados por esta película peruana.

La lección es que se puede competir en las ligas mayores mediando un trabajo muy serio y profesional. En primer lugar, marcando distancia de las reglas niveladoras del “cine para consumir al paso” en una multisala cualquiera. El punto de vista personal y exigente de un cineasta hace que una historia de “aquí y de ahora”, singular y muy arraigada en una cultura —la nuestra— pueda ser entendida y apreciada en diversos lugares y subtitulada en muchas lenguas. En segundo lugar, mirando hacia más allá, hacia mercados de pantallas múltiples que se interesan por “otros cines”. Para llegar a ellos, se requiere de coproducción internacional, pero, sobre todo, del cumplimiento escrupuloso de las leyes nacionales de promoción al cine, teniendo dos objetivos: lograr un nivel regular en la producción de películas y apoyar las “primeras obras”, los proyectos originales y las cintas producidas en todo el territorio del Perú. Que otras películas peruanas triunfen en el futuro puede ser el logro mayor que permite vislumbrar la repercusión actual de “La teta asustada”.

Ricardo Bedoya

jueves, 4 de marzo de 2010

Robin Wood: preferidas al morir


Jonathan Rosenbaum publica en su blog la lista de películas preferidas del crítico Robin Wood, dictada poco antes de morir. Aquí está: http://www.jonathanrosenbaum.com/?p=17784

Nuevo blog de cine

Carlos Esquives, que ha colaborado varias veces con este blog, anuncia blog propio. Lo tienen aquí: http://fotogramagourmet.blogspot.com/

miércoles, 3 de marzo de 2010

Danny Céspedes




Una triste noticia. Hoy falleció Danny Céspedes, joven realizador de cortometrajes como "Sin solución", "Mi cine de barrio" y, el más logrado de todos, "Sueños de América".


martes, 2 de marzo de 2010

Jafar Panahi detenido


El director de El círculo y Offside ha sido detenido en Irán:

¡Ataque de pánico!: un corto uruguayo

Vean este corto uruguayo dirigido por Federico Álvarez:

http://www.youtube.com/watch?v=-dadPWhEhVk

lunes, 1 de marzo de 2010

Eastwood por Quintín



En un reciente artículo sobre Invictus, el argentino Quintín dice lo siguiente sobre Clint Eastwood:

"Lo que hace de Eastwood un cineasta fascinante es que su obra se caracteriza por la continua revisión de sus propios valores. Así es como el sucio Harry, eternamente desconfiado del poder, cultor de la venganza y el individualismo extremo, termina haciendo una película sobre un estadista y sobre la reconciliación colectiva. Pero así es también como sus últimas películas recorren un caleidoscopio de paisajes morales: un par de películas bélicas (Cartas desde Iwo Jima, La conquista del honor) en las que los héroes solo tienen sentido en el bando enemigo, otra (Million Dollar Baby) en la que no hay modo de resolver un problema ético, una en la que la división entre el bien y el mal es tajante y absoluta (El sustituto) hasta llegar a Invictus, en la que no hay personajes malos ni dudas sobre el desenlace. Con Fritz Lang, Eastwood debe ser de los pocos cineastas capaces de entender que el cine no es la ilustración de un relato externo ni la demostración de una cosmovisión previa sino que cada película ofrece la posibilidad de trazar un nuevo mapa moral del mundo. Por eso nos interpela y por eso sigue siendo el más fresco, el más libre y el más actual de los cineastas americanos."

El infierno, de Clouzot


"El infierno" es el título de un legendario proyecto inconcluso de 1964 del francés Henri-Georges Clouzot, el director de "El cuervo", "El salario del miedo" y "Las diabólicas", entre otras. El año pasado se hizo un documental que describe la historia de esta cinta "maldita". Se llama "L' Enfer de Henri-Georges Clouzot", de Serge Bromberg y Ruxandra Medrea.


Aquí pueden ver algunos ensayos con Romy Schneider y, si siguen buscando, podrán encontrar más imágenes que dan una idea de lo que pudo ser esta película sobre los celos obsesivos:


Make Way For Tomorrow


Dave Kehr hace una buena reseña de Make Way For Tomorrow, de Leo McCarey, una de las obras maestras del cine, que acaba de ser editada en DVD por Criterion.


La cinta blanca en cartelera


Unas son malas noticias sobre estrenos cancelados, pero otras son buenas: se estrenaría -aún no se sabe cuándo- "La cinta blanca" de Michael Haneke.

domingo, 28 de febrero de 2010

Amor, cinefilia y cine


Lorena Cancela, desde Buenos Aires, envía este artículo sobre el amor en el cine, publicado originalmente en el portal Elcine.ws.

Con otro 14 de febrero transcurrió el día de San Valentín. En una época la fecha representaba al Santo homónimo. Uno con determinadas características como para hacer enamorar a la gente. Con el tiempo, y consolidación del capitalismo mediante, San Valentín se transformó en el Día de los Enamorados, y en una excusa más para consumir y gastar en pareja. Así se venden desde paquetes para pasar un fin de semana en un hotel con todo incluido, hasta cenas que, por tratarse de un día especial, salen más caras que el resto del año.

Aún así el amor, existe. Y afortunadamente sigue siendo una manera de relacionarse entre los seres humanos. Ahora bien, éste no debería ser entendido solo como pulsión genital, como el deseo de querer estar y compartir todo con el otro. Se puede amar a los animales, a los extraños…. Separar la basura reciclable y entregársela en la mano al mal llamado “cartonero”, podría transformarse en un acto de amor hacia esa persona, y el planeta.

Por supuesto, el cine no ha sigo ajeno a estas modalidades y a lo largo de los años nos ha deleitado, amargado o movilizado con distintas historias de amor. Son tantas, que se podría reescribir la historia del cine a partir de ellas. Incluso, se podrían armar listas de películas de amor, y quizás se formarían nuevos cánones cinéfilos. Pues las películas de amor van más allá de las mentadas románticas. Un film como Au Hasard Balthazar (Bresson), es una de las mejores historias de amor jamás contadas, y su protagonista es un asno. Al igual que La historia del camello que llora (Byambasuren Davaa) protagonizada, también, por un camello.

Sin embargo, no estamos entrando en un trance zoológico. Los ejemplos nos sirven para introducir una idea: En los últimos años la Gran Industria (Hollywood) no ha sido ajena al, por llamarlo de alguna, boom de El día de los Enamorados, y aprendió a sacar provecho de esa situación, y su contratara: la ausencia de amor. ¿Cómo? Con productos, porque no se los puede llamar de otra manera, como el estrenado el jueves pasado en la cartelera porteña. Si es que todavía hay dudas nos referimos a Día de los Enamorados.

Aquí trabajan actores en ascenso junto a estrellas consagradas bajo la dirección del mismo realizador de Mujer Bonita: Garry Marshall. Ésta responde a una forma de producir, digamos, actual: Un puñado de escenas que tienen su propia autonomía, que por momentos parecen más video clips en un mismo pack que una verdadera película. Es más, se ha dicho en una nota de prensa de un importante diario local (de esas que hacen algunos periodistas a cambio de un viaje e invitados por la distribuidora o productora) que por temas de agenda los actores taquilleros convocados solo podían trabajar una semana en el proyecto. De allí que muchos de ellos no se crucen en la pantalla…


Lorena Cancela

Enseñanza de vida y Desde mi cielo



Como todos los años por estos meses, la cartelera se renueva con las candidatas al Óscar en alguna de sus categorías. Son semanas de películas que avivan la magra cartelera habitual. Esta semana se pueden ver dos de esas cintas: “Enseñanza de vida”, de la danesa Lone Scherfig (“An Education”, 2009, en la foto), con guion del novelista Nick Hornby, el de “Alta fidelidad”, y “Desde mi cielo”, de Peter Jackson (“The Lovely Bones”, 2009).


“Enseñanza de vida” empieza bien: en el Londres de 1961, seguimos a una adolescente en su paso a la edad adulta. Entre las rutinas de la escuela y las exigencias familiares para una postulación exitosa a Oxford, Jenny, de 16 años, se descubre vivaz y abierta a los estímulos culturales que llegan de París. La notable presencia de Carey Mulligan como Jenny y el clima evocativo de época, pintado con trazos rápidos de discreta nostalgia, combinan a la perfección. La mirada brillante de la muchacha y su gesto de curiosidad la emparientan con las actrices que a inicios de los sesenta supieron encarnar la inocencia, la rebeldía, la frescura, la malicia, la inquietud adolescente, la fascinación por romper reglas y devorar la vida, todo a la vez; desde la Rita Tushingham del Free Cinema británico hasta la Jean Seberg de “Buenos días tristeza” y “Sin aliento”.

Sigue aquí :


Ricardo Bedoya

jueves, 25 de febrero de 2010

¿Cuál es el nivel expresivo del cine que se hace en el Perú?


Emilio Bustamante leyó este artículo en el reciente encuentro "El cine peruano en debate" organizado por la revista Ventana indiscreta, publicación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima. Le agradecemos por permitir su publicación en este blog.


¿Cómo se mide el nivel expresivo de las películas peruanas? ¿Se trata de algo cuantitativo? Porcentualmente hay quizá en el Perú anualmente más películas malas que buenas. Pero lo mismo debe ocurrir en EE.UU., Francia, España e Italia. La diferencia es que allá se hacen más películas en general, de las malas y de las buenas.


Pero ¿de qué películas peruanas hablamos? ¿Solo de las estrenadas comercialmente en los multicines? Creo que el cine peruano es más amplio y variado del que se ve en las salas comerciales. En todo caso, si queremos preguntarnos por el nivel de las películas peruanas, tomemos en cuanta también a esas otras películas que no suelen entrar en los recuentos anuales de la crítica: cortometrajes, documentales, cine regional y largometrajes en digital hechos por jóvenes urbanos. Creo que entonces tendremos un panorama más completo del cine que se hace en el Perú. Quizá cuantitativamente también haya entre estas “otras” películas más malas que buenas; pero encontraremos en ellas otras miradas, otras representaciones, otros modos narrativos y no narrativos, y otros estilos. Y tendremos una perspectiva del cine peruano quizá más optimista, pero a la vez más demandante de acciones concretas a tomar para su crecimiento.


Si nos preguntamos nuevamente por el nivel del cine peruano entonces quizá digamos que el nivel es casi subterráneo, que el cine peruano se halla al ras del suelo; pero que es emergente.


De las películas estrenadas en las salas comerciales en el último año tenemos una buena película (“La teta asustada”), con una cuidadosa puesta en escena, una trama inteligente y un simbolismo bien incorporado al relato (y que ya forma parte del estilo de su directora); no se trata de un filme incuestionable, sin embargo, pues se le puede objetar cierta inconsistencia narrativa y no se halla libre, como sabemos, de reparos ideológicos. Tenemos, además, tres películas fallidas como “El premio”, “Tarata” y “Cuatro”, cuyos proyectos (como el de “La teta asustada”) fueron respaldados por Conacine. La primera es una película ingenua, convencional, con un guión defectuoso, que confirma lamentablemente la involución de su director; la segunda tiene un guión peor aun que la anterior, y personajes esquemáticos cuando no inverosímiles; pero hay en ella un concepto claro y algunos logros de puesta en escena; la tercera es arriesgada económica y estilísticamente, formalmente correcta y respetuosa del espectador, pero también algo impostada, cerebral y –en ocasiones- vacía. Sumemos dos estrenos de filmes hechos al margen de Conacine: “El delfín”, una película de animación convencional y amelcochada, que queda muy lejos de sus modelos norteamericanos; y “Motor y motivo”, un filme chapucero y mercantilista. Aparte, una película de la cual se discute su nacionalidad, pero bastante mala como “Máncora”. Vista así, la cosecha del 2009 no sería muy alentadora, y aunque “La teta asustada” ganara el Oscar no parecería que hubiese motivo para sentirse esperanzado en el futuro del cine peruano. Si revisáramos las listas de estrenos comerciales de años anteriores, la sensación no sería muy distinta. Pero, repito, estas películas estrenadas comercialmente no constituyen todo el cine peruano. Es más, son una minoría.


He mencionado cortometrajes, documentales, películas regionales y películas urbanas realizadas por jóvenes.

Cortometrajes
Comencemos por los cortos. El año pasado se editó un DVD con el título de “8 ½ “. Creo que cualquier recuento sobre lo que fue el cine peruano el año pasado debería incluirlo.


Se trata de una recopilación de ocho cortos y un mediometraje realizados por directoras peruanas jóvenes: “Ela” de Silvana Aguirre, “Conversaciones II” de Marianela Vega, “¿Te estás sintiendo sola?” de Rosario García-Montero, “El paraíso de Lili” de Melina León, “Rey de Londres” de Valeria Ruiz, “Danzak” de Gabriela Yepes, “Taxista” de Enrica Pérez, “El Americano” de Claudia Sparrow, y “Ego” (el mediometraje) de Rossana Alalú. Todos los cortos han participado en certámenes nacionales e internacionales y varios de ellos han ganado premios. Las propuestas y géneros cinematográficos son distintos, y los modos narrativos empleados también. Los une, aparte del género femenino de las realizadoras, en la mayoría de los casos un inspirado empleo del lenguaje audiovisual (no solo un buen acabado técnico, como podrían pensar algunos despistados). También los une el origen académico de sus realizadoras: la mayoría provienen de la Universidad de Lima y la Universidad Católica, y todas han seguido estudios de postgrado en el extranjero.


A ellas pueden sumarse otros jóvenes directores con un origen académico similar y demostrado talento en cortometrajes realizados en años anteriores: Danny Céspedes (“Sueños de América”), Gonzalo Otero (“Borderline” y “Los Santos”), Yashim Bahamonde (“Los Charlies” y “El día de mi suerte”), Luis Soldevilla y Matías Vega (“Entre vivos y criollos”), Alberto Matssura (“El Chalán”), Circe Lora (“Ella”), Julio Wissar (“El hijo”), Jorge Shino (“Descompresión”), Mauricio y Luigi Esparza (“Maravillosamente distintos”). Y esta lista no es exhaustiva. Los cortos de estos jóvenes revelan igualmente diferentes modos y estilos, desde los clásicos como “Sueños de América” de Danny Céspedes (una impecable comedia de situación, es decir una película de género); hasta los experimentales (“Ella” de Circe Lora, una especie de inmersión en el inconsciente femenino). No son perfectos, algunos de los mencionados son trabajos estudiantiles; pero manifiestan conocimiento de lenguaje y búsqueda personal.


Y no solo hacen cortos, con talento y personalidad, los jóvenes de la Universidad de Lima y la Universidad Católica. Hace dos años fui jurado de Filmocorto (el concurso que organiza anualmente la Filmoteca de la PUCP), y encontré una cantidad de películas sugestivas: “On betamax” de Rodrigo Moreno del Valle, “El desahogo” de Gisella Barthé, “Encendido” y “Fallas de origen” de Henry Gates, “Tú” de Haysen Percovich. Tendría que agregar a los cortos de Leonardo Sagástegui, que ha hecho una especie de obra ribeyrana con videos muy baratos y personales sobre la figura del perdedor, asumiéndose él mismo como protagonista de sus historias y experimentando diferentes géneros y formas narrativas. Y hay más. He señalado solo algunos que he podido ver y considero valiosos. He visto también cortos muy malos. Es muy probable que, al igual que en el caso de los largos comerciales, sean más numerosos los cortos malos que los buenos, pero obviamente el panorama del cine peruano varía desde la perspectiva de los cortometrajes. Se enriquece. Encontramos nuevas miradas, nuevas formas y nuevos conceptos. Posibilidades de un nuevo cine peruano.

Documentales
Los recuentos del año suelen ignorar también a los documentales. Inclusive a los que se estrenan comercialmente como “De ollas y sueños” de Ernesto Cabellos. Hay documentales correctos como los de Cabellos, incluso políticamente correctos; podríamos mencionar a los de Judith Vélez (“¡Libérenlos ya!”), Fernando Valdivia (“La travesía de Chumpi”), Humberto Saco (“Requecho”), Carlos Cárdenas y Héctor Gálvez (“Lucanamarca”). Documentales de observación o expositivos que pretenden una objetividad imposible, aunque meritorios.


Personalmente prefiero a los más arriesgados o experimentales. Por ejemplo, algunos de la caravana de Documental Independiente Peruano (ahora Docu Perú) conducida por José Balado, que pretende convertir cada año aunque fuese efímeramente (utópicamente dirán algunos) a los habituales consumidores en productores de mensajes. Prefiero también algunos documentales en formato de cortometraje como “Away”, “Ausencias” y “Conversaciones II” de Marianela Vega, que indagan en primera persona sobre la ausencia, el tránsito vital y la trascendencia; “Altares” de Sofía Velásquez, que monta un espacio ritual para descubrir la intimidad de unos personajes a través de sus fetiches; “La espera de Ryowa” de Raúl del Busto y Cynthia Inamine sobre un anciano que aguarda no la muerte –como creemos al comienzo- sino la renovación de la vida; "Mi pajarito se ha muerto” de Rómulo Franco, que encuentra el momento decisivo de Cartier-Bresson en las alturas de Huancavelica; “Vivir es una obra maestra” de Gaby Yepes, quien va en busca del poeta Jorge Eduardo Eielson con ansiedad y halla solo la máscara o, lo que es lo mismo, la obra; “El perdón” de Omar Quezada, donde el director acude donde un ex condiscípulo a quien atormentaba en el colegio para ofrecerle sus disculpas, y se pregunta en el camino por la ética del documental mismo que está realizando; “Los gigantes, Alcibíades y el bosque de piedras” de Miguel de la Barra, que rescata sin artificios la dimensión sagrada del paisaje; y “Camino Barbarie” de Javier Becerra, que aplica las técnicas de Santiago Álvarez para recuperar la memoria de la matanza de El Frontón.


Y destaco algunos en formato de largometraje, como los del viajero Juan Alejandro Ramírez (“Me dicen Yovo”, “Solo un cargador”, “Alguna tristeza”), que a partir de la representación del otro, a veces en países distantes, busca encontrarse a sí mismo e interrogarse sobre la existencia de una identidad nacional.


El cine regional
Tampoco suelen entrar en los recuentos anuales las producciones de los cineastas de las regiones. Hay decenas de ellas, y revelan miradas nuevas en las que se reconocen espectadores que no son los que habitualmente concurren a las multisalas. Está por estudiar, sin duda, esa combinación de neorrealismo, estructuras genéricas (especialmente de terror y melodrama) y mitos y leyendas ancestrales que encontramos en la mayoría de las películas regionales. Está por estudiar el imaginario moderno (distinto al limeño) que representan y que su público comparte. Son probablemente todas películas imperfectas; pero se percibe en ellas, a la vez que un aprendizaje paulatino de la técnica, una búsqueda (consciente o inconsciente) de un lenguaje apropiado que exprese vivencias actuales de los habitantes del interior del país. Cualquier evaluación sobre el nivel expresivo de las películas regionales debe tener en cuenta estos factores.


Destaco las películas de Flaviano Quispe (“El abigeo”, “El huerfanito”, “Buscando a papá”), donde la violencia y la desnudez del paisaje rompen a menudo las convenciones del género. Destaco especialmente una película de Nilo Inga, Waka, hecha en VHS en el año 2000 pero que su realizador recién se atrevió a estrenar este año en CAFAE. Se trata de una película ambientada en la celebración de la fiesta de Santiago en un pueblo del centro del país. Aunque hay más de una línea narrativa en ella, la narración en sí es minimalista, y lo impresionante es la representación de la fiesta misma con largos planos-secuencia que generan un efecto de sentido de enorme autenticidad. Los trabajos posteriores de Nilo Inga revelan la necesidad de encontrar otra forma cinematográfica que exprese ya no la vida campesina sino la modernidad experimentada por los jóvenes de origen andino en las ciudades; su recurrencia a las fórmulas genéricas se debe probablemente a que es a través de ellas que la mayoría de los consumidores de productos audiovisuales (no solo en los Andes sino en todo el país) ven construida simbólicamente la realidad urbana. Creo que hay que tomar en cuenta esto antes de condenar a una película como El Tunche porque supuestamente da más risa que miedo, como alguien ha dicho con ligereza.


Los jóvenes largometrajistas urbanos
Mencionaré al final, pero no porque sea menos importante, a un grupo que ha sido denominado algo marketeramente “Nuevo cine peruano”. Aunque, por supuesto, el título es pretensioso, sirve para llamar la atención sobre un conjunto de cineastas jóvenes urbanos (egresados de institutos de enseñanza distintos a la Universidad de Lima y la Universidad Católica) que están haciendo un trabajo valioso.


La mayoría de las películas de este grupo (“1” y “2” de Eduardo Quispe Alarcón, “Encierro” de Fernando Montenegro, y “Alienados” de Rafael Arévalo) fueron vistas en el Primer Festival de Cine Limeño realizado en la Universidad Tecnológica del Perú, y meses después en el cine club de la Universidad Cayetano Heredia, que tuvo la virtud de juntarlas nuevamente, sumarles otros dos largos realizados en años anteriores (“Detrás del mar” de Raúl del Busto y “Los actores” de Omar Forero), y hacer un poco de bulla a su alrededor. Son películas hechas al margen de Conacine, aunque algunos de sus directores quisieran acceder al apoyo de la entidad estatal. No concibo recuento del año sin mencionar la exhibición de estas películas.


Me referiré a las que me parecen las mejores. “Detrás del Mar” de Raúl de Busto y “Los Actores” de Omar Forero son películas que tienen conceptos claros y fluido lenguaje audiovisual. No son perfectos, pero son probablemente dos de los más interesantes largometrajes peruanos de los últimos años. No emplean un modo clásico de narración. Del Busto, fiel a sus inspiradores “trascendentales” (Bresson, Ozu, Dreyer) contempla comportamientos y compone rigurosamente el encuadre, en espera del asalto del milagro. Forero –menos radical- dirige bien a sus actores, sabe cuándo mover la cámara (es decir, casi nunca), y minimiza los problemas técnicos con habilidad.


Las películas de Eduardo Quispe Alarcón son, también, muy estimulantes. Los jóvenes que muestra Quispe no suelen ser representados con tanta naturalidad en las películas peruanas. Es más, ni siquiera son representados en las películas estrenadas comercialmente. Se trata de jóvenes de sectores medio bajos. Y sus actuaciones y diálogos son, probablemente, los más naturales y espontáneos que hayamos visto y escuchado en película peruana alguna. No es casual que como realizadores de ambos filmes figure no solo el director sino sus actores, cuyos diálogos crean con ayuda de la improvisación. Detecto, sin embargo, un par de problemas en ambas películas. El primero es técnico pero a la vez expresivo: si uno de los elementos más significativos de estos filmes es el diálogo, entonces es necesario tener un buen registro de sonido, en caso contrario se estaría atentando contra uno de sus pilares. Y ello ocurre con frecuencia, sobre todo en la primera película. Es un problema técnico, pero a la vez expresivo, y su solución no es muy compleja. El otro problema no es técnico, pero sí expresivo: si los cuerpos, los rostros, las miradas de los personajes son tan importantes, se requiere una cámara que repare en ellos; puede ser que se opte (como parece ser el caso) por una cámara intuitiva a la manera de Cassavetes, pero esa intuición requiere una práctica, un oficio, que Eduardo Quispe aún no tiene, y aunque a veces acierta al mostrarnos ciertos movimientos de las manos de sus personajes, algunos gestos, la mayor parte del tiempo la cámara deambula, rota a la deriva, distrae, boicotea al propio filme. De todos modos, su propuesta es –repito- una de las más interesantes entre las que he visto recientemente.


Es probable, también, que entre estas películas “independientes” las malas sean la mayoría. He visto algunas en las que campea la arrogancia, la ignorancia y la absoluta falta de talento; películas que pretenden ser godardianas y lo único que logran es emular a las cintas de Ed Wood. Pero eso lo encontramos en todas partes: en el cine comercial, en los cortos y en el cine regional. Lo importante es que se está produciendo más que antes. Sin duda, el abaratamiento de cámaras, hardwares y softwares, y la piratería han ayudado mucho a ampliar las posibilidades expresivas de sectores que antes se veían limitados a solamente consumir mensajes audiovisuales que no los representaban o que los representaban mal. Hay ahora miradas nuevas y variadas. Sin embargo, subsisten problemas; ¿qué impide que algunos de estos jóvenes creadores sean totalmente absorbidos por la televisión o la publicidad, cuando no por trabajos ajenos al audiovisual, al llegar a la madurez?; ¿qué alicientes existen para que sigan trabajando en nuestro país y no tengan que emigrar para continuar sus carreras de cineastas en el extranjero?; ¿qué garantiza la continuidad de todo este movimiento emergente?


Sugerencias
Es necesario que estos cineastas sigan produciendo y mejorando. Es necesario que el Estado y las instituciones comprometidas con el cine peruano contribuyan a que haya esa continuidad.
Existen cineastas que prefieren mantenerse al margen de Conacine, creyendo que así van a salvaguardar su independencia creativa. Están en su derecho de pensar de ese modo y de actuar en consecuencia con él. Hay otros, sin embargo, que reclaman su inclusión, el apoyo estatal; aunque manteniendo, por supuesto, su autonomía expresiva.


¿Cómo Conacine puede apoyar a un cine peruano emergente? De varias maneras. Hay actualmente, como sabemos, una ley (26370) que será modificada por otra que se encuentra en discusión. También conocemos dos proyectos: el de la llamada Ley Peralta y el de la denominada Ley Raffo. Personalmente creo que el proyecto de ley del congresista Peralta plantea una serie de mejoras que deben ser incorporadas; en cambio, pienso que la Ley Raffo podría ser nefasta para el cine emergente peruano. Tengo entendido que en estos días se están llevando a cabo reuniones entre los cineastas, Conacine y los congresistas para llegar a un nuevo acuerdo. Mientras tanto, veamos las posibilidades con la actual ley, y las mejoras que podría incorporarse con la ley Peralta. Recojo en lo que sigue algunas propuestas hechas por ella y por diferentes individuos e instituciones, y añado alguna propia.


En cuanto a los concursos, es indispensable que el Estado cumpla con la ley y otorgue el monto convenido para que ellos se realicen anualmente, tanto los de largos como los de cortos; que no haya diferencia en los montos para cortos en 35 mm., 16 mm. y digital; que la comisión técnica que evalúa los proyectos de largos sea más precisa en la calificación de factibilidad (no solo alto, medio, bajo, sino por rubro y puntaje); que los miembros de los jurados tengan conocimiento de la variedad de modos de representación y estilo cinematográfico; que no den preferencia a un modo o estilo en particular, sino a los mejores proyectos, largos o cortos, sea cual fuere su modo o estilo; que haya transparencia en cada etapa de los concursos y se absuelvan las preguntas que formulen los participantes; que se realicen más talleres de elaboración de proyectos orientados especialmente a realizadores jóvenes y regionales, y que existan módulos de asesoramiento de Conacine para quienes lo requieran antes de la presentación de los proyectos. Creo que deben mantenerse los concursos extraordinarios para documentalistas y cineastas de las regiones, teniendo en cuenta diferencias de presupuesto, público objetivo y canales de distribución y exhibición de esos filmes; y que en base a los mismos criterios podría convocarse a concursos de largos de bajo presupuesto realizados por estudiantes o cineastas jóvenes.


En cuanto a los canales de exhibición de las películas peruanas, sería recomendable utilizar la televisión estatal. Conacine podría tener un espacio en la televisión estatal para emitir cortos, documentales y largos peruanos; no solamente los premiados, sino todos los que se consideren de “interés cultural”. Podría usarse también Internet para colgar cortos, e inclusive largos, con la autorización de sus autores, que puedan ser vistos en línea o bajados por los usuarios. Conacine podría, asimismo, si se aprueba un artículo propuesto por la ley Peralta, brindar apoyo a festivales y exhibidores que promueven el visionado de películas peruanas con éxito desde hace varios años, como - por ejemplo- Fenaco, DocuPerú, y La noche de los cortos.


Sería conveniente, de otro lado, insistir en la inclusión obligatoria de cortometrajes en la función cinematográfica de las salas comerciales, tal como lo establece la ley 26370 (artículos 26 y 27). Ello se llamó en su momento “régimen supletorio”, en cuanto reemplazaba a la exhibición obligatoria y, recordemos, establece que la función cinematográfica se compone de un largo y un corto, y que el corto es propuesto por Conacine por su interés cultural, siendo su no programación por los exhibidores pasible de impugnación ante Indecopi. Aquí se trataría de no dejarle a las majors el terreno libre en la programación comercial y la formación del gusto, y procurar que el gran público masivo se vaya familiarizando con nuevos modos expresivos y se conecte con el nuevo cine hecho por peruanos.


Conacine puede también contribuir a la formación de los cineastas. La mayoría de nuestros nuevos cineastas son autodidactas o han tenido que estudiar en el extranjero. No existe una escuela de cine en el país; ni siquiera una especialidad de cine dentro de las carreras de comunicaciones de las universidades peruanas. No niego que el autodidactismo tenga algunas ventajas vinculadas con la libertad creativa; pero tiene también desventajas: la pérdida de tiempo y esfuerzo en la adquisición de algunos conocimientos que se logran rápidamente en las escuelas, los límites en el aprendizaje técnico, la falta de especialidad (que origina la abundancia de directores empíricos y la carencia de fotógrafos, sonidistas, directores de arte, montajistas, etc.), las lagunas -a veces graves- de información teórica e histórica, lo que lleva –por ejemplo- a confundir “técnica” con “lenguaje” o al descubrimiento de la pólvora. Falta en el Perú una verdadera escuela de cine, que no tiene necesariamente que ser totalmente financiada por el Estado, pero sí debería ser impulsada por Conacine, y que podría establecerse -¿por qué no?-fuera de Lima para contribuir al crecimiento de la actividad cinematográfica en las regiones.


En el mismo sentido de la importancia del conocimiento para la creación, hace falta una Cinemateca Nacional. La ley Peralta contempla la creación y mantenimiento de una, y sería un grave error retirar esta propuesta como lo ha sugerido la APCP recientemente. No todas las películas se pueden bajar de Internet o comprar en Polvos Azules. Sobre todo películas peruanas. Ya existe una cantidad importante de películas peruanas que pertenecen al Estado y que se hallan en peligro de desaparecer por la ausencia de un archivo oficial, y está pendiente además la recuperación de muchísimos cortos y largos. El conocimiento del pasado permite avanzar, retomar experiencias, responder a otras, evitar caminos ya recorridos que no condujeron a nada. Se puede apoyar a instituciones privadas que realizan esta actividad de recuperación y conservación del patrimonio fílmico, como sugería la ley 26370, pero sin privilegios: si se pide apoyo para la Filmoteca PUCP, debe solicitarse lo mismo para el Archivo Peruano de Imagen y Sonido. Pero ningún respaldo o fomento de un archivo privado puede reemplazar a la creación de una Cinemateca.


Conacine también podría contribuir a intensificar los contactos internacionales entre cineastas peruanos y sus pares extranjeros mediante redes sociales, y promover en festivales y muestras internacionales a las películas peruanas de mayor interés (no solo a los largos destinados a la exhibición comercial, sino también a cortos, documentales y largos realizados en video digital para circuitos alternativos), así como aportar a la formación y la capacitación de jóvenes cineastas peruanos mediante cursos y becas.


Obviamente para todo esto se necesita dinero. Es por eso indispensable la creación de un fondo, y para ello es importante –entre otras cosas- que el Estado vaya cancelando la deuda que tiene con Conacine (más de 50 millones de soles), y obtener de acuerdo a una nueva norma el mayor porcentaje posible de lo que hoy se cobra como impuesto a los espectáculos cinematográficos.
Nada de esto garantiza, por cierto, que el porcentaje de películas buenas sea en el futuro mayor que el de las malas en nuestro país, pero si abre la posibilidad de que haya más películas buenas con variedad de miradas y representaciones, y que nuestros jóvenes cineastas no vean frustradas sus expectativas de seguir expresándose a través del cine.

Emilio Bustamante

Roger Ebert


Roger Ebert es el crítico de cine más popular y mediático de los Estados Unidos. Junto con Gene Siskel condujo, durante muchos años, el programa de televisión Siskel & Ebert, donde calificaban las películas con los pulgares hacia arriba o hacia abajo. Muerto Siskel, Ebert siguió con el programa, así como con su trabajo en el diario Chicago Sun-Times y la publicación de sus antologías críticas.

Ebert enfermó de cáncer a las glándulas salivales y empezó un tratamiento médico muy duro que le hizo perder la voz, entre otras cosas. Aquí un interesante retrato de Roger Ebert hecho por la revista Esquire: http://www.esquire.com/print-this/roger-ebert-0310

miércoles, 24 de febrero de 2010

Otro estreno cancelado


Al parecer, ya se tomó la decisión de cancelar el estreno de "Donde viven los monstruos" de Spike Jonze

Hildebrandt sobre La teta asustada

Aquí está:

http://www.diariolaprimeraperu.com/online/columnistas/domingo-de-teta-y-sustos_57364.html

lunes, 22 de febrero de 2010

Zona de miedo


"Zona de miedo" ("The Hurt Locker", 2008), de Kathryn Bigelow, es una de las películas de guerra más concretas, lineales, directas, escuetas, tensas, ansiosas y viscerales que se hayan hecho.

A diferencia de otras cintas del género, aquí no encontramos alegatos contra el horror de los combates, ni discursos políticos, ni explicaciones sobre la presencia de tropas norteamericanas en el paisaje devastado de Irak. Tampoco vemos el retrato introspectivo del soldado que muere con una foto familiar entre las manos mientras la música de fondo aumenta de volumen. "Zona de miedo" se concentra en la exploración de los límites físicos y mentales de la resistencia humana, vividos sobre el terreno, frente a una bomba a punto de estallar. Y lo hace en tiempo presente, con los minutos que corren en contra: es el registro de la vivencia física inmediata del miedo y de la paradójica adicción al riesgo de una muerte súbita.

Entramos a la acción siguiendo el conteo retrospectivo de los días que faltan para desmovilizar a un escuadrón especializado en desactivar bombas en Irak. En dos horas de proyección asistimos a siete operaciones de desminado. Cada una de esas secuencias tiene un mecanismo particular: su propio engranaje dramático, con planteamiento, nudo y desenlace. No hay una férrea trama general que subordine todas las escenas de tensión para ponerlas al servicio de un solo postulado; por el contrario, ellas son resultado de estrategias que generan emociones y suspensos diversos. Entre unas y otras, pasamos del paroxismo a la espera, de la agitación al relajamiento.

"Zona de miedo" tiene como personaje principal al sargento William James (gran actuación de Jeremy Renner, estólido, impasible, como los mejores actores clásicos). Él intuye que el único modo de mantenerse atento, despierto y vivo en medio de la inhumanidad generalizada de la guerra, es superando fobias, franqueando los límites y forzando el instinto de supervivencia. La película, entonces, documenta la irrupción de esa extraña energía física y mental que es producto del miedo. Varias cámaras de Súper 16 milímetros filman, desde ángulos y distancias que se modifican de modo abrupto, a veces a ras del suelo, al sargento James eligiendo riesgos, manipulando el peligro, interviniendo hasta en el interior de un cuerpo humano. Es el profesional que no se pregunta por el sentido final de sus acciones: sólo las acomete. Representación de una masculinidad sustentada en la aspereza de sus acciones instintivas, como siempre le gustó a la directora Bigelow ("Punto de quiebre", "Días extraños")

Cámara en mano; imagen granulada y de dominantes cromáticos terrosos; zooms intempestivos; movimientos panorámicos vertiginosos; montaje brusco, acelerado y nervioso; desenfoques imprevistos; estallidos secos y retardados. La escala de la imagen salta, por momentos, desde lo más amplio hasta lo más pequeño: del horizonte del desierto al detalle de un insecto que se posa en el ojo de un francotirador. Si el tratamiento de imágenes y sonidos refuerza la densa y rugosa sensación de un presente vivido en el peor de los mundos, en el conjunto queda la impresión fantasmagórica de espacios desiertos, áreas en cuarentena, gente desorientada, miedo colectivo, muertos inocentes, rencor extendido contra los soldados ocupantes. Pero eso, como todo en esta película, es expresión de una suma de gestos veloces, cuerpos crispados, miradas furtivas, rostros sofocados; es decir, apuntes breves, netos, gráficos, visuales. Nunca de explicaciones.

Ricardo Bedoya

sábado, 20 de febrero de 2010

Festival de cine de Lima: una lista deseable


Faltan 6 meses para que se inicie el Festival de cine de Lima. Aquí va una lista provisional de películas latinoamericanas que, ojalá, veamos programadas. No se distingue entre cintas documentales y argumentales.

Las heridas (Carancho), de Pablo Trapero (Argentina)
Rompecabezas, de Natalia Smirnoff (Argentina)
Por tu culpa, de Anahí Berneri (Argentina)
Francia, de Adrián Caetano (Argentina)
La tierra sublevada: oro impuro, de Fernando Solanas (Argentina)
La invención de la carne", de Santiago Loza (Argentina)
Dos hermanos, de Daniel Burman (Argentina)
Viajo porque necesito, vuelvo porque te amo, de Marcelo Gómes y Karim Aïnouz (Brasil)
Los famosos y los duendes de la muerte, de Esmir Filho (Brasil)
Moscou, de Eduardo Coutinho (Brasil)
El poder de la palabra, de Francisco Hervé (Chile)
Nostalgia de la luz, de Patricio Guzmán (Chile)
Post Mortem, de Pablo Larraín (Chile)
Ilusiones ópticas, de Cristián Jiménez (Chile)
Navidad, de Sebastián Lelio (Chile)
El vuelco del cangrejo, de Oscar Ruiz Navia (Colombia)
La pasión de Gabriel, de Luis Alberto Restrepo (Colombia)
Rabia, de Sebastián Cordero (Ecuador)
El árbol, de Carlos Serrano Azcona (México)
Año bisiesto, de Michael Rowe (México)
Marea de carne, de Gustavo Montiel Pagés (México)
El traspatio, de Carlos Carrera (México)
La Yuma, de Florence Jaugey (Nicaragua)
Hiroshima, de Pablo Stoll (Uruguay)

Sería deseable que se programe Los condenados, del español Isaki Lacuesta, filmada parcialmente en el Perú.


Ricardo Bedoya

jueves, 18 de febrero de 2010

Cine peruano en debate

Esta es la programación final del ciclo de conversaciones sobre la situación actual del cine peruano que empieza el lunes 22.
Lunes 22 de Febrero:
16:00: ¿Es posible una industria cinematográfica en el Perú?
Moderador: Javier Protzel
Expositores: Juan José Beteta, Rafael Zalvidea
Panelistas: Nathalie Hendrickx, Guillermo Palacios
18:00: ¿Qué pasa en Conacine?
Moderador: José Carlos Cabrejo
Expositores: Christian Wiener, Rosa María Oliart
Panelistas: Andrés Cotler, Jorge Delgado
20:00: ¿Existe un cine independiente en el Perú?
Moderador: Ricardo Bedoya
Expositores: Fernando Montenegro, Alberto Durant
Panelistas: Joel Calero, Rodrigo Portales
Martes 23 de Febrero: 18:00: ¿Cuál es el nivel expresivo del cine que se hace en el Perú?
Moderador: Oscar Contreras
Expositores: Sebastián Pimentel, Emilio Bustamante
Panelistas: Claudio Cordero, Antolín Prieto
20:00: ¿Cómo se llevan la Crítica y el Cine Peruano?
Moderador: Giancarlo Carbone
Expositores: Gabriel Quispe, Judith Velez Panelistas: José Tsang, Enrique Vivar
Lugar: Sala Ventana indiscreta, campus de la Universidad de Lima. Ingreso libre.

martes, 16 de febrero de 2010

El inefable cine de Koji Wakamatsu


Koji Wakamatsu está dando qué hablar en la última Berlinale. A sus 72 años, dando un giro menos duro a los motivos de su trayectoria de halo subversivo y de exploitation, vuelve con Caterpillar (2010), una obra sobre el choque emocional de una mujer que se resiste a su esposo, un soldado mutilado en la segunda guerra mundial. Espero verla pronto, mientras tanto, un repaso a parte de su descomunal obra.

Como último deseo antes de la muerte, una mujer desnuda y crucificada por unos yacuzas, en medio de unos matorrales, reclama la cola de perro que su enamorado ha dicho tener. Un estudiante voyeur y devoto del onanismo, quien aparenta leer la página policial de los diarios, ve con otros ojos a su hermana mientras ella se ducha con deleite en la habitación contigua. Un grupo de jóvenes militantes comunistas locos por el sexo se acuestan cada noche con la misma compañera debido a un código solidario del partido. Estas escenas extraídas de algunos filmes del director nipón pertenecen al universo extraño que ha consolidado con dos ideas indispensables: el intento fallido de subvertir un orden a través de la política y el de la levedad e inutilidad de las personas que intentan el cambio.


El cine de Koji Wakamatsu (nacido en 1936) tiene como eje todo un imaginario político de guerrilleros, militantes enardecidos, que empatan con la frivolidad de chicas go-go, de la locura de las estrellas del rock, o que encajan simplemente con personajes en apariencia común y corriente pero con un lado oscuro que explotar.


La biografía de Koji Wakamatsu dice que luego que saliera de su ciudad natal, Wakuya, en su adolescencia, se fue a Tokio para adherirse a una familia de yacuzas, donde conoció de cerca diversas actividades ilegales, situación que lo llevó tras las rejas. Pero ya dentro de este ambiente es que realiza sus primeros contactos con las productoras. Es recién en 1963 que logra dirigir su primer filme, Sweet Trap, un éxito de taquilla que lo llevó a dirigir veinte cintas más hasta 1965. Pero dirigir este tipo de películas no ha sido nada fácil para Wakamatsu, en la medida que fue perseguido por la censura y vio a sus películas boicoteadas. Pero ¿qué mostraba en sus filmes para recibir tamaño trato? Su cine era promocionado como pinku eiga (filmes realizados, sobre todo, en la década del sesenta y que abordan historias juveniles y rebeldes, con dosis de drogas, de evidente corte erótico, de bajo presupuesto, metraje breve, y donde no se muestran genitales ni el vello púbico) sin embargo, el cineasta “contrabandeaba” sus lecturas sobre la realidad política de su país en medio de modosos desnudos y temáticas de violencia.


Wakamatsu, el anarquista
A inicios de los setenta, el cineasta nipón estuvo en Palestina, acompañado de un amigo del Ejército Rojo japonés, donde conoció de cerca la realidad de la lucha de esa zona, lo que le sirvió de caldo de cultivo para su filme The Red Army: declaration of world war (1971), lo que le ocasionó ser considerado peligroso por sus vínculos con el terrorismo. Su crítica contra la mecánica de las guerrillas o de partidos militantes en extremo aún es su tema de preocupación, tanto que después de más de 35 años realizó un filme de tres horas de duración: United Red Army (en la foto, 2007).


Pero ¿con qué intenciones Wakamatsu llega a conjugar una dupla tan convulsa como el del sexo anodino en apariencia y la política? Al japonés le interesa indagar, aparte de las intimidades de los “revolucionarios”, sobre el universo juvenil desde las polaridades y sus modas, y ninguno de sus filmes escapa a estos códigos, mas bien los utiliza para ponerle su cuota personal: Si en Go go second time virgin (1969), una chiquilla es ultrajada por una pandilla en una terraza mientras un tipo tímido mira todo en silencio, en The embryo hunts in secret (1966) una vendedora es convertida sin mucha reyerta en esclava sexual por su empleado. Sin embargo, en ambos filmes hay lugar para el estallido, la revancha, el repechaje descomunal. El mundo no puede quedar así, ni siquiera en un pinku eiga, pareciera decir Wakamatsu. En situaciones extremas, en medio de diferentes luchas de poder, la vuelta de tuerca, la revelación y el hartazgo es a lo que se tiene que llegar, indefectiblemente.


Tras las proyección de Secrets Behind the Wall (1965) en el festival de Berlín de ese año, Wakamatsu fue considerado por el periodismo de su país como una vergüenza nacional, ya que era visto simple director de cine malo y erótico y se veía mal que representara a Japón en tal evento internacional de prestigio. Secrets… es una experiencia como pocas: al inicio se ve a una pareja que hace el amor pegajosamente a las luces de un afiche de Stalin, mientras ella dice una docena de veces que se “muere” por la cicatriz de su amante en la espalda (aparecen sobreimpresiones de la bomba de Hiroshima). Luego el filme toma como eje los avatares de un vecino voyerista y pervertido.

De otro lado, Ecstasy of the Angels (1972) es la anarquía sexual total revelada en el accionar de una guerrilla (como en United Red Army) que roba explosivos en una base militar norteamericana, y que luego se ve afectada porque todos los integrantes llamados Otoño, Lunes o Viernes, se pelean por el botín, muriendo en el intento y desatando una euforia sexual. Ni qué decir de Violent virgin o de Violated angels, ejemplos de rodajes rápidos (¡se hacían en tres días de filmación y se editaban en uno!) pero también de un cine violento, donde el rojo de la sangre poco tenía que envidiar a la textura del rojo mate de “Vencedor”.

En un BAFICI, en una conversa con los espectadores tras la proyección de Sex Jack, filme sobre unos jóvenes revolucionarios obsesionados con el sexo, y ante la pregunta de cuál era el sentido estético de su viraje del blanco y negro al color en algunas escenas de sus filmes (algo muy característico en su cine), Wakamatsu dijo que el asunto no tenía una respuesta complicada: “Si paso del blanco y negro al color no es porque yo haya tenido pensando un efecto estilístico, o una manera diferente de contar, sino que es porque simplemente me encontré un rollo de color por ahí, en esas épocas de los setenta eran carísimos y como no quería dejar de usar el color, pues metí un rollo. Eso era todo”. Una idea que parece fuera de circulación en su nueva Caterpillar, que va por otros caminos, más oscuros e intimidantes. (Publicado originalmente en la revista Freak out).


Mónica Delgado

Hace mucho que te quiero


El Centro Cultural de la Universidad Católica proyecta “Hace mucho que te quiero”, una película francesa que pasó casi desapercibida por la cartelera comercial hace unas semanas. Hace bien el Centro Cultural en recuperar cintas de perfil bajo, aunque debería reforzar la publicidad de su programación.


“Hace mucho que te quiero” (“Il y a longtemps que je t’aime”, 2008) es la primera cinta dirigida por el novelista Philippe Claudel. La inglesa Kristin Scott Thomas es la protagonista y el centro de gravedad de todo el filme. Es su actuación -basada en silencios, movimientos interiorizados y miradas que sólo permiten adivinar emociones ocultas- la que crea el misterio de Juliette, una mujer que llega a vivir en casa de su hermana (Elsa Zylverstein), luego de pasar quince años en prisión. La línea de la trama se abre en dos direcciones. Por un lado, es la crónica del retorno al “hogar”, al mundo de fuera, a la normalidad y las rutinas de la vida. Por otro lado, se apuntan las tensiones y desconfianza del entorno porque la presencia de Juliette no es aceptada sin preguntas ni resquemores.


El director Claudel observa, sigue a la actriz y la pone en situación enfrentándola a la mirada de los que se preguntan por la verdadera naturaleza del crimen que cometió y por su grado de responsabilidad. Al mismo tiempo va creando una sosegada intriga, un suspenso casi subterráneo, ya que mantiene un enigma que no sabemos si se llegará a despejar: ¿qué hizo Juliette?


Lo más interesante es el modo en que Claudel usa la figura y la presencia de su actriz principal. Kristin Scott Thomas tiene adherida la imagen misma de la distinción, de las buenas maneras, del lánguido refinamiento, de la cortesía. Atributos que definen a la actriz de “El paciente inglés” y de “Cuatro bodas y un funeral”. Sus ojos no tienen el brillo violento de la histeria que encontramos en Isabelle Huppert, ni su cuerpo despierta la sensualidad de Emmanuelle Béart, ni luce el talante de autoritaria dignidad de Helen Mirren. Por eso, imaginarla criminal, acaso asesina, reclusa durante quince años, es ir a contramano, forzando su “mitología”. Al mismo tiempo supone despertar la curiosidad y hasta el morbo del espectador que se pregunta por la falta cometida por esa aristocrática figura de siempre que aparece ahora con el rostro limpio de maquillaje y los ojos encapotados por el llanto.



Con habilidad, Claudel encabalga los motivos melodramáticos –apuntados con una austera y hasta depresiva sobriedad-, el retrato de caracteres, la descripción de lo ordinario –Juliette se acuesta con un desconocido; busca trabajo- y los datos que conducen a desentrañar el misterio de la mujer. La alternancia de esas dimensiones de la cinta se da a partir de la observación de detalles, entre fundidos en negro prolongados y muchos silencios.


Lástima que en la conclusión esos silencios se quiebren. La película se obliga a explicar lo que todos entendimos ya e incluye una conversación cargada de histrionismo entre las hermanas. Al final, el “literato” Claudel vence al cineasta pudoroso, retraído, observador y callado. Aún así, no hay que dejar pasar “Hace mucho que te quiero”.


Ricardo Bedoya

domingo, 14 de febrero de 2010

No uno sino varios archivos

Hace unos días, la Asociación de Productores Cinematográficos del Perú hizo llegar al congresista Jhony Peralta, los acuerdos de su asamblea del 4 de febrero de 2010, que tratan diversos puntos acerca de los proyectos de ley de cine en debate en el Congreso. En el punto 6, que trata sobre la creación de una Cinemateca Nacional, solicita lo siguiente:

Revisión del artículo que propone crear una Cinemateca Nacional, dependiente del CONACINE, ya que existe una Filmoteca bajo la gestión del Centro Cultural de la PUCP, que viene cumpliendo esforzadamente esa labor, no necesitándose dividir recursos sino más bien sumar recursos para apoyar la Filmoteca ya existente.”


Al respecto, Isaac León Frías, que fue director de la Filmoteca de Lima, expresa su desacuerdo con ese requerimiento de la Asociación de Productores Cinematográficos del Perú.

Esta es su opinión
:

"Durante 15 años dirigí la Filmoteca de Lima-Museo de Arte y desde 2003 soy miembro del directorio de la Filmoteca de la PUCP que adquirió los archivos fílmicos e impresos de la anterior. Aunque lo deseable sería contar con una sólida y única institución dedicada a la conservación del acervo fílmico nacional, eso sólo ocurre en unos pocos países del mundo que poseen un archivo, casi siempre estatal, encargado de esas tareas. Pero en el resto del mundo no es así, incluídos casi todos los países que han tenido una apreciable producción fílmica.

Los archivos privados trabajan con enormes limitaciones. Eso ocurrió con la Filmoteca de Lima-Museo de Arte que dependía de los ingresos provenientes de las entradas a sus funciones, con lo cual no era posible desarrollar una política sostenida de rescate y restauración de las películas peruanas. Cuando el público disminuyó drásticamente, la Filmoteca de Lima entró en una gravísima crisis. La Filmoteca de la PUCP, que logró salvar lo que la Filmoteca de Lima había logrado reunir a través de los años, ha instalado bóvedas climatizadas donde se conservan las películas, pero cuenta con un personal muy reducido y con escasos recursos. También se desenvuelve con enormes limitaciones otro emprendimiento valioso, el Archivo Peruano de Imagen y Sonido.

De allí que, sin minimizar la importancia que pueden tener los archivos privados y los apoyos legales y acuerdos que se pueda establecer con ellos para potenciarlos, no es correcto descartar la necesaria creación de una Cinemateca Nacional que puede canalizar diversas formas de cooperación interna y foránea, activando incluso una desable "competencia" con los archivos privados que existen y los que puedan surgir más adelante.

El trabajo realizado hasta este momento en materia de conservación en el Perú es ínfimo si lo comparamos con todo lo que está por hacerse. Por ejemplo, la recuperación de las películas de Armando Robles Godoy, de los cortos de Manuel Chambi, actualmente de propiedad de su familia, el fondo fílmico Wong Rengifo, casi todo lo hecho durante el periodo de la ley 19327 y lo anterior. Es decir, es urgente que se incentive y, ojalá, multiplique el trabajo de rescate en diversos frentes, como se viene haciendo en Chile en los últimos años. Y es urgente también que sean los propios cineastas los que tomen conciencia de esta necesidad porque si no seguiremos ignorando buena parte de nuestro pasado fílmico, cuando todavía se puede salvar una porción seguramente minoritaria, pero muy significativa.

Me preocupa, sí, el hecho de que el proyecto de Cinemateca Nacional dependa de los fondos creados para impulsar la producción de películas porque la presión por parte de los cineastas en búsqueda de fuentes de financiación es tan grande que la cuota para la Cinemateca puede resultar insignificante. De allí que una alternativa sería independizar ese proyecto de esos fondos y también de la administración del CONACINE y ubicar la Cinemateca en otro espacio que más adelante puede ser, si es que logra constituirse, el Ministerio de Cultura. Pero la Cinemateca debe tener la mayor autonomía y la menor dependencia tanto de los gobiernos de turno como de la dinámica de la producción fílmica local y las tensiones (o fricciones) que pueden presentarse. Una Cinemateca es un ente especializado y de carácter técnico y cultural, donde las consideraciones políticas o las valoraciones estéticas no tienen lugar o, al menos, no como patrones de decisión. Además, una cinemateca está proyectada al futuro y no a las urgencias del presente y por ello no puede ni debe confundirse con la dinámica de la producción en marcha.

Por todo lo dicho, no estoy de acuerdo con la propuesta de la Asociación de Productores Cinematográficos de delegar las labores de conservación filmica en exclusividad a la Filmoteca de la PUCP, con relación al proyecto de ley de cine en marcha en el Congreso. Sería un grave error mantener esa posición."

Isaac León Frías

sábado, 13 de febrero de 2010

viernes, 12 de febrero de 2010

Rohmer por Vicente Molina-Foix


El lector Pedro nos pasa el enlace a un artículo del crítico y escritor español Vicente Molina-Foix sobre Rohmer:

¡Muchachos, digan chiiiiiiiiiiiiisssssss!

Rolando Arellano nos da la fórmula del cine peruano robusto, tónico, emprendedor y ganador.

Ver aquí: http://elcomercio.pe/impresa/notas/me-asusta-teta/20100212/413607

miércoles, 10 de febrero de 2010

La década para Sight and Sound


La revista británica Sight and Sound elige sus 30 películas de la década. En la foto: Juventud en marcha, de Pedro Costa.



Películas perturbadoras


Greencine hace una lista de las 25 películas más perturbadoras de la historia del cine. Discutible como todas las listas, pero interesante. Está aquí: