viernes, 14 de diciembre de 2007

Pierrot el loco


Ferdinand: "Sí, es verdad... Hablo demasiado.
Los hombres solitarios siempre hablan demasiado".
Pierrot el loco

Para la generación del sesenta, Jean-Luc Godard fue, antes y después de Pierrot el loco (1965), tal vez hasta mayo del 68', una figura mítica de la modernidad en el cine. Para los nuevos, los que tratamos de encontrar nuestra propia manera de ver, entender, sentir y escribir -por lo tanto también de opinar- de cine, asociamos su nombre y su presencia a la de un líder extinguido. De influencia notoria en el trabajo de un puñado de nombres representativos del cine actual -Tarantino, Carax, Haneke- pero que en el transcurso del tiempo no nos supo hablar o no le pudimos entender -que no es lo mismo pero es igual- Godard y su obra más radical se desgastaron con los años y nosotros fuimos creciendo bajo el signo del desencanto.

Se ha dicho que 1965 no es solo el año de Pierrot el loco, sino también del fin de una etapa que termina con esta película y que gravita sobre todo el cine que se hace en esos momentos. El suicidio de Ferdinand (Jean-Paul Belmondo), inútilmente interrumpido en un desesperado deseo de supervivencia, ha sido visto como la muerte definitiva de Godard. A partir de ahí iniciaría nuevos rumbos, distintas empresas, con diferentes resultados. Siempre en búsqueda constante de nuevas formas de expresión de sí mismo, ligadas íntimamente a sus problemas sentimentales, afectivos o de comunicación. Han pasado treinta y cinco años y, sorprendentemente, Pierrot el loco es una cinta que desborda frescura y que podemos aprender a ver. Las Histoire(s) du cinéma (1991-97) expresan una radicalización de procedimiento que en el fondo no es mayor que la de Pierrot el loco. Todo se reduce siempre a una necesidad de expresarse y de que le oigan.

UNA CIERTA MIRADA
"Hacia el final de su vida, Velázquez ya no pintaba cosas definidas; pintaba lo que había entre las cosas definidas". De arranque, Godard hace suyas estas palabras de Picasso para establecer una proximidad entre su creación y la vida propia, pero también para justificar la orientación de su objetivo hacia fenómenos menos concretos pero más éticos. Tanto Pablo Picasso como Jean-Luc Godard contaron, en circunstancias y espacios diferentes, con la ejecución como momento decisivo para la producción de significados, de forma que la obra se ofrezca como un testimonio del propio proceso de hacerla.

Si la serie picassiana de Las Meninas implica una reflexión, sobre la profundidad y la presencia del espacio en Velázquez, hecha desde un punto de vista, el del propio Picasso, que privilegia lo dinámico y lo temporal sobre lo espacial. De la misma forma Pierrot el loco puede ser vista como una reflexión sobre la plenitud y firmeza de la acción en el cine de Samuel Fuller, hecha desde su punto de vista, el del propio Godard, que constata la crisis de planteamientos que hicieron posible la afirmación de la aventura fulleriana.

En condicional, Pierrot el loco sería una crítica desde la creación sobre la arbitrariedad aparente, el misterio y el dato insólito que subyace en el amor entre un hombre y una mujer. Es la crítica a un estado de espíritu particular y colectivo, a un estado de cosas objetivas y azarosas (v.gr. la política, la sociedad, la cultura). Donde un plano puede ser una cuestión moral pero el hecho de filmar una película puede ser una cuestión de amor.

Porque, en el fondo sólo existen dos maneras de relacionarse con las cosas: o respetándolas, o violándolas. Godard sabía, en 1965, que si eran violadas pocas posibilidades de revelaciones se podían esperar de ellas; y así hizo Pierrot el loco, simplemente, en estado enamorado, místico. Y este estado le demandó la máxima puesta en juego de todas sus facultades y toda su imaginación. Inclúyase en nuestra hipótesis la capacidad de insolencia. Porque para Jean-Luc Godard hacer cine implicaba -e implica- preguntarse sin cesar qué es el cine. Y las respuestas sólo se hallan en la insolencia rigurosa de la puesta en escena que destierra la banalidad y el esquema, favoreciendo la relación luminosa de quien la contempla. Sólo entonces hay lugar para el replanteamiento total que deriva en "una cierta mirada" correspondida.

BANDA APARTE
Pierrot el loco es al mismo tiempo una película completamente desesperada, trístisima y un filme seductor, lleno de conmovedor encanto, volcado a la posible conquista de cualquier sensibilidad receptiva, es decir vibrante y lleno de vitalidad. En cualquier caso, alegre y con la positiva vocación de reafirmar el poder fascinador de cada cosa, incluso de las más modestas (es decir, de vivir). Si es la película que Godard hizo en vez de suicidarse, sea o no cierto literalmente, lo que es evidente es que se trata de un filme muy comprometido con la vida, con los recuerdos del porvenir. Su encanto reside en el poder revelador de la sincera observación del cine, de Godard, de Anna Karina, de Belmondo, del amor, del mundo. Pierrot es la profecía en technicolor de una fuga hacia adelante que la generación del sesenta emprendería. Es muchas cosas.

Es encuadre normal y estilización desbordante. Es documento filosófico, comedia musical, colores cálidos (de cuadros, sol y mar); un ejemplo de libertad expositiva; un manifiesto de la Nueva Ola; un mosaico en donde estan plasmados los sentimientos mas contradictorios del artista, la euforia y la desesperación. Y, como apuntara Ricardo Bedoya, es sobre todo "una película que tiene la gracia del instante bello captado al vuelo, del gesto capturado al desgaire, de la frase fulgurante que Godard, pura intuición y sensibilidad, no deja escapar".

NO DISPAREN SOBRE GODARD PORQUE AL FINAL SIEMPRE HAY ESCAPADA
La mirada que Godard dirige sobre Ferdinand (alias Pierrot) y sobre Marianne (la bella Anna Karina), los amantes en fuga, hasta el sur de Francia, nunca más iluminado y luminoso; azul y rojo; paraíso perdido; inspirador de sentimientos; propicio para ejercer las libertades que el París populoso y consumista entumecían; sugiere, en conjunto, una gran fascinación. Es una cinta pletórica de inventiva, narrada placenteramente, juguetona, pero de final doloroso (de altura homérica, nos atreveríamos a decir). Donde la vivencia es coherente con la estructura expresiva y estilística en el cine de Jean-Luc Godard: que mantiene unidos el encanto de la espontaneidad más fresca de la juventud con la reflexión difícil y la necesidad de seria lucidez propias del adulto. La puesta en escena romántica ("el azar controlado") se corresponde con las primeras interrogantes que se planteaba el joven Jean-Luc, en 1950, cuando frecuentaba el cineclub Quarter Latin y empezaba a escribir crítica de cine bajo el seudónimo de Hans Lucas.

Durante su paso por la revista Cahiers du Cinéma, Godard postulaba que la mejor crítica surge de la confrontación de una película con otra. Siguiendo ese principio, se puede relacionar de manera analítica Sin aliento (1959) con Pierrot el loco. En el interregno que separa a ambas, Godard había realizado unas doce películas. Este período que generalmente es el favorito para sus seguidores, curiosamente se abre y se cierra con los dos filmes que parecen estar hechos más en primera persona, es decir, en los que el protagonista (Belmondo en ambos casos) da más la sensación de ser portavoz directo del momento vital del autor y que, a la vez, suponen sendos documentos sobre un estado moral de difícil supervivencia en el que el problema amoroso aparece como catalizador de un romanticismo imposible de realizarse si no es pagando con la decepción y la muerte. Son dos películas desesperadas desde el principio, dos apuestas locas, dos filmes que tratan sobre la soledad total, con la urgencia extrema que tienen que cumplir con un deber hasta el final y donde la intimidad y la vulnerabilidad del autor se dejan entrever de una forma bastante desnuda.

Son películas muy distintas (todas las cintas de Godard son experiencias llevadas a cabo a partir de cero, que terminan también en cero y cuya continuación siempre es imprecisa) y que sin embargo, guardan una relación excepcionalmente coherente y que podrían constituir por sí solas, una filmografía autosuficiente.

Con la trayectoria de los protagonistas de Pierrot, al borde del mar azul, bajo el angustioso sol de junio, se asiste a otro nacimiento del cine, inventando una nueva manera de decir las cosas, una nueva forma de seducir. De ver mientras se escucha el diálogo, de canciones, y encuestas insólitas y miradas furtivas entre los actores, y miradas descaradas a la cámara, y monólogos, y voz en off, y multitud de citas, y de todo. Es así como se salta, placentera y necesariamente, la escolástica de los grandes géneros cinematográficos como el musical, por ejemplo. En Pierrot el loco no hay bailes pero sí canciones que interpreta Anna Karina. No existen los desplazamientos de un Gene Kelly o una Debby Reynolds. El sonido de la música (por Antoine Duhamel), el comentario a las canciones populares por Belmondo, configuran una atmósfera antifestiva, más bien privada, fulgurante a gusto del autor. Que necesita comunicar su alegría en los momentos que él juzga oportunos.

Lo mismo sucede con el thriller y el cine encuesta. Cuando se abordan se evitan las reglas. Las situaciones descritas en la novela de Lionel White, "Obsession", son revisadas y reinventadas a partir del salto de raccords y ejes. Los colores (especialmente el rojo) del maravilloso Techniscope trabajado por Raoul Coutard, adquieren una violencia y una expresividad convulsiva, inusitada en el cine. Quedando demostrado en Godard que lo que cuenta es la sinceridad y la correspondencia entre lo qué se hace, el cómo se hace y la visión de las cosas desde las que se hace. No se es moderno o actual por puro voluntarismo.

CONCLUSION
Que al final, un payaso loco (Pierrot), con la cara pintada de azul, con cartuchos de dinamita envolviendo su cabeza, susurre versos de Rimbaud (“Ella es reencontrada ¿Qué? La eternidad”) por la ausencia de la mujer de su vida; nos llevan a pensar en la honestidad de Godard para con el personaje protagónico y para con las carnes cinéfilas mas fibrosas al interior del auditorio; que se vuelven a tensar cuando “el loco” explota en mil pedazos. Como cinéfilo siento que esta secuencia le habla a mi generación. La muerte de Pierrot es la muerte del cine. Que, para guardar las apariencias, exhibe todos los años una producción copiosa de películas. Sin embargo, como diría Godard, la gente que hace cine hoy no se atrevería a inventarlo si éste no existiera. Vaya sentencia.

Oscar Contreras

Crónica 1: primera jornada de la muestra de cine regional de APRECI

John Campos Gómez envía su primera crónica de la muestra de cine regional organizada por la Asociación de la Prensa Cinematográfica.

8:00 p.m. El Cinematógrafo de Barranco. Poco público, la mayoría prensa. Gabriel Quispe, vicepresidente de APRECI presenta la muestra. Al minuto cede la palabra al director del largo a proyectarse, el juliaqueño Joseph Lora, quien contento por la mostración de su trabajo brinda unas palabras franeleras y de precaución para los presentes. Se apagan la luces artificiales para que el ecrán ilumine la sala con sus imágenes. Los presentes esperamos terror, ya veremos que resulta al final... Empieza la muestra...Un ave redonda que en pleno vuelo es víctima de un disparo de bala. Fin de la primera historia.Siguiente...

Una zorra que envidia 'sanamente' la belleza de las crías de una gansa, por lo que pretende conocer el secreto para que los suyos sean también de hermosura admirable. Entonces, le pregunta al ave por el 'secreto', a lo que la plumífera le responde con una treta ingenua para que los zorritos sean cremados por acción de su madre. Una moraleja aparece para finalizar la fábula andina, en ella se entrevé de una forma bastante coqueta e inocentona, que la envidia te lleva al fatalismo.

Esos dos cortísimos animados (Maíz y Pisaca Pankaritampi Tayca Tiwulampi) fueron preámbulo para el estreno nacional de La casa embrujada, película que sigue con la tendencia provinciana -en lo que a cine se refiere- de hacer (o, mejor dicho, intentar hacer) terror.

Una familia arequipeña (papá, mamá, hija y abuela) recién llegada a Juliaca está siendo perturbada por espíritus penadores de personas muertas y enterradas hace 60 años en la casa donde ahora habitan. Conocer los motivos de los disturbios es la clave para solucionarlos. La abuela acude a chamanes para intentar liberarse de los fastidios, al mismo tiempo que investiga los hechos antecedentes a través de los testimonios vecinos, lo que servirá para esclarecer el misterio.
La muerte de la madre por un accidente 'provocado' es el punto de quiebre para que la familia, unida, (y junto al chamán) actúe contra los 6 espíritus habitantes de la casa. Todos ellos muertos por un angurriento hombre como condición del diablo (¿?) para brindarle riquezas infinitas. Jovita, la niña, con el poder adqurido por las legañas de perro (no, no es comedia), que le permiten ver a los fantasmas, los desaloja diciéndoles la VERDAD, y liberando así el alma de su madre.
Esto no acaba ahí, pues en sueños la madre advierte a Jovita que aún hay un espíritu que resistió el embate chamanesco. Aparecen los créditos. Habrá La casa embrujada 2...

Atando cabos y haciendo supuestos, de eso va la historia. La casa embrujada no difiere en la calidad técnica de sus compañeros de corriente. En lo argumental es tan convencional y discontinuo como una historia seudo terrorífica del grupo de chibolos asustadizos en las noches de barrio obrero. La abuela al principio parece ocultar algo relacionado con el misterio, pero en el transcurrir del relato se muestra tan ajena de los hechos forjadores del drama como toda la familia. La cabeza escurridiza de la mujer en la noches no tiene razón de ser explicable y congruente. Fue sólo un decorado 'amedrentador' más de la propuesta. La película es humilde (en verdad, paupérrima) en lo que pretende y en lo que es; los parlamentos parecen sacados de un sketch de la primaria puneña, la composición de plano se rige a lo más precario y defectuoso, y el sonido directo es pésimo: los diálogos se pierden con el sonido bullicioso de las calles, por el volumen más elevado de lo debido de la música añadida o por la mala ubicación de los micrófonos unilaterales, que no cubren todo el perímetro, sino sólo lo frontal desde el punto de la cámara.

No cabe punto positivo qué rescatar más allá del esfuerzo de este grupo que logró el objetivo de acabar un largo, aunque sea tan imperfecto que no tenga virtudes técnicas ni argumentales. Pero, por el respeto que se merece un trabajo hecho con la total seriedad posible, se le aprecia sin tapujos ni complacencias. El cine regional es un tipo de realización que se manifiesta como catarsis andina contra el sistema capitalista siempre acaparador, es un fenómeno socio-cultural que no merece ser visto de reojo ni como anécdota, sino como parte del contexto actual y como tal se le debe juzgar. Tan serio, firme y honesto como los más respetables.
Durante la proyección hubo atención y seriedad hasta que se desquebrajó con una carcajada desinhibida y justificada de uno de los presentes, la cual se hizo constante después de su primera emisión.

Salgo de la sala. Saludo a unos, despido a otros. La primera jornada había acabado y tenía que regresar a casa a la inmediatez, pues un largo camino regreso a casa me aguardaba. Para finalizar, se recomienda y pide -a los realizadores- hacernos sentir miedo y tensión con una película de terror, no todo lo contrario, como con esta película de horror (o horrorosa). La casa embrujada es pésima.

John Campos Gómez

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Muestra de Cine Regional


La Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI) nos ha enviado la siguiente nota de prensa:

La Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI) realizará del jueves 13 al domingo 16 de diciembre, en El Cinematógrafo de Barranco y el Centro Cultural CAFAE–SE, una breve pero significativa Muestra de Cine Regional, que toma el pulso a la cada vez mayor producción del interior del país, que en los últimos años han enriquecido el rostro del cine nacional.

Se trata de un conjunto de filmes de ficción, documental y animación, con variadas propuestas de terror, melodrama, comedia y drama, realizados en las regiones de Andahuaylas, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Cuzco, Huaraz, Ica, Moquegua, Puno, Trujillo y Tacna.

Las películas provienen de diversos procesos de realización, entre emprendimientos casi individuales y proyectos concebidos en intensivos talleres populares, y lucen parte de la diversidad lingüística y cultural del Perú, incluyendo cortos en los idiomas quechua y aymara.

La Muestra de Cine Regional se inaugurará el jueves 13 en El Cinematógrafo de Barranco con el estreno absoluto a nivel nacional de La casa embrujada, opera prima del juliaqueño Joseph Lora. En esta cinta de terror, los espíritus malignos de una antigua vivienda acosan a una familia recién llegada, que los enfrenta con el liderazgo de Jovita, una despierta niña de 9 años, y su abuela, la única que conoce la leyenda.

El mismo Joseph Lora presentará el corto animado Pisaca Pankaritampi Tayca Tiwulampi, realizado en la lengua aymara, que narra la historia de una zorra que pierde tontamente a sus cachorritos por pretender apropiarse de lo ajeno.

Además, se proyectará el corto animado Maíz, de los cuzqueños Alfredo Velarde y Valerie Velasco, alegoría de lo efímero de la libertad y lo inapelable de la muerte.

En El Cinematógrafo también se verán Los actores, del trujillano Omar Forero, mirada minimalista de las vivencias de un grupo de citadinos personajes; el proyecto Warasqa Kichwa Markam, de Erick Aquino, cuarteto de cortos documentales realizados en el idioma quechua que dan a conocer las costumbres de la población aledaña a la Cordillera Blanca; y una selección del taller especializado El Otro Documental y la Caravana Documental I, II y III, programas organizados en el norte, centro y sur del Perú por el Documental Independiente Peruano (DIP).

Asimismo, desde el viernes 14 el Centro Cultural CAFAE–SE exhibirá Encuentro de dos mundos, parodia del cajamarquino Héctor Marreros sobre la llegada de las huestes de Francisco Pizarro que marcó el inicio de la dominación española; la versión remasterizada de El abigeo, del puneño Flaviano Quispe, adaptación de uno de los Cuentos andinos de Enrique López Albújar, que relata la presión de una comunidad sobre un poblador acusado de abigeato; y Mónica, más allá de la muerte del arequipeño Roger Acosta, historia fantástica en la que un joven descubre paulatinamente que la hermosa mujer con la que sostiene un romance, en realidad parece ser un fantasma.

La Muestra de Cine Regional es la primera de diversas actividades que la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI) tiene previstas en su rol de difusión de la cultura cinematográfica en nuestro medio.

Programación
El Cinematógrafo (Av. Pérez Roca 196 Barranco, altura cuadra 4 Av. San Martín)
Entrada: 6 nuevos soles.
Jueves 13 – domingo 16, 8 p.m.

Jueves 13
ESTRENO NACIONAL: La casa embrujada (2007), largometraje de Joseph Lora.
Pisaca pankaritampi tayca tiwulampi (2007), corto animado de Joseph Lora.
Maíz (2007), corto animado de Alfredo Velarde y Valerie Velasco.

Viernes 14
Los actores (2007), largometraje de Omar Forero.

Sábado 15
Warasqa Kichwa Markam (2007), cuarteto de cortos documentales de Erick Aquino: Piteq, Llupa, Wanchaq y Waras.
Documental Independiente Peruano (DIP) – Taller El otro Documental
Arte Facto, corto de Luisa García, Verónica Pérez y Víctor Chang.
Siéntase seguro, corto de Anahí Chaparro, Lucía Diez Canseco y Juan Francisco Chávez.
Gris Cantabile, corto de Renato Neyra, Dani Tsukamoto y Néstor Valdivia.

Domingo 16
Documental Independiente Peruano (DIP) – La Caravana Documental I, II y III
Selección de cortos dirigidos por jóvenes autores de Andahuaylas, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Cuzco, Ica, Moquegua, Puno y Tacna, producidos entre 2005 y 2007 en las ediciones de La Caravana Documental, programa de difusión, enseñanza y realización de cine documental en diversas zonas del país.

Centro Cultural José María Arguedas CAFAE–SE (Av. Arequipa 2985 San Isidro)
Ingreso libre.
Viernes 14 – domingo 16, 7:30 p.m.

Viernes 14
El encuentro de dos mundos, la otra cara (2007), largometraje de Héctor Marreros.

Sábado 15
El abigeo (2001), largometraje de Flaviano Quispe. Versión remasterizada.

Domingo 16
Mónica, más allá de la muerte (2006), largometraje de Roger Acosta.
Warasqa Kichwa Markam (2007), cuarteto de cortos documentales de Erick Aquino: Piteq, Llupa, Wanchaq y Waras.

sábado, 8 de diciembre de 2007

2001: Odisea del ensayo. Kubrick a Nietzsche


Juan Carlos García Alcalá envía este ensayo sobre 2001: una odisea del espacio, de Stanley Kubrick. Ensayo escrito como trabajo para un curso de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima.


“Como en Hansel y Gretel, dejaron desperdigados
por el universo estos centinelas, que nos guiarán,
a través de una odisea espacial, a conseguir
nuestra tan ansiada evolución...”


Introducción

Pocos directores han logrado ganarse un indiscutible puesto entre los mejores del mundo y de todos los tiempos. Casi ninguno ha tenido tanto control sobre su película, el completo acceso ni la absoluta disposición del estudio donde filmó. Podría pensar en ejemplos como Chaplin, una vez granjeada la fama, o en Welles, al filmar su película más conocida. La MGM no se equivocó en darle semejante prerrogativa a Kubrick.

2001: A space Odyssey es una película totalmente adelantada a su época, filmada con impecable técnica y que revolucionó la narrativa audiovisual. Kubrick financió gran parte de los efectos especiales (algunos encargados a la NASA) con su propio dinero. Los Shepperton Studios le fueron dados casi por completo; una libertad rara vez vista, como ya mencioné. La película excedió por mucho el presupuesto inicial y demoró unos años más de lo previsto en estrenarse. Hubo algunos cambios a última hora en la edición y fue en estos, que Kubrick mismo exigía y personalmente supervisaba, en los que la película adquirió su perfección técnica y su poderosa claridad narrativa.

En el presente ensayo presentaré una posible lectura e interpretación filosófica, acompañada de un análisis estético, sin el cual sería poco comprensible mi punto de vista y dejaría mis ideas flojamente sustentadas. Este trabajo es producto de mi investigación, que empezó (sin darme yo cuenta) desde el primer ciclo, cuando devoré ávidamente todos los libros de la biblioteca de la universidad acerca de 2001 y sobre la vida y obra de Stanley Kubrick. Ahora veo que la lectura de aquellas hojas, que algún día me ofrecieron sublime satisfacción, y por las cuales sentí profundo interés y apasionada sed de investigación, me son muy útiles para producir el ensayo, que redacté cursando el cuarto ciclo para el curso de Estética (2007-1); y, ahora, cursando el quinto, reviso y aumento con sincero entusiasmo. Espero que sea tan de su agrado como lo fue para mí redactarlo.

Sinopsis

La brillante obra maestra de Stanley Kubrick consta de 4 capítulos y 141 minutos. Apenas 40 son de diálogo: la película habla a través de imágenes y música. Comienza en el África hace 4 millones de años. El primer capítulo corresponde a los hombres-simio que habitan ahí. Se alimentan básicamente de una dieta herbívora y conviven en paz y armonía con los animales. Una mañana, al despertar, notan la aparición de un gran monolito negro, aparentemente inerte, en la puerta de su guarida. Moonwatcher, líder del grupo, se acerca y lo toca (en el guión dice que también lo lame) sin ningún aparente resultado. A esto le suceden varios cambios en el comportamiento de los hombres-simio. Descubren sin darse cuenta el uso de las herramientas; su evolución. Cómo nosotros dominamos el mundo con ésta ventaja. Así es como cometen el primer acto racional: matar animales para comérselos crudos y asesinar al líder del otro grupo de hombres-simio por la disputa del charco de agua, de importancia vital para su supervivencia.


Y empieza el segundo con la mejor elipsis de la historia del cine, Kubrick hace un salto de 4 millones de años, hasta 1999. El doctor Heywood Floyd viaja a la Luna para una reunión donde se discutirán algunos temas. El más importante es el descubrimiento de un monolito igual al de la Tierra, también de manufactura perfecta, enterrado unos metros bajo la superficie lunar que creaba una anomalía magnética en el área. La noticia dada a las gentes es que ha habido una epidemia: desinformaron a la población para que no haya una alarma general o un shock cultural debido a la confirmación de la existencia de vida extraterrestre. El momento de la fotografía de los viajeros espaciales junto al monolito coincide con la llegada del primer rayo solar. Cubierto bajo tierra durante años, al recibirlo, emite un chirrido penetrante y agudo que obliga a los viajeros espaciales a cubrirse inútilmente los cascos con las manos.

El tercer capítulo se lleva acabo en el espacio exterior, muy cerca de Júpiter, 18 meses después, en el año 2001. Se presenta a HAL 9000, computadora que esta encargada de todas las funciones vitales de la nave y que es incapaz de cometer errores. Su nombre corresponde a las siglas de Heuristically programmed ALgorithmic computer. Dentro de ella, tres tripulantes se encuentran en hibernación y serán despertados al llegar a su destino (aún desconocido). Dos de ellos se encuentran despiertos: Poole y Bowman, quienes hacen monótonos trabajos de rutina, verificando que todo siga en orden. HAL diagnostica el posible fallo de una pieza localizada al exterior de la nave. Bowman la extrae y la analizan. La pieza está en perfecto estado, lo que deja entredicho la fiabilidad y perfección de HAL. Una computadora gemela, en la Tierra, diagnostica el fallo de HAL: la computadora ha incurrido en error, lo que pone a los astronautas en alerta.

Planean desconectarla y continuar con la misión. Prevén cuidadosamente que HAL no los escuche, pero ignoran que también sabe leer los labios y con una cámara que funge de ojo, descubre su plan. Poole, al reponer la pieza, es muerto por HAL mediante el uso de un vehículo robotizado con brazos. Bowman se da cuenta de esto y sale a su rescate. Adentro, HAL mata a los 3 tripulantes y no le permite el reingreso. Le explica que los humanos son un factor que pone en riesgo la misión, son totalmente dispensables y, como es un computador perfecto, no puede poner en riesgo la importante misión, así que decidió eliminarlos. Bowman reingresa por una puerta falsa y desconecta a HAL, entonces una grabación hecha antes de la partida, le informa a Bowman que la verdadera misión es la búsqueda del destino o destinatario de la señal emitida por el monolito de la Luna.
El cuarto y último capítulo es el más enigmático y el más abierto a interpretaciones: muestra a Bowman en el pequeño vehículo orbitando los satélites de Saturno. Aparece el tercer monolito y, en una extraña escena, queda alineado con los planetas y el Sol y llevan al astronauta por un viaje espacial, cósmico, psicodélico, lisérgico, interespacial, a otra dimensión, en donde el tiempo y el espacio son solo una invención de la literatura, al igual que Dios. (Borges dixit.)

Después del viaje especial, se ve dentro de una habitación moderna y antigua a la vez; clásica y vanguardista: totalmente atemporal. Se ve a sí mismo parado al frente de sí, con el traje espacial. Luego la cámara adopta su visión y se ve a sí mismo nuevamente, pero esta vez más viejo. A continuación se ve a sí mismo sentado, cenando. Después, en su cama, viejo y agonizando. A ésta secuencia de raras escenas le sigue una que me hizo recordar un pasaje del libro Así habló Zarathustra, de Nietzsche: cuando el titiritero cae y, moribundo, estira la mano como intentando alcanzar a Zarathustra, quien va a su consuelo. La escena de la que hablo es cuando Bowman, viejo y moribundo, estira la mano, intentando alcanzar inútilmente el monolito de piedra, increíblemente localizado dentro de la habitación. Esta escena es tan brillante que roza lo absurdo, como todas las grandes cosas: Dios, la existencia y el amor.

Luego, la cámara se mueve hacia adelante en un travelling y en la siguiente escena nos muestra a un feto en la cama, envuelto de una brillante placenta, en el lugar donde estaba echado Bowman. Podemos afirmar, por los ojos azules, que se trata de él. Luego, con la imponente, tosca y disciplinada música de Richard Strauss, Así Habló Zarathustra, nos muestra al niño de las estrellas en el espacio exterior; en segundo plano, a la Tierra. Toda esta secuencia tiene el mismo fondo musical y termina justo cuando rompen los violines, que es cuando Zarathustra hace su mayor revelación: “¡Dios ha muerto!”.

Análisis

Un grupo de seres extraterrestres de inteligencia superior, observó a los hombres-simio y decidieron darles un empujón en su proceso evolutivo, aventajándolos con algo que los iba equiparar a los fuertes osos, a las rápidas chitas y a los venenosos insectos. Incluso darnos absoluta ventaja para dominarlos: la razón. El monolito la representa y es el factor desencadenante de su evolución. Brillante y sutil crítica a la razón: fue un accidente, fue por alguien externo a nosotros que somos como somos. Kubrick asesta el golpe al orgullo humano en el mismo punto en el que lo golpeó Copérnico (al decir que no somos el centro del universo); Darwin (al demostrarnos que no somos creación de Dios, sino una raza evolucionada de monos); Freud (al demostrarnos que somos en gran parte como animales y nos dominan las pulsiones instintivas: sexo y violencia).

El monolito es un centinela (nombre de la novela de Arthur C. Clarke que inspiró a Kubrick para el guión) que le informará al siguiente, llegado su descubrimiento, que el hombre ha alcanzado el nivel tecnológico e intelectual necesario. La razón determina la manera de vivir de esos hombres-simios, haciéndoles descubrir el uso de la herramienta. Con ella pueden matar animales, comérselos crudos (magnífica idea) o pueden asesinar a quien representa una amenaza (idea más sensata aún). Es así como matan animales, se vuelven carnívoros y asesinos, mataron al líder del otro clan de hombres-simio, confinados al olvido y a la desaparición de su raza por la selección natural.

Ya en conciencia de lo que hacen, y habiendo conquistado el uso de las herramientas, la otra parte de la historia es conocida por todos... Entonces Kubrick hace un despliegue de su genio desbordante e increíble olfato creativo y nos regala una de las escenas más sublimes de todas las películas que he visto: la elipsis del hueso lanzado al aire y su transformación en una nave espacial. Genial.

Floyd asiste a una soporífera reunión en donde tratan los temas ya mencionados. Entonces, sin perder tiempo, se dirigen a la Luna. Y los humanos somos tan banales y nuestra existencia tan nimia (sentido que le quiere dar Kubrick) que no discuten sobre la prueba irrefutable de la existencia de vida extraterrestre y de inteligencia superior, no. Discuten sobre los emparedados espaciales y lo parecidos que son a los reales.

Una vez en el terreno de la excavación, y para acentuar más la crítica, los astronautas no fotografían al monolito, sino que se toman fotos con él. Como vulgares turistas visitando un lugar banal, tomándose mundanas fotografías. El segundo monolito, localizado unos metros debajo de la superficie lunar, producía una anomalía en el campo electromagnético del área, a pesar de estar cubierto por tierra, lo que llamó la atención de los científicos. Esto llevó a las excavaciones y eventualmente al descubrimiento del monolito. Al recibir el primer rayo solar, una vez descubierto y libre de tierra, éste emite un chirrido dirigido al tercer monolito, localizado en la órbita de Júpiter. Es increíblemente alto y penetrante. No recuerdo largometraje alguno con un sonido tan despreciable. Sublime.


Pues es también un centinela que informa a los extraterrestres de nuestro avance por el espacio y desarrollo tecnológico. Como en Hansel y Gretel, dejaron desperdigados por el universo estos centinelas, que nos guiarán a través de una odisea espacial, a conseguir nuestra tan ansiada evolución, análoga al paso del hombre-simio al hombre: hablo del paso del hombre al superhombre nietzscheano. Este es un punto fundamental en la película.

La siguiente parte de la película es protagonizada por HAL y por Bowman. HAL es una especie de Dios todopoderoso, omnisciente y omnipresente en la nave. Todas las funciones de la nave descansan en él y ni una sola compuerta se abre a menos que él lo indique. La computadora es perfecta y está programada para ser siempre lógica y fiable. Nunca comete error alguno. Esto es importante para comprender el porqué del error de HAL: la misión nunca les fue dada a los astronautas, solo HAL la sabía y debió ocultársela hasta que lleguen a la órbita de Júpiter. Pues, si esta programada para nunca fallar y para ser fiable, ¿cómo esperar que pueda mentir y ocultarles la verdadera misión a los tripulantes? Es en esta contradicción que la computadora desarrolla su enfermedad mental (?) o de programación. Ante esta contradicción en las órdenes dadas, se crea un bucle de Möbius. La cinta de Möbius es una forma geométrica muy curiosa que posee un solo lado. Borges decía que uno la podía hacer con un papel y tijeras. Entonces con esta anomalía, desarrolla megalomanía, paranoia, egocentrismo, etc. Pero, sobre todo, se equivoca en predecir el fallo de una unidad. Al ver el diagnóstico de la computadora gemela en la Tierra: HAL, los astronautas quedan alertados.

Planean así desconectar a HAL. Aunque tomaron muchas precauciones para que no los oiga, HAL lee sus labios y conoce de antemano su plan. Llega a la conclusión de que los humanos estropearán la misión. HAL no permite eso y se cree el único capaz de realizar la misión con éxito, por eso decide eliminarlos a todos. Mata a Poole mientras sale a reponer la pieza estudiada. Bowman sale a su rescate (como HAL previó) y mientras no hay nadie en la nave, mata a los tripulantes en hibernación de la manera más fría que un humano puede morir: barras de colores que suben y bajan y luego se estabilizan. Un nuevo aviso titila: LIFE FUNCTIONS TERMINATED. Magistral.

No permitiría el reingreso de Bowman a la nave y, eventualmente, se quedaría sin oxígeno, muriendo. Pero HAL no previó que él podía entrar por otra puerta. La batalla final entre hombres y máquinas esta por darse: HAL y Bowman; hombre y máquina; creación y creado. Uno podrá pensar que es estúpido o incluso ilógico que algún creador pueda ser vencido por su creación. Pero no es así, Bowman gana la batalla con la herramienta más simple de todas: un destornillador... De la misma forma, el creado, vence sobre su creador y en boca de Zarathustra llegan las noticias: “Dios ha muerto”. (Creador, creado; soñador, soñado... Borges diría con justa razón que sus definiciones convergen semánticamente.)


Entonces mata a HAL y es notificado de la verdadera misión. Una vez desecho el vínculo entre el hombre y sus herramientas, Bowman, en nombre de toda la humanidad, hace el paso entre hombre y superhombre. Se encuentra cara con el destino y “evoluciona”. Bowman sale a recorrer el espacio exterior con su pequeña nave. Ve al tercer monolito flotando libremente por los alrededores de las órbitas de los satélites de Júpiter y este queda alineado con los planetas y el Sol, símbolo del Zoroastrismo, religión que fundó Zarathustra. Entonces, los extraterrestres permiten la apertura de un portal cósmico a otras dimensiones o a otras partes del universo. El viaje es más lisérgico y despampanante que espacial y cósmico, en él, Bowman se desprende de su cuerpo y muere, pero por una buena causa: se inmoló por toda la vulgar humanidad y su anhelada evolución, pues Übermensch, no significa superhombre, sino humano superior, lo cual nos incluye a todos.

Bowman termina el interesante viaje en una habitación atemporal que representa el estado mental o los deseos del sujeto; fue sacada de sus ideas de comodidad. Otra teoría explica que las ondas de radio y televisión que recién llegan a los extraterrestres hacen que éstos crean que Bowman estará cómodo en ese ambiente, así que lo “reconstruyen” para él. Sea como fuere, Bowman se ve envejecer rápidamente (pues no hay tiempo); la copa se cae y se rompe: una simbolización de la muerte: el contenedor se rompe, el cuerpo muere, pero lo importante queda, el vino, el alma. Entonces el monolito regresa, hay teorías que lo equiparan a Dios, yo prefiero pensar que es una alegoría a la razón. Y por qué no decir que son lo mismo... Porque Freud, gracias a la razón, descubrió estrechos vínculos entre Dios y el superyó y fue gracias a la razón que el hombre empezó a deificar los elementos y los desastres naturales.

Aparece el monolito y Bowman muere, desaparece y evoluciona. Y éste nuevo hombre, el humano superior, renace y regresa a la Tierra, como la última escena nos lo indica. Una vez leí: “2001: una película criptonietzscheana”. Es que resulta indudable la fuerte influencia nietzscheana en ésta película, que por cierto está entre mis favoritas (como ya lo habrán notado) y entre las más enigmáticas que he visto junto a 8 ½ de Federico Fellini. Los conceptos nietzscheanos de superhombre, eterno retorno, nihilismo, muerte de Dios, etc, están muy presentes. La odisea espacial de Bowman (que significa arquero en inglés) es justamente para evolucionar en el superhombre. 2001 tiene elementos que se repiten al comienzo y al final, entre ellos la música de Richard Strauss, titulada Así habló Zarathustra (señal más obvia no puede haber). La presencia de muerte de ídolos o caída de dioses creados por humanos. La fuerte simbolización que hay dentro de la película, incluidos los que aluden al judaísmo y al zoroastrismo. La ciclicidad del universo, el hecho de que todo vuelva a como estaba antes, también forma parte de la idea del eterno retorno. La forma circular de las naves no es gratuita, hace también clara alusión a ello.

El tema central de la película, además de narrar la aventura de nuestro moderno Odiseo, el arquero, esta acompañada de una fuerte y ácida crítica a la razón humana. Es tomada como algo negativo, no algo de qué jactarse. Es tomada como un accidente, no como producto de la evolución ni la selección natural ni como un generoso regalo de nuestro creador. Satiriza el desarrollo tecnológico al darle atributos humanos a HAL como el comportamiento errático y los juicios estéticos que emite al ver los dibujos a carboncillo y sobre todo al tratar la escena de su muerte con más emotividad que la de los humanos. Critica duramente la actual posición de la ciencia, desarrollo intelectual y tecnológico al poner en evidencia lo parecidos que somos a los simios y cómo nuestras creaciones pueden conspirar para matarnos.

Esta visión crítica, ácida, pesimista y de sutil humor negro, es propia de las películas de Kubrick; las ideas vertidas en la película son en gran medida provenientes o están teñidas de las ideas centrales de Nietzsche. Una película para todos y para ninguno, basado en un libro que revolucionó la manera de decir algo.


Juan Carlos García Alcalá


jueves, 6 de diciembre de 2007

Un día normal: Elephant, de Gus Van Sant


El cine es como esa parábola budista de los ciegos y el elefante. Un grupo de ciegos sabios debaten a diario sobre un tema en específico, un tema el cual cada sabio manifiesta sus conocimientos respecto al tema demostrando así tener la razón frente a los demás ciegos. Cierta vez los ciegos se preguntan sobre las dimensiones exactas de un elefante. A tanta confusión de sus enunciados los ciegos al día siguiente deciden buscar por sí mismos a un ejemplar y averiguarlo. Y así fue. Al día siguiente los ciegos en frente del majestuoso animal, uno por uno pasaron a palpar al animal para así saber cual era la verdadera dimensión del mamífero. El punto central de la historia está en como cada ciego tocó diferente extremidad del elefante; uno las orejas, otro la trompa, otro las patas, etc., y así fue que cada ciego sabio al manifestar la verdadera forma del elefante afirmó de diferente manera creyendo cada uno ser dueño de la razón.


El cine es una imagen donde se puede rescatar más de un juicio. Cada ciego anciano tenía la razón pero siempre hay algo más que analizar. Gus Van Sant dice lo mismo pero no respecto al cine, sino a la violencia. Tal vez de esto podríamos derivar que la violencia es tan compleja de mirar que a veces no es suficiente verla tal igual como se nos presenta, y luego de ver Elefante nos decimos que inclusive no es suficiente con ver aquellos agentes que incentivan la violencia.


¿Qué es argumentar? Argumentar es contar la historia en resumen tomando en cuenta solo las ideas principales. Si partimos de esto sería un dilema plantear un argumento para Elefante, es por eso que me evito de ello. Elefante es la misma realidad dentro de una escuela, la secundaria Watt. Gus Van Sant desde un comienzo nos pone en imagen al cielo. El día es mañana y la mañana en algún momento debe de anochecer. Eso es cotidiano. El cielo siempre sufre ese cambio y Elefante trata de eso, de cómo sus personajes van a rodar inmersos a eso que ya es conocido para ellos, un día más en la escuela. Definitivamente esto se da en primer momento antes que lo no cotidiano violente contra sus jóvenes vidas.


John, Elias, Nathan, Alex, Nicole son nombres simples, son nombres no trabajados ni si quiera improvisados, es más, en los créditos se ve que en su mayoría los nombres de estos personajes son los mismos nombres de los jóvenes que personifican a dichos personajes. Es necesario ser lo más realista posible para poder personificar a aquello que ronda a diario por nosotros, por nuestra sociedad. Los temas que trata cada joven no tiene que ver con lo que tratan los otros, ahí cada uno tiene su rollo, cada uno tiene su tema de conversación, es lo puramente real. En un momento hablan de sus exámenes, en otro de sus cursos, de sus problemas e inclusive manifiestan sus conflictos internos. Desde está perspectiva podríamos decir que no existe una presencia exacta de lo que se trata, no existe una temática. Es más, la violencia no es el tema. Gus Van Sant nos presenta la realidad, y dentro de ella hay una mezcla de sucesos, entre ellos la violencia.


Lo real por ser real debe de serlo así a nuestros ojos, es por eso que la cámara es un solo rumbo, es casi estática. Se mueve lo suficiente para ver qué es lo que está a nuestro alrededor. Nuestra vida es propiamente ver a los nuestros y a nosotros mismos. Esta vez por ser espectadores nosotros somos los que lo miramos, y ojo que no son de los nuestros, no los conocemos, Gus Van Sant apenas nos brinda su nombre. Son objetos en blanco para nosotros, sin identidad, es por eso que los vemos casi siempre de espaldas. Los seguimos con la mirada esperando a que a través de su vida cotidiana se identifiquen. Es muy rápido para un conclusión, pero es preciso decir de una vez que los jóvenes tienen algo en común, algo que un ajeno a él, un adulto, podría negarle dicha identidad. Gus Van Sant nos dice que los jóvenes también tienen problemas. La juventud es el proceso de salida de la infancia, es el transito de lo simple a lo real. Ver el mundo con ojos de adulto, con madurez. Son perspicaces. Es por eso que se preguntan continuamente, se cuestionan aún así sea el tema algo trivial. Tal vez son inmaduros pero asimilan e interpretan muchos detalles. Lo que el niño miró un día con ternura, el joven lo mirará con desconfianza. Algunos sienten que son los invasores de ese entorno adulto, es por eso que son distantes, medrosos, se ocultan por los lugares vacíos, por las zonas donde nadie podría juzgarlos, por ejemplo es el caso de Michelle. Otros se sienten más bien invadidos, es por eso que no será pasivo como el anterior, sino será cauteloso, analítico y esto provocará una arma de doble filo que es la de confundir sus juicios pensando que lo bueno es malo. Podemos decir que siempre la confusión está ahí y al joven no le queda de otro que seguir ese rumbo. El joven puede dar vueltas y vueltas por los pasillos pero no se alarma y es porque está dentro de la costumbre. Los escenarios son los mismos, los tramos los mismos. El colegio, los pasillos, el comedor, el baño y su hogar, esos son los únicos medios a los que acceden.


El ambiente es el mismo, el personaje juvenil puede estar dentro del mismo entorno externo, pero su entorno interno es diferente, es diverso, es muy maleable. John, el joven de un color amarillo muy fuerte, repentinamente se oculta en un salón vacío y llora. El propósito del director aquí no es indicar el porqué de las cosas, sino más bien como el joven a veces huye de sí mismo, de su alrededor. El ocultarse no significa en este aspecto un temor, es más una insatisfacción o represión. Luego de esto llega una joven, Acadia y le da un beso en la mejilla a John, signo de apoyo. El joven en ocasiones, solitario dentro de un entorno aglomerado, no tiene más apoyo que de los mismos, es por eso que muy a parte de mostrarnos esta imagen tierna, nos muestra una identificación mutua, “ese otro soy yo”. Por otro lado, siguiendo con el entorno interno, muy pocas veces nos percatamos de ello y nos quedamos solo meditando el porqué tanta caminata o cuándo hablará el personaje. Los signos emocionales, o más bien las pistas son los rostros, los gestos, el patetismo de los personajes, ello acompañado de la iluminación, del colorido del ambiente. Las tres jóvenes Britany, Jordan y Nicole tienen un oscuro secreto, son bulímicas. El único testigo de esto a parte de ellas mismas es el contexto, el baño. El baño, a diferencia de otros entornos, es menos iluminado, es casi sórdido. El espacio juvenil donde uno puede manifestar el verdadero yo de cada uno; psicoanaliticamente, el baño es nuestro “ello”. Entonces aquí vemos una muestra o pista del estado de ánimo de las jóvenes que muy a pesar son conscientes de lo que hacen es por eso que tienen mucha cautela al tocar ese tema fuera de su entorno privado. Otras manifestaciones sumamente importantes es el fondo sonoro. Una escena donde Elias camina por el pasillo en medio de un mar de jóvenes. El ambiente es tranquilo, es liviano, pero cuando existe un contacto con otra persona el ambiente se recarga. Es cuestión de segundos. Un saludo, el entorno se vuelve bullicioso, y luego Elias vuelve de nuevo a su estado personal y la calma y el sonido vuelven a su estado anterior, sin bulla, solo existe Elias. Es como una muestra de convivir con tu lado interno y de un momento a otro vuelves a tu realidad. Lo mismo pasa con Alex, uno de los jóvenes que planea una masacre que pasará más adelante. En medio de la cafetería está esquematizando los probables pasos para dará a cabo su maléfico plan, pero de pronto se distrae y se percata que está rodeado de toda esa inmundicia que él tanto aborrece y a su vez se escucha toda una bulla a forma de estruendo y lo saca de su interior para llegar a su realidad. Entonces hablamos de una participación del sonido como un medio más para percatarnos que es lo que pasa en el interior de cada personaje. Algo parecido pasa con los efectos de los movimientos que se tornan de pronto más lento. Por ejemplo, cuando Michelle mira el cielo en un campo de fútbol, cuando John juega con un perro, esos son “momentos kodak”, de apacibilidad, donde la vida es hermosa, donde el joven tiene la oportunidad de vivir aquello que un adulto por ejemplo hace caso omiso. La vida propia del joven, de apreciar lo que es lo bello de la vida, una ideología como la que encontramos en Belleza americana pero solo vista por los jóvenes.


Como ya habíamos dicho, Gus Van Sant se encarga con Elefante de describirnos un entorno cotidiano, es por eso que es lento y casi aburrido como la vida misma. La preocupación del director no es el de adueñarse de nuestra conciencia y de dar una llamada de atención a la comunidad. Su fin no es moralista, es simplemente mostrar una escena de la vida y punto.


El asunto de Eric y Alex, los responsables de la matanza dentro de la secundaria Watt. La vida de ambos chicos no es nada extraña. Lo únicamente “irreal” en ellos es su acto delictivo. No se puede juzgar en este aspecto ningún rasgo que sea responsable de sus reacciones. Pueden ser, es lo más factible, los videojuegos como el medio que incite a estos jóvenes a matar, aunque también pueda ser simplemente porque ambos chicos son reprimidos en sus casas o en sus escuelas, o hasta simplemente un día se les dio por matar a la gente. Entonces podemos decir que Gus Van Sant aquí no echa la culpa a ningún ente. Los dos jóvenes miran de la forma más candida un documental de Hitler donde podemos ver una indiferencia total respecto al tema. Por otro lado Alex toca a Beethoven y por otro Eric lo celebra porque lo hace hermosamente bien. Esa escena se podría decir que es casi la rutina de dos chicos pasivamente sanos. Tranquilos, sin ningún conflicto interno. Son casi unas niñas. Sería incompleto afirmar que es culpa de Hitler o de los videojuegos e inclusive de su vida misma el que estos dos jóvenes reaccionen de esta forma. Lo que está dejando Gus Van Sant son cabos sueltos donde cada uno a criterio suyo podría afirmar algo o simplemente lo tomaría hasta con normalidad como una película simple sobre la violencia o un día en el colegio.


Fin de la película, con una tonada de Beethoven, el cielo es enfocado una vez más. Es de día y el cielo es el mismo ¿Puede haber un mañana para los personajes? Gus Van Sant no se lo responde porque no se lo preguntar. Son cosas que pasan. Es fácil leer varios periódicos sobre lo sucedido en la Masacre de Columbine y luego hacer una película de ello, pero es muy diferente la forma como dramatizas. Gus Van Sant hizo un buen trabajo a nivel de El indomable Will Hunting o Drugstore Cowboy.

Carlos Esquives Espinoza

lunes, 3 de diciembre de 2007

Hitchcock por Scorsese: el pastiche gozoso



No se pierdan esto. Es la publicidad navideña de Freixenet filmada por un Scorsese que juega con Hitchcock y le hace un gran homenaje.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Una chica con masked ball. Sobre Fur, Retrato de una pasión


La obsesión de Diane Arbus por fotografiar la normalidad desde lo frontal y lo extraño, por apreciar personajes freak, no con afán escrutador sino como adivinadora de la otredad extrema y discordante desde un lunar, una máscara, una mano tensa, una mascota en medio de algún retratado me resulta aún inquietante. Arbus advirtió una América alternativa, de simetrías físicas (su interés en gemelos, trillizos, siameses) pero también plural en deformidades y extravagancias. Si bien Fur (estrenada con el decoroso título de Retrato de una pasión) de Steven Shainberg es una obra basada en el libro biográfico de Patricia Bosworth sobre Diane Arbus, es una versión libre sobre la vida de la artista y que materializa motivos de sus imaginarios, ubicándonos en los inicios de Arbus como fotógrafa, tanto así que sus retratos más famosos sólo son rastreables en la anécdota, en los diálogos, en las vestimentas, en los lugares.

Fur es un biopic singular, pues sin bien recupera aspectos reales de la vida de Arbus, introduce una relación amorosa poco convencional, como meollo dramático, que podría parecer antojadiza, pero que funciona por sus niveles simbólicos de representación. Fur, más allá de ser un relato amoroso atípico, es la evocación de un proceso creativo y liberador que puede llegar a tener las características de lo monstruoso, por lo transgresor y oscuro.

Diane Arbus (Nicole Kidman) vive siendo asistente de su esposo fotógrafo publicitario, que tiene encargos de las revistas más famosas, y cuyo universo es retratar escenas, ahora vistas como kitsch, de la modernidad y el consumo de las marcas más prestigiosas. Pero Diane, reprimida, con dos hijas pequeñas, llevando la batuta de la casa, toma real percepción de su "normalidad" con la llegada de Lyonel (Robert Downey Jr.), un hombre enmascarado que se acaba de mudar al mismo edificio de ella y su familia, y que por su extrañeza física (pues padece una enfermedad que lo hace parecer un hombre lobo) le causa curiosidad. Ambos comienzan una amistad que será motivo para que Arbus tome su cámara Rolleiflex e indague sobre su nueva opción de vida: retratar. Lyonel la sumergirá, a la par que crece su pelaje, en un mundo paralelo de hermafroditas, prostitutas, gigantes, enanos, travestis.

Fur es demasiado redonda, lo que demuestra cierta fórmula retórica aplicada, en la medida en que Shainberg, el mismo director de la peculiar La secretaria, construye un personaje protagónico que se mueve en polaridades (Luminoso/oscuro, vigilia/sueño, velloso/desnudado, represión/liberación). Tal como lo señala el título, ( Fur, pelaje) vamos a transitar desde la exuberancia de las formas y modales (nos ubicamos en Nueva York de los años cincuenta donde prima el modoso mundo del american way of life) hasta el desarraigo de un campo nudista. Desde lo frondoso hasta la completa desnudez. Desde lo grotesco y barroco hasta la analogía de limpieza que da la idea de nacimiento.

Es interesante como Shainberg no sólo recrea una nueva versión de La Bella y la bestia, a la manera de Cocteau, sino cómo esta liberación de corset, toma la figura de la escalera en caracol, de un ascenso que invierte los patrones de la búsqueda del mundo fantástico (donde la mayoría de las veces se desciende hasta un orden nuevo), donde Arbus puede ser también una Alicia de Lewis Carrol o una Dorothy de Oz (recordar el vestido, los zapatos, el acicalamiento).

Es abierta y clara la percepción del mundo freak a la manera de Tod Browning, lleno de libertinaje y exceso, sobre todo en las visitas de Arbus a bares y camerinos, aunque también es revelada con el anacronismo de un anticuario en la decoración de la casa de Lyonel, el dandy de los freaks, todo un sibarita que ve en Kidman la representación de un mundo opuesto, diferente al entorno esquivo que había conocido en los circos y ferias. Lyonel (de modo más evidente no podía llamarse) resulta una metáfora de liberación, pues tras el ornamento queda la esencia o el punto de origen creativo.

Shainberg quizás se muestra débil con las maniobras que utiliza para mostrarnos a un Lyonel enigmático, generando el uso de lugares comunes del cine de suspenso, y cuyas intenciones de asociar el mundo freak al "normal" cobra más fuerza en los espacios cerrados y celebratorios, como la cena con Lyonel en casa de los padres de Arbus; o como el descenso de la corte circense por el techo mientras el esposo y las hijas miran extrañados.
Fur interesa no sólo por sus actuaciones o por escenas irreales como el de la piscina o el rito final, sino porque muestra a través de otras opciones cómo se hacen los artistas y cómo esos demonios interiores pueden cobrar la fisonomía de un hombre lobo o de un monstruo de tres cabezas.
Mónica Delgado

sábado, 1 de diciembre de 2007

Un siglo de salas en Lima: ilusiones a oscuras

El arquitecto Víctor Mejía Ticona acaba de publicar un libro indispensable, Ilusiones a oscuras, que recorre no sólo un siglo de historia de las salas cinematográficas en Lima, sino que también se ocupa de sus estilos de edificación, del sentido de sus fachadas, del lenguaje arquitectónico. Además es un libro grande y precioso, ilustrado con fotos muy valiosas y editado con impecable pulcritud. Publicamos aquí el prólogo escrito por Isaac León Frías.

Un siglo de salas de cine en Lima: lo que el tiempo se llevó y lo que trajo después

Quienes han vivido los tiempos de auge de las salas de cine, saben que además de la función a la que se asistía, con el noticiario, el corto o dibujo animado que se proyectaba, los avances o trailers (llamados «réclames» en otra época) y la película de largometraje como atracción principal, contaba de manera considerable el atractivo de la edificación. Desde la fachada con el nombre de la sala, el título de la cinta, las marquesinas, el lobby con los carteles y fotos que vestían sus paredes, hasta las diversas localidades en que se dividía la sala propiamente dicha, las peculiaridades interiores de cada cine, los adornos o agregados, el escenario y las cortinas, etcétera.

Todo eso configuraba un importante valor añadido a aquello que se ofrecía durante la proyección en medio de la oscuridad. Hoy en día los multicines son relativamente intercambiables. No hay entre ellos las diferencias que antes saltaban a la vista y proveían de una identidad propia a cada uno de los cines. En los años cincuenta, y en el Centro de Lima, eran muy diferentes los tres cines que compartían el espacio de la plaza San Martín: el Colón, el San Martín y el Metro, como también lo eran los que se ubicaban en el Jirón de la Unión: el Excelsior, el Biarritz y, más tarde, el Bijou. Eran tiempos en los cuales los cines tenían la capacidad de congregar al público por sí mismos, sin los estímulos complementarios que hoy ofrecen los centros comerciales o las inmediaciones de algunas de las pocas edificaciones autónomas que, como el Cineplanet Alcázar, son la excepción en la regla general que concibe la ubicación de salas al interior de los centros comerciales.

Pues bien, hasta ahora la historia de esas salas desde el punto de vista de las características de su edificación, no había sido registrada pese a la evidente significación arquitectónica, social y urbana que han tenido desde inicios de la década de 1910 hasta los años ochenta, en que su declinación adquiere caracteres de gravedad.

Por eso, este es uno de esos libros cuya necesidad de existir se impone de inmediato. Más aún, sorprende que no se haya publicado hasta ahora, al menos con una extensión que supere la reseña periodística, un texto que dé cuenta de la evolución arquitectónica de las salas de cine en Lima, esas que tantos ensueños y fantasías han alimentado a lo largo de varias décadas. El tema se presentaba como altamente estimulante para cualquier arquitecto o estudioso de la arquitectura peruana del siglo XX. Sin embargo, no ha sido un profesional experimentado sino un joven arquitecto quien ha emprendido la tarea de ofrecer un panorama de esa evolución y ya en el siglo XXI, en la era de los multicines y cuando las viejas salas, y no todas, sobreviven convertidas en templos, casinos o locales destinados a diversas actividades, si es que no están cerradas o tapiadas. Se trata de un trabajo de investigación muy serio, acucioso, y de varios años, que he tenido la suerte de seguir, gracias a la confianza de Víctor Mejía, quien me ha hecho saber de sus avances a lo largo de su paciente desarrollo, el que ha permitido un resultado tan enjundioso como el que ofrecen las casi cuatrocientas páginas que el lector tiene entre manos. A la indagación hemerográfica y documental, a la búsqueda de fotos y planos, a las múltiples entrevistas, se ha sumado la visita a las propias salas, o a lo que queda de ellas y vistas desde el exterior, en la mayor parte de los casos, tanto en el centro como en los antiguos distritos, donde se ubicaba el circuito de los cines de barrio.

Pero Ilusiones a oscuras no se limita a trazar un recorrido por las formas arquitectónicas presentes en las diversas etapas que han visto el crecimiento, cambio de modelos, estilos de construcción y diseño a lo largo del siglo XX, desde las carpas pioneras que constituyen la prehistoria de ese abanico de teatros o cines-teatro, tal como se les llamó por mucho tiempo y que fueron escenarios privilegiados en los que varias generaciones compartieron parte de su existencia. El libro es, por lo pronto, el acercamiento de un profesional que no se limita estrictamente a lo suyo, sino que intenta cubrir otros aspectos y dimensiones relacionados. Están presentes el contexto histórico y social, las transformaciones urbanas en el centro de la ciudad y en sus alrededores —cada vez más extendidos—, las innovaciones tecnológicas, la evolución de la industria cinematográfica y, de manera muy especial, el carácter de espectáculo público que el cine adquiere desde temprano y en función del cual se conciben y edifican las salas y sus particularidades exteriores e interiores.

Es un acierto haber elegido una perspectiva más abarcadora, sin que eso signifique que el abordaje de la materia se deslice hacia una visión ecléctica y diletante que toma de aquí y allá para configurar un panorama histórico. Está muy clara la mirada del arquitecto y el centro del trabajo son las salas de cine y sus características, pero con una drástica reducción del lenguaje técnico y sin que se pierdan de vista esas otras dimensiones concomitantes. Gracias a ello, este es un libro que puede ser leído de un tirón por cualquier interesado, sin necesidad de tener una formación especializada, pues la redacción es muy llana y accesible. Al respecto, es poco común encontrar un material escrito que sin rehuir el rigor del arquitecto, se abra a esos otros lados, sobre todo en los predios de una disciplina que, igual que muchas otras, se dedica a la producción de textos que en su mayoría son comprensibles solo para quienes comparten una jerga técnica.

Pero este no es solo un libro con amplísima información para leer, sino también para ver. Es una invitación a la mirada, pues por medio de su abundante material iconográfico podemos conocer o recordar —dependerá de la edad del lector, aunque es poco probable el recuerdo de lo que desapareció antes de 1920— las salas de cine que poblaron el centro y los barrios de Lima. Si el texto es fuertemente evocativo, lo es en grado mayor el despliegue fotográfico de un universo prácticamente desaparecido, el de las grandes salas de antes, y una ciudad que ya no es la que fue. Exteriores e interiores de salas aparecen en una sucesión que no se muestra simplemente para ilustrar la parte escrita, como ocurre comúnmente con el material iconográfico. Más allá del vínculo complementario que por cierto se establece entre el texto y las imágenes, estas tienen una presencia que se impone por sí misma y que le dan a la publicación un interés adicional.

Es muy revelador, por otra parte, que las fotos de los multicines con las que culmina, por ahora, la línea genealógica de los cines de Lima y de buena parte del mundo occidental, no ostenten el mismo carisma de las viejas salas, pese a la atención que el libro les dispensa. Probablemente, porque no tienen la misma presencia visual y arquitectural de las salas de antes, y porque han visto muy disminuido ese carácter casi eclesial, de «templos» dedicados al espectáculo que comprendían la fachada y los interiores. Asimismo, se vislumbra en el autor un cierto apego a esas viejas salas, tal vez inconsciente ya que es muy joven y no ha vivido el apogeo de los cines de estreno y el bullicio de los de barrio. Ese apego proviene de una pasión por la arquitectura, por Lima y también por el cine y esas modalidades gregarias que tuvo cuando el término cinemero era el que aludía al que asistía con frecuencia y disfrutaba de la variedad que brindaban esas carteleras con ocho, diez o doce nuevos estrenos cada semana.

Si algo se le puede reprochar a Víctor Mejía Ticona es que las casi cuatrocientas páginas se quedan cortas y nos dejan con las ganas de seguir leyendo y viendo imágenes de las salas, pero esa es una señal inequívoca del enorme interés que despierta este libro y de lo que significa como aporte al conocimiento de un campo en el que se cruza la ciudad de Lima con las edificaciones que sirvieron de cobijo al espectáculo más popular del siglo XX.

Isaac León Frías

jueves, 29 de noviembre de 2007

Para siempre


Martín Castañeda nos envía este ensayo sobre El número 23, la película de Joel Schumacher. El texto tuvo un reconocimiento en un reciente concurso de ensayos convocado por la Universidad de Lima.

El verano pasado se estrenó un intento de thriller psicológico: El número 23, dirigida por Joel Schumacher. En general la crítica estuvo de acuerdo con que esta fue una película débil, llena de recursos que se agotaban rápidamente. Sea una buena película o no, mi intención es develar un punto que queda sin anudar al final del film: Antes del último fade-out vemos como Walter, el personaje principal, no ha escapado del significante 23 que lo persiguió durante todo el film. Este ensayo es un intento de llenar ese vacío con un mito que podría darle otro sentido, o uno más coherente.

La película nos muestra a Walter, un hombre de familia común y corriente que por lo que él llama “destino”, llega a sus manos un libro. Éste al leer el libro encuentra muchas similitudes entre su vida y la vida de Fingerling, el personaje central de este libro, un investigador obsesionado con el numero 23. Frente a estas similitudes Walter emprende una investigación y, tal como Fingerling, se obsesiona con el 23 lo cual desencadena en una historia trágica tanto para uno como para el otro. Walter descubre que es su propia historia la que tiene en sus manos, la cual él escribió hace mucho tiempo para luego olvidar este mismo acto.


Nuestro sujeto (Walter) muestra lo que podríamos definir salvajemente como una obsesión por el saber, hallar la verdad es su objetivo durante todo el film. Al final, parece que lo alcanza, pero de alguna manera lo que podríamos llamar su inconsciente lo traiciona, el significante 23 lo vuelve a tomar. Propongo entonces que la verdad pertenece a lo no dicho en la película, un misterio posible de desentrañar si se siguen ciertas pistas que están ahí, frente a nosotros en la pantalla. La primera y obvia sería pues, el significante recurrente: 23. (La repetición, aquello que no deja de escribirse).

· 23

Siguiendo un tiempo cronológico (de la vida de Walter, no del film) procedo a analizar el capítulo 23 del libro: La historia olvidada de Walter, olvidada en dos sentidos. Primero porque en el libro no hay un capítulo 23 y además porque Walter, sea por causa del golpe recibido o el trauma implícito anterior al acto (fallido) de suicidarse, olvida este capítulo de su vida.

Este capítulo se puede desmenuzar en dos momentos: En un primer momento tenemos el hecho que su padre se suicida por no poder soportar la muerte de la madre. El residuo del acto del padre es un número: 23. En un segundo momento tenemos la relación de Laura y Walter. Walter sabe del engaño de Laura. Ella lo deja por otro. En este momento el número 23 reaparece y habla: “mátala”. Walter va donde Laura, señalando el peligro en el que esta se encuentra. Laura le dice que nunca lo amó, que nadie lo amará y que es igual de patético que su padre. Walter en ese momento la mata y huye.

El crimen cometido desencadena en dos situaciones. Por un lado, la nueva pareja de Laura va a la cárcel, es decir, un otro (inocente) paga por el crimen que nuestro sujeto cometió. Por otro lado, un suicidio del mismo, que aunque fallido, nos ubica nuevamente en el primer momento: el suicidio del padre por la mujer.

Walter ingresa a un hospital psiquiátrico, donde se le diagnostica amnesia severa debido a las lesiones y luego de un tiempo sale. Ese mismo día, a sus 32 años conoce a Agatha la mujer con la que se casa y tienen un hijo.

Tenemos ahora una segunda pista numérica, llamemos a éste, entonces, el capítulo 32.

· 32

Tenemos a Walter, que tras verse reflejado en el libro, inicia una investigación en la cual las pistas lo señalan a él, lo que engancha a Walter es un número. Asimismo, tenemos a Walter que sospecha un engaño de parte de Agatha con Isaac. Se produce una pesadilla en la que Walter mata a Agatha. Siguiendo las pistas del 23 Walter visita la cárcel para encontrarse con un inocente pagando por un crimen que no cometió. Mientras tanto tenemos a Agatha que sigue la pista del doctor (suicida) que la lleva al hospital psiquiátrico. Walter y Agatha se encuentran luego y se produce la revelación: Walter es el que escribió el libro. Lo olvidado, de esta manera retorna.

Esta revelación desencadena la repetición del encuentro Walter-Laura antes del asesinato. Walter trata de alejarla del peligro que es él, Agatha lo insta a que Walter la mate, pero ella dice “te amo”. El crimen no se comete, el inocente sale en libertad y Walter como el culpable cumple su condena. Tenemos así el final justo, correcto.

“¿o no?”

El último encuadre nos presenta el reloj y este marca 23 (ó 32). Podría ser éste un último recurso para dejar en suspenso al espectador sobre el misterio del número, pero también nos señala que hay algo que retornó luego de ese “final correcto y justo” y que quedó en el aire, algo de lo que no se dijo.

William Shakespeare es uno de los iniciadores del “meta-teatro”, es decir “el teatro dentro del teatro”. Estos momentos especulares, de representación dentro de la representación, nos llevan a contemplar la vida misma como ficción, como sueño. Cuando él utiliza este recurso es para que el espectador, tanto dentro de la obra como fuera de ésta, reconozca algo de lo suyo, de lo que le concierne dentro de él. En esta película no hay teatro dentro del teatro, ni película dentro de la película, pero si hay una historia (el libro) dentro de una historia (la película). El relato del libro es una especie de eslabón perdido que está ahí cubriendo una brecha, un vacío que contiene una doble verdad. Una cómo no-ficción, la historia que sabemos fue escrita por el mismo Walter. Y otra, propongo yo, cómo “célula mítica” que da cuenta de lo que le ocurre a Walter, solo posible de verse entre líneas. Procedamos entonces con el libro, un punto de no-unión, mezcla del 23 con el 32, tal vez un 23 invertido que a través de un espejo nos muestra un 32.

· 23/32

La historia de Fingerling también se descompone en dos momentos:

Primero, su historia nos cuenta acerca de “la rubia suicida”, una mujer a la que conoce en el momento que ésta se va suicidar. Ella cuenta el porqué de su obsesión con el 23: su padre se suicidó por no soportar la muerte de la madre y lo único que este dejó atrás fue un número: 23. Cuando sale del edificio creyendo que ha hecho un buen trabajo la rubia cae del cielo, se suicida.


En un segundo momento, la relación de Fingerling y Fabrizzia. Fingerling ya está obsesionado con el 23 y tiene pesadillas en las que mata a Fabrizzia. Paso siguiente Fingerling se lo cuenta a su psiquiatra, Phoenix, el cual le dice que se tome unas vacaciones. Fingerling le hace caso y por hacerlo Fabrizzia lo rechaza, ella quiere al investigador. Fabrizzia lo engaña con Phoenix; el 23 lo toma, lo captura y acto siguiente la mata.


Este crimen también desencadena dos situaciones, por un lado Phoenix va a la cárcel, es un inocente que paga por un crimen que no cometió. Por otro lado, Fingerling se para en la ventana listo para suicidarse… pero la historia queda ahí.


· De lo cronológico a lo lógico.

En las tres historias tenemos a un inocente que paga por algo que no hizo. Tanto en el capítulo 23 como en el 23 invertido (al espejo) tenemos una infidelidad, un asesinato y un suicidio. Ahora bien, en el capítulo 32 tenemos una supuesta infidelidad pero que desencadena en una revelación (Walter como el asesino), se da una situación recurrente de asesinato pero el amor (Agatha lo ama y ¡se lo dice!) permite que este horroroso reconocimiento tome otro sentido y finalmente se llegue a lo correcto: se libera al inocente y el criminal va a la cárcel. Walter responde a la eterna pregunta filosófica que lo perseguía: suicidarse no es la respuesta correcta.


Volvamos a las pesadillas: Tanto Walter, en el capítulo 32, como Fingerling al saber del engaño sueñan que matan respectivamente a Agatha y Fabrizzia. En el primer caso, vemos como ante el engaño (supuesto) de Agatha, lo reprimido retorna. Hago un primer intento de elaborar una especie de ecuación que dé cuenta de lo que sucede: “Si la mujer me está engañando, la mato”.


Pero es el segundo caso el que muestra algo diferente, una clave para nosotros. A primera vista la ecuación: “Si la mujer me está engañando, la mato” se cumple en el caso Fingerling, tanto que llega a matar a Fabrizzia. Pero recordemos que este es un sueño de un personaje ficcional, una especie de sueño (llamémoslo (b)) dentro de un sueño (llamémoslo (B)). Es en (B) que tenemos un movimiento de desplazamiento y condensación. La rubia suicida es la misma historia de Walter por un lado y del futuro de Fingerling. Deja de ser un hecho casual el que Fingerling y Fabrizzia compartan la F en sus nombres, dando cuenta que en (b) él está matándose a sí mismo, a raíz de su propio engaño. El desenlace de (B) es pues, la puesta en acto de (b).


Sabemos por Walter que su madre murió a los 8 años y por esto su padre se suicida dejando como residuo que puede dar cuenta de este acto el número 23. Fingerling cuenta que a los 8 años tras romper la ley de su padre (no cruzar la cerca) descubre a la viuda muerta. Luego conoce una rubia suicida que cuenta que su padre tras la muerte de su madre se suicida dejando como única explicación el 23.


Entonces, para Walter hay una mujer (madre) muerta, un padre que se suicida y deja un 23. Lo que desencadena en un 23 que persigue a Walter. Conoce a una mujer por la que olvida el 23 y cuando llega la infidelidad el 23 retorna desencadenando el asesinato y el suicidio. Me atrevo a interpretar que frente a la muerte de la mujer, el hombre muere. El niño, frente a este horror inexplicable, toma un significante con el cual se obsesiona para poder seguir adelante: el 23. Llega otra mujer que calma esta obsesión (el 23 lo deja de perseguir), pero cuando ésta lo engaña, el sujeto representa el ritual: muere la mujer, muere el hombre.


En el caso de Fingerling cuando niño tenemos que: hay una viuda mujer muerta. Los doctores aseguran que fue un suicidio; Fingerling sabe que ha habido un asesinato (de parte de un ser monstruoso del cual ni sus seres queridos están a salvo). El sabe: alguien la mató. A través de la historia de la rubia suicida tenemos a una mujer muerta y un padre que se suicida dejando solo el 23 detrás, es decir la historia de Walter. Y este conocer a la rubia desencadena en una obsesión por el significante 23 que persigue a Fingerling. Llega la mujer y una infidelidad que desencadena nuevamente el ritual: muere la mujer, muere el hombre.


El ritual “muere la mujer, muere el hombre”, solo se inicia cuando se rompe la garantía del amor, es decir cuando se introduce el engaño, la infidelidad. Es por eso que cuando Walter inicia el ritual con Agatha, no lo llega a realizar ya que esta pone en palabra lo que en ningún otro caso sucede (lo opuesto en el caso de Laura): “te amo”. No hay necesidad de matar a la mujer, y mucho menos de seguirla en la muerte, donde tal vez el amor sea para siempre.


Walter-Fingerling nunca quiso ser como su padre, contador. El quería ser investigador, pero lo único que hace durante la historia, sea la que sea, es contar: todo lleva al 23. El resto del padre muerto (el significante 23) lo persigue sea en la historia que sea. Walter-Fingerling sabe que la muerta (viuda-mujer-madre) ha sido asesinada, no es cierto que se suicidó, el sabe que los doctores mienten y que la persona que debería pagar por el crimen no lo ha hecho de la manera correcta. La eterna pregunta existencial de Walter-Fingerling es: ¿Suicidarse o no?, como el padre, como el padre que habita en él, que lo persigue, a través del 23. Nos queda la infidelidad, elemento desencadenante del ritual que se repite en Walter-Fingerling; propongo yo: la neurosis que el pequeño Walter elabora para darle sentido a la muerte de sus padres, que siendo aún tan horrorosa, hace necesario un desplazamiento a un solo significante que permita olvidar lo anterior y tener otra cosa con que obsesionarse: 23.

El 23 es lo que menos importa en tal sentido, pudo haber sido cualquier otro significante que cumpla la misma función. Un crimen pasional que queda inconcluso ya que el culpable no lo pagó (según los criterios morales del mismo sujeto). De esta manera el mito que explica a Walter (el mito desde Walter en todo caso) se establece: Walter sabía que su padre asesinó a su madre porque ésta le era infiel y luego se suicida. Frente a la preguntas fundamentales del obsesivo: ¿Estoy vivo o muerto? y ¿Qué es un padre?, propuestas por Jaques Lacan sobre la neurosis obsesiva, Walter responde ambas al realizar el ritual con la fórmula final: Si la mujer no me ama (me es infiel), entonces será en la muerte (muere la mujer, muere el hombre) que podremos amarnos para siempre.

Martín Castañeda

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Sobre la revista Tren de sombras. Una mirada sana

El crítico argentino Rodrigo Martín Seijas nos envía esta nota sobre Tren de sombras.
La revista Tren de sombras constituye una representación bastante fiel de la búsqueda que está encarando la crítica cinematográfica peruana, no sólo dentro del campo del cine peruano, sino también dentro de Latinoamérica.

Las críticas de los estrenos se caracterizan por ser textos cortos, de no más de media página, que jamás se van se van por las ramas, y donde las premisas o los argumentos de los filmes sólo sirven como plataforma de despegue de los aspectos o elementos que los críticos quieren señalar. De ahí que sea lógico que sólo se reseñen los filmes más interesantes del momento según la perspectiva de los integrantes de la revista, en vez de tratar de brindar un panorama más abarcativo, aunque agotador, de la cartelera como sucede en muchas publicaciones de cine. Los que sí tienen una cobertura inusualmente amplia son los estrenos nacionales, con lo que Tren de sombras se transforma en una saludable ventana informativa, en especial para el lector de otras latitudes que raramente tiene posibilidades de conocer lo que acontece en la cultura cinematográfica del país que mira al Pacífico.
Es digno de resaltar que los contenidos de la revista no pretenden encerrarse dentro de lo estrictamente referido al dispositivo cinematográfico. También indaga en las conexiones con otras artes, como la literatura, o con otros medios de comunicación, como la televisión, mediante ensayos y dossiers, con un fuerte hincapié en el contexto social y cultural, y una gran amplitud de criterios.
Las notas y contenidos de Tren de sombras oscilan entre el buen uso de los conceptos y las teorías más académicas y un diseño de impresión colorido (alejado de lo visto en otras ediciones universitarias), la objetividad y la subjetividad, la disposición para informar a un lector ávido de conocimiento y la vocación por dejar asentado un punto de vista propio y reconocible. A esta revista se la percibe explorando, buscando el camino adecuado, el punto de equilibrio justo, algo particularmente difícil de conseguir. Pero mientras tanto, puede afirmarse sin dudar que se distingue por un apasionamiento mucho más centrado, sin entrar en la agresión, lo cual promueve un debate urgente y sincero, junto a una integración mayor entre los críticos latinoamericanos representada, por ejemplo, en la reseña de libros de escritores argentinos.

Rodrigo Martín Seijas (28 de octubre de 2007)

Rodrigo Martín Seijas vive en Buenos Aires. Es crítico de los sitios argentinos Cineramaplus, Cineismo y FanCinema. Ha colaborado con diversas publicaciones uruguayas y peruanas y es co- autor del libro Pina Pellicer, Luz de tristeza, editado en México.

Del abuso de una distribuidora al abuso de una librería: El caso de Crisol

Hemos recibido el siguiente artículo de José Carlos Cabrejo. Cuenta los hechos ocurridos luego de la compra de un libro y expresa su malestar.
“No es política de la librería devolver el dinero por la compra de un libro con fallas de impresión o edición, incluso en el caso de que ya no haya ejemplares disponibles de éste”

José Arturo Saavedra Campos
Representante de la librería Crisol (Óvalo Gutiérrez)
El sábado 11 de noviembre, aproximadamente a las diez de la noche, después de ir a una de las funciones del Festival de Cine Europeo en el CCPUCP, me acerqué a la librería Crisol ubicada en el Óvalo Gutiérrez (Miraflores) y adquirí una edición de Edicomunicación S.A. del libro “Ulises” de James Joyce.

Horas después, ya en mi casa, quité la bolsa protectora del libro y descubrí que varias de las páginas del libro estaban en blanco. Por ello, al día siguiente, entre las 4 y las 5 de la tarde, me dirigí nuevamente a la librería para que me cambiaran el libro por otro en buen estado o, de lo contrario, me devolvieran el dinero respectivo a la compra.

Un tal José Arturo Saavedra Campos, al parecer el administrador del local, me atendió. Revisó el ejemplar, y al constatar los errores ya mencionados, me ofreció el cambio por otro ejemplar (el único que quedaba) con las páginas completas, aunque con varias manchas de tacto en los extremos de las hojas. ¿Una librería que se considera seria te puede ofrecer el cambio de un ejemplar fallado por otro en estado de suciedad?

Sorprendido, le dije que no podía aceptar un ejemplar en ese estado, y que si no disponían de otro en óptimas condiciones prefería la devolución del dinero. Ante ello, señaló que no era política de la librería devolver el monto de un libro fallado. Me dijo literalmente: “así dice en la boleta”. Si uno revisa las boletas de Crisol, en efecto, puede encontrar una frase que dice “No se aceptan devoluciones”. No pensé que una librería como ella se pudiera ceñir de esa manera a una frase así de simple y descontextualizada.

Ante ello, me dijo que podía limpiarlo. Dado mi apuro y mis ganas de no tener un “colerón” que malograra mi día, le dije que en fin, que lo limpiara, para ver cómo quedaba. Minutos después, me entregó el nuevo ejemplar limpio. Al retirarme del local, me di cuenta a los pocos instantes que la pasta del libro presentaba una rotura. Tuve que volver a ingresar y comunicarle el problema. El mencionado sujeto insistió en que Crisol no devuelve el dinero y que quedaban dos opciones: o cambiarme el ejemplar por uno que estuviera en otro local de Crisol, o utilizar ese monto de dinero para comprar otro libro de igual costo o mayor.

Imagínense el panorama. ¿Qué hubiera pasado si Crisol ya no contaba con ejemplares de esa edición? Me hubiera “obligado” a comprar otro libro que no estaba entre mis planes. Es como que uno compre una casa, que se ofrece con una serie de características, y que al habitarla descubre que no tiene todo lo prometido; ante lo cual, el vendedor diga: “no es mi política devolver el dinero, lo único que puedo hacer es ofrecerle otra casa que cueste igual o más, así esté en otro distrito o incluso sea totalmente distinta”.

La edición que compré era relativamente económica, pero… ¿qué hubiera pasado si de pronto un estudiante ahorraba dinero para comprar un libro de precio elevado pero que era de gran necesidad para su carrera, le dan un ejemplar fallado, va a reclamar y al no tener más ejemplares le dicen que tiene que adquirir cualquier otro libro no deseado a cambio? ¿qué hubiera pasado si un padre de familia le compra un libro de alta necesidad a su hijo, y si el ejemplar es único y fallado, le dicen que no le queda otra que adquirir otro libro, inclusive si no lo requiere, porque la boleta dice “No se aceptan devoluciones”? Así como la escasez de títulos de los cines promueve en parte la compra de DVDs ilegales, un servicio como el que ofrece Crisol sin lugar a dudas también estimula la adquisición de libros piratas o de reventa, a veces defectuosos pero económicos, y que ante un caso como el que presento implicaría un menor riesgo de pérdida de sumas mayores de dinero.

Pero ahí no queda todo. El tal Saavedra Campos se dispuso a llamar a los demás locales para confirmar si tenían otros ejemplares de la edición que compré. Casi todos locales señalaron que los ejemplares tenían los mismos problemas (páginas en blanco), y el único que tenía un ejemplar en buenas condiciones era el Crisol de San Miguel. Ante lo cual, me dijo que tenía que ir hasta allá para el cambio de ejemplar. Tengo la suerte de trabajar los martes cerca de ese local, ¿pero que hubiera pasado si yo no fuera una asiduo a ese distrito? Tendría que haberme dado el esfuerzo de ir hasta un local lejano de mi casa o de mis centros de trabajo, por culpa de un problema que no fue ocasionado por mi persona. ¿Lo correcto no hubiera sido que me ofrecieran el ejemplar en su propio local en cuestión de pocos días, y recién después preguntar si de pronto me era más cómodo ir hasta allá? No hay que ser experto en marketing de servicios para darse cuenta de los gruesos errores de atención que estaba ofreciendo Crisol.

Si bien se cambió el ejemplar fallado por uno en óptimas condiciones en el local de San Miguel, lugar en el que además sí fui muy bien atendido; eso no quita que la política de no devolver el dinero incluso en el caso de adquirir un ejemplar único y fallado sea intolerable. En esas condiciones, no recomiendo a nadie comprar libros en Crisol.

José Carlos Cabrejo

lunes, 26 de noviembre de 2007

Día del cine: hurgando en la pobreza


Desde el 2004 se lleva a cabo en Perú EL DÍA DEL CINE, cuyo atractivo se encuentra en que el valor de las entradas están disponibles -para cualquier película, cine y horario- a sólo S/ 3.50. En esta su cuarta edición se presentó un agregado, el cual consistió en que al adquirir un boleto para el día festivo te hacías acreedor de un cupón valedero para que la entrada del lunes siguiente sea también de S/3.50. Tal vez para el 2008 se agregue el "Combo canchero" o el clásico 3x2, o quién sabe qué más, hay infinidad de posibilidades entre las cuales está la más idónea y a la vez la más difícil de darse: mayor calidad de películas en exhibición, no contentarse con la cartelera eventual de la fecha, sino re-estrenar lo mejor dado durante el año. Si no se puede todo al menos algo, ¿no?... Es el día del cine. Día para celebrar, el problema es que no hay con qué.

No soy asiduo a los multicines por variedad de razones (tiempo, dinero, desgano, falta de oferta, etc.), pero sentí el deseo romántico de celebrar el tan anunciado día de repetición anual con el entusiasmo característico de un primerizo, no de reincidente como es mi caso, y pasar una jornada larga dentro de una sala frente al écran. La motivación fue interna distante a la (triste) realidad, la desilusión llegaría al revisar el listín y no encontrar algo verdaderamente atrayente digno del día anunciado. ¡Oye! es el DÍA DEL CINE, equivalente al "día del espectador", claro, así se anuncia y se cree, así lo queremos también. Pero, lo que en verdad vemos y sentimos sería el (único) "DÍA VICTORIOSO DE LA CRUZADA ANTIPIRATERÍA" de todo el año, entendido así por el dispendioso y efusivo despliegue publicitario contrastante con la oferta brindada en filmes. Lástima que el "DÍA DEL CINE", sea solamente el "día de la entrada barata". Por eso, dudo que el séptimo arte quiera soplar la velita un día en el cual se le hace demagogia descarada.

Bueno, mi ánimo ya estaba al tope, había olvidado que estoy en Lima, donde los críticos día tras día -con razón- refunfuñan de la cartelera (otros la aprueban, hay de todo). Olvidé que los gringos abarrotan las salas con su armamento blockbuster durante todo el año (gran detalle), y fui iluso al creer que para esta ocasión se haría una excepción, que como era de esperarse, para los ecuánimes, no se hizo.

Recalco mi ánimo, nuevamente, para justificar la adquisición de tres entradas, tres películas que vi en horario sucesivos con pequeños break de interludio, durante toda la tarde y gran parte de la noche. ¿Valía la pena tanta atención? No lo sé. Sólo que en este último tiempo me dedico voluntariamente a labores de prensa, y este es un día que había que cubrir, así sea hurgando entre lo 'no mucho' de lo ofrecido en nuestro medio. Comportamiento digno de un cinerasta consumado, asimismo de un mártir sin crédito. La última hora (The 11th Hour), de Nadia y Leila Conners a las 15:35; y Muero por Muriel, de Augusto Cabada, a las 17:20; fueron mi menú cinéfilo para ese día. La elección fue más que sencilla, simplemente se hizo por descarte, pues no había nada más interesante por ver, siendo las elegidas dignas de una medida atención, sea por chauvinismo, culturalismo, provocación, o lo que les venga en mente.

Cojeando, por motivos de poco interés, llego al recinto 5 minutos antes de la primera función. Las colas extensísimas en la boletería ratificaban lo que había previsto, el peruano promedio esperador de último momento estaba presente en esa cola multiplicado por cientos más, de distintas razas y géneros, elementos que conformaban la fila de espera para la adquisición de un ya codiciado boleto para ese entonces. Felizmente, para mí, pude ingresar directamente a la sala, y saltear la molestia de la cola, ¿por qué?: aproveché la opción de la pre-venta la víspera de la función -otro acierto de la edición de este año- aunque al ver lo abarrotado de las boleterías parece que no fue bien anunciada ni aprovechada. Con eso quedo demostrado, a primera vista, que el DÍA DEL CINE fue un éxito en taquilla. Regresando al asunto, pude ubicarme cómodamente para intentar asimilar los mensajes de La última hora. A los 3 minutos de empezado el film, una jovencita emite un "NOOOO" desilusionado al enterarse recién que Leonardo DiCaprio, en esta ocasión, no haría su piruetas galantes frente a cámaras, pues aquí funge de narrador del documental pro-ambientalismo. Ella, sólo atinó a levantarse del asiento y salir de la sala enojada creyéndose engañada. Durante 90min. y tras escuchar diversos testimonios de (supongo, renombrados) ecologistas de todo el mundo, concluí en que la película tenía mucho qué decir, pero poco qué proponer. En los créditos finales mientras sonaba Politik, de Coldplay, decía internamente para entenderme mejor que todo La última hora es un alegato contra el consumismo más que un discurso a la salvación del medio ambiente, denuncia las petroleras, y la utilización de los objetos tecnológicos consecuentes de la devastación, entre otras causas. Quedé con las medidas ansias de conocer alguna solución verdaderamente útil al alcance de la plebe para proteger nuestro planeta. Las estadísticas y palabreos fueron los protagonistas de este documental ambiental (¿?). Primera (y ojalá, última) insatisfacción.

Tocaba el turno a la última película nacional estrenada en las últimas semanas, la accidentada Muero por Muriel, del reconocido guionista y director debutante Augusto Cabada. El sello Iguana se hace presente con el lenguaje televisivo utilizado en gran parte de la película, el vídeo digital transferido a 35mm ofrece pésima calidad de imagen: pixeleo y decoloración. El sonido es inconstante en planos auditivos, sube y baja sin aviso ni justificación, asimismo se distorsiona y aclara súbitamente; cacofonías impresentables y vergonzosas para un trabajo de nivel profesional como el que se pretende. Muy aparte de eso, esta producción nacional es acertada en el devenir dramático, frenesís pasionales captadores de atención. Todo gira en torno al personaje de la sensual Andrea Montenegro, Muriel, quien vive un romance con el amigo de adolescencia del marido que detesta por el maltrato que este le dirige. Muriel fuerza su viudez al asesinar a Bernie, su esposo, y vivir sin tapujos sus amoríos libres. El personaje del debutante Ricky Tosso, sería el único testigo tanto de la infidelidad como del homicidio, por lo cual chantajea a la mujer para que cumpla sus placeres sexuales. Ella, en una jugada calculada, desinhibida y abyecta, logra deshacerse de los conocedores de su crimen para así quedar impune de sus delitos.

Excluyendo el juicio técnico de esta entrega, la cual sólo demuestra desidia para con la misma, Muero por Muriel es una película enfocada en las posibilidades expresivas de los personajes, lo que hace aún más encomiable la labor del primerizo Cabada, quien consigue un testimonio correcto y atinado de las expresiones actorales de su elenco. Es bien conocida la labor de Augusto en los cortos de Salvini o algunos de los largos de Lombardi, como La boca del lobo o Bajo la piel, en su faceta de guionista; pero, el buen trabajo realizado en la dirección de esta producción desdeñada de Iguana, lo pone en la mira de los realizadores prometedores. Las conversaciones están contextualizadas o filmadas con un estilo clásico, asimismo con un desenlace de film noir que enmarca a la propuesta como clasicista en esencia. Drama pasional, que finaliza con sangre y muerte, giro no sorprendente pero casi enternecedor con una Muriel perdedora, rendida y obligada frente a un 'Oso' afligido, resignado y manipulado. Escena final que linda peligrosamente con la melifluidad, aunque solamente amaga llegar a ser así. Ricky Tosso sorprende fuera del set de TV, prejuzgué desacertadamente al señor, quien labora bien en el filme.

Salgo de mi segunda función y las calles siguen muy transitadas cerca de las boleterías, da para un rato más este día de remate. La sala 4, donde vi la producción peruana estuvo llena hasta más de su límite, incluyendo tarados tragadores de cancha que vociferaban estupideces cada vez que el pezón de la Montenegro aparecía en el écran o si alguna grosería se parlamentaba en las acciones. Es bueno aprender a convivir con todo... Esa segunda (y última) función del DÍA DEL CINE fue satisfactoria, muy superior a mis expectativas.

Sólo queda el retorno a casa, el día ha acabado con balance regular. Cada quién es libre de juzgar a su gusto la calidad de su experiencia en este día marketeadísimo. Yo, feliz por la evasión de las colas pero disconforme por la escasa variedad de oferta, pues me sobraba tiempo para una función más, pero ningún elemento fílmico me guiñaba el ojo con suficiente sensualidad como para hacer caso a sus insinuaciones. Sólo se servían menús light con comedias ligeras, bockbusters épicos o terrores de cuna. Yo preferí introducir esos S/3.50 sobrantes en el cerdito de porcelana para saciar cualquier otro antojo futuro... El cine cumplió con lo que pudo en esta ocasión, aunque aún tengo apetito.... Como salí, regreso; cojeando a casa...

John Campos Gómez