lunes, 7 de junio de 2010

La visita de la banda

“La visita de la banda” es una de las mejores películas estrenadas en lo que va del año y ha pasado de modo desairado, sin ninguna publicidad, en la sala del Centro Cultural de la Universidad Católica. Lástima que se maltrate así a una cinta con posibilidades de atraer a un público mayor. Ojalá que se retome o que la Filmoteca la incluya en su programación.

Es una coproducción entre Israel y Francia y la dirige Eran Kolirin. La trama no puede ser más sencilla: la Banda de Música Ceremonial de Alejandría llega invitada a Israel para tocar en la inauguración de un centro cultural árabe. Por error, arriban a una localidad que no es la que buscan y donde “no hay ni cultura árabe, ni judía, ni ninguna cultura”, como dice la protagonista. En esa tierra de nadie, en ese espacio extraterritorial, los ocho egipcios son acogidos por la dueña de un restaurante que los invita a pasar la noche. Y eso es todo.

El resumen argumental podría dejarnos imaginar un filme de tesis, con personajes “enemigos” reencontrándose o fraternizando o, acaso, exhibiendo las tensiones ancestrales entre sus naciones y culturas y los resentimientos acumulados en décadas de conflicto. No ocurre así. La tesis nunca se manifiesta. La incomodidad entre árabes y judíos es un telón de fondo, un malestar no dicho que aparece solo en los intersticios: en la incomunicación, malentendidos y miradas desconfiadas entre residentes y visitantes, en el recuerdo de las películas árabes que pasaba la televisión israelí hace varias décadas, cuando todas las muchachas judías estaban enamoradas de Omar Shariff, o en la foto de un tanque israelí que se oculta en un restaurante.

La película se orienta por otras vías y su acierto radica en la modulación del tratamiento fílmico: empieza como una comedia, luego se apunta al drama romántico, sigue con dosis diversas de gravedad y desencanto y culmina dejándonos una curiosa y paradójica sensación de frustración y plenitud.
Ricardo Bedoya

viernes, 4 de junio de 2010

PARAÍSO / Asentamiento y exclusión


Paraíso de Héctor Gálvez cuenta la historia de cinco jóvenes habitantes de un asentamiento humano limeño creado por ayacuchanos desplazados por la guerra interna. Paraíso es el nombre del asentamiento y revela la aspiración de sus fundadores (huidos del infierno) de edificar un edén, pero el relato nos confronta con un presente poco halagüeño para los protagonistas, quienes no se sienten acogidos ni se hallan a sí mismos en el lugar adonde arribaron sus padres. La instancia narrativa se adecua al ritmo de los personajes, privilegia sus tiempos muertos, los observa con cierta distancia respetuosa, pero también destaca imágenes y sugiere símbolos.


Las imágenes que predominan son de permanencia y exclusión, y remiten a la disyuntiva de los jóvenes de quedarse o continuar el viaje iniciado una generación antes en busca de un lugar mejor donde echar raíces. Imágenes de permanencia son las del solitario árbol y la montaña con el rostro del Inca. El árbol de(l) Paraíso, no obstante, luce seco, casi moribundo, y nadie se explica cómo aún se mantiene en pie. El Inca vela por el pasado, no por el presente de los protagonistas, se le percibe más represor que protector y -no obstante- poco eficaz, pues el territorio que custodia ha sido saqueado hace tiempo. Árbol e Inca son también representaciones paternas, pero misteriosas, añejas, deterioradas, caducas o distantes. Por su parte, los padres sanguíneos de los personajes son seres ausentes: muertos, desconocidos o simplemente mencionados como instancia última de persuasión o castigo. No es difícil ver, en las representaciones paternas, metáforas de la patria o al menos del Estado. Las madres, en cambio, sí están presentes y remiten a la tierra que se dejó atrás, pero son generadoras de conflictos para todos los protagonistas, que no consideran a la tierra lejana como suya y anhelan un destino propio aunque varios de ellos anden a la deriva en el actual poblado.


La exclusión sufrida por los protagonistas se expresa varias veces en encuadres que muestran espacios vacíos mientras escuchamos las voces de los actores provenientes de fuera del campo visual. La única imagen propia de arraigo en la nueva tierra que tienen los jóvenes es la tumba del amigo muerto en un duelo de pandillas, que sin embargo se encuentra en los márgenes del poblado. Imagen aún precaria de permanencia es la de la casa de uno de los personajes, construida por todos los amigos, pero también en las afueras del lugar. La constante expulsión del espacio que a nivel visual y argumental experimentan los personajes hace que la mentada de madre que en una escena lanzan desde unas alturas parezca dirigirse no solo al asentamiento, sino a la ciudad y al país entero que los excluye.


El filme no impone una resolución al conflicto planteado entre salir a buscar un lugar propio y quedarse a edificarlo terca y precariamente en los márgenes. El futuro colectivo es aún incierto, los destinos individuales variados y no siempre producto de la libre elección; la patria nueva (aspiración de todo migrante) puede construirse como desmoronarse, hallarse como esfumarse en la búsqueda; el árbol puede secarse por completo y morir, tragado por la arena, o enverdecer y florecer; la tumba puede ser origen u olvido… Paraíso permanecerá, sin embargo, como una de las películas peruanas más importantes de estos años que corren.


Emilio Bustamante

jueves, 3 de junio de 2010

30 años de "El resplandor" de Stanley Kubrick


I.
Antes de rodar El resplandor (1980), Stanley Kubrick ya había dirigido más de una película bélica, una de sci-fi, una erótica, una de comedia, un thriller con rasgos melodramáticos y uno de cine negro. En una entrevista con el crítico Michel Ciment, el director declaró que siempre había tenido una curiosidad por el tema de la parapsicología. Las cuestiones de fantasmas u almas en pena tal vez no podría ser una primera referencia que lo impulsó a realizar El resplandor debido a que Kubrick siempre estuvo afiliado a una imagen ajena de religiones y creencias que posiblemente para él significaban dolencias existenciales. Se sabe además que lo que provocó esta necesidad de hacer este tipo de película fue la intención de captar la atención de las masas comerciales, e indudablemente Kubrick se aprovecharía de esta para promover, como lo hizo con todas sus anteriores cintas, su lado artístico, lado que por cierto siempre fue minucioso, riguroso, casi exagerado, como todo artista.

El resplandor es la historia de cómo un escritor llamado Jack Torrance (Jack Nicholson), su esposa Wendy (Shelley Duvall) y su hijo Danny (Danny Lloyd) son designados a cuidar un majestuoso hotel que cerraba durante cada época de invierno. Muy pronto la familia se verá envuelta en un estado de tensión; algo no anda bien en ese hotel. Jack comienza a tener trastornos de personalidad, su hijo está visionando hechos paranormales y la madre comienza a hundirse en un estado de pánico. Kubrick construye así una película con un género tripartita. El resplandor pertenece a un género de thriller psicológico por contener la historia de un hombre que ha perdido la cordura a tal punto de querer matar a su familia, es un género fantástico al tratar de un niño que tiene la capacidad de ver el pasado y el futuro y por contar además con la presencia de seres fantasmagóricos, y por último hay un género de terror y suspenso a manos del estado de histeria de la madre. Cada personaje independientemente va construyendo un comportamiento distinto al otro. Los tres comparten el mismo techo pero ninguno comunica su estado de ánimo. Ninguno de los padres se logra enterar de los poderes escondidos de su hijo, el padre se reprime de una furia escondida propia de un malestar personal y la madre calla frente a su angustia. Un género real, como es el thriller psicológico o el problema mental de un hombre, y su combinación con lo no real, lo fantástico reflejado en el niño, dan por producto una alteración de lo cotidiano representado en la madre que parcialmente va presintiendo –más no enterándose –de ciertas situaciones alimentando así su estado de suspenso. El saber la verdad total va generar el terror.

La construcción del relato de comienzo a fin es de suspenso. La familia llega al hotel aglomerado por una multitud de personas, pero al rato vemos el mismo hotel baldío. Ese cambio brusco produce un estado de perturbación, tres personas exiliadas del mundo de los vivos (en dichas montañas no hay otra señal de vida más que el de la familia). La luminosidad opaca dentro del hotel y la venida del invierno fuera de esta contextualizan un lugar distinto al de su llegada como avecinando una futura tragedia. La construcción laberíntica del hotel (cuarto tras cuarto, pasillo tras pasillo) crea una sensación de vértigo que sensibiliza los sentidos. El suspenso toma presencia en la mudez de los personajes, el agudo tecleado de una máquina de escribir, el golpe seco de una pelota de tenis en medio de la sala, las ruedas de un vehículo de juguete que roza con el piso de madera e intercaladamente con la alfombra cuadriculada, tan geométrica como el lugar mismo. El suspenso también surge cuando aparece Dick Hallorann (Scatman Crothers), el cocinero del hotel, que antes de partir comienza a mostrar a Wendy y su hijo los ámbitos de la cocina. Nos enteramos ahí mismo que Dick tiene la misma capacidad del pequeño Danny, y el primero le advierte a este que no debe entrar por ningún motivo a la habitación 237, “¿de qué tienes miedo?” le pregunta el niño; no se explica el porqué. Es con la presencia de Danny que el terror se cristaliza. El pequeño antes de ingresar al hotel ha visto cosas extrañas: un mar de sangre que brota de un ascensor, dos niñas con un aspecto macabro a mitad de un pasillo; hay algo malo encerrado en ese lugar. Esto muy a pesar ha sido catalizado por la historia que esconde el hotel narrada anticipadamente por Stuart Ullman (Barry Nelson), el dueño del hotel, cuando cierra el trato de vigilancia con Jack. Un anterior guardián del hotel había asesinado de hachazos a su esposa y a sus dos hijas, luego se suicido de un tiro. Al parecer fue un efecto de claustrofobia producida por el hotel lo que lo habría enfermado de la cabeza. Entonces el espectador ya cuenta con antecedentes para sospechar de una próxima masacre. Kubrick crea ante todo motivos para dar paso al terror, el motivo mismo es una historia de terror y esta provocará una nueva, pero para eso primero tendrá que pasar por el suspenso.

II.
El resplandor para su estreno tuvo mucha controversia debido a que la naturaleza de Kubrick hasta ese momento no había sido del todo asimilada. La crítica y el mismo público habían reconocido en una primera mirada una película de terror nada memorable empezando por contener una sobreactuación de sus actores, un Jack Nicholson que posiblemente haya desempolvado a un repetido Randle McMurphy, el desquiciado de Atrapado sin salida (Alguien voló sobre el nido del cuco, Milos Forman, 1975), una Shelley Duvall con gestos de drama exagerados y la repetitiva mirada del gesto atónito del pequeño Danny. La segunda razón fue porque la película contaba con una trama predecible. La idea de narrar a un comienzo de la película el asesinato que había sucedido en el mismo hotel donde la familia de Jack iría a establecerse, era inferir que tendría que pasar lo mismo con ellos. El padre terminaría por volverse loco (además por ser Nicholson, actor que se había ganado la fama de interpretar papeles de personajes locos o excéntricos) e intentaría matar de hachazos a su esposa e hijo, y posiblemente se mataría al igual que el anterior vigilante. Dentro de esto la película de Kubrick había sido subestimada.

El resplandor originalmente tenía una duración por encima de los 140 minutos. A la semana de su estreno fueron amputados casi 20 minutos del final a partir de la escena donde aparece una foto del 4 de julio de 1921 –escena que hasta el momento se le conoce como el final –. En estos 20 minutos de más se narra la llegada de Wendy y su hijo al hospital y la confirmación de la policía sobre el encuentro de un solo cadáver, este perteneciente al cocinero Hallorann, mientras que el de Jack nunca fue localizado. Comentar esto está demás por ya no formar parte del producto, aunque si todavía lo fuera hubiese sido parte de un grupo de acertijos que ya guardaba la película. Luego de dicha modificación el enigma se redujo, y es que el nuevo final también traída cuestionamientos extraños. En la última escena se enfoca una foto del año de 1921 donde reconocemos la presencia de Jack, pero la pregunta es, ¿será en verdad Jack?, ya que el personaje de la foto tiene una apariencia distinta a la del escritor, pero muy a pesar son los mismos. Se especularon muchas cosas pero la respuesta la extendió el mismo Kubrick años después, esta también contenida en la entrevista con Michel Ciment: Jack sería la reencarnación del que fuera un personal del Hotel Overlook. Las razones del porqué Kubrick asumió dicha solución no se explican pero sin embargo si pueden interpretarse.

III.
El Hotel Overlook contiene tres historias, tres temporalidades que se han encerrado en sus aposentos. La primera está relacionada a sus orígenes. El hotel habría sido levantado encima de un cementerio indio, según lo cuenta Ullman a la familia de Jack: “hubo un enfrentamiento con los indios mientras esta se construía”. La segunda historia es la del 4 de julio de 1921, historia que no se explica mucho en la película. Y la tercera sería la de Charles Grady, y de cómo este asesinó a su familia. La tragedia de Jack está en relación con las dos últimas historias. Si hay algo que se han preguntado mucho los críticos es sobre si las visiones que tiene Jack son reales, desde una perspectiva paranormal, o son imaginarias o producto de su locura. Lo que experimenta Jack son ambas. Él es una persona que está mentalmente perturbada y su locura es manipulada por agentes espectrales que rondan en el hotel. Hubiese sido tan solo locura si hubiésemos visto el encuentro de Jack con el cantinero Lloyd en el “The golden room” o en el baño con Delbert Grady; un simple monólogo que su imaginación habría creado. Pero lo que no es posible es que con su sola imaginación haya salido de la despensa de la cocina luego que Wendy lo haya encerrado con un seguro externo. Es obvio que el que le hablaba fuera de la despensa y lo ayudo a salir era una presencia externa a su mente.

Otro enigma es también el caso de Grady. El tipo que había asesinado por los 70 a su familia se llamaba Charles Grady, mientras que Jack conoce en el “The golden room” a un Delbert Grady, el mismo que más tarde lo liberaría de la despensa. En una conversación con Delbert, Jack afirma reconocerlo como el padre que mató a su familia. Delbert confusamente lo niega pero luego acepta haber “castigado” a su esposa e hijas. Entonces Delbert y Charles serían los mismos. En esa misma conversación dentro de un baño Delbert anuncia a Jack: “siempre he estado aquí”, cita que nos recuerda al de las hermanas fantasmas (de hecho hijas asesinadas de Grady) que dicen a Danny: “ven a jugar con nosotras por siempre, siempre y hasta siempre”. Cabe la posibilidad que también Delbert haya tenido su reencarnación en Charles respondiendo a que entonces las reencarnaciones han sido maldecidas por su pasado, pasado que como dijimos más arriba no se explican, sino hasta la primera historia que habíamos clasificado.

IV.
Kubrick dentro de El resplandor crea una serie de mensajes escondidos a partir de su ideología o cuestiones que él miraba con contemplación. Uno de los mensajes y temas más sugerentes está relacionado con la primera historia del Hotel Overview. Este se había construido encima de un cementerio indio. Posiblemente desde una perspectiva religiosa esta resultaría una actitud inadmisible que atenta al límite de propiedad entre los vivos y los muertos. Kubrick sin embargo no era ningún abanderado religioso. Desde una perspectiva del género de terror, la ocupación de un hotel encima de un cementerio indio infiere una futura maldición. Son las almas de los indios que reclamarán su territorio, tal vez se podría decir. Kubrick por su lado veía el poder del capitalismo, de cómo el actual dueño del hotel habla de dicha masacre como un simple comentario alterno a la historia ignorando que hay una colonización a la que se está negando. El hotel, en medio de una naturaleza que un día perteneció a un pueblo indígena nativo, es la representación de una mecánica capitalista que arrasa con la cultura y la memoria. La memoria fue el cementerio que ahora es más que un mito, su cultura se vería representada en un tapizado. Un estudio de Bill Blakemore comprueba que los tapizados y mantos que se encuentran en casi todo el Hotel Overview contienen figuras con motivos indios. En la escena donde es asesinado Hallorann, el cadáver del cocinero es irónicamente hallado encima de uno de esos mantos. Es la cultura muerta de los indios nativos. Un estilo recurrente en las películas de Kubrick es la ironía representada en lo mencionado y además en la foto de final del filme. La foto de un 4 de julio hace referencia a una fecha que supuestamente debe ser conmemorativa a esa igualdad de géneros, razas y culturas arraigadas dentro de la nación estadounidense, sin embargo esta se relaciona con cuentos de indios exterminados o una persona, casualmente de raza negra, asesinada. Es la negación de una igual de razas y una cultura en la escena donde Hallorann yace muerto.

Kubrick en El resplandor hace también una serie de alegorías a temáticas que posiblemente siempre hayan sido de su atención. Una de las más curiosas están en las continuas citas que realiza de los cuentos de hadas o infantiles. Según Rob Ager se puede localizar en el guión citas específicas sobre estas, una es en la cocina del hotel que al ser muy grande Wendy comenta que tendrá que dejar migas de pan para no perderse (Hansel y Gretel). En la escena del ataque con el hacha, Jack antes de romper la puerta llama a los chanchitos que le abran. Al ver la negativa dice que soplará y soplará hasta derrumbar su casita (Los tres chanchitos). El caso de Hansel y Gretel, agrega Ager, se incrementa con la entrada de Jack al cuarto 237 que cambia sus tonalidades redundantes a multicolores, como si fuese una casita de chocolate. Dentro del cuarto Jack encontrará a un fantasma que es una bella mujer pero que resulta ser una vieja, como si fuese la bruja disfrazada para engañar a los niños. Lo dicho por Ager podría ser complementado con el verdadero significado de los cuentos de hadas que en realidad tuvieron sus orígenes como cuentos destinados para adultos. Kubrick en su Hansel y Gretel no pone a una amable anciana, sino a una bella mujer, y si bien no es chocolate lo que ofrece es su sexo. Hay una revisión de lo que fueron originalmente los cuentos de hadas, la mezcla entre el deseo y el erotismo y cómo se da paso a lo grotesco o terrorífico. Continuando además con el cuento de Los tres chanchitos, no es coincidencia que puedan ser solo tres los de la familia que están dentro de una segura casa, pero sin embargo hay un lobo que los acecha que es además supremo a ellos, incapaces de enfrentarlo o saber de él. Volvemos una vez más en el “The golden room”; Jack al querer pagar al fantasma del cantinero Lloyd su trago este le responde que su dinero no es bienvenido y es que alguien superior a él es quien le invita. No se sabe a quién exactamente se refiere. Esto nos puede llevar a una cita de Fausto de Goethe. En primer momento, si bien nunca aparece un Mefistófeles o un lobo, podemos reconocer en Jack un Fausto que firma un contrato a inicio de la película, en la parte de “Closing day”. Es el pacto entre el escritor y el dueño del hotel. El segundo le promete tranquilidad, para escribir su novela, y Jack le promete que su familia lo disfrutará, sin imaginarse claro que no cumplirá su palabra y más adelante firmará un nuevo contrato.

V.
Jack es un escritor frustrado. Es además una persona con un carácter muy voluble. En su conversación con Lloyd él le confiesa que un día golpeó a Danny por haber tirado sus papeles. Estamos reconociendo así a un hombre que no se volvió loco por los sucesos paranormales del hotel, sino más bien porque llevaba consigo una carga que lleva reprimido pero que poco a poco va cediendo. Es entonces cierto que Jack nunca mintió al dueño del hotel que una casa o un efecto de claustrofobia lo volvería loco, fueron sus mismos estados de ánimos, sus frustraciones personales, y posiblemente sus problemas de alcohol los que lo llevaron a reaccionar así. La llegada de Jack al hotel ya tiene un terreno preparado para su desatar su ira. Jack llega ya como un sujeto perturbado. Kubrick motiva esta al crear una pareja muy opuesta. Es el esposo fornido y con mala actitud, es la esposa menuda y llena de debilidades. Hay una polaridad conyugal donde se reconoce de inicio a fin a la esposa como la víctima. La sensibilidad quebradiza de la mujer para Jack no le provoca un estado de regocijo, sino todo lo contrario. Jack incrementa su estado colérico al reconocer en su mujer una actitud totalmente indefensa.

El oficio de escritor también es un medio que desvía a Jack de su cordura. El escritor es aquel que tiene por oficio imaginarse, mimetizar la realidad, esto quiere decir, modificarla o mal formarla. En ese caso hablamos de un hombre que vive de una realidad parcial; está ubicado entre la realidad y la imaginación. Este estilo de vida adherido a su frustración le ha causado una alteración a sus sentidos y confundir entre lo real y lo imaginario. La locura de Jack se amplía a lugar que él se adentra a la escritura, escritura que nunca logra manifestarse en sus hojas en blanco. Estamos hablando entonces de un escritor frustrado y además que reprime sus ideas, su voz, su palabra, la incapacidad de comunicarse. Jack en su enfado gime, gruñe, se agita. Él ha perdido su idioma y ahora está subyugado a lo irreal, ha dejado de pensar con la razón, es por eso que decide matar a su familia y hace un nuevo contrato. Jack al ingresar por primera vez al “The golden room”, está enfadado, estresado y pronuncia que vendería su alma al diablo por una cerveza: él será Fausto y Grady será Mefistófeles.

Sobre la palabra y la razón también se ve reflejada en Danny. Él es un niño corriente pero su habilidad de ver el pasado y el futuro lo hace diferente y víctima de sus miedos. Sus preocupaciones están en referencia con su habilidad. Él cada vez que se entera de un nuevo avistamiento reacciona parcamente frente a su alrededor. Sus visiones sin embargo no son manifestadas por él, sino más bien por Tony, su amigo imaginario. A palabras de Danny, Tony es un niño “que vive en mi boca”. Tony es el amigo imaginario que Danny se ha creado con la intensión de responsabilizarle su habilidad psíquica. Tony es también el que le comunica de todo lo visto. Danny por lo tanto es incapaz de asumir una habilidad como la que él tiene, es por eso que crea a otro para asignársela. Danny también es incapaz de comunicar los avistamientos, es por eso que Tony también se convierte en su voz o palabra, de ahí por eso habita en su boca. Por último, es a través de Tony que Danny intenta razonar con su habilidad que aún no conoce ni sabe aceptar.

VI.
Una de las grandes genialidades artísticas dentro de El resplandor, así como de la mayoría de sus cintas, es una buena fotografía que declara los contrastes de un medio fantasmal y apartado como es el hotel muy a pesar de tener espacios abiertos. Se puede reconocer que siempre está presente el color rojo u ocre, este como pronosticando un posible asesinato o dando marcas que ocurrió hace años uno en ese lugar. La palabra invertida de “MURDER” (asesinato) escrita por Danny es “REDRUM” que sería pronunciar “RED-ROOM” (cuarto rojo). Las tonalidades del rojo se reconocen en todos los espacios (a excepción del cuarto 237), desde un cuarto pintado de dicho color o la prenda que lleva uno de los personajes o hasta una mínima campana contra incendios en medio de colores claros. Kubrick sabe esclarecer las tonalidades de color rojo en medio de los espacios difuminados. La espesa bruma de las nevadas, la misma nieve, las puertas de color blanco son escenarios que revitalizan el color rojo.

Kubrick con El resplandor fue uno de los que inauguró el steadycam, eso dio control a su movilidad de cámara cuando había una persecución a la pequeña moto de Danny o a la escena dentro del laberinto. Kubrick además crea un contraste de cortes de escenas repentinas con las desvanecidas, una se diferencia de la otra por la aparición de los seres sobrenaturales. Cuando esto ocurre los cortes son repentinos y violentos. Gran cantidad de los planos son medios o primeros planos tanto abiertos como cerrados graficando motivos de sorpresas o terror. Los acercamientos abruptos son una dinámica de espasmo. La música y los efectos de sonidos son una mezcla que el director recrea con la necesidad de crear nuevas sensaciones de terror. Los que habían juzgado negativamente frente a El resplandor con los meses o los años cambiaron de opinión. Stanley Kubrick habría creado una gran película dentro del género de terror. El suspenso en esta es la que reina y motiva a que todo el largo tenga una sensación terrorífica. Las imágenes de las gemelas en el pasillo del fondo, el hacha atravesando una puerta de madera, el escape en un jardín laberíntico es el idioma de un terror que deja en segundo plano lo que en un momento pudo haber sido una trama con distintos puntos cuestionables. Kubrick ha hecho lo que no muchos directores realizan, crear una coincidencia valorativa entre el público y la crítica.


Carlos Esquives

Las nuevas fronteras de la crítica

El asunto del "conocimiento" del film y las posibilidades de trasladarlo a un lenguaje distinto es, en nuestra perspectiva y en la de un blog como Páginas del diario de Satán, uno de los temas claves del ejercicio de la crítica. Se puede "duplicar" una película en un análisis detallado plano por plano? Imposible, no hay manera de trasladar el lenguaje audiovisual tal como se expone en una pantalla al lenguaje escrito u oral. A lo mucho lo que se puede lograr es una aproximación por medio de la escritura o el habla a un universo audiovisual de naturaleza diferente. Es ,como dirían los semiólogos, elaborar un discurso sobre otro discurso con materias y formas de expresión diferentes.

Toda aproximación es tentativa y referencial, por minuciosa que quiera ser. Y, por lo general, el análisis no es tan exhaustivo. Las críticas suelen concentrarse en algunos motivos temáticos o de puesta en escena que, en el mejor de los casos, contribuyen a señalar pistas interpretativas a partir de oposiciones temáticas(por ejemplo, la permanencia y la exclusión que menciona Emilio Bustamante a propósito de la película Paraíso, de Héctor Galvez) y los modos en que se manifiestan esas oposiciones en el entramado narrativo y en el ámbito de la puesta en escena (los espacios y sus características físicas, actitudes y conductas de los personajes, usos de la luz o del color, presencia o ausencia de la movilidad de la cámara, etc.).

Tal es el alcance de la crítica en sus modalidades analíticas. A veces ni siquiera llega a ese nivel, pues es más sumaria (el resumen del argumento, apuntes del tratamiento) y valorativa. El periodismo impreso está reduciendo espacios para la crítica y favoreciendo las modalidades de simplificación, con lo cual las posibilidades de una crítica más amplia y detallada se limitan drásticamente. Por ejemplo, y entre nosotros, las críticas redactadas por Federico de Cárdenas en el Dominical del diario La República cubrieron durante mucho tiempo un espacio considerablemente mayor al que ahora tienen y por ello el análisis era bastante más puntual del que puede hacer en estos tiempos en un espacio relativamente breve.

Los blogs abren la posibilidad de hacer críticas más amplias. Sin embargo, uno tiene la impresión de que la retroalimentación con los lectores es muy escasa, como ocurre en este blog donde son muy pocos y de manera muy aislada los que comentan, cuestionan o agregan elementos de juicio a los que se expresan en los textos. En otros países, claro, las críticas tienen una respuesta más amplia. Aquí pareciera que casi no se leen las críticas o, en el mejor de los casos (que más bien es el peor), se extrae la opinión favorable o desfavorable y muy poco más. Para eso no se escriben las críticas. Bastan las estrellas, los asteriscos o el puntaje calificadores.

Con la expansión del DVD (y el Blu-ray) y la Internet se abren nuevas plataformas para la crítica y el análisis de las películas. Ya la tenemos a la vista. Las proyecciones comentadas por los propios realizadores o, casi siempre por especialistas, que ofrece la edición digital de ciertos títulos. Otra forma, que ya se ha venido haciendo con el video analógico, es la de seleccionar escenas o momentos y diseccionarlos en imágenes fijas, agregando líneas, formas geométricas o diagramas. La Internet va a permitir que estas prácticas se intensifiquen. Con este nuevo instrumental la crítica adquiere una nueva dimensión, esa que antes estaba confinada al espacio de un salón de clase donde el profesor podía (y puede) acompañar la proyección con un comentario simultáneo o con la elaboración de dibujos o gráficos.

Es decir, estamos asistiendo en estos últimos años a una nueva manera de dar cuenta de las películas que, inevitablemente, seguirá siendo aproximativa y parcial (porque es imposible querer abarcarlo todo), pero que significa un cotejo, una confrontación inmediata y ya no posterior, como ocurre con la crítica escrita. Un tete-a-tete con el film en el momento en que se exhibe o una "disección" ya no escrita (o, en todo caso, sólo parcialmente escrita), sino audiovisual.

Isaac León Frías

martes, 1 de junio de 2010

Los amantes


No se pierdan Los amantes, de James Gray. Es la mejor película estrenada en lo que va del año.


(...) James Gray no es un realizador pródigo. En los últimos 16 años apenas ha dirigido 4 películas: “Little Odessa” (no estrenada aquí), “La traición” (“The Yards”), “Dueños de la noche” y “Los amantes” (“Two Lovers”). En ellas hay un asunto común: el retrato familiar en un medio étnico particular, las presiones que ejerce esa cultura sobre un individuo del grupo, y la descripción de una trama de relaciones humanas impulsadas por pulsiones que destruyen cualquier posibilidad de armonía y equilibrio. En las tres primeras películas, es el crimen y la muerte; en “Los amantes”, es el deseo.


Porque “Los amantes” es una cinta sobre el deseo convertido en fijación, recurrencia y dolor. El deseo por una imagen, lo que le da un giro fetichista a la historia. Como “Vértigo”, de Hitchcock, pero sin su dimensión cósmica; como “Una breve historia sobre el amor”, de Kieslowski, pero sin su milimétrica concentración formal. James Gray coge el pie argumental de una película romántica (el hombre que debe elegir entre dos posibilidades amorosas: una mujer morena y una rubia) y lo tuerce, aportándole oscuridad, extrañeza.


Leonard (Joaquin Phoenix), depresivo, suicida (la primera secuencia de la cinta marca nuestra percepción del personaje, así como el James Stewart de “Vértigo” se ponía al borde del abismo desde el inicio), sofocado por las expectativas de sus padres, judíos neoyorquinos que quieren para él un matrimonio de compromiso con la heredera de un negocio sólido, conoce de modo fortuito a una vecina, interpretada por Gwyneth Paltrow (...)




Ricardo Bedoya

Pisar el palito

Escribí una nota en este blog (“Contumacia”), llamando la atención una vez más sobre la inconsistencia de unas frases, sin manifestar ninguna discrepancia sobre asuntos de fondo.
Escribí luego tres textos en los que ampliaba y desarrollaba con amplitud las razones expuestas en esa primera nota en torno a los equívocos y malentendidos derivados de esas frases. Qué decepción! Sobre esos textos no hubo ninguna respuesta, como que las explicaciones no importan o son inútiles, como que la racionalidad no cuenta. Lo que quedó es la alusión crítica que hice, la mención a quien profirió las frases que motivaron mis objeciones, como si yo hubiera lanzado un insulto, y a partir de ahí viene una seguidilla de respuestas que van desviando por completo los temas de las explicaciones que formulé hacia triquiñuelas y referencias personales. Debí quedarme en esos cuatro textos y allí cerrar mi intervención a la vista de lo que vino luego.

Reconozco que entré en un juego inútil y que he "pisado el palito" (para los amigos extranjeros: caer en una trampa) que en parte yo mismo he contribuido a poner en el camino al responder innecesariamente asuntos menudos o cargos idiotas. Creo que lo que se ha producido en estas últimas semanas es la negación del debate a pesar de que he tratado, igual que hace meses en otro intercambio finalmente absurdo y estéril con el responsable de otro blog, de invocar el mayor número de razones para exponer mis criterios o para argumentar en contra no de argumentos, sino de cargos, de respuestas esquivas o insidiosas, porque lamentablemente no hay criterios mínimamente sólidos que uno pueda contraponer. Siento que me he desgañitado para nada, pues todo lo que pueda decir es interpretado por algunos como motivado por la intolerancia, la inquina, el afán censor o de exclusión o vaya saber uno qué más. Por cierto, no voy a dejar de expresar lo que opino cada vez que se presente la ocasión, pero me cuidaré de no incurrir en escaramuzas improductivas.

Una vez más diré que el debate me parece indispensable en una sociedad democrática, en que los consensos y los disensos son necesarios y saludables, pero la experiencia reciente me hace ver nuevamente que eso no es posible con cualquier interlocutor y menos en esta suerte de "territorio comanche" que son los blogs, donde los anónimos pueden operar a modo de francotiradores y todo puede derivar en un pandemónium. En contra de la recomendación de amigos más sensatos que yo, he seguido en un intercambio, respondiendo todo de inmediato, incluidos anónimos y sin revisar lo escrito, un intercambio en el que me sentía cada vez más provocado y más violentadas mis defensas racionales, aún cuando hace un buen rato era consciente de la inutilidad de lo que había escrito, cada vez más tergiversado y manipulado de la manera más necia en respuestas y “comments”. No siempre es prudente responder de inmediato, más aún si es que mantengo, como me ocurre, la vehemencia de hace 40 y más años.

En esas circunstancias he ido haciendo cargos personales que no hubiera querido hacer y que, soy el primero en deplorarlo, deberían estar fuera del debate intelectual. No es ese el debate al que aspiro y por el que, incluso, estaría dispuesto a pagar, como ya lo he expresado. Que me sirva, pues, de experiencia. Nunca se termina de aprender.

Frente a todo el mal sabor de ese pantano en el que me metí (no digo que me metieron, no me hago la víctima de nada), me queda la satisfacción de comprobar la ecuanimidad y la categoría intelectual de José Carlos Cabrejo y Rodrigo Bedoya, a quienes nunca hubiera querido involucrar ni tampoco a la revista “Ventana indiscreta”, en una controversia que inicié de manera personal y que debió seguir otro derrotero. José Carlos y Rodrigo me restituyen la confianza en esa reserva ética que, afortunadamente, no ha desaparecido en un espacio plagado de intolerancias, mezquindades y miserias morales, cuando no de simples necedades, de juicios improvisados, de argumentos inconsistentes y caricaturescos que incluso quieren pasar por discrepancias serias.

Siempre me dijeron que debía saber escoger a los amigos. Creo que también hay que saber escoger, no a los enemigos que uno no suele escoger, sino a los contendientes. Yo me equivoqué otra vez y por eso invito ahora a Eduardo Maldonado o a otro interlocutor de su nivel para que podamos debatir (incluso con pasión, por qué no, ese es el debate cinéfilo) sobre los temas que atañen al cine peruano y al de otras partes, sobre la crítica, la formación de los gustos e identificaciones en los públicos, sobre las industrias y no industrias fílmicas, sobre las leyes de promoción, sobre las vanguardias y los independientes y sobre tantos otros temas que un espacio como el de los blogs debería permitir airear de la forma más amplia y razonada posible, sin que eso limite la broma, la ironía o el juego verbal. Que venga, por fin, el debate!

Isaac León Frías

¿La subjetividad lo es todo?

No voy a dejar pasar la invitación del "epistemólogo" responsable del blog “La cinefilia no es patriota”.

Me alude en primer lugar "con la gracia que me caracteriza". Bueno, por lo menos tengo gracia, a él no se le conoce ninguna. Sostiene luego, a partir de una entrevista con Raymond Federman y una cita de Gustave Flaubert que el paradigma del conocimiento ha cambiado y que una cosa es el objeto y otra la representación que nos hacemos del objeto y que esta representación es pura subjetividad (la Torre Eiffel real y la nos formamos interiormente).

No soy un especialista en la reflexión epistemológica y no intento, por tanto, dictar cátedra sobre un asunto que requeriría mayor sustentación. Pero, desde mi punto de vista, no se puede privilegiar de un modo categórico la perspectiva digamos “subjetivista” sobre la “objetivista”, especialmente cuando se trata del conocimiento articulado y metódico.

Una cosa es la experiencia común y prosaica, pero otra muy distinta es el saber especializado. Si bien es cierto que no es lo mismo el objeto exterior y la representación que tenemos de ese objeto, no se trata en absoluto de una oposición irreductible, porque eso negaría, en primer lugar, la posibilidad del conocimiento científico. ¿De qué hablamos cuando nos referimos a los planetas, a las galaxias, a las plantas, a los animales, al cambio climático, al crecimiento demográfico, al funcionamiento de la economía? ¿Acaso de pura subjetividad? Entonces, para qué sirve la ciencia? Para nada en esa perspectiva en la que todo sería ilusorio, "fantasmático".

Otro tanto ocurre con el arte. Las obras existen y pueden ser descritas, explicadas y ser al mismo tiempo objetos de fruición. Por cierto, los criterios de explicación e interpretación no son monolíticos ni tampoco el grado de fruición estética que pueden o no proporcionar. Eso depende de una serie de factores que se modifican con las características de las audiencias, los cambios sociales y el tiempo. No vemos las películas silentes tal como se "veían" en su tiempo. No las vemos de la misma manera en que las vería un pescador, un campesino o un asháninka. Pero de allí a postular una total subjetividad en la recepción hay un paso que ninguna epistemología con un mínimo de solidez puede sostener, porque sería ingresar al terreno de la pura arbitrariedad.

Si de esa manera el responsable del blog quiere justificar lo que escribe, allá él. Claro, en esos términos se puede escribir o decir cualquier cosa y así todo es válido, no hay órdenes ni jerarquías estéticas posibles, todo puede ser intercambiable. La obra de arte, la película en este caso, es como el sombrero de un mago del que se puede extraer cualquier cosa y sin límites. De ese modo, casi nos podemos "inventar" las películas, transformarlas, jugar con ellas como objetos fractales.

Una vez más, la negación del conocimiento, de la posibilidad de "objetivar" en una cierta medida el objeto contemplado, de poder describirlo y explicarlo en su materialidad y en su funcionamiento. Que en la incorporación de ese objeto esté presente inevitablemente la subjetividad del observador (una subjetividad que en el trabajo científico tiene que estar lo más mediatizada posible) no lo convierte en un objeto inasible, no lo “desobjetiviza”. En el análisis de la obra artística, y en las películas en concreto, las huellas de la subjetividad son inevitablemente mayores y no se pueden desligar del objeto que es materia del comentario o la reflexión, pero eso no significa que la subjetividad "absorba" por completo la aprehensión del film. De ser así, entonces no sirve para nada la crítica de cine, ni ningún tipo de análisis (la semiótica sería una aberración), ni tampoco otras formas de acercamiento al universo fílmico y cinematográfico (la teoría, la historia). Estaríamos en el reino de lo inefable, en el mundo platónico en el que sólo nos llegan las sombras de los objetos de fuera. Y eso es un poco lo que hace el responsable de ese blog. Como considera que todo es pura subjetividad se libra a los comentarios especulativos en los que poco o nada queda de las películas que son objeto del comentario y en ese ejercicio onanista cualquier cosa se puede decir y la impertinencia no es un defecto, sino una licencia legítima. Y como no es Flaubert (aunque parece creerse eso y más), los resultados suelen ser lamentables.

Definitivamente, no comparto ni ese sustento epistemológico ni la visión del cine y de la crítica que de él se derivan. Dice que no tengo bien puestos los pies sobre la tierra. Con esa perspectiva subjetivista yo creo que es él quien está más allá de las nubes.

Isaac León Frías

domingo, 30 de mayo de 2010

Carta abierta de la Unión de Cineastas Peruanos

Christian Wiener, Presidente de la Unión de Cineastas Peruanos, nos hace llegar esta carta abierta a los miembros de la APCP.
Hay que empezar saludando la iniciativa de la APCP, a través de su vocero Francisco Lombardi, de hacer pública la carta enviada a la Presidencia del Congreso de la República. Su actitud dista mucho del secretismo que ha imperado desde cuando los cineastas fuimos sorprendidos por el proyecto 3339, presentado por los congresistas Carlos Raffo y Luciana León el 3 de junio del 2009, negociado a espaldas de los cineastas entre la APCP, CONACINE y los distribuidores. La transparencia en la información, sin duda alguna, ayuda a crear un clima de mejor entendimiento y, por el contrario, el ocultamiento lo hace más difícil y dice mucho de quienes lo practican.

Ciertamente hay un desencuentro y diríamos más, se ha generado una brecha, entre la gente de cine. Recordemos que esta situación no es producto de la casualidad, ha sido gestada a partir de la actitud inicial de CONACINE y la APCP de negociar a escondidas y a espaldas de la mayoría del gremio un proyecto de Ley situado muy lejos y en algunos puntos en las antípodas del original proyecto 3081 del congresista Jhony Peralta, el mismo que fue inicialmente asumido por toda la comunidad cinematográfica. Hay que precisar que en lugar de buscarse el entendimiento entre los cineastas, ambas instituciones se ratificaron en su encierro. Ahí están, y pueden ser consultados en la lista de Cinemaperú y los blogs, los primeros comunicados de la presidenta de CONACINE y de la APCP.

Posteriormente, al surgir el Colectivo de Cineastas Peruanos, que luego devino en UCP, nosotros buscamos el diálogo, el cual se produjo en dos ocasiones en CONACINE y donde en la segunda reunión el presidente de la APCP, Augusto Tamayo, fue muy enfático y escueto: “nosotros consideramos que cada institución haga lo más conveniente respecto a los proyectos de Ley”, lo que dicho en otras palabras era romper cualquier posibilidad de diálogo y entendimiento. Tal vez eso no sea una actitud soberbia, depende de cómo se le evalúe, pero en todo caso no fue la mejor manera de contribuir al encuentro, ahondando las diferencias en el gremio.

Por otro lado, llama enormemente la atención que ahora se lamente la situación existente cuando se ha hecho muy poco para tratar de superarla. Desde la UCP en todo momento reclamamos el diálogo abierto y transparente; sin embargo, hemos encontrado que desde el lado de la APCP se prefiere conversar con los otros sectores antes que entre los propios cineastas. Estamos plenamente convencidos que mientras no exista el diálogo, difícilmente se recuperará la unidad, pero para dialogar se necesitan dos y si uno de los interlocutores sistemáticamente se niega a hacerlo de qué sirve lamentarse.

Se dice que la diferencia principal es que mientras unos quieren “privilegiar la producción de películas” nosotros queremos una Ley General de Cinematografía. Habría que empezar diciendo que basta con leer el proyecto de Ley del congresista Cabrera para darse cuenta que esta afirmación está sustentada en una lectura (si es que ha existido) totalmente errónea del mismo.

En primer lugar, hay que señalar la incongruencia del planteamiento de privilegiar la producción y por otro lado ceder en términos de porcentaje, dando como único sustento para este acto una actitud “realista”. Evidentemente, con mayor dinero se pueden hacer más películas, de ahí que un porcentaje de un 5%, frente al 3.3% que plantea la APCP, resulte más conveniente y por cierto totalmente factible, dotando a CONACINE de mayores recursos. Más aún, si hacemos un cálculo de ingresos, el 1.7% adicional alcanza y sobra para cubrir las necesidades de lo que la APCP califica manipuladoramente como una “Ley General de Cinematografía”, cuyos artículos parecen no haberlo leído, porque también se encuentran en el proyecto de Ley de los congresistas Carlos Raffo y Luciana León: creación de la Cinemateca, apoyo a la capacitación, festivales, etc. y promover el desarrollo descentralizado de nuestra cinematografía.

La justificación que la APCP da para apoyar el proyecto 3938 es abiertamente derrotista, olvidando que los avances legales de los cineastas han sido resultado de la unidad entre los cineastas y de una actitud firme y decidida. Pero claro, si se prefiere negociar con las Majors y asumir que ellos son los que dan la pauta, difícilmente se logrará un proyecto mínimamente decente.

Se trata de confundir al gremio cuando se dice que entre el 2009 y el 2010 ha habido cinco proyectos en el Congreso y no se dice que de esos cinco, tres son los presentados por Carlos Raffo (dos en junio 2009 y el último a fines de marzo 2010), uno por Jhony Peralta (marzo 2009) y otro por Werner Cabrera (inicios de marzo 2010), y que los de Raffo siempre fueron a la zaga de los otros. Este número, que se presenta como gran hallazgo no sabemos si por desconocimiento o buscando el efectismo, se hubiera podido evitar de haber mediado un diálogo entre los cineastas, previo a uno posterior con los distribuidores y exhibidores, pero en lugar de ello se prefirió negociar a escondidas con éstos últimos, llegándose a un pacto que aún la APCP mantiene en secreto.

Se cuida mucho la APCP de mencionar en el párrafo sobre este tema a las negociaciones y acuerdos hechos con los distribuidores, y presentan como gran logro el 3.3%, porcentaje que si se lee bien el proyecto de ley 3938 de Carlos Raffo y Luciana León, significa que CONACINE es el menos favorecido económicamente y, por el contrario, son las Majors las que se llevan los principales ingresos de la reducción del impuesto, al sumarse los beneficios tributarios contemplados en el proyecto de Ley (artículo 5 inciso a, segundo párrafo). Curioso entendimiento de ser “realistas” y “privilegiar la producción”. Y como si no fuera suficiente, para tratar de confundir más aún, hablan de las cadenas de exhibición que son mayoritariamente nacionales, como efectivamente así ocurre, pero no dicen nada de quiénes son sus principales socios y beneficiarios (las Majors), y tampoco que el proyecto del congresista Cabrera les está cediendo a los exhibidores el 5%, porcentaje mayor que el 3.3% que los ahora “nacionalistas” de la APCP quieren entregarles. Y no es acaso una total ingenuidad política decir: “tenemos aún la esperanza de poder subir algo más este porcentaje en etapas posteriores de la discusión del proyecto”. ¿O acaso ya lo tienen conversado para presentarlo como uno de los “logros” de su “consecuente” posición?

Tampoco es cierto cuando se afirma que ante la cesión del 3.3% voluntaria y temporal, “la APCP rechazó de manera radical este planteamiento y quedó eliminado hace varios meses”. Curioso y significativo cambio, porque el año pasado la APCP defendía –y ahí están los correos al respecto– esta condición del pago como inevitable e inamovible. Ahora, es cierto que las palabras en mención han sido retiradas (aunque siguen figurando en la web del Congreso) de la exposición de motivos del mencionado proyecto, pero se sigue insistiendo en un convenio privado como el Convenio Minero (ver exposición de motivos, página 10) y no hay que ser doctor en Derecho para saber que, por su naturaleza, los convenios son voluntarios y tienen una duración, y el mismo congresista Raffo se ha encargado de reiterarlo cuando se le ha preguntado sobre el tema. Es decir, se saca de un lado las palabras pero se deja el fondo y el resultado final siempre es el mismo: voluntario y temporal. Y si se lee aún con mayor detenimiento, se verá que el mencionado proyecto no menciona para nada mantener el financiamiento de la Ley actual 26370. Y a buen entendedor, esto significa dejar el financiamiento futuro del cine peruano en manos de las Majors. La faena completa: más ingresos y el control del financiamiento. ¿Esto es ser realista?

Y tampoco esta garantizado, además, que esa ley sea segura y viable como lo afirman sus promotores políticos. Ahí tenemos el caso reciente del proyecto de la Ley de Mecenazgo Cultural, impulsado por la congresista Luciana León, y que a pesar de no tener mayor oposición en el Parlamento ha sido observado por el MEF. En tal circunstancia difícilmente prosperará una ley que, no olvidemos, afecta un impuesto vigente, y que no tenga un efectivo consenso de todos los sectores; y todo por un cálculo político, porque los mismos exhibidores y hasta los distribuidores han señalado que, de ser el caso, se allanarían a que realmente se asegure, por ley y no convenio, el pago al fondo.

Desde la UCP planteamos, por el contrario, un financiamiento obligatorio y permanente, lejos de las coyunturas políticas e inseguridades que generan un convenio que inevitablemente será temporal y voluntario por más “candados” que se prometan colocar. En ese sentido, una contribución parafiscal, de mediar la voluntad política de nuestros congresistas y el Ejecutivo, sí es posible, puesto que existen antecedentes en la legislación peruana e internacional, permitirá asegurar nuestro desarrollo cinematográfico con más películas, mayores oportunidades para el desarrollo de los cineastas de todo origen y lugar, una mayor cultura cinematográfica y la necesaria profesionalización de los trabajadores del sector, confluyendo todo esto en el desarrollo de una verdadera industria cinematográfica, la única manera de consolidar verdaderamente nuestro cine. Existe al respecto una sentencia del Tribunal Constitucional que señala que la promoción de la cultura constituye un deber primordial del Estado social y democrático de Derecho y que el Estado puede promover las manifestaciones culturales, legítimamente, mediante el ejercicio de la potestad tributaria; por cuanto que los fines económico, sociales, políticos y culturales son también objetivos a cumplir con la imposición de tributos o con su exoneración.

Para terminar, es necesario recordar que en los orígenes del debate sobre la ley de cine, está el proyecto del congresista Jhony Peralta, que fue posible gracias a la coyuntura del premio en Berlín de La teta asustada. El posterior viraje, inexplicado e inexplicable, deL CONACINE y la APCP y la cerrada defensa que hacen de las propuestas de las Majors (los gremios externos como se cuidan de decir), cerrando el diálogo con el conjunto del gremio de la producción y cultura, ha sido el que viene impidiendo que hasta la fecha no contemos con una Ley de Cine que beneficie a la cinematografía en su conjunto. ¿Quién entonces es el que verdaderamente impide la aprobación de la Ley de Cine? Juzguen ustedes.

Esperamos que nuestra respuesta no motive destempladas reacciones. Desde esta lista reiteramos nuestra voluntad de diálogo, serio y alturado, pues estamos seguros que ese es el reclamo e interés de todos los cineastas, sin excepción. El talento, la creatividad y el esfuerzo laboral presente en nuestro cine así lo reclama. Y tal vez un poco de humildad sea el ingrediente necesario para llegar a un acuerdo que puede significar muchísimo, no sólo para quienes estamos directamente comprometidos en la gran tarea de construir nuestra cinematografía, sino para el gran público al que siempre nos debemos.


Unión de Cineastas Peruanos
Lima, 29 de mayo del 2010

Algunos comentarios de José Carlos Cabrejo


Quisiera comentar algunas de las afirmaciones realizadas por Leny Fernández y Sebastián Pimentel, a pesar que no debo perder más tiempo con personas que, al tergiversar de manera tan descarada lo expresado en la revista que edito, están tachadas.
1. Sobre revistas y fanzines
Me sorprende el calificativo de "fanzine" hacia "Ventana Indiscreta". Si por incluir comentarios de escenas del cine peruano (lo que al final no deja de ser un ejercicio de crítica de cine, porque se argumenta la calidad buena o mala de las películas a partir de una de sus escenas), "Ventana Indiscreta" se convierte en "fanzine", entonces no sé cómo se podría calificar esas "cápsulas", escritas por Leny, con las que se "recorre" las películas de Bette Davis en uno de los números de "Godard!". ¿Qué son esas cápsulas? (y ojo que en la introducción a ese "especial" se presentan literalmente los textos de Leny como "cápsulas"): la pura inclusión de resúmenes argumentales, de sinopsis, escuálidamente "ensalzados" con uno que otro adjetivo. Es decir, un "cero a la izquierda" en ejercicio crítico. Todos los comentarios presentados sobre las escenas "buenas" y "malas" del cine peruano contemporáneo en "Ventana Indiscreta" están sustentados y argumentados, como todo ejercicio crítico requiere.
2. Visiones del cine
No entiendo esa tontería de que me "lavo las manos" ante lo publicado en mi revista. Si he respondido a la carta de Claudio Cordero, dado que alegó sentirse "calumniado" por Rodrigo Bedoya, entonces no me estoy lavando las manos. Además, me comprometí a terminar de responder la carta de Claudio después de la intervención de Rodrigo, y eso justamente haré en este texto. Nadie me va a decir los términos en que tengo que aclarar una supuesta calumnia. Además, que se indague en la posibilidad de si hablé o no hablé telefónicamente con Rodrigo sobre este asunto, me parece simplemente jocoso.
La visión del cine peruano, y del cine en general, de ambas revistas, vuelvo a repetir, es similar. Y los argumentos ya los di. Que el último número de "Godard!" dedique alrededor del 50% de su último número a la cartelera comercial, que el primer número de "Ventana Indiscreta" tome a dicha cartelera como solo un fragmento de todo el cine que se hace a nivel mundial, o que el último de ésta dedique solo cerca a la tercera parte de sus páginas al cine peruano (dado que ya se habían presentado textos sobre cine peruano en el número 2 -recordemos además que ambos números no solo tratan la cinematografía nacional, sino también la latinoamericana en su conjunto), no cambia lo que ya dije en otro post dirigido a Sebastián y Leny:
"hay comentarios muy duros e irónicos en la sección de "Diez momentos pésimos del cine peruano" sobre películas de Lombardi, como "Mariposa negra" o "Un cuerpo desnudo", y que además, se ven entremezcladas con comentarios de películas nefastas como "Good bye Pachacutek" o "Vedettes al desnudo"... elogiamos momentos de películas que ustedes han criticado muy positivamente, como "La teta asustada" o "Chicha tu madre"... Viendo el balance de la década de la revista "Godard!", veo que ponen en su ranking algunas de las películas que también fueron las favoritas de los últimos diez en años en "Ventana..." (me refiero a la lista publicada en el primer número): "Petróleo Sangriento", "El camino de los sueños", "Kill Bill" y "Escondido". Es decir, casi todo el top 5 de "Ventana Indiscreta" de películas vistas en la cartelera comercial durante esta década aparece en el ranking de tu revista.
Por ello, me pregunto: ¿solo porque hay unos comentarios relativamente -ojo, relativamente- favorables hacia "Tarata" y "Cu4tro", o uno a favor de "El bien esquivo", en "Ventana Indiscreta" hay una diferencia radical en la visión del cine de "Ventana Indiscreta" en contraste con "Godard!"?"
Pienso que el cine peruano, con sus películas buenas y malas, merece ser tomando muy en cuenta por una revista de cine nacional. Por eso, hasta se realizó en la tercera edición una entrevista al antropólogo Raúl Castro para hablar del cine de terror regional (que tiene películas, como sabemos, muy defectuosas), y esperamos, en los próximos números, comentar también películas como "Encierro" o "Alienados".
3. Cuestiones de información y ética
Sobre el "factor Wikipedia", vuelvo a repetir, el autor puso información correcta, debidamente contrastada. No es que haya citado alguna página web que haya afirmado que Liza Minnelli haya sido esposa de James Mason o que Scarlett Johansson es hija de Papá Pitufo. Además, si alguien tiene que citar publicaciones, es mejor que cite una página web que diga que Liza Minnelli es hija de Judy Garland a que cite una revista que diga que Liza Minnelli fue esposa de James Mason. Igual, toda persona que cita debe cruzar, contrastar, cotejar la información que maneja.
Este fragmento del último texto de Sebastián y Leny, publicado en "La cinefilia no es patriota", es entretenido:
"Es claro que el balance de conjunto, en Ventana Indiscreta, es muy positivo en cuanto al cine que hacen directores "serios" y premiados por Conacine como Bruno Ascenzo (Rodrigo Bedoya dice que su corto en Cu4tro "no está mal") o Fabrizio Aguilar -y, obviamente, no lo es cuando se trata de directores desprestigiados como Zegarra, García u otros que ya mencionamos".
¿Así que el balance hacia el cine de algunos directores peruanos es "muy positivo"? O sea que cuando Rodrigo afirma que en "Tarata" "los defectos son varios" (muy a pesar de que hable de "riesgo estético"), ¿hace un balance bastante favorable del cine de Fabrizio Aguilar? La verdad, ya no sé qué más puedo decir, lo que escribe Sebastián y Leny, o roza el "dadá" más involuntario y lamentable o el amarillismo más deleznable y lerdo.
Por lo que dije en el primer párrafo, Sebastián Pimentel y Leny Fernández no están capacitados para hablar de ética. No obstante, y muy independientemente de mi posición de editor de "Ventana Indiscreta", debo afirmar que no me pareció correcta la inclusión de esa foto de mermelada en este blog (y Ricardo Bedoya, como se sabe, reconoció que eso no estuvo bien -la ética también tiene que ver con reconocer los errores-). Si Oscar o Mónica hablaron de "supuestos amiguismos" por parte de "Godard!" con las distribuidoras, pues me imagino que Sebastián y Claudio, en el momento, habrán aclarado eso. Estaríamos hablando de infundio si de manera frontal, explícita y directa les hubieran atribuido a los directores de "Godard!" una conducta que no se dio en la realidad.
4. Sobre el "fundamentalismo"
Para terminar, cito un fragmento del post de Rodrigo Bedoya para comentar lo expresado por él:
"Esto tiene que ver con lo que escribí sobre "Tarata" y "Motor y motivo". Allí dije que afirmar que esas dos películas son igual de malas supone dos cosas: o que hay un problema de comprensión de conceptos o que se ha perdido toda capacidad de crítica y análisis.
Sí, me refería a tu artículo "La teta hace una diferencia", publicado en la edición número 22 de Godard!"
Eso es lo que reconoce Rodrigo. Él está en su derecho de pensar lo que desee sobre el trabajo que realiza Claudio Cordero o Sebastián Pimentel en "Godard!" y expresarlo. De la misma forma, no voy a lamentarme ni voy a decir que me siento "calumniado" cuando Sebastián Pimentel y Leny Fernández han lanzado calificativos negativos hacia "Ventana Indiscreta" o mi persona, incluso a pesar del uso tramposo e inmoral del lenguaje que los caracteriza. Sin embargo, dado que han distorsionado, de manera probada, lo vertido en la revista que edito, me he visto en la obligación de responder.
Si Sebastián Pimentel y Claudio Cordero no están de acuerdo con las opiniones de Rodrigo, pues deben refutar. En más de una oportunidad, he sido atacado en "comments" cuando he escrito en este blog, y lo que he hecho es simplemente razonar, argumentar, fundamentar una posición en defensa de lo que escribo.
Y con respecto al "fundamentalismo", ¿qué dijo exactamente Rodrigo? Leamos:
"Pero, además, decir que todas las películas financiadas en parte por el Conacine son malas y que las realizadas en los márgenes son buenas demuestra un grado de generalización que va en contra de la esencia misma de la crítica de cine. Pero, para algunos, solo existe blanco y negro; modelo y antimodelo: la base misma de todo fundamentalismo".
La única alusión evidente a "Godard!" en el texto de Rodrigo Bedoya es aquella en la que se menciona a "Motor y motivo" y "Tarata", sobre lo cual ya opiné. Sin embargo, en el último fragmento que he citado, ¿se menciona a "Godard!"? Tanto en los posts de Rodrigo como de Claudio se deja en claro que "La teta asustada", cinta que recibió apoyo de Conacine, fue bien apreciada por las "cabezas" de "Godard!". Entonces, ¿por qué tendría que haber pensado que Rodrigo se refirió a dicha revista si su texto alude a una postura en la cual se considera que "todas las películas financiadas en parte por el Conacine son malas"?
Ahora bien, el post de Rodrigo Bedoya, de paso, y adicionalmente a lo escrito en "Ventana Indiscreta", deja entrever la forma en que "Godard!" se refiere, en líneas generales, a Conacine y a las cintas a las que ha apoyado, pero en ningún lado de su post señala que "Godard!" haya dicho "que todas las películas financiadas en parte por el Conacine son malas", porque obviamente sería una mentira.
Fin.
…¡Ah! Me olvidaba. ¿Así que Sebastián Pimentel descubrió, años después de calificar a Robles Godoy de torpe imitador de "Resnais y Co.", que éste hizo una obra maestra? Una lástima, yo tenía la esperanza que aparecieran, descendiendo del cielo, los tres pastorcitos de Fátima, con los rostros de Claudio, Sebastián y Leny, haciéndome ver esa reveladora y potente luz que, repentinamente, apareció en el cine de Robles Godoy.
Sobre estos asuntos, que han derivado en discusiones estériles y penosas, ya no volveré a pronunciarme.

José Carlos Cabrejo

sábado, 29 de mayo de 2010

La visita de la banda


Lástima que el Centro Cultural de la Universidad Católica haya estrenado de modo casi clandestino una película interesante como La visita de la banda. Véanla pronto porque no se mantendrá por mucho tiempo.

Sobre una de las primeras películas de ficción ambientadas en el Perú




En EEUU, en los albores del cine silente se realizaron algunos emprendimientos de carácter documental para mostrar escenarios naturales y lejanos más allá de lo que se estaba conformando como Hollywood. El nuevo invento se trasladó por el mundo para captar los paisajes más apartados y exóticos con la finalidad de ser proyectados como vistas previas a las funciones de fondo en las diversas ferias y teatros, lugares que se consolidaban a la par que el cinematógrafo se afianzaba como espectáculo. Así surgieron las famosas vistas, pequeños episodios o pasajes de carácter documental que consistían en simples tomas de sucesos comunes en los lugares de origen y que resultaban extraños a los ojos foráneos: salidas de las iglesias, mañanas en las playas, carreras de caballos, visitas a monumentos públicos, carreteras hacia la sierra o selva, exploración en las minas, parajes de valor histórico, etc. Perú no fue ajeno a este nuevo proceso de filmaciones alrededor del mundo. Es así que vistas como An old silver mine in Peru (1910, Edison Company) o The chuncho indians of the Amazon river, Peru (1910, Edison Company) fueron proyectadas antes de las cintas mudas, llamando la atención por el exotismo de las situaciones y la majestuosidad de los paisajes.

Años más tarde, en pleno apogeo del cine silente, el tema peruano nuevamente ocupa un lugar en el imaginario de guionistas y cineastas, siendo ya en este caso motivo en una ficción de carácter dramático. Ese fue el caso de The fire cat, película de 1921, dirigida por el estadounidense Norman Dawn.

La revista Mundial, en su edición Año II de abril de 1921, sostiene que se trata de “una película peruana”, aunque ya luego en el texto de la nota, donde aparecen dos fotografías, se señala la realidad de su origen:

“Nuestro corresponsal en San Francisco de California, Señor Juan Pesantes Ganoza nos remite estas interesantes fotografías expresamente tomadas para MUNDIAL de la interesantísima película de tema peruano, titulada “El gato de fuego” o “Una historia del Perú en 1879”. En la fotografía superior está la eminente actriz Edith Roberts, protagonista de la película; y en la inferior ésta misma y los conocidos artistas del écran Olga Mojean y Arthur Jasmine. “El gato de fuego” es dirigida por Norman Daron (sic). Nuestros lectores apreciarán el éxito de MUNDIAL al obtener estas bellas fotografías”.

No sabemos si “Una historia del Perú en 1879” (ambientada curiosamente en el año en que comienza la guerra con Chile) se estrenó en Lima, pero fue motivo para que los medios sintieran orgullo al informar que Hollywood puso de contexto a Perú para una de sus historias.

The fire cat cuenta la historia de Dulce Álvarez, una aristócrata de origen español en Lima, (encarnada por Edith Roberts, una conocida actriz de la época que trabajó en una decena de filmes y quien muriera años más tarde víctima de septicemia), quien vive en una casa lujosa junto a su madre (Olga Mojean). Los personajes villanos Gringo Burke (Walter Long) y Pete Cholo (el actor nativo William Eagle-Eye, a quien siempre se le daba el papel de líder apache, timador o indio mexicano), son dos ladrones peligrosos que entran a su casa a robar pero terminan matando a su madre. Dulce al llegar y al encontrar el horroroso crimen jura venganza y decide ir al pueblo de la Purísima, lugar donde viven los maleantes. Dulce en su intento de encontrar a los criminales, conoce a un geólogo estadounidense, Ross (Wallace McDonald) interesado en un volcán que esta a punto de hacer erupción y que cuya lava terminará saldando cuentas con los ladinos antes que la misma Dulce.

Al apreciar las fotos, el filme proyecta una visión del Perú recreada en estudios, con mujeres haciéndose las recias sobre caballos, y usando trajes típicos de las haciendas (ponchos, sombreros, botas), prendas que también podrían identificarse con México, por ejemplo. Perú es usado como marco para una historia común de venganza, sin más intenciones que narrar una relato en un ambiente lejos de EEUU y sus referencias.

El cineasta Norman Dawn aparece en diversas publicaciones sobre pioneros de la técnica cinematográfica como un precursor en el uso del retro proyector y del matte shot. Sobre su supuesto origen, la publicación Special Effects: The history and technique de Richard Rickitt señala que Norman O. Dawn nació en un campamento boliviano y no en Argentina como se menciona en otras fuentes.

Mónica Delgado Ch.

Christian Wiener responde

En respuesta a la comunicación de Francisco Lombardi en un correo institucional de la APCP, me permito hacer unas aclaraciones porque me menciona de manera personal. Más adelante, y por la extensión del tema tratado, obligará a establecer también precisiones institucionales.
Efectivamente, el 17 de febrero hubo una reunión con los asesores de los congresistas Jhony Peralta, Carlos Raffo y Luciana León y representantes de la APCP y la UCP. Reunión, dicho sea de paso, a la que nosotros fuimos convocados a última hora, y de manera engañosa, pues se nos avisó inicialmente que iba a ser una reunión sólo de la UCP con el congresista Peralta, quien a la postre no estuvo presente sino sólo los antes mencionados. En esa reunión fuimos notificados por los asesores de los congresistas que habían llegado a un “consenso” para un nuevo proyecto, que consistía en no entregar mas del 3.3% al CONACINE e incorporar algunos planteamientos de la propuesta original de Peralta. Hay que mencionar que todo esto fue comunicado de manera verbal, pues el único texto escrito alcanzado en esa oportunidad fue una propuesta respecto al porcentaje para las regiones. El 3.3% no fue aceptado por la UCP, sólo fue comunicado como un acuerdo inamovible a los presentes (¿entonces qué se podía negociar?), y que, además, según el señor Juan Vargas, asesor de Peralta, iba a ser entregado bajo la figura de la contribución parafiscal, lo que fue reconfirmado cuando quien escribe le preguntó cuál iba a ser el régimen de pago establecido. Como sabemos, eso después se incumplió, pues el proyecto 3938 insiste en la figura del Convenio privado entre CONACINE y exhibidores-distribuidores, que en la práctica significa que será, aunque se retiren las palabras, un aporte “voluntario y temporal”.
Pregunta elemental: si se trataba de buscar un real acercamiento y conciliación entre las partes, ¿por qué no se actuó transparentemente, presentando el texto definitivo del nuevo proyecto de ley para que ambos grupos pudieran decidir con pleno conocimiento de los hechos? ¿O es que se trataba de ganar una adhesión ciega vía el ocultamiento y la sorpresa? Es así que, terminada esa reunión, solicité varias veces, por escrito y telefónicamente a los asesores Vargas y Mónica Cépeda que nos mandaran a la brevedad posible el texto del proyecto (tengo copia de los correos enviados), y cuáles eran algunas condicionantes básicas para lograr nuestro apoyo al mismo, entre las cuales, reitero, estaba como punto de entrada el tema de la obligatoriedad y permanencia del pago.

De esta manera, y ya enterados verbalmente del contenido del texto definitivo del proyecto 3938, la UCP decidió democráticamente, por Asamblea General de sus miembros, y el voto unánime de todos los asistentes, no aceptar el supuesto “consenso” de ese proyecto. Acto seguido, se acordó respaldar el nuevo proyecto del congresista Werner Cabrera, que retoma y amplía los puntos básicos de la propuesta inicial de Peralta.

Respecto a que si en esa oportunidad nos dimos la mano en señal de cortesía (y cualquiera que conoce a Inés Agresott sabe que ella es incapaz de celebrar una reunión de esa naturaleza, o fingir lo que no siente), o si no respondí a un comentario de Lombardi en la Universidad de Lima, ya que todavía no teníamos el texto de la nueva propuesta en la mano, es algo anecdótico; situación que en todo caso no cambia los hechos de fondo. Porque si se tratase de juzgar comportamientos, qué decir entonces de la evasión de los señores de la APCP a la sesión pública convocada por el congresista Peralta días antes de la reunión aludida, prefiriendo reunirse en secreto y a solas, presentado una carta con planteamientos que no hubieran sido de conocimiento del resto de la comunidad cinematográfica, si no es porque nuestro gremio la hizo pública.

Y es que, lo que hemos venido defendiendo desde el año pasado en la UCP no es tanto una “fusión” de los proyectos Raffo-Peralta, y mucho menos en los términos que se ha realizado en esta nueva propuesta, donde lo principal sigue siendo lo que plantean las Majors y sus defensores oficiales y oficiosos. Por el contrario, proponemos una ley que beneficie principalmente al cine peruano, poniendo énfasis en la producción y en el carácter cultural de la cinematografía, sin dejar de considerar a la exhibición (y por eso propusimos el reparto del 50% del impuesto con ellos), pero siempre y en todos sus aspectos, desde un planteamiento digno y soberano, acorde a lo que se propone en otras legislaturas de cine en América latina y el mundo.

Atentamente,

Christian Wiener
Lima, 28 de mayo del 2010

viernes, 28 de mayo de 2010

Una carta abierta a la comunidad cinematográfica

Francisco Lombardi envía esta carta y su anexo para que sea publicada en el blog. Aquí está. Este espacio queda abierto para cualquier otra comunicación de los cineastas peruanos, sea cual sea su posición en este debate sobre la ley de cine.

A la Comunidad Cinematográfica:

La APCP (Asociación de Productores Cinematográficos del Perú) me encarga una introducción que contextualice la carta que hemos enviado al Presidente del Congreso expresando nuestro respaldo al proyecto número 3938, presentado conjuntamente por los Congresistas Johnny Peralta, Carlos Raffo y Luciana León y apoyado por los congresistas Luis Galarreta e Isaac Mekler. Y lo hago porque esta vez queremos dirigirnos a todos los cineastas que, desde puntos de vista probablemente diferentes, hemos seguido un debate que ha separado, de una u otra forma, a nuestro gremio. Nuestra entidad ha evitado -por razones que explicamos líneas abajo- avivar una polémica pública pero dada la situación creo que resulta a estas alturas indispensable explicar nuestro punto de vista.
En los últimos meses se ha producido un lamentable desencuentro entre la gente de cine en torno a los distintos proyectos de ley de cine que, de un año a esta parte, dan vueltas en el Congreso de la República. Yo, como parte de la APCP, he seguido bastante de cerca el desarrollo del asunto y, sin el menor ánimo de reavivar la polémica, quisiera puntualizar algunos aspectos.
El primero de ellos es que el principal cargo que se hace a la APCP es que se ha manejado con soberbia, que se ha negado a concertar. Esa impresión es una obvia consecuencia de la profusión de comunicados que ha publicado la UCP al respecto. Si bien yo no he participado en las sucesivas reuniones que sostuvieron ambas partes la impresión que tengo -obviamente proveniente de los representantes de la APCP que participaron en dichos encuentros- es que hubo posiciones lo suficientemente discrepantes como para que no se produjeran acuerdos. Ante ello la UCP inició su profusa difusión de comunicados -no voy a calificarlos para no entrar en polémica- y la APCP decidió no responderlos, no precisamente por soberbia sino justamente para evitar que sigan creciendo las diferencias dentro del gremio. Como el tono de las imputaciones subía continuamente y las respuestas y aclaraciones hubieran conllevado un enervamiento cada vez mayor, la APCP prefirió seguir trabajando sus propuestas al margen del ruido mediático. Pero aparentemente lo que se consideró un aporte al apaciguamiento de la situación ha terminado interpretándose como un ejercicio de arrogancia. Lo lamentamos.
El segundo aspecto que me gustaría mencionar es que creo que la diferencia principal entre las dos posiciones es que, mientras una (la de la APCP) considera que en este momento lo esencial es privilegiar la producción de un mayor número de películas (y de esta forma evitar la frustración de un enorme contingente de cineastas en los concursos de CONACINE -este año de 45 proyectos presentados sólo hay dinero para ayudar a 5) , la otra (la UCP) cree que este es el momento de apoyar una Ley General de Cinematografía que abarque una serie de otras áreas del quehacer cinematográfico. Hay otras diferencias, sin duda, pero creo que la central es esta.
¿Por qué la APCP apoya el proyecto 3938? Porque a través de estos últimos diez años -y podría ir aún más atrás- hemos vivido la experiencia de intentar proyectos de ley por distintos caminos y creo que hemos aprendido que lo más importante es que un proyecto se cristalice, que termine por convertirse en REAL. Para que esto ocurra es absolutamente indispensable que un proyecto de ley cuente con el respaldo de la mayor cantidad de bancadas porque si esto no ocurre el proyecto terminará paralizado y encarpetándose. Hace pocos días en una reunión de consulta en el Congreso encontramos que en el último año –entre el 2009 y el 2010- había cinco proyectos en torno del cine peruano, ¡cinco!… El comentario del experto consultado fue “con tantos proyectos sobre un mismo tema es muy difícil conseguir sacar algo adelante”. En las numerosas reuniones sostenidas en estos meses se nos ha repetido hasta el cansancio que es primordial que se encuentren consensos entre las distintas partes interesadas en un proyecto; la APCP comprendió que si no se procedía a buscar acuerdos con los exhibidores y distribuidores -que tenían desde hace años proyectos propios en relación a la supresión del impuesto del 10% a la entrada- , no iba a ser posible conseguir la aprobación de la ley. Es por esta y única razón por la cual la APCP ha buscado una fórmula que haga posible una conciliación con estos gremios. Aunque no nos resulte grato será muy difícil conseguir la aprobación de una ley de cine -que se sostenga financieramente en la supresión del impuesto a la entrada a los cines- sino logramos un acuerdo con el gremio exhibidor. En ese sentido es que la APCP ha conseguido un acuerdo con las partes a cambio de recibir un 3.3% de los ingresos que produzca el cine extranjero exhibido en el Perú. En este momento esto significaría alrededor de cinco millones de soles anuales para ayudar a la producción de películas peruanas (más de lo que el Estado entrega a CONACINE actualmente). Si nos preguntan por qué no insistimos con nuestro planteamiento original de reclamar el 5% en lugar del 3.3% debemos responder que hemos sostenido un sin fin de conversaciones con los exhibidores -inclusive con la mediación de los Congresistas implicados en el proyecto de ley- en las que se fue subiendo desde un 1.5% propuesto inicialmente por ellos hasta llegar al actual 3.3%. No hemos logrado más pese a nuestra terca insistencia. Tenemos aún la esperanza de poder subir algo más este porcentaje en etapas posteriores de la discusión del proyecto, pero hemos aceptado como un mínimo ese porcentaje porque llegó un momento en el cual el empantanamiento de la negociación amenazaba con regresar a fojas cero y con ello retornábamos a la realidad de estos últimos años: al no haber acuerdos no ha habido ley.
Es el tema de este porcentaje uno de los motivos más claros que diferencia las posiciones de la APCP y la UCP. Ciertamente si no se encuentra un acuerdo con el gremio exhibidor-distribuidor -asunto que desestima obstinadamente la UCP- la aprobación del proyecto es inviable. No es nuestra opinión: es la que hemos recogido de los propios congresistas y sus respectivos asesores a través de todo este último tiempo. Y son ellos los que aprueban las leyes, no nosotros. Desde esa perspectiva objetiva en la APCP pensamos que es mejor 3.3% -que como hemos visto nos permitiría duplicar nuestra producción de películas- a no tener nada, o, lo que es lo mismo, a seguir teniendo proyectos de ley encarpetados durmiendo el sueño de los justos como ha ocurrido en estos últimos diez años.
Es importante, señalar -y lo digo sin ánimo de incordiar- que no resulta mínimamente correcto seguir insistiendo (como lo ha venido haciendo permanentemente la UCP) con que la naturaleza de esta cesión del 3.3% (que como insisto esperamos mejorar aún en el diálogo que se avecina en el Congreso) es “temporal y voluntaria” porque si, en efecto, inicialmente esa era la propuesta del gremio exhibidor-distribuidor, la APCP rechazó de manera radical ese planteamiento y quedó eliminado desde hace ya varios meses. Y si volvió a aparecer el tema en la exposición de motivos del proyecto fue por un error que ha sido rápidamente corregido por los mismos congresistas. No contribuye pues a la claridad del debate seguir insistiendo que el proyecto debe ser rechazado por su naturaleza de “temporal y voluntaria”. Por otra parte seguir diciendo que este proyecto es sólo para beneficio de las trasnacionales es simplificar -no quiero decir falsear que es probablemente lo que corresponde- las cosas. Es sabido que de las cinco cadenas de exhibición actualmente presentes en nuestro país cuatro son de capitales peruanos, no precisamente trasnacionales y sólo las empresas de distribución son extranjeras. Si hiciéramos el ejercicio de dividir el porcentaje del impuesto entre los eventuales beneficiados: Conacine (a través de Procine), los exhibidores y los distribuidores es claro que el beneficio es mayoritariamente nacional. Es importante que orientemos con la verdad, más aún cuando las diferencias específicas -como es el caso del volumen del porcentaje- son tan pequeñas. Es más, si intentamos seguir el razonamiento esgrimido me pregunto si es que se consiguiera el 4 o 5% (como solicita la UCP) el beneficio ¿ya no sería de las trasnacionales?, ¿ese 1% y fracción cambia estructuralmente la naturaleza de los beneficiados?
Tampoco me parece que contribuya a la transparencia de este debate negar que el día 17 de febrero de este año hubo una reunión con los asesores de los congresistas Johnny Peralta, Carlos Raffo y Luciana León quienes citaron a representantes de la APCP y de la UCP (asistieron Augusto Tamayo, Gustavo Sánchez y el que escribe, por la APCP, y Christian Wiener e Inés Agresott por la UCP) para que intentaran llegar a acuerdos con el fin de superar las diferencias que estaban dificultando la aprobación del proyecto. En esa reunión la APCP resignó algunos planteamientos (en relación a temas como la Cinemateca, el porcentaje del ingreso de Procine al cine regional y otros, los cuales están incorporados como lógica consecuencia de esa reunión en el nuevo proyecto presentado por los congresistas Peralta, Raffo y León) y la UCP aceptó que el 3.3% fuera el porcentaje que cederían los exhibidores de los ingresos a las salas. Ambas entidades insistieron con los asesores congresales que se seguiría insistiendo en la posibilidad de subir este porcentaje en las instancias siguientes del proceso de aprobación de la ley. Seis personas son testigos de esos acuerdos. Terminada la reunión nos dimos todos la mano y celebramos que se haya llegado a un final armonioso y que impulsemos juntos el proyecto de aquí en adelante. Era finalmente la fusión de los proyectos Peralta y Raffo que la UCP había pedido tan insistentemente. Pocos días después, con ocasión del conversatorio sobre cine peruano que se celebró en la Universidad de Lima yo mismo hice referencia al consenso alcanzado mientras Christian Wiener se encontraba en la mesa de expositores. Christian no hizo ninguna observación a mi comentario. Sin embargo, unos días más tarde la UCP publica un comunicado en el que niega los acuerdos alcanzados. Seis testigos hubo presentes en la reunión de conciliación. Esto tampoco contribuye ni a un debate transparente ni a un acercamiento entre los cineastas.
Vive el cine peruano un momento especialmente gratificante: películas peruanas han estado en poco más de un año en los festivales de Cannes, Berlín, Venecia, Sundance y San Sebastian, los más importantes del mundo, y han conquistado premios en el más alto nivel demostrando que tenemos un notable potencial creativo en nuestros cineastas. Todas estas películas han sido posibles gracias al estímulo de Conacine que con los pocos medios que tiene a su disposición ha contribuido decisivamente a su existencia. Pero Conacine sólo dispone de fondos muy limitados que alcanzan apenas para apoyar cinco proyectos de largometraje al año. Como decía al inicio, son muchos los cineastas, especialmente los jóvenes, que no pueden acceder a su sueño de hacer cine y es muy triste que, teniendo la posibilidad real de contar con una importantísima inyección de dinero para, al menos, duplicar nuestra actual producción, sigamos enfrascados en desencuentros absolutamente improductivos. En la APCP somos conscientes que el proyecto que apoyamos no es exactamente el ideal pero es el que tiene el consenso de los gremios externos y de la mayoría de los Congresistas, y es el que nos permitirá hacer muchas más películas de las que hacemos ahora. Por ello la APCP decidió enviar una carta al Presidente del Congreso, carta que reproducimos aquí mismo para conocimiento de todo el gremio, con el objetivo de que nuestro proyecto ingrese a las etapas siguientes de su discusión y aprobación.

Atentamente,

Francisco Lombardi

Lima, 24 de Mayo de 2010

Señor Doctor
Luis Alva Castro
Presidente del Congreso de la República del Perú
De nuestra mayor consideración:

Los cineastas peruanos venimos trabajando desde hace varios años en diversos proyectos de ley que permitan una mayor producción de películas peruanas. Creemos que la afirmación de nuestra identidad cultural está indesligablemente unida con la cinematografía. A pesar de no contar con los alicientes necesarios para generar una producción mínimamente suficiente, nuestro cine ha crecido, recibiendo numerosos premios y grandes reconocimientos internacionales en los últimos años dejando el nombre del Perú en alto. Pero podemos hacer mucho más, y es por eso que necesitamos de un apoyo mayor del Estado Peruano.
Con este objetivo en mente, y luego de varios años de esfuerzos y negociaciones, en el mes de marzo de este año logramos obtener un proyecto de ley de cine presentado en conjunto por los señores congresistas Johnny Peralta, Carlos Raffo y Luciana León [Ley de Masificación y Fomento a la Cinematografía Nacional, número 3938] que permite la generación de un fondo de financiamiento para el CONACINE, entidad encargada de promover el cine nacional. Este proyecto de ley 3938 une en consenso las propuestas más viables de dos proyectos de ley anteriores presentados en el 2009 y por separado por estos mismos congresistas, y cuenta actualmente con el apoyo de los señores congresistas Luis Galarreta e Isaak Mekler y diversas bancadas del Congreso, y de los gremios de exhibidores y distribuidores cinematográficos.
Mediante esta carta, los abajo firmantes, quienes formamos un grupo grande de mujeres y hombres dedicados al cine, la mayoría miembros activos de la Asociación de Productores Cinematográficos del Perú (APCP), expresamos públicamente nuestro apoyo al proyecto de Ley de Masificación y Fomento a la Cinematografía Nacional, número 3938.
Ha costado mucho tiempo y esfuerzo lograr obtener un proyecto de ley sólido, realista y que cuente con un gran consenso. Creemos que es contraproducente trabar este gran logro presentando a último momento otro proyecto de ley, como es el caso del proyecto del señor congresista Werner Cabrera, el cual no cuenta con el apoyo de un sector importante del quehacer cinematográfico. Y aunque compartimos con el señor congresista Cabrera y los que lo apoyan el mismo interés y la voluntad de fortalecer nuestro cine, y al igual que ellos tenemos aspiraciones mayores para el futuro por las cuales no dejaremos de luchar, consideramos que el proyecto de ley 3938, presentado conjuntamente por los señores congresistas Johnny Peralta, Luciana León y Carlos Raffo, es viable y realista, y es la gran oportunidad que tenemos de dar un nuevo impulso, sólido y firme, que contribuya al desarrollo del cine peruano
Atentamente,

Augusto Tamayo DNI Nº : 07772438.
Francisco Lombardi DNI Nº : 06635783.
Claudia Llosa DNI Nº : 10492750.
Alberto Durant DNI Nº : 07854867.
Luis Llosa DNI Nº : 07856943.
Josué Méndez DNI Nº : 10277643.
Javier Fuentes León DNI Nº : 06489932.
Héctor Gálvez DNI Nº : 25760934.
Fabrizio Aguilar DNI Nº : 09343270.
Palito Ortega DNI Nº : 28271772.
Flaviano Quispe DNI Nº : 02410400.
Aldo Salvini DNI Nº : 07209361.
Judith Vélez DNI Nº : 07563091.
Frank Pérez Garland DNI Nº : 10263931.
Eduardo Mendoza DNI Nº : 07885488.
Eduardo Schuldt DNI Nº : 10542534.
Christian Buckley DNI Nº : 40285229.
Álvaro Velarde DNI Nº : 08194292.
Daniel Rodríguez DNI Nº : 17938939.
Felipe Degregori DNI Nº : 07596769.
Augusto Cabada DNI Nº : 06644066.
Sergio Barrio DNI Nº : 40176850.
Bruno Ascenzo DNI Nº : 42598430.
Jorge Carmona DNI Nº : 09999643.
Rocío Lladó DNI Nº : 07606542.
José Luis Flores-Guerra DNI Nº : 08241286.
Andrés Cotler DNI Nº : 07812602.
Ricardo Velásquez DNI Nº : 09372198.
Luis Barrios DNI Nº : 07813838.
Nilo Pereyra DNI Nº : 07828183.
Ronnie Temoche DNI Nº : 25528398.
Alejandro Rossi DNI Nº : 07235907.
Rosario García Montero DNI Nº : 09344540.
Roxana Valdivieso DNI Nº : 08257065.
Sandra Wiese DNI Nº : 10222388.
Antonio Fortunic DNI Nº : 25676812.
Martín Landeo DNI Nº : 09073398.
Antonio Landeo DNI Nº : 06597402.
Coco Castillo DNI Nº : 10544592.
Álvaro Delgado-Aparicio DNI Nº : 10866666.
Luis Quequezana DNI Nº : 10137103.
Rafael Zalvidea DNI Nº : 06518871.
Gabriela Yepes DNI Nº : 10317180.
Joanna Lombardi DNI Nº : 10711034.
Brian Jacobs DNI Nº : 41839169.
Gerardo Ruiz DNI Nº : 09877192.
Enrica Pérez DNI Nº : 10270541.
Silvana Aguirre DNI Nº : 10002599.
Marianela Vega DNI Nº : 40212784.
Gonzalo Benavente DNI Nº : 41310100.
Gonzalo Otero DNI Nº : 10611432.
Gustavo Sánchez DNI Nº : 06688861.
Nathalie Hendrickx DNI Nº : 08884182.
Enid Campos León DNI Nº : 10306888.
Ana María Roca Rey DNI Nº : 40153478.
Delia García DNI Nº : 08178968.
Miguel Valladares DNI Nº : 43466825.
Juan Durán DNI Nº : 07852045
Cusi Barrio DNI Nº : 07793820.
Alfredo Quequezana DNI Nº : 08150500.
Rosa María Álvarez-Gil DNI Nº : 08786557.
Margarita Morales DNI Nº : 08235186.
Verónica Oliart DNI Nº : 07866915.
Nelba Acuna DNI Nº : 28315387.
Micaela Cajahuaringa DNI Nº : 07562460.
Maria Esperanza Barboza DNI Nº : 41046322.
Julio Vizcarra DNI Nº : 09176214.
Cecilia Rodríguez DNI Nº : 09140463.




Robin Hood


Hay un Robin Hood para cada época. El célebre Douglas Fairbanks lo fue en 1922, durante los días del cine silente. Encarnó las esencias del aventurero, pero, sobre todo, respondió a las expectativas de un medio que sustituía la carencia de palabras con la agitada coreografía. Eufórico y espadachín, Fairbanks construyó el arquetipo del héroe acrobático y romántico, con un toque libertario de anárquica rebeldía. Sus escaladas, saltos y piruetas potenciaron la cualidad irreal, de ensoñado y abstracto frenesí, típica del cine mudo.

En 1938 ya había llegado el sonido y el cine exhibía el atributo del color. “Las aventuras de Robin Hood”, producida por Warner Bros. y dirigida por Michael Curtiz y William Keighley, fue el vehículo perfecto para lucir en mallas al actor más admirado por las damas de entonces, Erroll Flynn, filmado en un Technicolor extraordinario, de tonos fuertes y de pura saturación cromática. Una secuencia de antología al final de la película: el duelo a espada entre Robin y el Sheriff de Notthingham, encarnado por el torvo y formidable Basil Rathbone. La perfecta coreografía de esa escena nada tenía que envidiar a la de cualquier musical de entonces, como los producidos por la empresa RKO, con Astaire y Rogers como protagonistas.


Ricardo Bedoya

jueves, 27 de mayo de 2010

Respuesta de Rodrigo Bedoya

Tu carta, Claudio, trae a colación algunos asuntos que demuestran tu estilo de hacer periodismo. Lo más preocupante es que señalas que yo te calumnio en mi artículo. Como la calumnia es un delito, sólo te puedo responder que si de verdad crees que lo he hecho, demándame. Y los jueces resolverán lo que eres incapaz de resolver por la vía del debate intelectual.
Pero hay algo peor: tratas de arreglar las cosas no sólo modificando el sentido de los textos de otros (en este caso el mío) sino modificando el sentido de lo que tú mismo escribes, según tu conveniencia.

Esto tiene que ver con lo que escribí sobre “Tarata” y “Motor y motivo”. Allí dije que afirmar que esas dos películas son igual de malas supone dos cosas: o que hay un problema de comprensión de conceptos o que se ha perdido toda capacidad de crítica y análisis.
Sí, me refería a tu artículo “La teta hace una diferencia”, publicado en la edición número 22 de Godard! (1)

En ese artículo, después de criticar a “Tarata”, “Cu4tro” y “Máncora” (estás en tu derecho de hacerlo), señalas lo siguiente:

“Como ya comenté líneas más arriba, las únicas películas que “superaron las expectativas” fueron Motor y Motivo y El Delfín, dos productos desvergonzadamente comerciales que no recibieron un centavo de Conacine. No es casualidad que hayan sido las preferidas del público, aunque eso no es sinónimo de calidad –recordemos que la campeona de la taquilla local en 2008 fue la patética Vidas paralelas-. Motor y Motivo es un musical hecho a mayor gloria del Grupo 5, el conjunto de cumbia más exitoso del momento. Su realización estuvo a cargo de Enrique Chimoy, y contó con la participación de comediantes y modelos de la farándula. Por su parte, El delfín es el filme de animación más costoso hecho en el Perú y también el mejor, aunque no tiene una sola pizca de originalidad. Ostenta un acabado técnico impecable y mensaje edificante, cortesía del best seller de Sergio Bambarén. Lo más sensato es no tomárselas en serio”.

Soy de los que creen, Claudio, que para escribir de una película hay que tomársela en serio. Es decir, tomar sus recursos y posibilidades en serio, así como sus debilidades y fallos. Si una comedia me gustó, trato de razonar sobre el porqué me divirtió. Si un drama me conmovió, lo mismo. Y si una no me gustó, hago el esfuerzo de entender o explicar mi disgusto.
Es probable que exista algún crítico de cine al que le guste “Motor y motivo” y crea honestamente que es mejor que “Tarata”. Perfecto. Que sustente su opinión dándoles a las dos películas una argumentación equivalente, tal vez no en extensión pero sí en interés por el análisis. En tu texto, Claudio, no hay una línea de opinión sobre “Motor y motivo”. Sólo señalas que no hay que tomársela en serio, cosa que sí haces con “Tarata” para criticarla. ¿Por qué una sí y la otra no, Claudio? ¿Eso no demuestra una seria falta de rigor o una condescendencia hacia lo que pareces preferir?

Recuerdo que José Carlos Cabrejo, en un número de La gran ilusión, analizaba “Mi crimen al desnudo” de modo "favorable". No estoy de acuerdo en absoluto con esa opinión, pero José Carlos se daba el trabajo de analizar los recursos de la película, fundamentando su opinión. Tú, en un tono perdonavidas, sentencias que “Motor y motivo” es una película para no tomársela en serio, cosa que dice mucho de tu capacidad de análisis y termina por igualarlo todo. Como si todas las películas dieran lo mismo, fueran iguales y tuvieran el mismo valor y como si el crítico fuera incapaz de señalar diferencias. Ése es su trabajo: distinguir y sustentar su opinión. Es lo que no haces tú.
No es necesario decir que me ratifico en todo lo que dije en el artículo que te parece calumnioso.
Creo, además, que el que pasa por agua tibia el peor cine peruano eres tú.

Pero lo más grave no es eso, Claudio. Ya José Carlos se explayó sobre el modo (que parece un método sistemático o una estrategia) en que Sebastián, Leny y tú descontextualizan oraciones de mi texto. Pero lo más increíble es que en tu carta a José Carlos, descontextualizas frases de tu propio artículo para hacerte la víctima, citando frases sueltas, sin tener siquiera el rigor necesario para citar de un chibolo en último año de colegio.

Incluyes en esa carta dos citas de tu artículo “La teta hace la diferencia” que demostrarían, según tú, que también elogias a las cintas peruanas: “(…) el cine peruano mejoró con respecto al 2008” y “(El cine peruano) sigue mirando con asombro la calidad alcanzada en 2006”.

Voy a mencionar el párrafo entero de donde sacas tus propias citas:

El año que terminó fue contradictorio para el cine peruano, que mejoró con respecto al 2008 –Un escenario distinto sería aterrador- pero sigue mirando con asombro la calidad alcanzada el 2006 con Madeinusa, Chicha tu madre y La prueba. De no ser por el fenómeno La Teta asustada, nuestro balance sería un epitafio. Bienvenida sea al Llosa-dependencia.”

Creo que la diferencia habla por sí sola. Pero lo mejor está por venir.

Otras de las frases sueltas que utilizas para demostrar que mi texto contradice tus elogios sobre las películas peruanas que premió Conacine es: “Nos alegra que los cineastas peruanos tengan trabajo, sobre todo si son jóvenes”.

Pues bien, leamos el párrafo entero: “La Llosa dependencia también salvó a Conacine del absoluto desprestigio, algo que parece no quitarles el sueño a los promotores de Cuando el cielo es azul, Django, Un cuerpo desnudo y Una sombra al frente. El crítico de cine no debería sentirse menos disgustado que el espectador común y corriente que sale de El premio, Cua4tro y Tarata preguntándose que diablos hacen con los fondos del Estado. Por supuesto, nos alegra que los cineastas peruanos tengan trabajo, sobre todo si son jóvenes, pero los buenos deseos no pueden tapar el sol con un dedo”.

¡Qui buina! Has querido hacernos pasar como elogiosa una frase que, en su debido contexto, resulta hasta irónica. Y todo por el afán de victimizarte, de demostrar que mi texto es contradictorio a tus ideas. Qué fácil, Claudio, cuando se trata de hacerlo sacando fuera de contexto las palabras de otro y tus propias palabras de acuerdo a lo que te conviene. Y qué lamentable también.

Tambien te equivocas en tu carta cuando dices: “Además, si realmente tuviera la intención de decir que todo lo que ha premiado Conacine es malo, ¿por qué mencionaría a Paraíso y Contracorriente como dos filmes que han triunfado en el extranjero? No tiene sentido”.

Claro, si hubieras negado el éxito de “Paraíso” y “Contracorriente” en el extranjero, HUBIERAS MENTIDO. Confundes lo que pertenece al ámbito de la opinión con lo que son datos y hechos verificables, como los premios de “Contracorriente” o la presencia de “Paraíso” en Venecia. ¡Vaya uno a saber si esas tergiversaciones forman parte de tu plan de victimización o si, en verdad, no entiendes las diferencias! En cualquiera de los casos, las posibilidades son igualmente preocupantes. Me parece increíble tener que explicarle esto a un comunicador como tú, pero así están las cosas.

Una pena que este debate se haya desviado hacia asuntos que dejan de lado la discusión sobre el cine peruano. Pero no queda más remedio que señalar las cuestionables prácticas de Sebastián, Leny y tú, Claudio, que leen y citan los trabajos y opiniones de otros -e incluso las de ellos mismos- para deformarlos, llevando agua para el molino propio. Es más: estoy convencido que se trata de una práctica planeada, querida, muy pensada. Es una forma de provocar cortinas de humo que eviten el tratamiento de temas de fondo porque en ese campo no tienen con qué defenderse.
(1) En esa edición hay una divertida perla de tu cosecha, Claudio. En el texto “Para su consideración”, que trata sobre próximos estrenos, señalas con la fe ciega que pareces tenerle al calendario de los que manejan el negocio del cine en el Perú, lo siguiente: “La edición anterior nos referíamos a Donde viven los monstruos de Spike Jonze –no se preocupen, llegará en enero-”.
Ya estamos en mayo, Claudio, y la película de Jonze no se estrena. ¿Me puedo empezar a preocupar?

Rodrigo Bedoya