domingo, 23 de agosto de 2009

El "cine ansiolítico": que se inicie el debate


Óscar Contreras, en su post sobre las películas preferidas en el Festival de Lima pide un debate sobre “el otro cine”. Tiene razón.

Lo inicio, pues, con algunas ideas sueltas que tal vez animen a la esgrima del intercambio de opiniones.

Contreras dice que la intervención del crítico francés Michel Ciment en su conferencia del Festival de Lima “nos ha desarmado”.
Ese “nos” suena a muchos. Yo tengo las armas en su sitio y las flechas en el carcaj y pienso usarlas a modo de argumentación.

Conozco las razones y opiniones de Michel Ciment hace más de 30 años. Leo Positif -la revista que dirige- todos los meses desde 1980. Sus argumentos, por eso, ni me “desarman” ni me sorprenden. Sé de sus gustos, preferencias y “guerras privadas”, como conozco las opiniones de los críticos a los que sigo con cierta regularidad, desde Adrian Martin hasta Jean-Loup Bourget, pasando por Rosenbaum, Jean-Pierre Coursodon, Robin Wood, Kent Jones, Fujiwara, Miguel Marías, Thomas Elsaesser, entre otros.

Pero conocer y apreciar sus opiniones y razonamientos no significa compartirlos ni concordar con sus gustos cinematográficos. Ni Angelopoulos, ni Rosi, ni Boorman, ni Schatzberg, ni Kubrick, ni Altman, ni Greenaway, me parecen genios supremos del cine ni maestros indiscutibles, como piensa Ciment. En fin, es cuestión de preferencias.

Pero de ninguna manera se le puede tener como gurú. Esperar “palabras gratificantes, de coincidencia y complacencia sobre el “otro cine” (como dice Contreras) por parte de Ciment, sólo puede ser expectativa de alguien que no conoce al personaje o que aspira a que sus convicciones reciban la confirmación de un “padrino”.

Ciment es un tipo que cultiva la polémica. Sus editoriales en Positif o sus presentaciones del Festival de Cannes en los apetitosos números especiales de julio-agosto de esa revista, lo prueban una y otra vez. Su blanco preferido: la revista Cahiers du cinéma y algunas de sus preferencias, así como su chauvinismo y el “complejo de Adán” que les lleva a proclamara que ellos inventaron la categoría crítica del "autor fílmico".
Otro blanco preferido de Ciment: el cine de Jean Marie Straub y de Danielle Huillet, cineastas de cabecera para Cahiers du cinéma y punta de lanza de la “vanguardia” minimalista” de cierta franja del cine de autor contemporáneo, desde Chantal Akerman hasta Pedro Costa.
Ciment, entre nosotros, amplió el ámbito geográfico de su “guerra privada” parisina. Al ver nuestro interés por Los muertos y Hamaca paraguaya -cintas que él desdeña- detectó allí el síndrome fatal de Straub-Pedro Costa (grandes cineastas, más allá de lo que opinen Ciment y otros) y soltó su batería, archiconocida.

Bien por eso. Hubiera resultado decepcionante el silencio de Ciment en nombre de algún sentido de la cortesía.

Lo que no logro entender es que Óscar Contreras suponga que alguien esperaba palabras de gratificación para sentirse satisfecho, consagrar sus gustos o recibir la aprobación de un “santón” de la crítica internacional.
La verdad, Óscar, no sé si a ti te pase lo mismo pero yo creo saber lo que me gusta de las películas que veo, sean del “otro” cine o del de más allá, y me tiene sin cuidado recibir palmaditas de felicitación al hombro a causa de mi opinión sobre una película. En todo caso, son las revisiones de la cinta las que pueden aclarar las ideas, pero no necesariamente la opinión de un crítico, que es tan buena o tan mala como mi propia opinión. Ante una película confío, sobre todo, en mis propios ojos. Sospecho que muchos cinéfilos piensan lo mismo.

Ahora bien, ¿qué es el “otro cine”?

Según Contreras, “léase planos de 25 minutos de duración, minimalismo por kilos, efecto ansiolítico e inductor del sueño”.

En la conferencia, Ciment resumió toda una categoría, una tendencia, una escuela, un modo de concebir el cine, en un nombre, el de Lisandro Alonso, artífice máxima de ese "otro cine".

Y lo hizo en respuesta a una pregunta de Antolín Prieto acerca de la forma en que lo digital estaba cambiando la producción, la puesta en escena y hasta la percepción del cine.

Todo lo que dijo Ciment fue interesantísimo, pero totalmente errado. Por una simple razón: puso al cine de Lisandro Alonso como ejemplo de un cine digital que desdeña la composición del encuadre y se complace en la repetición de gestos maquinales y repetitivos a causa de estrecheces de producción que convierten el minimalismo en programa. De paso, confundió las películas de Alonso al decir que el campesino de Los muertos se pasa dos horas cortando un árbol.

Digamos que confundir Los muertos con La libertad puede ser un lapsus. Vaya y pase. Pero poner como paradigma del minimalismo digital de escasos recursos a Lisandro Alonso es una muestra de desconocimiento y confusión muy graves que acaban poniendo en cuestión toda su argumentación.

¿Por qué?

En primer lugar, porque Alonso no trabaja con digital. Es más, hace profesión de fe de lo contrario. Si hay un cineasta del “otro cine” que deslumbra por su uso atmosférico y climático de la fotografía en 35 milímetros es Alonso.
El año pasado, en una entrevista que dio a El Comercio, declaró lo siguiente:

“Para mí, el video es una herramienta que no me atrae en absoluto porque puedo seguir filmando en 35 milímetros. Si mañana no puedo, usaré el video.
¿Esto es por un gusto estético?
Por un tema estético y de seriedad. Concibo más mi forma de crear una imagen si tengo que marcar la economía de la película. Se deben pensar muchas cosas antes de filmar, porque no puedo darme el lujo de repetir millones de veces una toma. Tengo en promedio por película unas cuatro horas de material bruto y no quiero darme el trabajo de editar 300 horas de video. Además, soy más romántico al salir con la cámara pesada. Es una dinámica diferente.”
En segundo lugar, porque pocas películas latinoamericanas recientes tienen tanta preocupación por el efecto expresivo del encuadre como Los muertos. Y no sólo porque sus planos generales del paisaje tienen una sensualidad a flor de piel, sino porque maneja como nadie la articulación del primer término con los fondos (las imágenes de Argentino contrastado con el mundo de la “modernidad” que olvidó en la cárcel) y la repercusión del “off” en el campo visible del encuadre. Bastaría recordar al respecto la imagen final de la película.

En tercer lugar, porque nada hay en el cine de Alonso que permita hablar de estrecheces de producción. La austeridad es, en su caso, un asunto de estilo.

Si a Ciment no le interesa el cine de Alonso, es su elección. Lo que no se puede admitir es que lo caracterice a partir del error. Peor aún: que generalice y construya categorías (la del minimalismo elitista, como veremos en seguida) a partir de la obra de un cineasta, y ni siquiera de toda su obra sino de una película (Los muertos) que tal vez sea la anterior (La libertad) ya que las confundió.

Pero hay más. Ciment declaró: “Lisandro Alonso tiene talento visual, pero encuentro que el suyo es un cine elitista. Para mí, la grandeza del cine es la posibilidad de comunicar con el espectador”

Es curioso que uno de los principales exégetas de Peter Greenaway y de Abbas Kiarostami tache a un cineasta por hacer un cine elitista.
¿O es que acaso lo que admite en un autor europeo o asiático es inadmisible en el territorio “barroco” de García Márquez y Carlos Fuentes, como dijo al mencionar que el cine latinoamericano que le interesa es el de Rocha y Rui Guerra?

Ese parisianismo que dictamina la necesidad del barroco y del realismo mágico como destinos ineludibles de nuestro cine me parece inaceptable. Y que lo diga el crítico que defiende el cine de Bruno Dumont, de Hou Hsiao-Hsien, de Tsai Ming-Liang, entre otros, es muy difícil de entender.

Claro que la grandeza del cine es la posibilidad de comunicar con el espectador. El gran cine de géneros es prueba patente de ello. Pero, ¿hay una sola modalidad de cine?

¿No fue Positif la revista defensora de las cintas de Antonioni y Resnais que parecían más divorciadas del público? ¿No se jugó por La aventura y por El año pasado en Marienbad y por los filmes más “extrañas”, radicales y poco populares del cine norteamericano de inicios de los setenta, como El volar es para los pájaros, de Altman, por ejemplo?

Si hay algo que un crítico de cine tiene claro (porque está en la base de su trabajo), es que cada película tiene su público. Que cada película modela a su público. Que cada película forma a su público. Y el crítico de cine se dirige a esos públicos distintos.

Están las grandes películas de éxito masivo y descomunal, pero también las películas de auditorios pequeños, que crean sus propios sistemas de producción y consumo. Sus microsistemas de existencia. Aspirar a que todo el cine se mida con el rasero equívoco, absurdo e inexistente de un “cine popular” suena demagógico y desinformado o, acaso, la expresión de un deseo populista.

Decir que los cinestas de hoy deben seguir el camino que siguieron Mizoguchi, Ford, Lang, Murnau y Kubrick, como dijo Ciment y repite Contreras, es impreciso, falaz, inaceptable como propuesta en una discusión.

El cine de hace 50 años no es el de hoy. Las condiciones de existencia del cine que encarnaron Mizoguchi, Lang o Kubrick ya no existen. Ni siquiera existe el cine en el que se inició Scorsese. Tampoco está el público que convertía en éxitos sus películas. Un plano secuencia de los tantos que hizo Mizoguchi en sus maravillosas películas causaría ahora un efecto “ansiolítico” en el grueso del auditorio y, al parecer, también en algunos críticos.

Pero vuelvo con Óscar que parece haber tenido una iluminación repentina al escuchar al destellante Ciment. La visita del francés ha sido, al parecer, su “camino de Damasco”, capaz de hacerle abjurar de gustos y preferencias que declaraba hace apenas unos meses, acaso días.

Volvamos sobre su definición del “otro cine”: “léase planos de 25 minutos de duración, minimalismo por kilos, efecto ansiolítico e inductor del sueño”

Me declaro estupefacto con esa definición porque en las listas de mejores películas internacionales y de mejores cintas latinoamericanas de la década que Oscar Contreras publicó en los dos primeros números de la revista Ventana indiscreta, menciona nada menos que los títulos paradigmáticos de ese “otro cine”: Elephant, Lejano, Tres tiempos, Tropical Malady, Honor de caballería, Flandres y, la cumbre máxima, Goodbye Dragon Inn.

Pero más estupefaciente aún es que Óscar consigne Los muertos y Hamaca paraguaya, justamente los títulos que Ciment identifica con ese minimalismo insoportable.

La verdad, no entiendo nada: ¿las listas de Contreras son las de sus películas preferidas o de las más inductoras del sueño?
Lo dejo ahí, por ahora, y que venga el debate.
Ricardo Bedoya

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Por favor , cahier no es una revista de cine, es una revista del audiovisual, q es muy muy diferente. Positif se dedica unicamente a hablar de cine. Los "cienasts" de cahiers "inventaron" su nouvelle vague con el propósito que todos buscan: hacerse ricos y famosos, dirigir divos y divas. La nueva nouvelle vague es haora el digital, pues señor.
"Lo dejo ahí, por ahora, y que venga el debate."...que fácil ahora mi blog se pone interesante. ¿Es que nadie le dijo a Ciment EN SU CARA lo que escriben aquí?..detinmarin....

Enrique M. dijo...

De lo que he leido de Contreras y lo que dice Ciment, no creo que desprecien el ¨otro cine¨, ya que lo consideran cine de calidad, pero hecho para un pequeño público, he ahi el problema para ellos,al hacerse la pregunta ¿por que no hacer un cine de calidad para el gran público, en vez de un cine calidad para una elite?, lo que contesto que no es ni lo uno, ni lo otro, simplemnte se hacen peliculas, el numero de publico que las aprecie y guste es otro tema, las peliculas per se no estan hechas para un grupo en especial, considero esto un absurdo, por lo que no comparto lo señalado por Ciment, ni por Contreras.

Decir que Los Muertos es una pelicula para una elite, es subestimar al publico, ya que la pelicula puede gustar a alguien que precisamente no tenga una gran cultura cinematografica, la sensiblidad no exclusiva del cine, por lo que no entiendo la afirmacion de ¨cine hecho para una elite¨, ya que como repito me parece absurda tal afirmacion.

Particularmente considero a Los Muertos una gran pelicula, en donde la camara nos habla, nos dice todo en silencio, por lo tanto considerar a Los muertos entre las mejores peliculas latinoamricanas, no es raro, lo raro seria no ponerla, ya que la pelicula es deleite para los sentidos.

Anónimo dijo...

¡Que tal mazazo! Y viene del mismísimo Bedoya. Ya estas hecho Oscar. Al toque, sin paltas, asume tu desliz con estoicismo. Di que fue locura temporal (eso no falla nunca). Tírate al piso y acepta que ante los conceptos de Ciment te sentiste un provinciano de la crítica. O argumenta que estabas bajo los efectos de algún potente ansiolítico. Si no te creen, llora como Russell Crowe en Gladiator (cuando descubre que su mujer e hijo están muertos). Y si todo eso no sirve, aún tienes el premio consuelo de tomarte una vaciones permanentes en París, así podrías caminar con tu gurú Ciment y susurrarle: "Michel, I think this is the beginning of a beautiful friendship".
Cordiales saludos.

chico de la cueva dijo...

Bien! como lector del blog, espero argumentos sòlidos como respuesta.

Anónimo dijo...

Buenas noches señor Ricardo Bedoya:
Este comentario no se trata sobre el debate sino un tema aparte, que quizá no tendrá mucha relevancia.
Quería saber sobre la programación de la repetición de su programa "El Placer de los Ojos" que se emite en el canal del estado. También para pedirle que actualize el blog del programa. Muchas gracias.

Saludos,
Renato León.

Rodrigo dijo...

Si Contreras ha definido en esos terminos a el "otro cine", que ni se entere Lorena Cancela. Traición!

No estaría mal que le de una releida a "Los adulterios de la escucha".

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Tipico del Peruano: Al parecer Ricardo Bedoya estuvo en la conferencia de Ciment, pero se quedo calladito. Prefiere debati con Oscar Contreras que con Michel Ciment, una gran oportunidad de ver y escuchar un pequeño debate, pero al parecer el "peruano" se chupo....

Anónimo dijo...

Buenas Ricardo por lo que veo tienes el arsenal cargado capaz de enfrentar con argumentaciones atinadas al comentario de un peso pesado de la crítica internacional.
En primer lugar, el cine de formulas que viene atravesando el cine argentino (señalo dicho cine porque es el único que se menciona) ha sido criticado no solo por cinéfilos sino por la critica porque se siente repetitivo las formulas en querer mostrar el cine y se ha considerado que el cine realizado por el nuevo cine argentino ha buscado en algunos directores la realización de películas para festivales.
Esto causa sorpresa porque se inicio un cine novedoso arriesgado por directores de la talla de Lisandro Alonso, Lucrecia Martel, Pablo Trapero entre otros, que mostraban un cine de toma larga donde el poder de la imagen decía más que las palabras con construcciones de personajes de índole personal.
Esta formula ha sido tomado por muchos directores que vienen bajo el cliché de otro cine cuando es la repetición de formulas y eso es lo reprochable.
Es cierto Ricardo los directores deben buscar nuevas alternativas, formulas, arriesgarse en mostrar algo novedoso aunque hay ciertos cánones que uno sigue no significa que uno se deba limitarse a ello, y por ello es cuestionable lo que menciona Ciment como si el tiempo para el no avanzara, por magnifica que sea el cine de Mizoguchi, ford, Lang maestros indiscutibles, el cine de ellos no pueden ser reproducidos en la actualidad, porque la sociedad y el publico son cambiantes.
Finalmente la apreciación, visualización, comprensión de alguna película es propia no hay intermediación de por medio aunque en ciertos casos hay coincidencias con parte de la critica, eso no quita la valoración que uno da a la película.
Quizás oscar cuan alumno aplicado quiso corroborar con un maestro de la critica todas sus apreciaciones o captaciones de sus películas las cuales no coincidieron y causaron en el una confusión y a preguntarse si de verdad existe ese otro cine que tantos hablan.

Saludos Cordiales
Atentamente,
Jorge Luis.

ricardo bedoya dijo...

Al anónimo de las 9.53. "Típico del peruano": suponer cosas sin constatarlas; hablar sin informarse.

Por supuesto que intervine, no para corregir errores sino para cuestionar todo el planteamiento sobre la "necesaria" vocación por un cine popular. La respuesta de Ciment fue tan interesante como todo lo que suele decir, matizó muchas cosas, pero me dejó isatisfecho. Luego, en compañía de José Carlos Cabrejo y Rodrigo Bedoya, sostuvimos una entrevista-conversación de dos horas sobre estos asuntos y otros más que aparecerá publicada en el próximo número de Ventana indiscreta.

Anónimo dijo...

Recuerdo haber visto Los muertos en el Festival de Lima para después escuchar el comentario de Ricardo Bedoya lo que me ayudó a apreciar mejor la obra de Alonso. En este sentido los festivales juegan un papel importante para acercar "el otro cine" con el público, sobretodo universitario. Bien la explicación de Bedoya en cuanto que cada película tiene su público y el papel del crítico en esa relación. Igual me parece un poco duro, Bedoya, con Contreras.

Anónimo dijo...

Ahora resulta que todas las NANAS de Ciment quieren polemizar sobre el gusto cinematográfico de aquellos que somos cinéfilos, en mayor o menor medida. Cada quien ve el cine que más le atrae, no el que le imponen algunos conceptillos socio estupidizantes y menos la teoría supuestamente interesante de un francés que prefiere una NANA que una buena TETA ASUSTADA. Contreras hace gala de su apellido cuando señala : "Claro que los tiempos que vivimos no son los mismos que los de Mizoguchi, Ford, Lang, Murnau y Kubrick." Entonces Polvos es una entelequia y Chicho Durant saca un libro porque está loco. Los Festivales latinoamericanos están hechos para una minoría que siguen pensando que cambiarán al mundo con tan solo palabras y debates. Masturbación total.

Anónimo dijo...

Conteras es muy confuso, no tiena
las ideas claras. Dice y se desdice.

Anónimo dijo...

Pal anónimo de 14:17: gracias, que buen comentario. "Entonces Polvos es una entelequia y Chicho Durant saca un libro porque está loco"..touché monsieurs! jajaja. Lord of polvos: Blockbuster tiene la culpa....

GUSTAVO dijo...

"Los Muertos" me aburrió como nunca lo había hecho otra película. Ahora resulta que es una de las mejores películas latinoamericanas, mmm. Si se quieren conectar con el espectador, el cine latinoamericano tienen que ser lo más opuesto posible a esa película.

Anónimo dijo...

Pucha, leyendo la respuesta de Oscar "qué dice Harry, qué dice" Contreras, he quedado màs confundido

Anónimo dijo...

Señor Bedoya. La verdad es que hace algún tiempo que no comprende usted nada. Minimalismo es proponer confeccionar listas de películas que no aportan nada sobre un festival pobretón (dicen que digno), y no darse el trabajo de analizarlas entre varios expertos de su blog (no encuentro otra palabra más minimalista), debatirlas y sacar conclusiones que podamos entender y saber apreciarlas.

Porqué mejor no dedican u orientan el debate a educar a nosotros los espectadores en vez de enfrascarse en discutir entre un puñado de supuestos conocedores acerca de un tema intrascendente. Más económico... imposible (minimalismo en su expresión mayor).

Nadie ha mencionado, explicado y menos sustentado porque la película chilena La Nana es superior a La Teta asustada. Ni siquiera Ciment dijo cómo se votó y porqué del resultado. El francés inteligente que ha deslumbrado a tipos poco criteriosos (no Bedoya, no León) se fue y se llevó el secreto.

Filmes inductores del sueño o cine hipnótico, minimalista, ansiolítico... De qué sirven las definiciones. Sugiero que se debata sobre la raíz del asunto... las películas del Festival de la PUCP, sus ventajas y debilidades, porqué no ganó la película de Claudia Llosa o en todo caso aceptaron que participara para que después perdiera con una película interesante pero notablemente inferior. Hay que olvidarse de ese señor Francés.