miércoles, 12 de agosto de 2009

Desde Locarno: Cómplices


“Cómplices” de Frédéric Mermoud
Francia/Suiza, 2009

La entrega y curiosidad de la adolescencia es contrastada con la soledad y reserva de la adultez. En la perspectiva adolescente, el amor no tiene fronteras, no impone condiciones, gusta de experimentar y crea lazos afectivos poderosos e indestructibles.

Vincent se prostituye con hombres por dinero y Rebecca está terminando la secundaria. Ambos se enamoran a primera vista, hay un magnetismo particular que es envidiado por los demás. Cuando Vincent le rebela a Rebecca lo que hace, ella inicialmente huye. Sin embargo, el deseo vence la timidez y se entregan por completo mostrando su intimidad a los “clientes” de Vincent. En este ambiente hostil, ambos se dan cuenta de que están muy enamorados. Los adolescentes protagonistas son capaces de defender su amor contra todo y contra todos, aún a costa hasta de su vida.

Mermaoud logra mantener la expectativa contando la historia a manera de crónica policial, delineando claramente dos mundos enfrentados: el mundo adolescente y el adulto. Sólo dos meses durará el idilio. El cuerpo sin vida de Vincent es encontrado en el río Rhône y Rebecca está desaparecida. El teniente Hervé Cagan y su compañera Karine Mangin están encargados del caso. Desde su punto de vista nos informamos de lo sucedido. Sin embargo, Mermaoud no quiere hacer un análisis social de la adolescencia y deja el destino de sus protagonistas en sus mismas manos.

El teniente Hervé en su afán de comprender lo sucedido, revisa en su propia existencia los rasgos de sus errores adolescentes. En la adultez, de acuerdo a las decisiones tomadas, la vida se torna solitaria, imposibilitada de encontrar amor, se regresa a una casa vacía y somos abiertamente francos. Esto último le sucede a Karine, quien no duda en pedir una “donación especial” para poder ser madre.

Por un lado, en el mundo adolescente, Mermaoud es elíptico, fugaz, detallista y puntual. Por otro lado, en el mundo adulto, se vuelve más estático y con planos largos. Bien podría decirse que tenemos dos películas en una, pues ambas funcionan como historias separadas y es sólo hacia el final donde se entrelazan verdaderamente.

Mermaoud lleva a los adolescentes al límite. Están al borde de la pasión, al límite del deseo, jugando con su destino, tomando todo lo que el mundo les ofrece con un instinto de supervivencia. Los adultos, por su parte, se encuentran entre el deber y la “rebelde bondad” que les recuerda su adolescencia. Capaz pensando que si resuelven este caso sumido en el “caos”, entenderán mejor su propia vida.


Flor Preciado de Renggli

Locarno, Suiza