sábado, 15 de diciembre de 2012

Leon Frias responde a Beteta


Isaac León Frias remite la siguiente respuesta al articulo de Juan Jose Beteta.

"En un extenso artículo publicado en el blog CINENCUENTRO y titulado "APRECI cumplió seis años", Juan José Beteta hace una serie de referencias a la necesidad de institucionalizar la APRECI a partir del diálogo y la tolerancia y esgrime para reforzar sus argumentos la experiencia de otros sectores. Asimismo, alude a la invitación al debate que realicé en este blog.

De entrada, y aunque no empiece por sus argumentos iniciales, creo que los ejemplos que señala Juan José como refuerzo de su llamado a la construcción institucional de APRECI no son pertinentes, porque corresponden a campos de actividad productiva en los que los intereses económicos están en primer lugar: la industria minera, la industria televisiva y la Industria (por lo menos en un sentido amplio de industria) gastronómica. En todas ellas, la eficacia productiva y las utilidades están en el centro mismo de esas prácticas. Nada que ver con una asociación de prensa cinematográfica, que ni siquiera es un gremio en sentido estricto, porque prácticamente nadie vive del periodismo cinematográfico en el Perú y si hay unos pocos esos no están en la APRECI.

¿Qué cosa es la APRECI, entonces?  Un grupo de gente que escribe de cine de una u otra forma y cuyo único lazo de unión es ese, pues ni viven de lo que escriben ni están unidos por otros fines que no sean más o menos declarativos y muy poco tangibles como la defensa de la actividad, la promoción de la cultura cinematográfica y la colaboración entre los miembros.

Pero, de hecho, la APRECI nació con un vicio de origen promovido por el propio Klaus Eder, Secretario Ejecutivo de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI), que fue, como ya lo he dicho, estimular la formación de la asociación a partir de la necesidad de contar con críticos peruanos en los jurados de la FIPRESCI en festivales internacionales. Y la experiencia de los seis años de la APRECI lo viene demostrando con amplitud. Dice Beteta que la APRECI ha participado en festivales o muestras y ha organizado un debate sobre la crítica. Quisiera pedirle que me recuerde cuáles han sido esos festivales y cuándo fue ese debate, pues me hubiese gustado estar allí para expresar mis puntos de vista.

A no ser que se refiera al debate que se realizó en junio del 2009 en el Centro Cultural de la PUCP, que ni siquiera fue una iniciativa de la APRECI, sino un pedido hecho por quienes concertamos el debate. Pedido que le hice también en otras ocasiones a Gabriel Quispe, sin que se concretara nada. En cambio, hasta donde sé, no se quedan sin respuesta los pedidos de Eder para enviar representantes a jurados.

Más aún, y ahí está el testimonio de los que fueron dejando esa asociación, la APRECI no fue capaz de articular de manera adecuada las actividades que su propio estatuto establecía. Juan José dirá que eso se debe a la inmadurez de los primeros tiempos. Pero han pasado seis años y no hay el menor atisbo de que la APRECI haga algo más que enviar jurados a festivales. Y las escasas críticas que se han hecho a esa desidia son respondidas con la exclusión, como si ellas hubiesen sido insultos graves. El caso del rechazo a la admisión de Oscar Contreras por un like en el facebook merece pasar a una antología del ridículo, por no decir de las infamias menores . Sólo ese hecho, y dejando de lado todos los antecedentes, descalifica por completo a la APRECI. Eso no es una simple metida de pata o torpeza, es un despropósito que no debe tener precedentes en la historia de las instituciones democráticas.

Pero, además de no cumplir con sus fines declarativos, y de actuar de manera negligente y discriminatoria,  la APRECI no es una asociación representativa: no están en ella los periodistas cinematográficos de mayor antigüedad y continuidad en la práctica (De Cárdenas, Bedoya, Silva) ni  otros con una experiencia mayor de quienes la integran (Lizarzaburu y Servat, por ejemplo). Incluso, el retiro de esa asociación de alguien tan irreprochable como Emilio Bustamante me parece altamente significativo. Juan José y otros dirán que se fue por una razón de solidaridad con los amigos que no fueron aceptados. Conociendo a Emilio, y sin haber comentado con él las razones de su renuncia, estoy seguro de que las causas de esa salida tienen que ver con las críticas que estoy exponiendo (y seguramente algunas más), porque Emilio sería incapaz de preferir la amistad a los principios en los que cree y defiende. Más aún, siendo así que Emilio fue uno de los más entusiastas participantes en la creación de la APRECI.

Hay otras consideraciones expuestas por Juan José que merecen comentarse. Él defiende el diálogo y la tolerancia. Yo también, y trato de argumentar lo más que puedo, y sí califico algunas cosas con energía, como esa insensatez del like. Reconozco que a veces pierdo la calma frente a las necedades,las mezquindades o las insidias. Nunca frente a los argumentos razonados. Jamás incurriría en un exceso en contra de Beteta, por ejemplo, porque puedo estar en desacuerdo con él, como lo estoy, pero no dejo de reconocer que tiene una buena disposición, aunque me llama mucho la atención el hecho de que haya participado en esa votación que excluyó a los tres solicitantes del ingreso a la APRECI. Pero yo no escribo ni opino para quedar bien con nadie, sino en todo caso con mi propia conciencia, y por eso quiero decir que Juan José tiene, en mi opinión, una visión casi idílica de las relaciones humanas.

No son así las cosas y menos en un medio, como el intelectual, donde las posiciones son con frecuencia irreductibles y donde se barajan diferencias que, con frecuencia, están reñidas con la participación en asociaciones o sindicatos con normas, elecciones y privilegios. Eso no quiere decir que haya que decretar la guerra interpersonal, pero esos deseos de confianza y casi de concordancia (la búsqueda del 'pensamiento común') a los que alude Beteta, son, en realidad, buenos deseos y nada más. Lo que se puede hacer es debatir e intercambiar ideas con altura y respeto, como el que tengo por Juan José, y por eso le vuelvo a proponer a él y a a Gabriel un debate público amplio. Dejemos de lado, si quieren, la APRECI. Tratemos el tema de la crítica de cine en el Perú. No para lograr ningún consenso, cosa en la que no estoy de acuerdo con Juan José, pues creo que existen diferencias que no se pueden conciliar, sin que eso signifique la incomunicación o el enfrentamiento. Se pueden procesar razonable y civilizadamente esas diferencias. El debate en público es una forma de hacerlo."

Isaac León Frías