miércoles, 3 de septiembre de 2008

Festival de Valparaíso: al rescate del cine del pasado


Se acaba de realizar en la ciudad de Valparaíso (a la que se sumó la sala de Cine Arte de Viña del Mar) la décima segunda edición del Festival de Valparaíso, que es un certamen abocado a la exhibición del cine restaurado, tanto de Chile como de otras partes. Es, por cierto, el único evento de este tipo en América Latina y su continuidad se ha visto reforzada en los últimos años por el apoyo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, un organismo del Estado que destina fondos para los diversos festivales que tienen lugar en el país, entre ellos el de Viña del Mar y el de Valdivia.


La especialidad del Festival de Valparaíso está, asimismo, favorecida por el gran impulso que ha cobrado en los últimos tiempos la recuperación y restauración del cine chileno del pasado, especialmente a partir de la creación de la Cineteca Nacional, que dirige Ignacio Aliaga, y que tiene a la especialista Carmen Brito como el principal artífice de la nueva vida que adquieren los filmes de antaño. El mismo organismo que respalda a los festivales, hace otro tanto con los archivos. No tenemos nada parecido en el Perú y la Filmoteca de la PUCP carece de los mínimos recursos para las urgentes tareas de restauración. El propio gremio cinematográfico peruano no es consciente, salvo pocas excepciones, de la imperiosa necesidad de darle permanencia y hacer visible el cine hecho no sólo hace 60 o 70 años (o lo poco que queda de él), sino también el de las últimas décadas, que corre el riesgo de perderse. No hay negativos accesibles, por ejemplo, de las películas de Armando Robles Godoy y las copias a la mano (mayormente en DVD) dejan mucho que desear.

En esta última edición del evento porteño o valpo, pudimos ver las magníficas recuperaciones de Hollywood es así...(1944), de Jorge Délano, Río abajo (1944), de Miguel Frank, La mano del muertito (1948), de José Bohr y Largo viaje (1967), de Patricio Kaulen, cuatro largometrajes de ficción chilenos. Entre ellos, Largo viaje (en la foto) es la gran sorpresa en términos creativos. Menospreciada en su época (me incluyo) por considerarla parte del viejo cine latinoamericano, es una crónica social que, a la manera de algunos films mexicanos de Luis Buñuel, enhebra los motivos del azar, el destino, la pequeñez de la condición humana, en una estructura que liga y alterna dos historias. Con una escena de antología (el sepelio de un párvulo, al que se le sienta con dos alas unidas a los brazos), Largo viaje trasciende el registro naturalista para acceder, sin romper el realismo del relato, a una dimensión casi delirante.


Una nueva versión restaurada (la cuarta) del clásico silente El húsar de la muerte (1925), de Pedro Sienna, más un amplio surtido de cortos y vistas informativas completaron el panorama del material chileno devuelto a la vida fílmica.

Además de esas películas se exhibieron las copias aún no restauradas de los dos primeros largos de Helvio Soto, Lunes 1, domingo 7 (1968) y Caliche sangriento (1969). A diferencia de la casi nulidad de la primera, Caliche sangriento resulta, vista hoy en día, mucho mejor de lo que pareció en su época: una aventura suicida en medio del desierto, en el marco de la guerra del Pacífico, que por ratos se aproxima al clima de algunas cintas de William Wellman o Raoul Walsh.

Fuera del acervo chileno, hubo una muestra del sello alemán Film Museum, con Sinfonía Dombasa (1930), de Dziga Vertov, Gente en domingo (1930), de Robert Siodmak y Edgar Ulmer, entre otros títulos. La versión remasterizada de Berlin Alexanderplatz (1980), el extraordinario film de 15 horas de Rainer Werner Fasssbinder que también se exhibió en el marco del último Festival de Lima, así como una retrospectiva dedicada al cineasta chileno Sergio Castilla, entre otras muestras, ampliaron el marco de un evento relativamente pequeño, si se le compara con otros, pero con un perfil propio muy diferenciado.

Un taller de música en el cine, a cargo de Jorge Arriagada, habitual compositor de las cintas de Raul Ruiz, y la competencia nacional de documentales, en cuyo jurado estuve, y que no tuvo este año el nivel de las anteriores (no hubo nada a la altura de Calle Santa Fé, Arcana o El tiempo que queda), completó la oferta de la edición de este año dedicada a la memoria del crítico Sergio Salinas Roco, de cuyo fallecimiento hace casi 10 meses informamos en este blog en su momento.
Isaac León Frías

5 comentarios:

Anónimo dijo...

qué pasa con la Filmoteca de la PUCP?

Anónimo dijo...

Una pena. La poca capacidad de anticiparse al futuro no es algo privativo de Burga y los gobiernos de turno. Es casi un patrimonio nacional del Perú.

Anónimo dijo...

La Filmoteca debería organizar una muestra de películas restauradas.

Anónimo dijo...

Irela Nuñez, con estudios de restauración en varios países de América, Europa y Asia, ha recuperado varios noticieros, documentales e incluso rollos de largometrajes peruanos. Sin apoyo alguno y padeciendo el ninguneo de la Filmoteca y de todo el establishment, viene realizando, con sus propios recursos y actualmente a distancia (radica en Italia y trabaja en Cinecittá), una labor ciertamente imprescindible.
Aprovechando la reseña sobre el Festival de Valparaíso y la labor de arquelogía cinematográfica que se viene llevando a cabo en Chile, ¿no hay forma de que la Filmoteca o algún otro instituto de mayor seriedad invite a Irela a impartir un curso sobre restauración?
Información sobre su trabajo:
http://www.cinencuentro.com/2007/11/05/entrevista-a-irela-nunez-del-pozo-restauradora-filmica/
http://www.cinencuentro.com/2007/10/14/irela-nunez-del-pozo-y-mario-lucioni-en-la-26-jornada-de-cine-mudo-de-pordenone/
http://www.fest21.com/tags/irela_nunez

Isaac León Frías dijo...

Sí, Irela Nuñez está haciendo un
buen trabajo y a partir de muy escasos recursos. Con el mérito
adicional de que no vive en el Perú, aunque para efectos de la restauración lo deseable sería que
estuviera instalada aquí y que desde aquí activara el Archivo que dirige con Mario Lucioni. Pero es cierto: las condiciones para la restauración en nuestro país son
deplorables y se hace imperioso
buscar fuentes de apoyo extranjeras.