sábado, 14 de agosto de 2010

Festival de Lima: última entrada


El Rati Horror Show
"Rati" es el término con el que se llama en Argentina a la policía corrupta, y Enrique Piñeyro se lanza con todo a denunciar un caso de manipulación de pruebas con el fin de condenar al chivo expiatorio que permita encubrir la brutalidad de una intervención policial.

La cinta es una interesante recapitulación de los hechos manipulados para incriminar a un inocente, pero lo más atractivo es la utilización de recursos singulares para ello: efectos especiales, muñecos con los que se dialoga, revisión de archivos digitalizados para la edición de la película. A la manera de un Michael Moore más escrupuloso pero no menos narcisista, Piñeyro centra la película en sus intervenciones, deducciones, ironías. Es un showman de la denuncia y, por ratos, resulta sofocante.

Hotel Atlántico
Un actor emprende un viaje que se quiere azaroso, marcado por lo absurdo y lo imprevisible, expresados en situaciones que no obedecen a la lógica causal y entremezclan lo insólito con lo cruel y lo sorpresivo.

Dicho de esa manera todo puede sonar atractivo y sugerente. A algunos les puede recordar "Barton Fink", a otros Buñuel, a otros la trama misma de las cosas cotidianas, reacias a seguir cualquier libreto.

Nada de eso hay aquí. La imprevisibilidad y el absurdo son ideas escritas en el guión pero ignoradas por la puesta en escena, siempre impávida, inalterable, pálida, ilustrativa, ajena al misterio, a la inquietud, a la verdadera conmoción que puede causar la irrupción de lo aleatorio, que todo trastoca.

Crónicas chilangas
Los 20 primeros minutos hacen pensar en la variación chilanga de una película de Todd Solondz con sus personajes "raros", fronterizos, obsesivos, marcados por una visión extrema de la vida, cruzando sus destinos para dar cuenta de una realidad social más amplia, a la manera de un retrato de costumbres renegrido y hasta sórdido.

Lo que sigue va por el lado contrario; los personajes extremos se vuelven pintorescos, graciosillos, esperpénticos. La secuencia de la venganza sexual en el hostal es de bochorno en su trazo grueso.

Ricardo Bedoya