domingo, 8 de agosto de 2010

Festival de Lima: Alamar


Alamar ganó el premio principal del reciente Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI). Es curioso comprobar que en un festival caracterizado por la radical y hasta incómoda novedad de las películas programadas, triunfe una cinta como “Alamar”. Y no es que sea una película desdeñable. Al contrario. Es sólida, atractiva y hasta notable en algún momento, como el del "entrenamiento" del ave. Se construye, además, sobre una idea atractiva, la del padre y el hijo que visitan un paraíso natural antes de separarse pues el chico irá a vivir con la madre en la contaminada Roma. Es la última mirada a un mundo que el muchacho tal vez perderá para siempre.

Pero “Alamar” es también una cinta adornada, compuesta, acicalada, perfumada, afeitada, sofocada por la laboriosa armonía de los encuadres, exigida por demostrar la belleza de lo que ya sabemos bello, afanosa por poner cada pieza en el lugar justo para que la imagen quede primorosa.

Viendo las escenas de pesca de “Alamar” recordaba las de “Stromboli”, de Rossellini, esa película sobre el inefable descubrimiento de lo natural. Descubrimiento áspero, rugoso, tenso, intenso. La mirada rosselliniana descubre el mundo junto con nuestra mirada. “Alamar” no descubre; muestra, ilustra, invita a que nos asomemos al visor de la cámara para apreciar el simétrico acierto con que se compuso cada encuadre. Estetiza, es decir, domestica la imagen de la naturaleza.


Ricardo Bedoya