lunes, 2 de agosto de 2010

El origen


En su primera mitad, “El origen” (“Inception”, de Christopher Nolan) es una atractiva, original y extraña película de “misión criminal”. Dom Cobb (Leonardo DiCaprio) es un experto en penetrar en el subconsciente de las personas para robar sus más recónditas ideas durante el sueño. De pronto, recibe una propuesta desafiante, riesgosa y perversa: no robar una idea sino “sembrarla” en la mente del heredero de una poderosa corporación.


Convertido en líder de la misión, recluta a un equipo de profesionales. Como si fuese a penetrar en un búnker o a abrir la bóveda protegida de un banco, Cobb coteja las destrezas de sus colaboradores y con ellos planea la estrategia de los sueños e imagina su arquitectura. Porque de eso se trata: de diseñar los escenarios, a cual más laberíntico, que permitan implantar una idea o convicción, pero también su aceptación por el soñador. En el laberinto hay una Ariadna (Ellen Page) que construye lo imaginario a la vez que alerta de los peligros de dejarse atrapar por él.
Hasta ahí, “El origen” se mueve entre la disciplina del filme de “atraco” planeado y la fuga hacia lo fantástico y la ciencia-ficción, es decir, transcurre entre lo usual y lo inesperado. Mientras crece la expectativa por asistir a la comisión del crimen, como en las buenas películas de género, saltamos del África a Europa y nos enredamos en la exposición de los mecanismos del sueño mientras se pulverizan las leyes físicas y vemos a París que se convierte en cielo de sí misma, en un despliegue de efectos especiales que pone en vitrina los 200 millones de dólares que costó la producción.


En la segunda parte, que muestra la ejecución del “golpe”, la película se “normaliza” a pesar de sus inmensas pretensiones. Es decir, adopta las resoluciones típicas del “blockbuster” de acción a despecho de sus intentos por convertirse en una suerte de “Ciudadano Kane” de la era virtual (“Kane + Matrix”). Y no es antojadiza esta asociación, ya que varios ingredientes del clásico de Orson Welles están ahí: desde el personaje que trata de desentrañar el imaginario de otro a partir de un significante elusivo (Rosebud en “Kane”; el sueño a implantar) hasta el espejo que multiplica al infinito el paisaje real y lo convierte en pura ilusión; desde la vertiginosa organización de los hechos narrados desde distintos puntos de vista (recuerdos allá, sueños aquí), hasta la idea del laberinto como forma esencial del universo. Pero, sobre todo, la imagen final de la cinta haciendo las veces de clave, Rosebud o hilo de Ariadna.




Ricardo Bedoya

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Una referencia a Ciudadano Kane es también el molino de juguete que se "descubre" en la "caja fuerte" haciendo alusión a la infancia feliz de uno de los personajes

Anónimo dijo...

EL final que resignifica todo

Anónimo dijo...

Los dos Batman son mejores de lejos

Carmen Angélica dijo...

Todavía no la he visto, pero me hace recordar a una película animada de Satoshi Kon (el director de "los padrinos de tokio") que se llama "Paprika" que narra la historia de un invento que le permite a una sicoterapeuta entrar a los sueños en forma de una chica de nombre paprika, y ayuda a sus pacientes... en fin , es bien interesante mas que nada por la innovacion visual que tiene la pelicula y aprovecho la ocasión para preguntarle a los editores de este blog si habrán hecho criticas a alguna pelicula animada como "Persepolis" o las "Trillizas de Belleville" que son como las mas "conocidas recientemente". gracias de antemano por los comentarios de las peliculas del festival de lima!