miércoles, 23 de abril de 2008

Sobre Luz Silenciosa y el estilo trascendental (Primera Parte)



José Carlos Cabrejo envía este ensayo sobre Luz silenciosa, vista a la luz del "estilo trascendental" estudiado por Paul Schrader. Dada su extensión, se publica en dos partes para facilitar su lectura


trascendencia.
(De transcendencia).
3. f. Fil. Aquello que está más allá de los límites naturales y desligado de ellos.
Diccionario de la RAE


El tercer y último largometraje de Carlos Reygadas representa una colectividad menonita, caracterizada por su profunda y singular fe cristiana, en una localidad de México. En medio de su cotidianeidad, apreciamos la vida de Johan, quien tiene una familia conformada por Esther, su esposa, y varios hijos. El personaje soporta un gran dolor por estar intensamente enamorado de otra mujer, Marianne, contradiciendo así los mandatos religiosos de su comunidad.

Luz silenciosa (Stellet licht, 2007), en su estreno en la cartelera comercial, presenta un nuevo montaje, con pequeños cambios en relación a su versión original exhibida en el pasado Festival de Cine Latinoamericano de Lima. Verla de nuevo, implica encontrar una serie de detalles difíciles de percibir en un primer visionado, y que la enriquecen aún más. Su puesta en escena posee un rigor evidentemente sustentado en aquello que Paul Schrader denominaba el estilo trascendental. Para el director y crítico de cine norteamericano, aquel estilo consiste en la revelación o expresión de lo Sagrado o lo Santo, aunque bajo una estructura basada en tres fases que no necesariamente cumplen todas las películas que tocan temas religiosos o afines: lo cotidiano, la disparidad y la estasis.

I. LO COTIDIANO
Lo cotidiano se basa en plasmar minuciosamente en la pantalla los momentos banales o tediosos de la vida. El empleo de un ritmo lento y del silencio son algunas de sus características. No obstante, aquellos rasgos se justifican por prepararnos a la súbita llegada de un hecho increíble, difícil de explicar o hasta milagroso. Luz silenciosa representa lo cotidiano sobre todo en sus primeras secuencias: la cena inicial en la casa de Johan, el baño de sus hijos en el estanque, entre otras, fluyen a través de encuadres que se dilatan sosegadamente y que ante todo representan la dimensión más trivial de la existencia de sus personajes. No obstante, todo ello hará que la escena más sorpresiva del filme nos impacte con una mayor potencia: la resurrección de Esther, que ocurre en la película de pronto, sin explicación alguna.

La primera fase del estilo trascendental en la cinta también deja entrever, en su propia esencia visual, cómo es el día a día de Johan, el protagonista. La presentación de este personaje en el comedor de su casa, mientras reza con su familia, se da a través de una composición absolutamente simétrica. Aquel hecho es reemplazado varios minutos después por su inconsolable llanto, cuando se queda solo en la mesa. En ese sentido, la rigidez de la composición visual es también una rigidez religiosa, aquella que le prohíbe sentir amor por una mujer que no sea su esposa, de la misma forma en que lo obliga a repetir mecánica y diariamente una oración antes de cada comida.

II. LA DISPARIDAD
A pesar de que lo cotidiano en el cine apela a lo rutinario y previsible, poco a poco puede dar señales de que algo desconocido o misterioso vive a través del medio ambiente. Las escenas de exteriores se presentan a través de hermosas vistas panorámicas de paisajes naturales, que acompañan a sus personajes realizando diversas actividades. Sin embargo, la cohesión compositiva que caracteriza a la representación del ser humano y su entorno evade cualquier afán esteticista, porque lo que pretende es comunicarnos la unión que se trasluce entre ambos elementos, sugerir de manera progresiva que en el fondo el hombre y la naturaleza están enlazados como un solo ente, como unidad.

No es casual que se incluyan secuencias en que lo artificial (creado por el ser humano) y lo natural conviven armónicamente: aquella en que Esther corta espigas con la máquina segadora, o esa otra en que los padres de Johan extraen la leche de las vacas con procesos tecnológicos.

Esas señales enigmáticas tienen que ver con la segunda fase del estilo trascendental: la disparidad. Para Schrader, consiste en la sospecha que tiene el espectador de que quizá exista algo más allá de la vida cotidiana, algo sobrenatural. Otro de los momentos de la película que forma parte de este trayecto del estilo trascendental, y que también plantea una intrigante relación de lo humano y lo natural, es aquel en que Johan, después de haber tenido relaciones íntimas con Marianne, ve una hoja de cedro rojo caer desde el techo de la habitación sin que se sepamos el porqué.

La disparidad en el estilo trascendental se cierra con la acción decisiva, descrita por Schrader como “una explosión de emoción espiritual totalmente inexplicable dentro del contexto de ‘lo cotidiano’… Hecho increíble que ocurre dentro de la realidad banal y que debe ser entendido con fe”. Como en La palabra (Ordet) de Carl T. Dreyer, cinta a la que Luz Silenciosa homenajea en su clímax, el filme exige que aceptemos, sin que nuestra razón interceda, la resurrección de una mujer. Una de las virtudes mayores de la cinta de Reygadas es citar una de las más fabulosas escenas de la historia del cine sin hacer el ridículo. El mexicano, como en Japón y Batalla en el cielo, demuestra una maestría a la hora de confeccionar atmósferas místicas, que sugieren lo inaccesible, lo inefable, lo inalcanzable: la trascendencia. Los cánticos funerales en el velatorio de Esther, así como la limpieza ritual de su cadáver, hacen de la disparidad de Luz Silenciosa un modo de hacer sentir lo inmaterial, de percibir una vibración sacrosanta. Todo ello nos conmueve en tanto nos hace captar aquella energía divina que realizará lo imposible.

La disparidad se basa también en un sufrimiento profundo que se da en medio del conflicto del hombre con un entorno gélido, falto de emociones. Johan y Marianne, tal como se nota en su escena sexual, se encuentran afectados por una pena insondable y a la vez unidos por un amor de espíritu adolescente (recordemos el intenso beso de ambos en el monte, que recuerda uno de los apasionados ósculos de Gertrud de Dreyer), que entra en conflicto con el orden que les impone su comunidad, implícito en los diálogos que Johan tiene con su padre. Sus actos de infidelidad, en palabras de este último, son “obra del maligno” (el texto continúa en el post que se encuentra a continuación).

21 comentarios:

Anónimo dijo...

Huachafo.
(De huachafería)
2. Dícese de la persona con mal gusto y/o extrema pretensión cuyas opiniones transitan entre lo pomposo y lo cursi.

Diccionario de la RBD

Anónimo dijo...

Copio este comentario del crítico argentino Quintin

Conocí a Carlos Reygadas hace unos ocho años, cuando apareció en Rotterdam con Japón, su primer largometraje, una película interesante y promisoria. Pero el tipo era algo más que el director debutante con talento y ansiedad por su carrera. Revelaba una ambición enorme, la de ser un maestro del cine, una meta deseada con una intensidad infrecuente en estos días (y supongo que en otros). La inteligencia y la originalidad de Japón no daban, sin embargo, para pensar que el director figuraría en poco tiempo entre los grandes. Escribí entonces que se tomaba por Tarkovski sin estar del todo preparado para serlo. Así, no me sorprendió que su segunda película mostrara el lado más oscuro de la ambición: el deseo de triunfar a toda costa empezando, por ejemplo, con una Palma de Oro en Cannes. Batalla en el cielo casi lo consigue pero a costa del exceso: quiso ser una película grandiosa, pero se perdió en la pompa, la alegoría y el sensacionalismo. Y me irritó muchísimo.



Reygadas insistió poco después y volvió a ser invitado a Cannes con Stellet Licht, aunque esta vez con menos éxito entre los críticos. Fue una gran sorpresa comprobar que esta sí es una gran película, acaso la primera obra maestra de Reygadas. Dudo en utilizar el término, porque el problema con los directores ampulosos es que solo trabajan en ese rango de lo genial y están siempre al borde de convertirse en una caricatura de sí mismos. Pero Luz silenciosa no es pura ambición sino una película de enorme originalidad y de una garra artística y un sentido del cine que quitan por momentos la respiración.

Johan y Esther tienen seis hijos y forman parte de una insólita comunidad de rubios menonitas que habitan en el campo mexicano y hablan un raro dialecto germánico. Johan es profundamente religioso (es hijo de un pastor) pero se enamora de Marianne. La película empieza cuando la relación ya lleva dos años y Johan cree que debe decidirse por una de las dos mujeres (la esposa está enterada de todo por su boca). Reygadas, con su nuevo director de fotografía Alexis Zabe, filma imágenes extraordinarias del campo, de las casas, de la familia y a los personajes comportándose con callada solemnidad, exponiendo un sufrimiento inesperado que no saben si atribuir a dios o al diablo. El director apuesta a que el hieratismo de los personajes (siempre mirados mediante planos pudorosos, siempre más alejados de lo que marcan las convenciones), la magnificencia de los espacios abiertos y los interiores de juguete tengan una verdad en su extrañeza, en su aparente ingenuidad, completamente ajena a los dramas conyugales que acostumbramos padecer en la pantalla. Reygadas sortea también el peligro Lars von Trier de la emoción amatoria y religiosa desbordada mediante una extraordinaria sobriedad que impide que el secreto estar en el mundo de los personajes se transforme en obvio. Hay en la película, en cambio, un misterio, una preocupación pictórica y un refinamiento de las tomas que apunta siempre a un equilibrio superior al de los dos primeros films del director.

Todo eso hasta la media hora final. Antes de que Reygadas intente un tour de force impensable y salga completamente airoso de él. Hasta hoy, pensaba que sólo Dreyer en Ordet pudo filmar una resurrección sin hacer el ridículo (aunque, por supuesto, no logró en su día evitar la sorna de los críticos de medio pelo). Me sigue asombrando que Reygadas se haya arriesgado a hacer algo semejante, y más me asombra que le haya salido bien. Creo que eso se debe a tres factores: el clima previo que justifica el milagro, la naturalidad de la escena y el desenlace posterior de una belleza que corona una película lograda, de las que hacen pensar que el cine sigue siendo un territorio fértil para la invención. Luz silenciosa es una de las películas que hará recordar este Bafici.

Anónimo dijo...

No creo que solo el estilo trascendental se pueda identificar con esas fases ya que el esquema se aplica también a algunas películas de terror donde lo cotidiano se altera por un hecho inexplicable o incierto, dispar, a lo que sigue una fase de reposo, encuentro y reconciliación que deja a los personajes creyendo en otra realidad. Inclusive la duda intermedia de si lo que ocurre es obra de Dios o del maligno se ubica en el mismo lugar. Al final todos "asumen con naturalidad" lo ocurrido. Piensa en El exorcista.

Anónimo dijo...

From David Bordwell

Many art movies can seem inert in their storytelling—over-under-dramatized, we might say. Carlos Reygados’s Silent Light (2007) escapes this trap. Slow and static, it is suffused with a stark calm that gives gravity to a love affair between a stolid farmer and a woman who runs a café. Planimetric compositions are used imaginatively, and the soundtrack makes daring use of offscreen noises. As an old Dreyer fan, however, I have to worry about the film’s relation to Ordet. Dreyer’s film isn’t exactly ripped off or cited, but it floats behind this one like a spectre before materializing at the climax, perhaps in overbearing fashion. Ordet, suffused with religious debate, earns its miraculous finale, while Silent Light, for all its austerity, is a film of the flesh, and its spiritual coda seems to me somewhat forced. But I’m willing to be convinced otherwise

Anónimo dijo...

ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ.
¿Para qué tanto cuento? Ya CUALQUIERDÍA hizo el apunte más agudo sobre Reygadas publicado en este blog, y tal vez en cualquier otro lado. La artificialidad excesiva y gratuita que es marca de estilo del mexicano, la que apenas dejaba vislumbrar ciertas virtudes plásticas en Japón y la que llevaba al ridículo a Batalla en el Cielo, también se encuentra en Luz silenciosa, pero "absorbida" por su materia, por ese entorno que parece suspendido en el espacio y el tiempo, y que puede fascinar por su misma extrañeza.
¿Es Reygadas el gran maestro que parecen loar Bedoya y adláteres? Para arriesgar respuesta, habrá que esperar una cuarta película, en la que podría volver al vacío estético, a la exposición errática y al barato sensacionalismo del sexo explícito con una vieja decrépita o entre la bella y la bestia de sus dos primeras películas; o en la que, por el contrario y conteniendo su propensión a ser el enfant terrible de moda, podría seguir el camino de la contempación, discreción y tenue solidaridad con sus seres, inaugurado en Luz silenciosa, película notable.
Queda una interrogante: ¿por qué tanto interés, tanta reverencia en este blog por esta obra? Pareciera que para los redactores ésta es la más grande película de la historia. ¿En verdad lo creen, lo sienten? O es más bien que los estándares de calidad han tenido que bajar bastante, ante la escasa producción actual de obras de valor a escala mundial, y a la nula distribución de ellas en este país. Un poco de mesura: Luz silenciosa está a años luz de las obras de Ozu, Bresson u Dreyer, los autores analizados por Schrader en el libro que Cabrejo cita y, de paso, destroza.

JCCC dijo...

Hola Anónimo de las 16:24. Te respondo en el post de abajo ("Sobre Luz Silenciosa y el estilo trascendental (Segunda Parte)").

Saludos,

José Carlos Cabrejo

Anónimo dijo...

Dan verguenza ajena comments como ese que menciona la huachafería,
cuando el análisis de Cabrejo es tan preciso y claro. Hay lectores que se equivocan de blogs y por eso
se quedan en la luna frente a trabajos un poco más elaborados, pero muy bien explicados, como el de Cabrejo.

Ricardo Bedoya dijo...

Respuesta al anónimo de las 18.09.
Nadie reverencia nada ni ha dicho ni insinuado que sea la mejor película de la historia. ¿Dónde está escrita tal cosa?

Luz silenciosa, como tantas otras películas, puede ser analizada, leída, interpretada, comentada desde ángulos y perspectivas distintas. Y no necesariamente valorativas. Eso es lo que hemos hecho. Ofrecer lecturas de la películas.

¿Que es mejor que Dreyer, Ozu o Bresson? Nadie lo ha insinuado siquiera. Si esos nombres hasn salido a colación es porque se ha comparado, referido y situado. No se han medido méritos ni calidades. Si alguien lo ve así, allá él.

A algunos nos parece una notable película y no tenemos empacho en decirlo. ¿Que si la próxima de Reygadas será mejor o peor? ¿Y eso que importa a la hora de apreciar una película? La teoría del autor aporta criterios para entender determinadas elementos de una visión o un estilo pero no es una fatalidad que nos lleve a apreciar la obra por la supuesta coherencia y "inmutabilidad" de un temperamento.

Si en el futuro vuelven el vacío y la fealdad que el lector encuentra en las cintas anteriores de reygadas, las cosas no habrán cambiado. Luz silenciosa seguirá siendo lo que es. Y si Reygadas no vuelve hacer nada mejor, entonces quedará como la película más lograda del realizador.

A mi me importan las películas y no los directores. Si mañana descubrimos que John Ford no fue el realizador de The Searchers,o Hitchcock el de Vértigo, igual The Searchers y Vértigo serán obras maestras.

Anónimo dijo...

Creo que el 95% de personas que leen este blog o los blogs de cine o que por lo menos que se han graduado de primaria saben lo que la palabra "trascendencia" significa asi que no se como se justifica el acto exhibicionista del critico para recalcarlo como si los lectores fueran tontos o idiotas. Un poco mas de ecuanimidad y mucho menos de pedanteria por favor.

Anónimo dijo...

El 95% de los lectores de este blog no han leído el libro de Paul
Schrader. Cabrejo no está explicando la palabra trascendencia, está aplicando el modelo de Schrader a la película LUZ SILENCIOSA y lo hace bien. Hay que agradecérselo y no criticarlo gratuitamente, pues no es pedantería hacer un análisis en los términos en que lo hace Cabrejo. Mejor cambie de blog anónimo de las 8.46.

Anónimo dijo...

¡Yo lei el libro de Schrader y tu no!, lero lero candelero.

Anónimo dijo...

Por amor de Dios (exclamación muy pertinente ante tanto misticismo y trascendencia), Bedoya, haría bien en releer el texto que le dedicó a Reygadas y Luz silenciosa: ni los escribidores del Antiguo Testamento llegaron a tal trance extático al referirse a Dios y su Obra. No es una interpretación personal: el argentino García le escribe ahora que Ud. "adora" Luz silenciosa, y el empleo de ese verbo pocas veces ha sido tan exacto. Si responde Ud. que jamás trató (implícitamente) dicha película como la más grande y perfecta, sino más bien como a una película "notable", pues sólo habrá que agregar, mi estimado, que Ud. se excedió en sus reverencias.

Anónimo dijo...

Sí, por desgracia hay muchos lectores que se equivocan de blog
y escriben cualquier cosa. Claro que no son todos y hay buenos comentarios, pero me llama la atención que casi siempre se le busca cinco patas a la mesa y predomina el comentario ácido, aunque es verdad que un texto como el último de Conteras lo justifica.

Anónimo dijo...

Sí, por desgracia hay muchos lectores que se equivocan de blog
y escriben cualquier cosa. Claro que no son todos y hay buenos comentarios, pero me llama la atención que casi siempre se le busca cinco patas a la mesa y predomina el comentario ácido, aunque es verdad que un texto como el último de Conteras lo justifica.

TommyJerry dijo...

El anónimo de las 8.46 está muy desinformado. ¿Acaso no sabe los nefastos resultados de las últimas evaluaciones a docentes escolares peruanos?

Es insólito que piense que cualquiera que haya terminado primaria en nuestro país conozca la acepción filosófica de "trascendencia" tanto como los significados comunes de "pan" o "casa".

Creo que era necesario indicar el sentido filosófico de la palabra en cuestión, que es la que utiliza Schrader, debido a que se puede confundir con los significados más populares de la palabra: Penetración, perspicacia, resultado o consecuencia de índole grave o muy importante.

La trascendencia de la que habla Schrader no es la que el común de las personas entiende.

Anónimo dijo...

Ya pues TomyDaly, ya sabemos que tu no eres "como el comun de las personas", pero para aclararte algo tanto a ti como al amigo cabrejos el sentido de la palabra trascender se emplea practicamente igual ya sea en el ambito filosofico como mundano, sociologico, politico, deportivo, etc, trascender es llegar mas alla que el comun, destacar por sobre lo normal (hablando en cristiano); cualquiera que vea un partido de futbol identifica claramente el termino trascender (la expresion "el jugador no trascendio durante el partido" te suena?) asi que dejen fingirse alturados y empiezen a observar mejor el cine y el estilo ensayistico, Hemingway hace rato los ubiera cuadrado por su lenguaje vacio y pedante.

TJ dijo...

Lástima, anónimo de las 14 y 32, pero tu comprensión de lo que lees es un soberano desastre.

He mencionado las distintas acepciones de la palabra "trascendencia", cosa que no te has dado cuenta, y si las ubicas, e incluso si analizas bien tus ejemplos, te darás cuenta que los significados tienen diferencias bastante considerables.

La trascendencia filosófica es algo que, por razones muy evidentes si se sabe leer bien, nada tiene que ver con la trascendencia, por ejemplo, futbolística, que mencionas.

Dices que la trascendencia en todos los casos es "llegar mas alla que el comun, destacar por sobre lo normal (hablando en cristiano)" (sic). Si no entiendes lo que dice el diccionario, bueno, búscate uno más específico, uno de filosofía, y te darás cuenta que la trascendencia mencionada es algo totalmente distinto. No tiene que ver nada con lo común/poco común o lo normal/anormal en un contexto terrenal.

Pobre Hemingway, si te leyera, se revolcaría en su tumba.

Tommyjerry

Philos dijo...

Estoy horrorizado, y no porque todo el mundo tenga que ser intelectual o filósofo, sino porque hay que decir las cosas con propiedad, y si no se saben, investigarlas un poquito aunque sea en la red. No sé qué pueden tener mucho en común la trascendencia en su habla cotidiana con la trascendencia filosófica, porque ésta escapa a la realidad sensible.

La trascendencia filosófica, o “transcendencia”, está más allá o fuera de una realidad ontológica (relativa al ser), pero no en términos espaciales. Por ejemplo, según Platón, la transcendencia de las ideas establece que éstas no forman parte del mundo sensible.

Para Kant, el conocimiento humano no tenía la facultad de ingresar al mundo “trascendente”. Con esas dos muestras, ¡¿cómo se puede afirmar que el sentido filosófico de la trascendencia se puede aplicar casi de la misma forma al campo mundano?!

Anónimo dijo...

Pues podra no ser la mejor pelicula de la historia, pero si es la mejor latinoamericana en unos 10 años.

Danilo Cuevas dijo...

Me parece que podemos detectar quién es el acomplejado de las 14:32, quien nunca se atrevería cara a cara conversar sobre alguna película con la gente que escribe en el blog de Bedoya.

Belmont dijo...

Pues al margen de sus discusiones filosóficas creo que la película revela la presencia de un director talentoso pero aún inmaduro.
El ritmo lento funciona eficazmente en los momentos de mayor intimidad pero me parece completamente desmesurado para los 15 primeros minutos (recuerdo especialmente la secuencia del ordeño de la vaca)
¿Para qué desgastarse en aspectos marginales de la historia?
Y el beso de la amante al cadaver es tan inverosímil y desafortunado.Aunque rápidamente, la lágrima que se asienta en el rostro inerte de la esposa le devuelve a la delicadeza poética de muchas de sus escenas.
Aún noto inmadurez aunque tambien un inmenso potencial.