domingo, 3 de agosto de 2008

La odisea de Wall-E





Wall-E es una notable película y uno de los mejores estrenos de este año.


Víctor Hugo Palacios, es filósofo, escritor, profesor universitario y cinéfilo. Envía su primera colaboración con el blog, donde habla de su entusiasmo por Wall-E



Los creativos de la compañía Pixar, autores de otros clásicos de la animación como Toy Story, Buscando a Nemo y Los increíbles, aseguran que sus esfuerzos se concentran no sólo en el acabado tecnológico de sus realizaciones. Sin duda, el paso del tiempo volverá obsoleto lo que ahora deslumbra. De manera que la permanencia de sus películas queda en manos de otros aspectos menos perecibles: la profundidad de los personajes y la articulación de una buena historia. Es decir, la sustancia de ese oficio que acompaña a la humanidad desde que unos cuantos seres encorvados y peludos se reunían alrededor de un fuego auroral para contarse lo vivido en la jornada. Ese embrujo de las llamas que propició el uso de la palabra y enlazó a los mortales por medio de unos relatos, reales o inventados o las dos cosas a la vez, que les fueron otorgando una memoria común, una visión del mundo y un sentido de comunidad. Lo que hacía una hoguera en medio de la oscuridad hostil de aquellos tiempos precarios, es lo que ha continuado el cine a través de la penumbra simulada en el interior de una caverna donde, repentinamente, surge una luz que reemplaza nuestra propia mirada por medio de una magia cuyo mecanismo no nos importa en absoluto saber cómo funciona.

Cuando se encienden de nuevo las luces, cuando reaparece una claridad igualmente artificial, salimos gratificados por la experiencia de haber asistido a una historia, de haberla casi vivido y aun de habernos reconocido en los sucesos y los sentimientos de sus protagonistas. Wall-E tiene esta virtud maravillosa. Tan a menudo, en el curso de su proyección, uno olvida el soporte técnico, la textura evanescente de que está hecha. Hay más humanidad en las peripecias de sus robots que en las de hombres y mujeres de carne y hueso que actúan teledirigidos por los guiones más predeterminados de tantos enlatados que excreta la producción comercial en nuestras salas de cine, cada vez más industria que arte, en lo que tiene de repetida y descartable. Ahora hay que mirar a las máquinas para recordar en qué consiste ser humanos, como en aquel androide de Blade Runner que teme su propia muerte pero que, sin embargo, salva la vida de su propio perseguidor. O como en 2001, Odisea del espacio donde, a la inversa, los humanos ofrecen rostros lineales que han perdido toda expresividad.

Los artistas de Pixar han admitido, también, su inspiración en actores del cine mudo para crear algunos rasgos de sus personajes autómatas, y mencionan nada menos que a Charles Chaplin y a Buster Keaton. En efecto, hay una economía de gestos tanto en Wall-E como en Eva que logra, no obstante, ser leída con nitidez por cualquier espectador. Si bien se trata de dos artificios de distinta época, pues Wall-E (que recuerda mucho al robot de la película de los ochenta Cortocircuito) parece tosco y primitivo al lado de la sofisticada simplicidad de una Eva además luminosa.

Referencias de Kubrick en Wall-E
Wall-E es, a propósito y en muchos sentidos, una constante alusión al cine futurista de Stanley Kubrick, si no un homenaje explícito a él, a casi diez años de su muerte, como creo personalmente. El solo comienzo de la película es significativo. Doctor Insólito (Dr. Strangelove, 1964) acaba con la hecatombe que asola la Tierra, contrastando la imagen de un apocalipsis nuclear con una música dulce e ingenua de los años veinte o cuarenta (perdonen la imprecisión de mi ignorancia). Wall-E empieza de algún modo después de una destrucción parecida, de esa des-habitabilidad de la Tierra por obra de su propio habitante. En cuanto la mirada atraviesa la atmósfera atestada de basura espacial, suena una canción que produce la misma sensación de candor, de inocencia en medio del desastre. Luego vemos, en picado, al pequeño Wall-E desplazándose por una de las calles desiertas de una ciudad desolada.


A propósito de la banda sonora, el vals vienés que se escucha mientras orbita la estación espacial de 2001, Odisea del espacio (1968), reaparece cuando el Capitán de la gigantesca Axioma, en el film de Pixar, digita un teclado delante de una pantalla. Desde luego, el momento kubrickiano más llamativo es el uso de Así habló Zaratustra de Richard Strauss en el momento en que el mismo Capitán, un humano que, como todos los de su tiempo ochocientos años después de nuestro presente, vegeta inmovilizado por las facilidades tecnológicas, cae de su aerosilla y se decide con coraje y audacia a ponerse de pie y a dar su primer paso, que incluso el resto de la población de Axioma ve con asombro y aplaude, como en los años sesenta del siglo pasado los consumidores de la prensa habían aplaudido el primer paso de un congénere sobre la Luna.
También es notoria la referencia a 2001, Odisea del espacio en la máquina principal de la estación Axioma. En primer lugar, por ese iris rojo, de titilante pupila, que está en el centro del piloto automático, llamado Auto, y que era igualmente el ojo de Hall 9000, la computadora que dirigía la nave en el viaje a Júpiter en la obra de Kubrick. En segundo lugar, por las funciones de gobierno de este artefacto que, sin embargo, adquiere una autonomía al punto de concebir propósitos que contrarían las órdenes de las personas que ocupan la nave, desacatar por completo el plan inicial de sus constructores e, incluso, poner en peligro la vida de aquellos a quienes presuntamente debe proteger. Es decir, el robot que transgrede las tres leyes que Isaac Asimov había asignado a esta especie, como es conocido. Malicia y rebeldía que, precisamente, humanizan a la máquina frente a unos humanos que han inhibido muchas de sus funciones específicas, inclusive en el orden somático.

No obstante, la sugerencia kubrickiana más poderosa, en mi opinión, aparece al final de todo, en ese epílogo que se funde con la exposición de los créditos de la película, que es el momento en que tanto espectador impaciente suele tirar la caja de "pop corn", desperezarse y salir para caminar hacia la próxima hamburguesa. Lo que muchos se pierden es, en efecto, la clave de la historia: una calculada secuencia de imágenes que relatan cómo a partir del regreso de la tripulación del Axioma y el reverdecer de la Tierra (todo ello favorecido por el heroísmo de los robots), recomienza la vida que vuelve a recorrer sucesivas etapas en las cuales aparecen de nuevo los robots señalando un impulso creativo que transforma la vida o contribuyendo directamente a él, de la misma manera cómo el célebre monolito de 2001, Odisea del espacio aparecía en instantes que marcaban un giro en el destino humano. Desde trazos rupestres, dibujos egipcios, diseños de vasijas griegas, mosaicos bizantinos, hasta los colores gruesos y brillantes de Van Gogh y el puntillismo de Seurat, se describe todo un itinerario que es en realidad un nuevo ciclo en la marcha de la humanidad, tal cual en la película de Kubrick se insinuaba este reinicio de la odisea humana en la igualmente famosa imagen del feto cósmico, que sucede a la extinción del último sobreviviente del viaje a Júpiter.

Eterno retorno nietzscheano o concepción cíclica y naturalista de la historia según los clásicos griegos, el caso es que en esta disposición del tiempo los extremos se juntan, el término y el inicio no son sino un mismo momento que se reitera cada cierto número de años. De ahí la ingeniosa amistad entre una cucaracha, el animal más antiguo y resistente, y el robot que culmina un ascenso técnico por medio del cual el humano ha terminado por delegar sus propias operaciones. Máquina que es a la vez desecho olvidado que trabaja entre desechos, que repite mecánicamente sin sentido alguno la tarea para la que fue creada y que constituye su única razón de existencia, en un conmovedor acto de fidelidad. Al juntar estos dos polos de la evolución terrestre y cotidianizarlos, Pixar extrema lo que Kubrick ya había unido en el antológico paso de la imagen de un hueso blandido por un homínido como arma criminal girando sobre un cielo azul, a la imagen de una inmensa nave rotando contra un fondo de estrellas.

Más allá de la posmodernidad
Una asociación semejante es no sólo un comprimido de la historia de la humanidad sino, asimismo, una interpretación y un consiguiente examen crítico de ella. El ciclo vuelve a empezar cuando las posibilidades de la vida desarrollada con anterioridad han llegado a colmarse, cuando ya no es posible ir más lejos. El fondo épico de la graciosa y enternecedora historia de amor de Wall-E y Eva (nombre, por lo demás, obviamente semántico), es la constatación de una colectividad deshumanizada que incluso ha olvidado su procedencia terrestre, que sólo puede mirarse a sí misma y a sus raíces gracias a la obediencia y la memoria de las máquinas.


Se trata de un estado de alienación que es el desenlace de procesos que tienen su curso ya en la época en que vivimos, y que abarcan cuestiones de carácter político, económico, social y tecnológico. Para comenzar, hay un único logotipo que responde por todo ese escenario ruinoso de una catástrofe no atómica sino ecológica que puebla el planeta en que nacimos: BnL. Un conglomerado empresarial de manejo centralizado, que corona las tendencias políticas de nuestros días.

Me explico. Las democracias en boga miden su eficiencia en términos exclusivamente económicos. Lo que ofrecen los gobiernos es, en última instancia, un conjunto de ventajas para el consumo diario de cada ciudadano. No ofrecen mayor libertad o justicia, no enarbolan ya ningún ideal comunitario, solamente prometen una creciente capacidad adquisitiva para todos a través de una serie de variables (producción, industria, urbanismo, leyes, beneficios, etc.) que convergen en el mismo resultado. Mercantilización de la política propiciada precisamente por la injerencia creciente de las corporaciones de negocios en los asuntos públicos, corporaciones que tienden progresivamente a la fusión o la alianza en tiempos de competencia descarnada, de mutua aniquilación. La época descrita en Wall-E es el triunfo del monopolio, la hegemonía planetaria de un consorcio que ofrece centros comerciales en la Luna y aun el propio Axioma como último refugio donde han de proseguirse los hábitos de la sociedad de hiperconsumo, como diría Lipovetsky en La felicidad paradójica, que fluye en las corrientes de la virtualidad y la des-realización, como ha analizado Baudrillard en El crimen perfecto. El triunfo, y la consecuente debacle por supuesto.


Lo espeluznante es que los mensajes pregrabados en la memoria del Axioma, donde se ve al Presidente de BnL actuando como gobernante político de manera indiscernible, causan una sensación de siniestra frivolidad, de irresponsabilidad frente a un género humano que ha sido engañado con anuncios de dulce felicidad y utopía y que ha sido conducido sin reversión hacia su colapso, incapaz de toda insurrección transformado en un animal conformista y parásito; inhibido, como se repite, en sus funciones más característicamente humanas.

Este es otro de los aspectos fascinantes de la película. Sin apelar al discurso didáctico o a la condena pastoral, Wall-E nos proyecta en las consecuencias de esa sociedad ultratecnificada, donde, con un sentido del humor y una sencillez propia de la genuina sabiduría, se muestra a los futuros mortales viviendo perpetuamente aposentados en sillas flotantes que, en complemento con robots de servicio de toda especie, les proporcionan recursos para su subsistencia y bienestar, sin que necesiten en ningún momento abandonar su posición confortable. Sedentarismo que redunda en una obesidad universal y en la atrofia de las facultades de locomoción y de juicio. Cuánto me han recordado los primeros planos de los pies rechonchos e inútiles de algunos de estos protagonistas, los comentarios que hace Julio Ramón Ribeyro en su diario acerca de la pérdida de ciertas propiedades de esa extremidad oprimida por calzados que, imperceptiblemente, van privándonos de la capacidad de sentir, de prensar y de desplazamiento desnudo que tenían los pies de nuestros antepasados o de nuestros semejantes selvícolas, por ejemplo. Repárese ahora mismo en cómo los aparatos de telefonía celular, que pretenden concentrar las múltiples opciones de la tecnología al uso, han reutilizado el pulgar de las manos mientras, subrepticiamente, van consumiendo la aptitud conjunta de éstas para la manipulación de herramientas elementales. De otro lado, cuán divertida y al mismo tiempo cruda -sobre todo para quienes nos dedicamos a la enseñanza universitaria y comprobamos con pavor la supresión en los alumnos de esenciales habilidades de comprensión y escritura- esa escena en que el Capitán toma con torpeza un objeto que no es más que un libro cuyas páginas le producen extrañeza y curiosidad (casi del mismo modo como, en la leyenda histórica al menos, se cree que Atahualpa manipulaba una pieza que venía de una civilización desconocida, el libro que la mano de un cura le ofrecía).

Ernesto Sabato, en su breve ensayo La resistencia, sintetiza muy bien la trampa de la informática de la que vivimos y dependemos: creemos ganar con ella mayor conocimiento de la realidad cuando en verdad la vamos suplantando por sucedáneos virtuales e inasibles que nos privan del uso de nuestras facultades y nos alejan para siempre de la prístina inmediatez de lo natural; y creemos también con ella aumentar nuestro círculo de amigos por medio del chat y otros medios cuando, por el contrario, la pantalla nos encubre y, por último, nos sume en una inmovilidad aislada y sin conexión. Dos ejemplos notables al respecto en la obra de Pixar: los ojos empequeñecidos de los habitantes de Axioma miran permanentemente una pantalla aérea que tienen delante, de modo que sólo cuando ésta se apaga reaccionan con un brusco parpadeo y se dan cuenta del entorno que los rodea; en segundo lugar, su existencia fluye de forma tan ensimismada que jamás han llegado a rozar la mano de otra persona, al punto que cuando esto ocurre, por accidente, se produce la sorpresa y la perplejidad. Súbita recuperación de la tactilidad que provoca el descubrimiento entusiasta de la proximidad del otro. Por algo, dado que se trata de una película dirigida también al público infantil, en Axioma los niños parecen engendrados en cámaras separadas, sin intervención alguna de la relación entre varón y mujer.

Desde luego, la esperada rebeldía de esta civilización desencarnada que ha perdido todo riesgo, toda fricción que permita la conciencia de uno mismo, en favor de una seguridad rutinaria e inercial, acontece cuando el Capitán discute con Auto, el piloto de la estación, que le conmina a volver a su lugar, a seguir sus pasivas funciones de verificación de una normalidad convenientemente invariable, alegando la sobrevivencia como prioridad indiscutible. “¡Yo no quiero sobrevivir, yo quiero una vida!”, exclama el Capitán, tomando en sus manos la planta que testifica que ya es posible volver a la Tierra. Una vida auténticamente humana, con sus dificultades, sus probabilidades de derrota, con los peligros de la incertidumbre propios de la libertad, a la que tanto se teme en aras del orden y la funcionalidad, y a la cual se sacrifica sin escrúpulos en nombre de la subsistencia y hasta del éxito, como ya ha había teorizado Hobbes en su Leviatán, y Erich Fromm había recordado en El miedo a la libertad. Sacrificios y vulneraciones que la sociedad norteamericana conoce muy bien desde el 11 de septiembre de 2001 en que el pánico al enemigo invisible “justificó” la supervigilancia de los ciudadanos. Algo que los peruanos de los noventa de alguna manera también conocimos.


Es el rescate de estos deseos de vivir, sofocados por el hedonismo individualista y masificador de los nuevos totalitarismos comerciales, lo que reabre la historia, la aventura que rompe la quietud despreocupada de la cuna sobreprotegida, y que lanza a Ulises, en la narración homérica que es la madre de tantas narraciones que nos acompañan y alumbran de tanto en tanto, hacia la búsqueda y el viaje en pos de lo remoto. Puesto que el humano, como el cine ha enseñado innumerables veces, no ama la dicha sino el sentido, y prefiere antes el camino que la meta. Puesto que la meta alcanzada es el reposo y por tanto la muerte, y la ruta más bien el movimiento, es decir la vida misma. El Capitán exclama, en uno de los picos del film, su aburrimiento, su cansancio de no hacer realmente “nada”.

Por último, Wall-E tiene preciosos episodios de pura poesía visual: la danza de los robots fuera de Axioma, el Capitán jugando con un Axioma en miniatura sobre un planisferio, el propio Wall-E observando un musical en colores y otros tantos momentos que, a estas alturas, ya creo conveniente callar por la longitud de esta disertación y el derecho a la sorpresa del próximo espectador.


Víctor H. Palacios Cruz

7 comentarios:

Planocenital dijo...

Me parece que está lejos de ser una obra maestra. Su discurso no escapa de lo políticamente correcto (vamos, Disney está detrás de todo esto) y sólo su primera parte alcanza a sostener varias ideas interesantes a través de las imágenes y la narración.

Saludos!

Hernán.

Anónimo dijo...

Excelente comentario, en serio. Preciso y emocionante en los moementos en los que podía leer ideas que creí sólo yo me percataba al ver tan extraordinario filme. Mas bien una consulta: ¿te has percatado que Pixar usa como "héroes" o protagonistas de sus filmes a auténticos renegados de la sociedad? A ver si podrías hacer un comentario al respecto. Y hasta ahora muchos estamos esperando algún comentario de ese filme que nos ha dado esperanza a tantos sobre las nuevas lecturas en el cine de acción: THE DARK KNIGHT. Gracias por todo, y nos estamos leyendo.

Anónimo dijo...

Hernán: estoy absolutamente de acuerdo contigo sobre la excepcionalidad de la primera parte de la película. La exclusividad de su lenguaje visual evoca las virtudes del mejor cine mudo. Sobre la condición de "obra maestra" de Wall-E, sin duda el tiempo dará el veredicto final. Lo políticamente correcto podrá ser seña de Disney, pero no creo que de Pixar. ¿No puede interpretarse como cierta "incorrección política" cuestionar seriamente, y con ingenio además, muchos de los aspectos más rutinarios de la vida confortable del primer mundo? ¿No tiene algo de crítica a la propia sociedad norteamericana el obvio parecido de la aparición del magnate de BnL con el marco habitual de los discursos de la Casa Blanca? En cualquier caso, para seguir discutiendo.
Víctor Palacios

Locopis dijo...

Victor Hugo, que gusto leerte en las paginas, saludo esta nueva aventura como critico y sobre todo con una animación, que por cierto me fascinó.
Espero leerte más seguido, ya nos vemos por las "Piuras", saludos...
Miguel Piscoya

Anónimo dijo...

Me gustó mucho, pero no más que ratatouille

Anónimo dijo...

Estimado Victor, Muy bonitos y acertados sus comentarios. Aun no veo la pelicula, pero muchas veces no es necesario ver la forma, para ver el fondo.

El personaje de Wall*E en mi parecer proviene de un personaje creado anteriormente en la pelicula Short Circuit - Corto Circuito, llamado "Number 5", hasta la forma y estetica es parecido y cuyo fondo transmite el como un Robot puede adquirir valores humanos y de esa manera ensenarnos lo que usualmente nosotros olvidamos.

Creo que todos alguna vez cuando hemos visto las estrellas nos hemos preguntado de donde venimos, porque estamos aqui, hacia donde vamos.

Hay personas con un conocimiento tangible o intangible, conciente o inconciente que manejan chispasos de sabiduria que luego son transmitidos en distintos medios, entre ellos el cine.

Yo no les puedo hablar mucho de peliculas, les puedo hablar mas de dibujos animados y peliculas para ninos, que es donde he encontrado mayor profundidad y respuestas.

Toda esta informacion que esta siendo puesta al alcance de la humanidad, unicamente es una de las tantas manifestaciones que se iran dando en estas epocas de despertar y cambio, para que el humano vaya abriendo la conciencia a conceptos mas elevados y superiores.

En mi experiencia el camino para transformar el conocimiento en sabiduria, sigue los pasos de entener (cerebro), comprender (corazon), asimilar (celulas) y ponerlo en practica en nuestra vida.

Muchos mensajes estan siendo enviados a la humanidad por innumerables medios, algunas veces podemos verlos, entenderlos y hasta comprenderlos, donde veo aun que la mayoria de personas no maneja bien el tema, es a la hora de ir asimilando la informacion y llevandola a su cuerpo para que cada celula de su organismo reciba el mensaje, para luego vivir de acorde a ello.

Porque los aburro con toda esta explicacion teorica. Simple, algunas veces podemos ir al cine y recibir las mas grandes lecciones (divinas), pero luego que sucede, olvidamos -amnesia-. Muchas veces recibimos pedacitos de informacion que se aplican a momentos que estamos viviendo especificamente, recibimos la informacion que necesitamos, la entendemos y/o hasta la comprendemos (muy pocos), pero ahi se queda, y no logramos incorporarla a nuestro ser, razon por la cual, olvidamos.

Y eso fue, solo una distraccion, pero algo quedo? Muy poco!!

El universo nos habla de muchas maneras, a traves de multiples personas, a traves de multiples dialectos, a traves de multiples colores, pero para verlo u oirlos hay que estar en paz, en armonia con nosotros mismos.

Muchas peliculas de las cuales hablan tienen una profundidad muy grande, el que tiene ojos u oidos podra discernir y tener acceso a esta informacion, el que no, simplemente se distraera. Con esto en mente les aseguro que muchos de los mensajes de los acontecimientos que se vienen han estado ahi con nosotros desde el principio de los tiempos, solamente que nunca tuvimos ojos para mirarlos.

El que tiene ojos que vea, el que tenga oidos que escuche.

Saludos,

BRVB

Anónimo dijo...

Estimado Victor, Muy bonitos y acertados sus comentarios. Aun no veo la pelicula, pero muchas veces no es necesario ver la forma, para ver el fondo.

El personaje de Wall*E en mi parecer proviene de un personaje creado anteriormente en la pelicula Short Circuit - Corto Circuito, llamado "Number 5", hasta la forma y estetica es parecido y cuyo fondo transmite el como un Robot puede adquirir valores humanos y de esa manera ensenarnos lo que usualmente nosotros olvidamos.

Creo que todos alguna vez cuando hemos visto las estrellas nos hemos preguntado de donde venimos, porque estamos aqui, hacia donde vamos.

Hay personas con un conocimiento tangible o intangible, conciente o inconciente que manejan chispasos de sabiduria que luego son transmitidos en distintos medios, entre ellos el cine.

Yo no les puedo hablar mucho de peliculas, les puedo hablar mas de dibujos animados y peliculas para ninos, que es donde he encontrado mayor profundidad y respuestas.

Toda esta informacion que esta siendo puesta al alcance de la humanidad, unicamente es una de las tantas manifestaciones que se iran dando en estas epocas de despertar y cambio, para que el humano vaya abriendo la conciencia a conceptos mas elevados y superiores.

En mi experiencia el camino para transformar el conocimiento en sabiduria, sigue los pasos de entener (cerebro), comprender (corazon), asimilar (celulas) y ponerlo en practica en nuestra vida.

Muchos mensajes estan siendo enviados a la humanidad por innumerables medios, algunas veces podemos verlos, entenderlos y hasta comprenderlos, donde veo aun que la mayoria de personas no maneja bien el tema, es a la hora de ir asimilando la informacion y llevandola a su cuerpo para que cada celula de su organismo reciba el mensaje, para luego vivir de acorde a ello.

Porque los aburro con toda esta explicacion teorica. Simple, algunas veces podemos ir al cine y recibir las mas grandes lecciones (divinas), pero luego que sucede, olvidamos -amnesia-. Muchas veces recibimos pedacitos de informacion que se aplican a momentos que estamos viviendo especificamente, recibimos la informacion que necesitamos, la entendemos y/o hasta la comprendemos (muy pocos), pero ahi se queda, y no logramos incorporarla a nuestro ser, razon por la cual, olvidamos.

Y eso fue, solo una distraccion, pero algo quedo? Muy poco!!

El universo nos habla de muchas maneras, a traves de multiples personas, a traves de multiples dialectos, a traves de multiples colores, pero para verlo u oirlos hay que estar en paz, en armonia con nosotros mismos.

Muchas peliculas de las cuales hablan tienen una profundidad muy grande, el que tiene ojos u oidos podra discernir y tener acceso a esta informacion, el que no, simplemente se distraera. Con esto en mente les aseguro que muchos de los mensajes de los acontecimientos que se vienen han estado ahi con nosotros desde el principio de los tiempos, solamente que nunca tuvimos ojos para mirarlos.

El que tiene ojos que vea, el que tenga oidos que escuche.

Saludos,

BRVB