miércoles, 6 de agosto de 2008

Diario del Festival I:Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo


Se inicia el Festival de Cine de Lima.

Una de las películas más atractivas de la competencia documental es Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo, primera película de la mexicana Yulene Olaizola.

Con una cámara digital, Olaizola se dedica a registrar a su abuela, Doña Rosa, que recuerda a un tipo singular llamado Jorge Riosse, inquilino que ocupó durante algunos años una habitación de su casa ubicada en la esquina de las calles Shakespeare y Víctor Hugo en la ciudad de México.

Hay dos personajes centrales en la película, la señora Rosa, que siempre está en la imagen, a veces al lado de Flor, su empleada, y el extraño, fascinante y ya muerto Jorge Riosse, al que no vemos, que es un presente en ausencia, y del que sólo quedan memorias y huellas de sus aficiones artísticas.

Durante hora y veinte, la cinta nos remite a The Lodger y a tantas extrañas historias sobre el inquilino que lleva una vida oculta ahí, detrás de la puerta, sin que nadie lo adivine, hasta que de pronto se filtra una sospecha sobre su vida nocturna o sobre su identidad. Relatos sobre identidades múltiples que fascinaron tanto a Hitchcock como a Stevenson, a Mamoulian como a John Brahm.

Y es que las intimidades que cuenta doña Rosa sobre su inquilino y amigo Jorge Riosse tienen un lado novelesco, un costado divertido y hasta nostálgico pero, sobre todo, un filón siniestro.

¿Qué es lo que busca Yulene Olaizola grabando el desenvuelto testimonio de su abuela?

Tal vez sólo la posibilidad de dejar allí, grabado para siempre en imágenes y sonidos, el relato que escuchó tantas veces en su infancia, la anécdota familiar, el incidente curioso, misterioso y hasta escalofriante.

O quizás ir más allá para descubrir lo inquietante que puede esconderse en la más silvestre domesticidad. O jugar con la idea de los misterios ocultos al otro lado de las fachadas residenciales de la pequeña burguesía. O trazar el retrato de su abuela, una mujer como tantas en cuya vida entró de pronto una visita inesperada capaz de remecerla y conmoverla.

O tal vez algo más: descubrir el lado oculto y, por qué no, siniestro de doña Rosa.

Sí, descubrir eso, amparada en la fuerza de la mirada documental y la capacidad de intromisión indiscreta de la cámara digital, tan pequeña que parece inofensiva pero capaz de provocar dichos y grabar gestos tan reveladores como la confesión de un creyente.

La fantasía de Doña Rosa enamorada del desconocido sensible e intuitivo, confiada en la “amabilidad de los extraños”, pero descubriendo de pronto la verdadera naturaleza del deseo de Jorge, incapaz de satisfacerla. E imaginando entonces para su amado infiel una biografía criminal y violenta. Es decir, proyectando en él sus deseos de “matar” o suprimir la memoria del hombre que la decepcionó.

Doña Rosa convertida en Blanche Dubois y en Archibaldo de la Cruz; es decir, en una extraña inquilina de sí misma.

Ricardo Bedoya

1 comentario:

Planocenital dijo...

Tuve oportunidad de verla durante la última edición del festival de cine independiente de Buenos Aires (Bafici), y puedo decir que es muy buena. Un documental con estructura de caso policial que se pone cada vez mejor a medida que va avanzando la narración (hasta tiene momentos de verdadero suspenso!). Muy recomendable.

Saludos,

Hernán.