martes, 19 de agosto de 2008

Grandes ilusiones


Grandes ilusiones. De Eisenstein a la neo comedia romántica es el libro que acaba de publicar Isaac León Frías.


Isaac ha entregado al blog esta versión más amplia y desarrollada de la introducción al libro, editado en Chile por Uqbar Editores


"Este libro reúne 17 textos publicados en los últimos 20 años en revistas editadas por la Universidad de Lima, institución que me acoge desde 1970. No son críticas puntuales acerca de películas, sino ensayos sobre diversos realizadores, sobre el tema de la violencia en el cine norteamericano de los 80, sobre las huellas de la historia en el cine peruano, entre otros artículos más breves.
El lazo que los unifica –además de que, obviamente, todos se refieren al universo fílmico– es precisamente el que han sido publicados al interior de la Universidad, con una sola excepción: un texto breve sobre el iraní Abbas Kiarostami, que estaba escrito para ser publicado en nuestra casa de estudios, pero que finalmente vio la luz en la revista colombiana Kinestocopio. El lazo señalado es, también y evidentemente, un pretexto –espero que un buen pretexto– para ordenar esos textos y darles una nueva vida en la forma de libro. Es, asimismo, una modesta contribución a la necesidad de seguir haciendo de la edición impresa el espacio privilegiado de lo que no sea información precisa y acotada. Otros volúmenes vendrán más adelante.
Seguramente se encontrarán otros lazos menos manifiestos. Una manera de ver y de sentir el cine, un modo de procesarlo verbalmente, una preocupación por diversos aspectos del orbe cinematográfico. Es verdad que en la selección predominan los textos dedicados a la obra de varios realizadores de distinta procedencia y época. Los hay como Ford, Eisenstein, Renoir y Welles, que pertenecen al olimpo de los autores clásicos. Otros, como Kubrick y Fassbinder, cerraron su obra con su muerte, después de casi medio siglo de actividad algo intermitente el primero, y de sólo 15 intensos años el segundo. Finalmente, están algunos, ya veteranos, que continúan con su práctica creativa: los latinoamericanos Aristarain y Ripstein, el ruso Mijalkov, un tanto alejado de la realización en los últimos tiempos, el español Almodóvar y el ya señalado Kiarostami. Lamento la ausencia de nombres más jóvenes. Podría pensarse en un mayor apego a los consagrados, lo que es parcialmente cierto, pero hay también una cuestión de oportunidad editorial que explicaré más adelante.
De cualquier manera, y para que no quede ninguna duda, intento estar “al día”, lo que es mucho decir porque eso es harto difícil en una ciudad como Lima, al no ser un devorador de videos, como lo son muchos amigos y colegas, pues sigo siendo un espectador de pantalla grande y proyección fílmica y, como todos sabemos, es muy escaso lo que se puede ver en Lima en esas condiciones. Sin embargo, trato de asistir a los festivales o a los espacios en los que se exhibe el cine más reciente y novedoso hecho a nivel mundial.
Durante 25 años, entre 1980 y 2005, la visita casi anual (lo hice 21 veces en otros tantos años) a ese inmenso festival permanente que es la cartelera parisina, y no por unos pocos días, sino durante tres, cuatro semanas y en ocasiones hasta 45 días, viendo tres o cuatro películas diarias, me permitió tener una visión, no completa desde luego, de lo más reciente (y de lo menos reciente, también, pues revisitaba cuando no veía por primera vez numerosos títulos clásicos), a lo que se sumaba la asistencia al Festival de Berlin (una decena de ediciones) y eventualmente a otros festivales españoles (San Sebastián y Valladolid), de Norteamérica o latinoamericanos, tanto especializados en el cine de la región como de alcance internacional.
En los últimos tiempos, el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici) , al que se suma desde hace cuatro años el Festival Internacional de Cine Contemporáneo de México (Ficco) vienen cumpliendo una valiosa tarea de vanguardia estética en nuestra región hispanohablante y permiten (me lo permiten a mí, afortunadamente) una aproximación que de otro modo sería altamente improbable, aún con las facilidades que el DVD ofrece.
Sin embargo, ese nuevo cine está fuera de estas páginas y eso justifica una explicación sobre la génesis de los textos aquí agrupados que, por uno u otro motivo, no han abordado realizadores o temas de origen más próximo. Una de las razones es que varios textos proceden de exposiciones en simposios o congresos abocados a la obra ya clausurada de diversos realizadores.
En el caso de los textos escritos en la revista La Gran Ilusión, la ocasión ha hecho que me incline a las aproximaciones a realizadores que cuentan con el aval de una producción más o menos cuantiosa. De cualquier modo, pienso que lo escrito, sin ser nada orgánico y a ello alude el subtítulo del libro, ofrece un panorama que si por el lado de los directores puede tener un claro común denominador, en los demás textos resulta más bien bastante heterogéneo. Pero, bueno, es una selección que admite esas variaciones y que no pretende ofrecerse como un enfoque unitario. No es un libro articulado en torno a una matriz central; es una colección de trabajos distintos, algunos de sesgo más académico, otros de carácter más periodístico.
Si seguimos uno a uno los textos, el más antiguo es “Cine y conocimiento histórico: Notas para un esbozo de la experiencia peruana”, que fue materia de una exposición en un Congreso sobre Historia y Cine realizado en Lima a fines de 1984, y que tuvo al historiador francés Marc Ferro como invitado estrella. Como algunos de los otros materiales agrupados en esta publicación, “Cine y conocimiento histórico...”, que se publicó en el número 7 de la revista Lienzo, es la transcripción de una conferencia y, por tanto, registra inevitablemente algunos modos propios de la exposición oral. Es el texto, probablemente, más débil e incompleto, y no porque sea el primero, pues para ese entonces yo contaba con 20 años de “carrera” en el campo de la cultura cinematográfica, sino porque la envergadura del tema hizo que resultara muy insuficiente la sustentación y en mayor medida aún las aplicaciones, que se quedan muy cortas para lo que pudo hacerse, además de ser muy esquemáticas. Aún así, y como no incluiría nada que considere impublicable, aquí lo dejo a criterio de los lectores.
El segundo, también aparecido en Lienzo (en el número 10) es otra vez la transcripción de una conferencia, leída como la anterior, esta vez en el marco de un congreso sobre Comunicación y Violencia, realizado en 1987 en la Universidad de Lima: “El espectáculo de la hiperviolencia en el cine norteamericano contemporáneo”. El carácter del congreso motiva una entrada al tema a partir de ciertas generalizaciones en las que se puede echar de menos matices y precisiones. Por ejemplo, Blade Runner, claramente diferenciada de otras exponentes del cine de acción coetáneo, parece ubicarse en el mismo saco donde están los Rambo de Stallone. Asimismo, las referencias a las películas de David Cronenberg y otras no separan la paja del trigo. Es el riesgo de hacer una lista de procedimientos y modos de expresión fílmicos tratando de englobar un volumen de cintas que pueden tener, y que de hecho tienen, diferencias cualitativas muy marcadas. La conferencia no dio cuenta, salvo algunas pocas referencias, de esas asimetrías.
El texto sobre Rainer Werner Fassbinder formó parte de una publicación que la Universidad de Lima, conjuntamente con el Goethe Institut, editó a propósito de una amplia retrospectiva sobre la obra del cineasta alemán presentada en la Filmoteca de Lima y el Instituto Goethe a fines de 1989. Allí se reúnen artículos de Hans-Gunther Pflaum, Federico de Cárdenas, Ricardo Bedoya y José Carlos Huayhuaca, además del mío, que fue más tarde reprocesado para una conferencia en la Universidad Católica de Valparaíso al interior de un simposio dedicado a Fassbinder en agosto de 2002; esa versión modificada es la que aparece en este volumen.
El artículo “La experiencia del cine militante latinoamericano en los años 60 y 70”, previamente publicado en una revista norteamericana y en inglés, vio la luz en español en el número 12 de Lienzo. Es una nota periodística que sintetiza un análisis que tal vez sólo el brasileño Paulo Antonio Paranaguá ha desarrollado con amplitud y rigor en el libro “Tradición y modernidad en el cine de América Latina”, editado por el Fondo de Cultura Económica.
Vienen, luego, varios textos publicados en la revista La Gran Ilusión, cuyos trece números dan cuenta de un esfuerzo valioso por contribuir a la cultura cinematográfica del país desde la única Facultad peruana que le ha dado al cine un grado de atención que podríamos llamar privilegiado, aunque a muchos nos pueda parecer insuficiente. El primero de ellos, “La música de los sentimientos: introducción a la obra de Nikita Mijalkov” apareció en el número 1. La obra del realizador ruso no ha mantenido luego el nivel de algunos de sus primeros títulos, aunque Sol ardiente, si no está al nivel de las mejores, tampoco pertenece al orden de las más débiles. En el número 3 estuvo “Los laberintos del deseo: el cine de Almodóvar”, que se detiene en una etapa de baja en la obra del español, que con Kika marca el mayor punto de caída. Luego La flor de mi secreto, Carne trémula, Hable con ella, Todo sobre mi madre y Volver han vuelto a levantar el nivel de su filmografía, pese al traspié de La mala educación.
En el número 4 de La gran ilusión se puede leer un artículo introductorio dedicado a John Ford y Jean Renoir con motivo del centenario de sus natalicios. Son apuntes breves que no tienen en absoluto el afán de recuento que posee el ensayo crítico sobre Almodóvar y que en su brevedad incurren en algunas calificaciones algo reduccionistas. Por ejemplo, mencionar a Ford como un cineasta épico para diferenciarlo de Renoir suena a desconocerlo como lo que fue, y de manera progresivamente creciente a lo largo de los años: uno de los creadores líricos más notables de la historia del cine. Esa vena sentimental, intimista, secreta y pudorosa es la que se agiganta, por así decirlo, con el paso del tiempo y la revisión de sus filmes.
Dos reseñas amplias sobre las manifestaciones en los 90 de la comedia y el western, bajo los títulos, “El regreso de la ilusión: en tono a la neo-comedia romántica” y “El neo-western de los 90: los fuegos apagados” (La Gran Ilusión números 5 y 6, respectivamente) trazan un panorama de la presencia de esas modalidades genéricas en esa década. Como se sabe, mientras que la comedia romántica ha mantenido vigencia y se ha diversificado posteriormente, aunque sin los brillos de antaño, los fuegos han seguido apagados en el caso del llamado “género rey” por el teórico y crítico francés André Bazin.
Hay otro texto de cierta extensión, publicado en el número 4 de esa revista, titulado “Hacia el 2010: ejercicios (razonables) de anticipación”, que fue materia de la conferencia inicial del Foro Internacional por los 100 años del cine celebrado en la Universidad de Lima en 1995, y también incluido en el volumen “Cine y nuevas tecnologías audiovisuales” que reunió las ponencias de ese foro. Dada la pertinencia del tema, una addenda al día se incluye después del texto.

Dos realizadores latinoamericanos, el mexicano Arturo Ripstein y el argentino Adolfo Aristarain son el objeto de sendos textos (La Gran Ilusión números 7 y 10). Los acercamientos quieren cubrir, como también los ya mencionados sobre Mijalkov y Almodóvar, el íntegro de sus respectivas filmografías, pero el espacio se queda corto, sobre todo en el caso de Ripstein, que contaba ya en ese entonces con una abundante producción, para lograr tal cometido, de modo que son sus últimos títulos los que se ven favorecidos.
Una reseña de La Gran Ilusión número 8 en torno a la figura actoral de Clint Eastwood, con el título “La aspereza del cuero duro: Clint Eastwood” actor, cierra la parte correspondiente a lo escrito que, naturalmente, no es todo, sólo lo más amplio, excluyendo críticas, en la revista que dejó de aparecer en 2003.
Mientras tanto, en la revista Kinetoscopio de Medellín apareció en 1999 una nota sobre la obra de Abbas Kiarostami, la gran figura del cine iraní y uno de los creadores más talentosos en el periodo que antecede y sigue al cambio de siglo. Es, dicho sea de paso, el único realizador no americano o europeo incluido en estas páginas.
Dos ensayos, uno sobre la etapa sonora del cine de Sergei M. Eisenstein y el otro en torno a Stanley Kubrick, corresponden a la transcripción de sendas conferencias en la Universidad Católica de Valparaíso con motivo de los simposios dedicados a esos dos realizadores en agosto de 1998 y 2002, respectivamente. Fueron publicados en los números 21 y 23 de la revista Lienzo. El primero, que es seguramente el más “académico” de todos los seleccionados (es el único que incluye citas, por ejemplo) debió incluir referencias bibliográficas más actualizadas, por ejemplo, del libro de David Bordwell que Paidós ha editado en español en 1999. El segundo se propone como una aproximación no valorativa al cine de Kubrick y como tal se centra en los puntos que articulan el texto: la independencia del realizador, sus incorporaciones tecnológicas, su carácter de autor y su relación con los géneros. Sin embargo, en muchos tramos de la exposición se desprende una apreciación sin duda muy positiva. Al final, y cuando se le ubica como uno de los nombres prominentes del cine norteamericano contemporáneo, menciono también los de John Cassavetes, Woody Allen y Martin Scorsese. Una ausencia clamorosa es la de Clint Eastwood, que ya en ese entonces era un gran director y lo ha seguido siendo de manera notable en sus últimos tres filmes. En el momento de hacer la exposición me situé en una suerte de espacio “neutral”, pues Kubrick no está dentro de mis preferencias, aún cuando reconozco que hizo películas notables y que aquí ni yo ni otros colegas supimos calibrar en su estreno la riqueza expresiva de Ojos bien cerrados, su película póstuma.
Finalmente, el artículo “Orson Welles: Apuntes sobre el legado (múltiple) de un precursor de la modernidad fílmica” parte de una nota escrita luego del fallecimiento del director de El ciudadano Kane en octubre de 1985. Esa muerte se produjo muy pocos días después del fallecimiento de mi padre y me parece muy claro que el sentimiento de pesar que en ese entonces me abatía se trasmite en la parte final del texto. Aún así, creo que eso no traiciona el modo en que conceptúo tanto el lado autoral como el costado actoral de Welles. Una reformulación actualizada de ese texto inicial, que mantiene la línea expositiva del primero, se publicó en el número 27 de Lienzo.
Lima, mayo de 2007
Isaac León Frías

18 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué opinan León y Bedoya sobre lo que dice Pimentel en una entrevista en "El Comercio" de que
Kubrick, Romero y Antonioni no han
sido suficientemente valorados?

Jorge Luis Villacorta Santamato dijo...

Sublime.

Anónimo dijo...

¿dónde venden el libro?

Isaac León Frías dijo...

Por ahora, "Grandes ilusiones" sólo
se vende en la librerìa KSA TOMADA,
en Conquistadores, muy cerca del Ovalo Gutiérrez.

Anónimo dijo...

en tu kiosko favorito. compralo ya!!! y de regalo, tu libro para colorear CHACHO Y SUS VIEJOS AMIGOS

Anónimo dijo...

¿Por qué Isaac borra su pasado de hablemos de cine? No hay ni un sólo artículo de esa época porque ya no piensa igual..

Isaac León Frías dijo...

No borro mi pasado. Por el contrario, estoy preparando una antología en dos volúmenes de los
textos de Hablemos de Cine (míos y de mis colegas, entrevistas, especiales, etc.) y es posible que para más adelante una selección más amplia de mis críticas en
esa misma revista. En Grandes ilusiones me propuse reunir solamente lo escrito para publicaciones de la Universidad de Lima, especialmente Lienzo y La
gran ilusión, que por simple coincidencia corresponden a la
etapa post Hablemos de Cine.
Por lo demás, creo que los grandes
vectores de mi comprensión del cine siguen siendo los que me
orientaron en los 20 años de Hablemos de Cine y mi pasión por ver películas permanece intacta.

Anónimo dijo...

Quién dice que Chacho León ha renegado de su pasado en hablemos de cine?

Anónimo dijo...

¿Sigue sin ver DVDs Isaac León?

Isaac León Frías dijo...

Como ya dije, no reniego en absoluto de mi pasado en Hablemos de Cine. Más bien, extraño esos
tiempos, esa pasión compartida, esas reuniones semanales hasta la madrugada en la que discutíamos ardorosamente (Constantino Carvallo
era uno de los polemistas más agudos en el periodo 1976-1980), como no creo que se haya repetido
nunca en el medio, pues también
hubo debates encendidos en las reuniones semanales de La gran ilusión, pero sin la intensidad y
el fervor de los 20 años de Hablemos de Cine.
Sigo y seguiré siendo, mientras se pueda, un espectador social, de salas y pantallas de cine, de estrenos de los jueves y de las muestras que se puedan ver en las salas no comerciales. Pero estas muestras usan cada vez más el DVD,
y lo uso también en mis clases. No
le doy la espalda y más bien sigo
con expectativa creciente y asombro la salida de DVDs y Blu Rays y el inmenso panorama que ponen ante nuestros ojos.

Anónimo dijo...

¿que pasa con la respuesta a lo que dice Pimentel? Acaso Bedoya no quiere decir nada después de estar en un jurado con Cordero?

ricardo bedoya dijo...

Al anónimo de las 10.08

Perdone, usted, pero su comentario es ridículo. En primer lugar, el jurado aún no ha sesionado y ni siquiera se ha constituido. En segundo lugar, no creo que la presencia de nadie en un jurado me haga cambiar un ápice de lo que pienso. Al contrario, será motivo de entablar una discusión varias veces rehuída.

Por otro lado, no tengo nada que responderle a Pimentel. Decir que Kubrick, Antonioni o Romero han sido poco valorados es una absoluta memez y muestra de una ignorancia flagrante. De pocos autores se ha escrito tanto y tan bien como de ellos. Y de Romero, Robin Wood ha dicho cosas acertadas en varios textos y yo recuerdo haber escrito un largo y entusiasta artículo sobre Creepshow en el viejo Hablemos de cine. Tal vez fue el primer artículo sobre Romero publicado en una revista especializada peruana.

El desconocimiento lleva a creer que uno descubre la pólvora.

Pero ya que usted mueve el tema, fíjese en la entrevista que aparece aquí: http://pospost.blogspot.com/2008/08/vdeo-sebastin-pimentel-habla-sobre-cine.html

Allí, Pimentel afirma que Hablemos de cine apareció a fines de los sesenta. Falso: fue en 1965. Dice que uno de los miembros de la revista fue Alberto "Chicho" Durant. Falso: Durant jamás perteneció a Hablemos de Cine. Dice que las películas de los miembros de Hablemos de cine fueron de género en contraposición al cine insular de Robles Godoy. Falso: ¿"Muerte al amanecer", Muerte de un magnate, Cuentos inmorales, Maruja en el infierno, son de género? Más bien, si se trata de encontrar elementos del cine de géneros habría que buscarlos en En la selva no hay estrellas, de Robles Godoy, en la que el protagonista comete un delito y luego fuga por la selva, superando los obstáculos del lugar.

En fin, las metidas de pata son tantas que provocan risa, consternación, sorpresa o qué sé yo.

Anónimo dijo...

Pimentel: sigues patinando chibolon, dedicate a la filosofia. Exitos

Anónimo dijo...

Bedoya, en lugar de seguir con la monserga eterna contra Pimentel, ponga en una entrada aparte el link para una imperrdible entrevista con Gassman y Mastroianni (1996): http://ddooss.org/articulos/entrevistas/Mastroianni_Gassman.htm
Que para algo provechoso sirva su blog.

Anónimo dijo...

Pimentel no da pie en bola.Dice
cualquier cosa son la menor base.

Anónimo dijo...

¿porque Huayhuaca se presta al juego de la presentación del libro
de Pimentel en la que no dijo nada
sustancial?

Isaac León Frías dijo...

Estoy en el Festival de Valparaíso
y por eso no he dado respuesta al
pedido del lector, que ya Bedoya ha respondido en forma breve. Lo haré en un post con mayor amplitud.
El anónimo de las 14:29 habla de monserga eterna. Este es un blog polémico y hay debates de temas, que es lo que Bedoya ha hecho y sigue haciendo. Yo intento hacer lo mismo. Si quiere un blog ascéptico que busque otros que los hay en abundancia. Si no le parece
provechoso que se discutan errores, inexactitudes y falsedades, esa es su opinión, con la que estoy en absoluto desacuerdo y espero que la línea de Páginas del Diario de Satán siga
incólume, pese a las críticas que viene haciendo ese anónimo.

Anónimo dijo...

A Huayhuaca le parece malo el libro de Pimentel, pese a lo que
dijo en la presentación.