lunes, 3 de mayo de 2010

Contumacia

Contumacia es la persistencia en el error. Es lo que hace, una vez más, la revista Godard en el editorial del número 23. Después de todas las aclaraciones que se formularon al texto de Cordero aparecido en el número 22, la obstinación se mantiene, al punto de que las opiniones hacen tabla rasa de los datos objetivos, de la información. Se insiste en una visión crítica del pasado y del presente del cine peruano a partir del desconocimiento, del juicio terminante basado en datos erróneos o en supuestos no comprobados. Ni se investiga ni se lee, ni tampoco se analiza o se coteja. Igual que el artículo del número 22 que firmaba Cordero, pero en este caso en menor espacio, el texto está plagado de errores elementales, indignos de una revista que viene publicando 23 números. Encima, se afirma con suficiencia y arrogancia: "Si esto no pueden reconocerlo los especialistas, entonces están faltando a la verdad". Veamos las “verdades” que contiene el editorial.

Vamos por partes. En el primer párrafo se dice: "lo cierto es que el pueblo peruano nunca ha sentido identificación o apego al cine de su país". De entrada, más que discutible, es improcedente utilizar la categoría "pueblo peruano" y vincularla con la identificación o el apego al cine, ¿Cuál es el pueblo peruano? ¿La comunidad peruana en su conjunto" ¿Los llamados sectores populares? Es un concepto que no se pueda usar así no más, a no ser que se definan muy bien sus alcances, porque dicho como aparece en el editorial es impreciso, gaseoso y, más aún, demagógico. Lo pertinente, en todo caso, sería hablar del público o de la audiencia que asiste a los cines (en una porción estadística muy reducida del “pueblo peruano”) que es, además, lo único "medible", precisamente por una cuestión de asistencia a las salas. ¿Hay otras medidas para determinar la identificación o el apego al cine? Seguramente, pero nada indica que la revista Godard las haya aplicado para hacer una afirmación tan contundente. Entonces, si no se ha hecho una investigación (propia o ajena que se pueda citar) no es una “verdad” la que se enuncia en el texto. Es una falsedad.

Si se mide la identificación o apego en términos de asistencia a las salas, está demostrado que en los años 30 hubo un público que permitió que se mantuviera una producción peruana de más de 20 películas (entre 1936 y 1940) hechas sin ningún apoyo estatal, es decir, dependientes únicamente del boleto de entrada a las salas. Y mucho más tarde a fines de los 70 y en el curso de los 80 varias películas peruanas (Misión en los Andes, La fuga del chacal, Cuentos inmorales, Maruja en el infierno, La ciudad y los perros, La boca del lobo, Túpac Amaru, Gregorio, Juliana...) lograron importantes niveles de asistencia, acercándose o superando en algunos casos el millón de espectadores, una cifra que sólo contados “blockbusters” de hoy pueden alcanzar. Después de esas fechas, sólo algunas películas peruanas (No se lo digas a nadie, Pantaleón y las visitadoras, Alias La Gringa, Paloma de papel, La teta asustada) obtuvieron asistencias superiores a las 250,000 entradas vendidas, pero eso no tiene que ver necesariamente con una disminución de "la identificación o apego" (que tampoco se ha estudiado y evaluado en los períodos anteriores) sino con el decaimiento del espectáculo y la tremenda reducción en la asistencia que hizo temer en un momento la virtual desaparición de todas (o casi) las salas, como ocurrió en Quito, en Asunción, en La Paz. Con la llegada de los multicines se produce un alza rogresiva que aún ahora está lejos de los niveles de asistencia de los años 70 y primera mitad de los 80.

Hablar, entonces, "de la identificación y del apego" es una falsedad demagógica, es una apelación sin sustento de ningún tipo, pues no es producto de ningún trabajo de investigación, sino de una simple especulación que quiere pasar por dato real.

En ese primer párrafo se afirma también: "el nivel promedio del cine que se hace en estos lares es, y siempre ha sido, un cero a la izquierda". Pero resulta que en ese mismo editorial se pondera la calidad de "La teta asustada", por lo que al menos lo que se hace ahora ya no sería 0. Más aún si en números anteriores se leen comentarios favorables de otras películas peruanas, como Madeinusa o Chicha tu madre. Y si nos remontamos al número 5 (de julio de 2005) vemos una lista de las mejores películas peruanas de todos los tiempos (y con mucho entusiasmo a favor de La muralla verde). Con 0 a la izquierda, ¿cómo se puede hacer una lista de mejores películas? Más adelante, otro film de Robles Godoy, En la selva no hay estrellas recibe un comentario ampliamente favorable.

En realidad, estamos ante juicios y afirmaciones sin sustento, lanzados porque sí, por puro ánimo de decir cosas "que lleven la contra".

Más adelante se dice que "Claudia Llosa no es la única que intenta sacar al cine peruano de sus esquematismos y fórmulas desgastadas". Lo que menos hay en el cine peruano son esos supuestos esquematismos y fórmulas desgastadas porque aquí no se han perfilado continuidades ni series ni nada que se parezca a una fórmula. En una cierta medida, cada nueva película sigue siendo una experiencia distinta a la anterior, incluso cuando se trata del mismo director y a pesar de que en algunos casos (Robles, Figueroa, Lombardi) puedan reconocerse afinidades de distinto tipo. En una cierta medida, el cine en el Perú sigue siendo un "volver a empezar". A su modo, Robles “vuelve a empezar” con Sonata Soledad y más tarde con Imposible amor. Lo mismo Lombardi en varias oportunidades, la última de las cuales ha sido Un cuerpo desnudo. Hablar, pues, de esquematismos y fórmulas desgastadas en otra absoluta falsedad.

Otra afirmación temeraria, plagada de errores de información: "Ya es hora que CONACINE - una institución sin representatividad y escasa legitimidad- abandone sus pretensiones de crear una industria y destine los fondos del Estado a los mejores cineastas". CONACINE está representado por un alto porcentaje de los que hacen cine en el país y en los diversos rubros (producción, dirección, guión, fotografía, sonido) y los datos que se tiene de la últimas elecciones en que las dos asociaciones de profesionales compitieron por los cargos directivos indica un notorio aumento de la participación del gremio profesional. Además, en la última convocatoria para el concurso de largometrajes se han presentado 44 proyectos, la cifra record hasta la fecha. Ese es un dato que contradice esa torpe afirmación, pues, más allá de lo que se pueda pensar del ONACINE, las evidencias indican que ni le falta representatividad ni tiene escasa legitimidad.

Por otra parte, que se sepa el CONACINE no tiene cómo pretender crear una industria, pues sus posibilidades pasan por destinar los recursos que el gobierno le otorga para la convocatoria de concursos y poco más. No es una empresa de producción ni tiene los ingentes medios con que cuenta el IMCINE mexicano o el INCAA argentino. El CONACINE es un órgano pequeño y menesteroso que ni siquiera cuenta con el equipamiento de oficina mínimo ni el espacio físico ni el personal que le permitiría hacer una mejor labor administrativa.

"Ya es hora que CONACINE...destine los fondos del Estado a los mejores cineastas". Por lo visto, quien o quienes han escrito ese malhadado editorial no se han enterado de que el CONACINE no es el que elige a quiénes entregar premios sino los jurados que se nombran (a partir del último, y en buena hora, por sorteo) y no se han enterado tampoco de que varios de los premios de años anteriores han recaído en películas de directores debutantes que han tenido una acogida favorable fuera del país: Madeinusa, Contracorriente, Paraíso, Octubre..., a las que se suman, claro, La teta asustada y en menor medida Dioses, segundas películas de sus respectivos directores. Por lo visto, quien ha escrito ese editorial ni siquiera se han informado acerca de quiénes son los que han ganado los concursos de proyectos de largometraje.

Además, la afirmación parte del supuesto de que hay "mejores cineastas". ¿Quiénes son? ¿Quién lo decide? ¿Lo decide el CONACINE por cuenta propia? ¿O acaso la revista Godard? Tal como se enuncia la frase, pareciera que lo que debe hacer CONACINE es saltarse los procedimientos formales (¿para qué hacer convocatorias? ¿para qué jurados?, ¿para qué los concursos inútiles?) y entregar directamente los fondos a los “mejores cineastas”, sin evaluación de proyectos ni guiones. Es decir, se desprende de la ligereza del juicio el concepto de un órgano autoritario cuya función debería ser la de promover a “los mejores cineastas”, como si éstos ya hubieran pasado todas las pruebas y estuviesen instalados como tales, una suerte de grupo privilegiado que puede prescindir de todos los demás que no merecen presentarse ni competir. Si hay “mejores cineastas”, pues que ellos reciban los fondos del Estado.

¿A qué mejores cineastas” se podría elegir ? Aquí entramos en un terreno tan pantanoso que el debate suscitado en junio del año pasado sobre el asunto de los proyectos de ley y el rol de CONACINE quedaría como una cuestión de niños de teta y se armaría el gran follón y a la larga la supresión del CONACINE y quizás la eliminación de la ley existente y de la posibilidad de una ley futura.

Es inconcebible que se escriba como se escribe en ese editorial. Y más aún, sabiendo que quienes hacen esa revista no son universitarios de primer grado ni recién llegados al comentario cinematográfico. Por eso sorprende tal grado de contumacia en la desinformación y en la frivolización de un trabajo que, caramba, debería ser al menos un poco más serio y escrupuloso.

Isaac León Frías



10 comentarios:

Rodrigo dijo...

Estimado Chacho:

Exigirle a Cordero (y a sus adláteres) que se tome tiempo de investigar, de acudir a un archivo o biblioteca, de confirmar datos, de repensar lo que va a escribir, por lo menos de "googlear" bien -reglas para cualquier periodista o crítico que se precie de tal- es inútil. Sus intervenciones y escritos de ahora y siempre persisten en los mismos errores, en las medias verdades o medias mentiras, o en mentiras a secas.

Por ello, los cinéfilos enterados siempre acudiremos al trabajo tuyo, de Bedoya, de De Cardenas, de Bustamante, y de quienes hacen de la reflexión cinematográfica un ejercicio libre (libre de intereses subalternos) de seriedad y claridad intelectuales que entusiasma y que merece seguirse.

Saludos

Anónimo dijo...

Lo de formulas desgastadas se refiere al realismo gris de todo el cine peruano.

Carlos Oliva dijo...

Encuentro 2 problemas Sr. León: el primero leer una revista sobre cine hecha por mediocres, y segundo, rodearse de sujetos sobones, aduladores y mucho más mediocres como el tal Rodrigo.

Anónimo dijo...

Pues a los peruanos no les gusta el cine peruano, las cosas como son, quizas no muchos vayan al cine, pero muchos al final las ven por televisión o las compran en pirata y al menos el 90% de las personas (cinefilos y no cinefilos) con las que he conversado afirman que, simplemente, no les gusta y los casos que pone me parecen solo ecepciones.

Anónimo dijo...

Cordero no se entera de nada...

Anónimo dijo...

Amigo León, ¿usted sabe los números que maneja esa contumaz revista?... digo: tiraje, venta, índice de lectura etc. Según lo que he averiguado los números son bastante malos.

Diego Baca dijo...

El 50.3% de personas que conozco no le gusta el cine peruano, mientras el otro 49.7% le gusta. Entonces, ¿deduzco en el Perú a la gente no le gusta el cine peruano?.

¿Es posible afirmar deliveradamente en una revista especilizada en cine que "el pueblo peruano nunca ha sentido identificación o apego al cine de su país" sin ningún sustento teórico?

¿Qué otros medios además del número de asistentes a salas, personas ven películas en internet, compran películas piratas, entre otros puedo medir en una investigación que me permita conocer el nivel de identificación del espectador de cine peruano con el cine de su país?

Anónimo dijo...

Desde fuera, y desde la ignorancia (hace años que no veo una película peruana), ¿algún "pueblo" se identifica con su cine? ¿Cómo se sabe? ¿Es necesario, o siquiera posible?. Es más, ¿sería conveniente? Si ese supuesto "pueblo" (una abstracción cuyo empleo es ya un abuso) se identificara con la TV, el cine tendría que ponerse a su nivel, y para eso, en todos los países del mundo, apaga y vámonos.
Otra pregunta ¿sabe Godard que alguien titula una revista usando su nombre? Advierto que entiende nuestra lengua.
Miguel Marías

Anónimo dijo...

Ese Cordero dice cualquier cosa,
Marías.

Javier Delgado dijo...

Don Isaac

Con el debido respeto. Creo que en el fondo de la afirmación de Godard, mas allá de los datos mal usados y cierto afan pontificador, se afirma que el cine peruano el malo en promedio.
Amo el cine, me ha acompañado a través de mi vida, he visto muchisimas películas de toda índole, de muchos paises y de muchos temas.
De toda esta experiencia solo puedo mencionarle dos películas peruanas, una como buena (hasta muy buena!) y la otra como aceptable a buena, son La Teta Asustada y Dias de Santiago.
Ninguna más, el resto me parece de mediocre para abajo. No necesito rebuscar definiciones técnicas especializadas para afirmarlo. El cine hecho en Perú (peruano me parece no auténtico) es aburrido, de lamentable actuación, muchas veces insufrible.
Considero que no se debe ser indulgente con el cine mediocre. Es un producto que uno paga por adquirirlo (verlo), si el producto es deleznable uno debe quejarse o no volverlo a adquirir (que es mi caso).
Creo que ustedes los cineastas y críticos se alejan de esa ley fundamental del mercado. Se agrupan demasiado en la esfera artística y eso les hace alejarse de la realidad, de lo que es comercial y artístico a la vez, y pareciera darles el derecho de reclamar apoyos y subvenciones para los que no tienen merecimientos.
Termino contandole una frase que me dijo alguna vez un emprendedor: "Un buen producto, con un mercado conoocido, consigue financiamiento si o si".
Muestren el buen producto y luego discutan como financiarlo. No es al revés.