martes, 22 de enero de 2013

Juegos de muerte: El coleccionista 2

                                   

“Juegos de muerte: El coleccionista 2” apuesta al horror puro y duro, a la violencia sin atenuantes y al despliegue de sadismo.


Un asesino serial secuestra a una joven luego de cometer una masacre desquiciada. Como extraídos de una película de John Carpenter, los miembros de un heterogéneo comando armado buscan a la muchacha desaparecida en una guarida llena de trampas y restos humanos. Y no hay mucho más en la trama porque la trayectoria de la acción se asemeja a la de un juego de vídeo, más bien esquemático y reiterativo en sus incidentes.

La ruta que deben seguir los protagonistas es un laberinto, con sótanos y escondrijos que se descubren al avanzar como en las viejas seriales. Mil riesgos aparecen de pronto pero las vías de escape se cierran una tras otra. En su camino, los personajes enfrentan hallazgos repugnantes que incluyen cuerpos cercenados, tarántulas, insectos extraños, una galería de cuerpos mutilados. Obstáculos que deben vencer a riesgo de ser eliminados o liquidados mediante técnicas brutales y chocantes.

Hay algo en esta película maloliente que recrea las viejas mitologías del horror, las del gabinete de las figuras de cera, las del zombie blanco, las de los coleccionistas de cadáveres. Tal vez sea la disposición escenográfica de la guarida del criminal, con su obsesión clasificatoria y afanes museísticos. La diferencia es la que permiten los tiempos: la macabra colección luce ahora la gráfica sordidez de la materia descompuesta y la sangre fluyendo a borbotones.

El director Marcus Dunstan tiene oficio y se aplica en el juego de mezclar el miedo, el artificio, la sorpresa y el asco.

Ricardo Bedoya