sábado, 6 de octubre de 2007

La fuente de la vida (The Fountain, de Darren Aronofsky)


John Campos Gómez nos envía sus comentarios a La fuente de la vida, la película de Darren Aronofsky que se ha estrenado, con bajísimo perfil, sólo en salas de la cadena UVK.

The fountain es una oda (audiovisual) a la infinita motivación y alcance del amor... Es una historia básicamente típica narrada de manera atípica, en la que un hombre enamorado trata de encontrar la fórmula curativa para el cáncer de la mujer que ama. Premisa que Aronofsky utiliza para urdir su más personal trabajo, su visión compleja del amor como provocador de conflictos inconciliables entre las pasiones humanas y la naturaleza mortuoria. Qué les hace, hizo y hará esa situación límite en sus conciencias será más importante para el film que el logro que sería la obtención de la cura, pues Aronofsky no propone un melodrama convencional, sino uno tan reflexivo como pomposo en su propuesta visual.

La historia del presente, llamémosle BASE, es la motivadora para la creación de dos líneas ficticias atemporales (secuencias), mal llamadas pasado (¿s.XVI?) y futuro (¿s.XXVI?). La primera descrita por la inconclusa prosa fantástica épica de Izzy llamada 'The fountain', ambientada en el s. XVI en una América recién descubierta, en la cual combina su afición por la astronomía maya con el dilema pasional de su hombre (Tom), retratando allí su perspectiva de la situación. La segunda es un mundo onírico entendido como la introspección de Tom en condición de orador budista, donde se presencia su ascensión a Xibalbá (inframundo maya), junto a un moribundo árbol como representación de Izzy en un reducido terreno de límites circulares transparentes, un globo. La animosidad de Tom en ese contexto surreal -seudo futurista- responde a su semblante en el contexto BASE, todo lo visto en el globo es un código figurativo de algo existente en la 'realidad': su mujer es un árbol potencialmente inmortal; su ansiedad y hermetismo denotan su estado ermitaño; el exterior del globo es la posibilidad latente de la inmortalidad para ambos, y la estrella dorada Xibalbá) la concreción de ese objetivo. Un paquete análogo (mujer/amor: árbol/inmortalidad) entre elementos reales de la BASE y la representación metafórica de la conciencia de Tom, quien no hará nada que no involucre a Izzy como motivación de sus actos... Ambas secuencias , 's. XVI' y 's. XXVI', afectan en nada el desarrollo progresivo de la historia. Lo que suceda en el relato de Izzy o en el globo auto-opresor de Tom son sólo agregados efectistas para que Aronofsky personalice su obra como unidad expresiva.

The fountain impresiona por su puesta en escena sombría y contrastante en lo fotográfico, lo dorado y lo lóbrego son los ambientadores del film en lo cromático; a raíz de eso se plantea un relato lúgubre y misterioso, de una majestuosidad potencial que se revela en las tomas referidas al logro próximo a consumarse. The fountain esboza fatalidad desde la primera toma, la banda sonora es inquietante y siniestra, intrigante y suspensiva, tanto en la música ambiental como en la dicción de los parlamentos. Weisz imposta una voz sufrida y decadente, Jackman desesperación y ansiedad en su tono al hablar. Los personajes son los sostenedores claves de la trama, en ellos se confía la película para lograrse. Aronofsky se centra en los sentimientos profundos provocados por la vivencia comprometedora de la pareja, en la emisión de sus psicologías a través de la introspección meditadora de Tom contexto surreal), asimismo en la escritura de una Izzy consumada en su dolor superado (contexto s.XVI)... Sobresale, también, su timing distraído, así como el tino del realizador para hacer intelegible la discontinuidad narrativa muchas veces desconcertante y abrumadora. Los saltos de secuencias y contextos son fácilmente perceptibles y asimilables porque la narración es lineal, relativa a la emoción que se está viviendo. Ejemplo: si en la BASE invade la angustia, en el contexto onírico ('s.XXVI') o ficcional (s.XVI) invadirá también esa emoción para continuar en el mismo ritmo y accióndramática, evitando así cambios abruptos desconcertantes y buscapleitos. Si Tom se angustia por su éxito frustrado en la búsqueda de la fórmula curativa, en el globo se mostrará frustrado porque se encuentra lejos de Xibalbá (analogía Éxito:Xibalbá)

Aronofsky le regala a Hugh Jackman su papel más emotivo hasta la fecha, además de establecer como musa intemporal a Rachel Weisz, cuya imagen motivadora es más fuerte que el personaje mismo. The fountain es arriesgada porque es sumamente personal, y es bien sabido que el gran público no es predispuesto a recibir testimonios íntimos y desaforados con los brazos abiertos, menos aún si estos testimonios tienen cáscara taquillera, tan superflua como formulista. Aronofsky demuestra ser un apasionado desinhibido al pergeñar un film en el cual se explaya sobre las impresiones diversas de un amor sometido a un final previsible. The fountain posee casi todas las características de un blockbuster avasallador, exceptuando la banalidad característica.

John Campos Gómez

1 comentario:

Mónica Delgado dijo...

Quisiera agregar algunos puntos más al texto de John Campos. Para los mayas Xibalbá, y como consta en el Popol Vuh, era el inframundo, aquel lugar de la oscuridad, que no tenía similitudes con el infierno cristiano, del cual se iba a producir la luz como parte de una summa dialéctica de vida y muerte. El morir para vivir, para decirlo de alguna manera sencilla y arbitraria, formaba parte del imaginario maya. Pero sin perder esta carga simbólica, el Xibalbá de The fountain de Darren Aronofsky es una estrella moribunda, que evocando la mitología ancestral, al destruirse produce decenas de estrellas más. De esta manera, la estrella a punto de fenecer se homologa a la esposa enferma de Tom Creo (Hugh Jackman), un neurocirujano que experimenta con animales, y que espera encontrar aquella fuente de la vida que devuelva la salud a su mujer.
El film se parte en tres momentos narrativos, que como dice John Campos, no sabemos sin son futuro o pasado, y que en realidad son episodios de corte metatextual, y que terminan fusionados por la idea de trascendencia. Y aquí, la neurociencia, la tecnología, el saber ancestral y la superchería se une en la búsqueda de este mismo fin, ya sea por alcanzar el nirvana, encontrar el gen del antienvejecimiento o beber la sabia del mítico árbol (el de la Biblia, sobre todo, demostrando también una fusión entre el imaginario maya y el edénico).
El médico Creo se parece al conquistador español, que descubre el árbol de la vida maya, no por una ambición histórica (la que motivaron a los Cabeza de Vaca o Gonzalo Pizarro hacia la búsqueda de El Dorado, por ejemplo), sino por una suerte de estructura del sentimiento: el Edén que le promete la reina de España, “donde ella será su Eva”. Creo se asemeja también al Ponce de León, quien buscaba a la fuente de la juventud, en la zona de la actual Florida y que pone de ejemplo búsquedas antiquísimas.
The fountain es también un árbol de la vida en la cartelera.