sábado, 27 de octubre de 2007

Cabrejo comenta sus preferencias


Los decorados y las sombras expresionistas de “El gabinete del Dr. Caligari” aún siguen siendo inquietantes a pesar de sus décadas de antigüedad, al igual que la pálida blancura del vampiro de “Nosferatu”, que deambula en inconfundibles y fantasmales imágenes en doble exposición que hasta ahora perturban.

El cine de terror contemporáneo no sería lo que es sin “Psicosis” de Hitchcock, pero independientemente de ello es una obra maestra encuadre por encuadre: cada composición, cada escenario, cada gesto, cada plano, cada sombra, cada acorde de Hermann nos somete a la siniestra locura del personaje de Anthony Perkins. Curiosamente, en el mismo año en que se estrenó “Psicosis”, apareció “Tres rostros para el miedo” de Powell, que basa su horror en el descubrimiento del propio placer cinematográfico: el deseo de ver.

Entre las varias joyas de horror de Bava, tengo un afecto especial por “El látigo y el cuerpo”, que es un exaltado relato de amor fou y sobrenatural contado con una plástica de belleza tétrica y barroca. El italiano marcó escuela entre sus compatriotas, entre los que figura Dario Argento y “Suspiria”, una película única en la historia del cine de horror, que mezcla el estilo de decoración expresionista, la iconografía de “Blanca Nieves y los siete enanitos” de Disney, una composición exuberante y una banda sonora magistral, creando así unos escalofríos que brotan justamente de la propia extrañeza de su estética.

“Repulsión” tiene el arte de introducirnos en la propia mente de su enajenada protagonista. Sentimos el mundo del filme como lo siente el personaje de la Deneuve. Algunos momentos de horror que podemos encontrar en el cine de Lynch no serían lo que son sin la influencia de este filme de Polanski.

“La matanza en Texas” es una muestra de cómo una cinta hecha con cuatro centavos puede llegar a ser inmortalmente terrorífica y desagradable, mientras que la progresión narrativa de “Carrie”, otra gema setentera del género, por más hitchcockiana que se perciba, es una de las visiones más sobrecogedoras que he visto sobre la adolescencia y la religión.

De todo el boom del horror oriental de los últimos tiempos, “Kairo” es incomparable. Es una alegoría minimalista sobre las nuevas tecnologías y la deshumanización de la juventud, pero que nos envuelve en una sensación espeluznante como pocas cintas del género hechas en las últimas décadas.

Esas fueron los primeros diez títulos en los que pensé hace varios días, y tratando de elegir sólo una película por director. Sin embargo, tomando en cuenta que entre el cine de género tengo una predilección especial por el terror, y haciendo un pequeño ejercicio de memoria, existen otros títulos que me gustan muchísimo. En algunos casos tanto o quizá más que los que ya mencioné.

“Vampyr” de Carl T. Dreyer tal vez no encaje con exactitud en las convenciones del género, pero es como un sueño convertido en película. Pocas veces una cinta ha creado una atmósfera onírica tan atrapante. Creo que Ricardo ya ha descrito muy bien las virtudes de Jacques Torneur, de quien recuerdo sobre todo algunas escenas antológicas de “I walked with a zombie”.

De la Hammer, “El horror de Drácula” de Terrence Fisher hasta ahora encanta con ese Christopher Lee de ojos inyectados y movimientos seductores. Volviendo a Italia, Lucio Fulci tiene un clásico como “El más allá”, una película cruda y por momentos de acabado tosco, pero que es una alucinación gótica inolvidable.

Francia tiene a “Los ojos sin rostro” de Georges Franju, que maneja ese poético arte de compenetrarnos con un científico trastornado y su hija de rostro deformado; pero también a Jean Rollin, y un filme como “La violación de un vampiro”, una sexploitation de horror poseedora de una estilización que le debe mucho a los cuentos de hada como a Buñuel. Una joya de lo absurdo y lo bizarro.

Una de las películas de horror más subvaloradas en los últimos años es “Kakashi” de Norio Tsuruta, una cinta localizada en un ambiente campestre en Japón. Es una rareza turbadora, con seres humanos que se convierten en espantapájaros y una atmósfera que eriza. Este filme poco tiene que ver con esas mujeres con el rostro cubierto por sus cabellos que ahora abundan después del surgimiento de “El aro” de Hideo Nakata.

“Scream” de Wes Craven reinventó los patrones de las slasher-movies americanas con un gran sentido del humor y una carnavalesca cinefilia. Y hablando del humor, creo que esa mezcla de gore y slapstick que hay en el género ha dado algunos filmes que aprecio mucho, como “2000 maniacos” de Herschell Gordon Lewis y grandes “imitaciones” de aquel filme, como “Braindead” de Peter Jackson o la trilogía “Evil Dead” de Sam Raimi.

Pienso que el mejor horror creado por el maestro John Carpenter está más bien en un filme que también es de ciencia ficción: “La Cosa”. Hay otros filmes con grandes momentos escalofriantes, que adoro, pero que también se basan en un cruce de géneros: “Lost Highway” o “Fire walk with me” de David Lynch, “Videodrome” de David Cronenberg, entre muchos otros.

José Carlos Cabrejo