domingo, 14 de octubre de 2007

En cartelera: Manual de amor, de Giovanni Veronesi


Giovanni Veronesi, tras sufridas experiencias, plantea cuatro etapas como ciclo vital del amor, las cuales comprenden: el "enamoramiento", la "crisis", la "traición" y el "abandono", fases -según Veronesi- inapelables e ineludibles. La triste vida amorosa de Veronesi está expuesta en esta película, vista desde el flanco negado a la cursilería y a la pompa del sentimiento dadivoso universal, en el cual todo es color rosado fosforescente. Veronesi enuncia una teoría por medios fílmicos; su análisis grosso modo será el motivo de las siguientes líneas; discutir el film como expresión artística, y por ende personal -y bastante- del autor italiano, más no la emisión de instrucciones de autoayuda para parejas.


Manual de amor es una historia lineal sobre los avatares del amor en sus distintos tiempos vivenciales. Veronesi designa cada etapa a distintas parejas para atribuirle universalidad a su teoría sufriente del amor, la cual inicia tan meliflua e inocente como los individuos que la 'sufren', así como desoladora y decepcionante en su final con rasgos mínimos de optimismo culposo.


El "enamoramiento", primera etapa de la teoría de Veronesi, es la más simpática en la narración. Tomasso es un tipo enamoradizo que encuentra en Giulia a su amor a primera vista, al más puro estilo de Televisa, quien lo rechaza de las formas más directas posibles; esto afana a Tomasso en pos de su objetivo, que logra tras un infatigable intento. Lo rescatable de este episodio es el tratamiento cómplice puesto al servicio del empeñoso joven quien, carismático, conecta al público con su plan de conquista. La humildad como es contada, ajena de pretensiones cómicas y chabacanas, aunque carente de originalidad, es apreciable por mostrar buen oficio y lucidez para el discurrir de la acción. No busca carcajadas ni cursilería, sino mostrar el tesón de un joven para conseguir un difícil objetivo, más allá de las situaciones indeseadas que puedan devenir posteriormente.


La 'crisis' ya presenta alicaimiento. Sus protagonistas (Marco y Barbara) son un palmario de hartazgo insostenible, que disgustan no por su calidad de antipáticos -lo cual es su papel- sino por el disforzamiento exigido para connotar abulia. Hostigamiento tras hostigamiento, más parece un desfile lastimero del catálogo pro-divorcio. No convence ni conmueve, pues la torpeza de la impulsión narrativa no marca un camino de exposición conclusiva, sino abrupción irritante.


Expositiva y redentora es la "traición". Expone los motivos libidinosos de la infidelidad, siempre presentes en lo introspectivo y potencialmente explosivos a la mínima oportunidad. La infidelidad no es desamor, sino placer carnal fisiológico y represivo. Ornella desea a su vecino periodista, pero su apacible matrimonio no da motivo para hacer tangible esa pasión; hasta que descubre la "traición" de su marido, motivo suficiente para que ella pague con la misma moneda a la vez que cumple su fogoso anhelo. La redención -y comprensión- entre ambos es el cierre del capítulo. ¿No es malo una aventurilla de vez en cuando verdad, Veronesi? La "traición" es más distraída que su antecesora, pero está sumamente apoyada en el efectismo del personaje pintoresco que es Ornella, mujer policía inquebrantable y enemiga formal de la masculinidad al volante. Recelo producto del engaño perpetrado por su esposo. Tan medianamente entretenida como usuaria del circunloquio.


Lo que sería la 'muerte' en este ciclo vital es el "abandono". Goffredo es un médico saliente de una relación de nueve años, pues es abandonado por su mujer sin previo aviso, lo cual le provoca un desconsuelo deprimente. El médico divaga buscando distención. En esa actividad encuentra a una joven madre quien despierta en él el "enamoramiento" que hace tanto había dejado atrás. El ciclo vital de Veronesi no conoce la muerte, pero sí la agonía.


"El amor no muere, pero si decae" parece decirnos el autor con el cierre de su último capítulo, y por ende de su ciclo, el cual finaliza como empieza todo. El amor es un círculo vicioso que tiende a abatirse para luego elevarse cuando se inicia otra vuelta a la circunferencia. Desenlace ligeramente optimista de un global predominantemente pesimista. Goffredo se enamora nuevamente después de un trajín maratónico de sinsabor.Los 'enamorados' pueden ser jóvenes o mayores, los 'críticos' también son indefinibles en rango etario, así como los "traidores/traicionados" y "abandonados". En fin, las etapas planteadas no son atribuidas para parejas ceñidas a unas mismas características; cualquiera está propensa a enamorarse o a sufrir una crisis. A lo que alude Veronesi es a un proceso descendente de la ilusión romántica, en la que nadie se puede volver a enamorar si no ha sido abandonado antes. Floja sustentación fílmica de una disparatada teoría, en la cual se supedita las psicologías amorosas a un proceso de degradación.


La vida de Veronesi no es la vida de los otros... Sus malas experiencias pueden haberle llevado por un aumento progresivo de desdicha, pero plantear linealidad y etapas indisolubles a un sentimiento indefinible es lo que mejor corresponde a un prejuicioso desaforado.

John Campos Gómez