domingo, 1 de noviembre de 2009

¡Hay que canonizar a Shoshanna!: Bastardos sin gloria


¿Qué es “Bastardos sin gloria”, de Quentin Tarantino? ¿Cómo situarla dentro de una tradición, una línea sucesoria o un género? ¿Es un filme bélico, una parodia, una fantasía más o menos irresponsable sobre la venganza, un inmenso pastiche de casi 100 años de cine o un homenaje al Fritz Lang de las películas antinazis, como “Man Hunt” y “Los verdugos también mueren”, o al Chaplin de “El gran dictador” o al Ernst Lubitsch de “Ser o no ser”, que es un referente esencial en “Bastardos sin gloria”?

¿Es acaso un delirante remedo de las fragorosas películas de explotación italianas de los años sesenta y setenta, o una versión del “macarroni combat”, esa truculenta modalidad del cine de guerra practicado en Italia luego del declive del “spaghetti western”? ¿Es tal vez el capricho de un cineasta inspirado que se exalta presentando una fábula sobre el poder detonante del cine para cambiar la historia, modelarla a su gusto y reescribirla con impunidad, o el disparate mayúsculo de un realizador acostumbrado a que cada uno de sus antojos, explosiones de sádica agresión, quiebres narrativos y giros insólitos sean celebrados como guiños de ironía, malicia o cinismo posmoderno?

“Bastardos sin gloria” es muchas de esas cosas a la vez, pero sobre todo es la película de un cineasta indisciplinado, egocéntrico y brillante, capaz de filmar escenas de antología y otras de perfil más bajo, pero nunca desprovistas de interés.

“Bastardos sin gloria” se divide en 5 capítulos y cada uno de ellos impone su propio brío, ritmo y respiración. El mejor es el primero y resume las intenciones, estilo y sentido del filme.

Durante los créditos escuchamos “The Green Leaves of Summer”, que Dimitri Tiomkin compuso para “El Alamo”, de John Wayne (1960), mientras un cartel nos informa que entramos a un tiempo preciso pero a la vez mítico: “Hubo una vez… en la Francia ocupada por los nazis”. La acción empieza con la imagen de un campesino que trabaja con el hacha. Al mirar hacia el horizonte percibe la llegada del peligro, como en un western. Pero el acecho no proviene de cuatreros malvados al estilo de “Shane el desconocido”, sino de un indeseable visitante, un cierto coronel Landa, de la SS, encarnado con diabólica perfección por el actor austríaco Christoph Waltz. El cine como gran referente cultural y la Historia se encuentran para empezar una batalla a muerte.

La entrada a escena de Landa aporta una perversa extravagancia a la acción. El personaje es cruel, untuoso, locuaz, retórico, cínico. Es, además, políglota e histriónico. Fascina y es un gran villano. Usa los idiomas no para revelar sus pensamientos sino para enmascararse y mentir. Está siempre representando. Su presencia impone el paradójico tono de la comedia satírica pero también del suspenso.

Landa busca a sus presas, familias judías escondidas en la casa del aterrado señor LaPadite. De pronto, un formidable movimiento de la cámara convierte a los espectadores en testigos de la presencia de un grupo humano (la buscada familia judía) escondido en el subsuelo. Lo que sigue es un ejercicio de “suspense”, expectativas que crecen y ansiedades que se dilatan. Es el homenaje anticipado a la película de la que veremos algunas imágenes luego: “Sabotaje”, de Hitchcock. El remate de la secuencia, con Landa ejerciendo un indulto inesperado, impulsa la ficción, acelera el relato, crea el personaje de Shoshanna y nos prepara para lo que vendrá.

En ese capítulo inicial, que es un gran momento de cine, está todo “Bastardos sin gloria”: su virtuosa capacidad para mezclar los géneros borrando los límites entre tensión y humor; la celebración del diálogo no sólo como fuente de información dramática sino como rico material acústico, trabajado en la riqueza de su textura material, cuidando al milímetro la entonación, la dicción y el acento de Christoph Waltz; el olímpico desprecio de Tarantino por la representación realista, por la fidelidad a la historia y por el respeto a los hechos verificables. El que busque una versión contrita y “correcta” de la Historia es mejor que salga despavorido del filme de Tarantino y se consiga una copia de “¿Arde París?”

Pero en esa secuencia también está una de las claves del sentido de la cinta, que la publicidad anuncia poco menos que como una revisión de “Los doce del patíbulo” o una puesta al día de “Donde las águilas se atreven” o “El botín de los valientes”. En verdad, “Bastardos sin gloria” poco tiene que ver con esos títulos y, menos aún, con los filmes italianos en los que Tarantino dice haber encontrado motivación.

Y aquí es donde se asoma el espíritu de Lubitsch. “Bastardos sin gloria”, como “Ser o no ser”, es una película sobre la puesta en escena y la representación o, mejor, sobre varias puestas en escena que se cotejan, se pulsean, se miden y se enfrentan para comprobar su potencia y capacidad de persuasión. Una capacidad medida en su aptitud para engañar y, a la larga, en aniquilar al enemigo.

El “regista” y supremo “metteur en scène” de la ficción es Hans Landa que establece la estrategia central del filme. Al dejar ir a Shoshanna de la casa del señor Lapadite la convierte en futura antagonista, la perfila como personaje y, de paso, impulsa la ficción, prometiéndonos una confrontación sensacional para más tarde. En esa escena inicial se establecen los polos del conflicto y se diseña la inevitabilidad de la venganza.

Pero también está la estrategia de otro “regista”, Goebbels, que busca estrenar la cinta epónima, la del honor nacional exaltado en la figura del soldado heroico que es tizona destinada a machacar judíos, aliados, pacifistas, comunistas y gitanos.
Como se sabe, el Ministro de Información y Propaganda del Reich organizó un proyecto personal cinematográfico y lanzó su propio sistema de producción, diseñado en reacción a los modos experimentales, pesimistas, oscuros, mórbidos, tenebristas, tanáticos, que prefirieron los cineastas del expresionismo y del “filme de cámara” de los años veinte. Quería lograr un prototipo de filme bombástico, retórico e inflado que, según broma de Tarantino, acercaba a Goebbels más al modelo del filme de Hollywood producido por Selznick que a los de Louis B. Mayer, aludiendo a la desmesura de los proyectos personales del artífice de “Lo que el viento se llevó” antes que a la capacidad de Mayer para administrar un estudio a la manera de un meticuloso empresario. Al respecto, se puede consultar un interesante libro de Rafael de España llamado “El cine de Goebbels” (Editorial Ariel, España, 2002), que reseña los films antisemitas, operetas, comedias románticas, “biopics”, “heimatfilms” (películas folclóricas sobre los “valores inmutables y entrañables” del terruño alemán) y exaltaciones guerreras cuya producción impulsó el ministro nazi hasta el año 1945.

El Gobbels de “Bastardos sin gloria” quiere darse el gusto de mostrar, en el París ocupado, un rancio filme de propaganda nacionalsocialista de estilo “pompier” con el protagonista convertido en “Hombre de mármol” y orgullo nacional.

Frente a esa estrategia, que es capaz de erizar a cualquier cinéfilo, aparece la de Shoshanna, que no puede permitir que prevalezca una puesta en escena tan estridente y despreciable. La muchacha trama, entonces, una representación compleja y espectacular que desemboca en el sacrificio personal. El sabotaje de Shoshanna consiste en perforar el filme nazi para “intervenirlo” a la manera de los vanguardistas parisinos de los años veinte: agrediendo a los espectadores. El método: aplicando un corte de montaje discontinuo a la película del Reich para insertar el primer plano del rostro de Shoshanna llamando al fragor del combate.

Vestida para matar, Shoshanna, junto con su colaborador y amante, se convierten en una pequeña pero letal brigada dispuesta a sacudir la complaciente celebración de la jerarquía nazi. Y lo hacen apelando a un modelo de personaje muy conocido por Goebbels ya que su responsable, Fritz Lang, un exiliado alemán, se hallaba en Estados Unidos haciendo las mejores películas de su filmografía.
“Metrópolis”, de Lang, es evocada por Shoshanna en su transformación de pasiva a vengadora: como la María (Brigitte Helm), apostólica y furiosa gracias a la intervención de un malvado que la induce a la perversa venganza.
Así como el Rotwang de “Metrópolis”, escrita por la simpatizante nazi Thea Von Harbou, fabrica su María, el Gobbels de “Bastardos sin gloria” crea un duplicado isomórfico de la Shoshanna apacible y campesina: la iracunda vengadora que calcina el templo de Dagón con cientos de rollos de nitrato, como los que existen depositados en la Biblioteca Nacional de Lima hace mucho tiempo.

Pero si la María de Fritz Lang es la referencia dramática del acto militante de Shoshanna, la Juana de Arco de Dreyer es el modelo iconográfico. Apelación a la austeridad, despojamiento y desnudo rigor fílmico, en las antípodas de la grandilocuencia de las películas de Goebbels.
Por eso, Shoshanna, filmada en contrapicado mientras llama a la venganza, es la María de “Metrópolis” en sus dos encarnaciones, la buena María y la furiosa María, pero también es Juana, perseguida, víctima, combatiente, triunfadora y mártir. Habría que canonizar a Shoshanna; es la santa del cine.

La estrategia de Aldo Raine (Brad Pitt) es la menos interesante del filme. A Tarantino no le interesa hacer un remake de “Los doce del patíbulo”. La banda apache de vengadores sólo aparece junta en una secuencia que Tarantino aprovecha para convertir en ejercicio de estilo a la manera de su querido Sergio Leone: la aparición del Oso judío. Por eso, una de las críticas más graciosas y desencaminadas que se le ha hecho al filme es la ausencia de motivaciones de los “Basterds”, lo que resulta casi como pedirle currículum al correcaminos.
Tan poco le interesa a Tarantino la trama bélica de los Bastardos que termina por sabotearla convirtiendo a Brad Pitt y a dos de sus vengadores en la reencarnación de Sig Ruman, Felix Bressart y Alexander Granach, los comisionados soviéticos de “Ninotchka”, hablando aquí un italiano macarrónico digno de Lubitsch.

Ricardo Bedoya

10 comentarios:

Mario dijo...

Pfff, Sr, Bedoya, tanta demorado en publicar la crítica de esta peli para que al final sea este texto complaciente e imparcial. Sí, claro, canonizar a Shohanna por matar a miles de personas, pero si lo hiciera otro director seguro lo tildarían de fascista, retrogado, peor que la basura.

Pedro Arizola dijo...

JE, QUERRÁS DECIR PARCIAL. NO, MARIO? BUENO, A MÍ TAMBIÉN ME HA DEJADO UN POCO QUE DESEAR DESDE EL TITULO, QUE PARECE MÁS UNA ARENGA DE HINCHA APASIONADO QUE DE OPINION DE UN CRITICO CON TAN RESPETABLE TRAYECTORIA COMO LA DE RICARDO. UN SALUDO.

Anónimo dijo...

Mario: si la pela la hubiera hecho otro seria otra distinta y suponer que seria fascista por eso no es logico. ¿Acaso en Munich los judíos no se echan a los palestinos por venganza y nadie dijo que eran fascistas tal vez porque era una pela seria y para el Oscar?

Carlos Esquives dijo...

Efectivamente uno de los atractivos de Tarantino es armar de una escena irónica a una escena de suspense. El cine de Tarantino resulta ser una terapia de catarsis. El pasar de un estado a otro es más que exquisito, pasar del humor (más humorístico aún si es un humor negro o ácido) al drama o la acción. Esto convierte además al cine de Tarantino en una parodia, una paradoja lo que puede llegar hasta un absurdo. De hecho los estilos de cada director para llegar (captar la atención) al público es de distintas formas. Tarantino no es nada sutil. No deja de manipular las sensaciones del espectador y se va admirando de las escenas y se va cuestionando a su vez sí pasará o no. A los que no son conocedores de Tarantino los lleva a una incertidumbre por una no convencionalidad. No es natural que el malo deje escapar a los buenos, no es natural que sea muy específico las escenas violentas, no es natural que haya mucha coincidencia en que se encuentren los enemigos años después, no es natural que muera Hitler si así no murió; eso gusta (o gustó, refiriéndome a los que definitivamente les gustó "Inglourious Basterds"). Los que ya hemos visto a Tarantino aún hayamos sospechado que iba a morir Shosanna mientras que el héroe nazi agonizaba o que los historiados corrían el riesgo de cambiar el obituario del Fuhrer no mostramos insatisfacción, al contrario, fue un gesto de alivio, como una especie de: "por fin...sucedió". Shosanna (el lobo feroz que vestía caperuza roja) fue vestida de venganza, de María, de Santa, de heroína, dueña de un cine, dueña de un mundo aparte, de una historia alterna a la Historia. El mismo Cine resulta ser el verdugo de la Historia; muerta esta en lo que pensó era su campo de batalla. No es otra tonta película de guerra.

Anónimo dijo...

BASTARDOS ES LA MEJOR PELICULA DE TARANTINO Y DECIR QUE ES FASCISTA ES UNA MEMEZ POLITICAMENTE CORRECTA. AHORA HAY GOEBBELS DE LA CORRECCION POLITICA; ANTES ERAN CONMISARIOS DE LA IZQUIERDA

Italo Corvetto dijo...

Poner calificativos políticos al cine de Tarantino, me parece que es poco feliz. Su cine más bien se ha caracterizado por el cinismo, y Bastardos sin Gloria es una muestra perfecta de ello. Por otro lado, no veo razón para hacerle cargamontón a Bedoya, que solo demuestra emoción por una película que evidentemente le ha gustado. Por ser crítico, ¿acaso el hombre tiene que ser siempre solemne?

Alejo dijo...

Yo esperaría un análisis de esta película sin caer en apasionamientos, es decir, objetivo, no cayendo en sentimentalismos bobalicones ni en autoreferencias, señores, ya sabemos que el cine es apasionante pero la crítica tiene la misión de diseccionar una película, no de ensalzarla por motivos personales y tampoco la crítica debe servir para el lucimiento verbal del crítico. este es mi parecer. salu2.

Ismael Ávila dijo...

Obviamente cualquier crítico puede expresar una posición favorable acerca de la obra que comenta, no se trata de criticar por criticar.

Todas las películas son ficciones, ninguna puede mostrar la realidad de un hecho histórico "tal como fue", eso es una ilusión. En "Bastardos sin gloria" eso está muy claro.

Jorge Luis Villacorta Santamato dijo...

¡Me gusta mucho el encabezado del artículo!.

Tengo curiosidad por saber si la señorita Shoshanna también asistía a la Santa Misa.

Que la Divina Providencia siga guiando sus pasos.

Atentamente

JORGE LUIS VILLACORTA SANTAMATO

Darío dijo...

"El poder para dominar reprime las pasiones" Baruch Spinoza.
Y mucho de eso hay en las críticas que se le hacen al autor del blog. Por favor! viva la pasión! viva la euforia por semejante película! si se reacciona así solamente mirando una pantalla es porque la película es geniallll, como son algunas de Tarantino, obras maestras de la cinematografía mundial.
Y por último coincido con el título: POR FAVORR CANONIZEMOS A SHOSHANNA!!.
PD: Creo que Hans Landa se merece una estampita también!. (Que genio Tarantino!, consigue con su elasticidad discursiva y técnina que uno no termine de definir claramente al "bueno" y al "malo", al estilo hollywoodense, y uno termina ¡amando a los dos! como también pasa en Pulp Fiction, Kill Bill o Basterds).