viernes, 11 de marzo de 2011

El peleador


Lo más atractivo de una película como “El peleador”, es ver el contraste entre dos estilos de actuación, producto de dos escuelas o tradiciones propias del cine de los Estados Unidos. En este lado del ring está Mark Wahlberg; en el otro, Christian Bale.


Wahlberg (el boxeador “Irish” Micky Ward) tiene la apariencia dura, inexpresiva; es estólido, reconcentrado, con una sensibilidad que le lleva a aguantar a pie firme los golpes de sus adversarios, pero también las presiones de su familia. Parece una emanación de su medio, esa comunidad étnica de Lowell, Massachusetts, el “lugar donde nació la revolución industrial norteamericana”, marcada por el conflicto. Hay algo de John Garfield en este Wahlberg, a la vez chico del barrio, esperanza del lugar y signo de un modo de ser vencedor en el ring y vulnerable en su entorno. Wahlberg es un cuerpo, una presencia y pocos gestos. Así eran también Mitchum, Tracy, Robert Ryan, entre otros grandes del cine norteamericano.


Christian Bale, en cambio, compone su papel de Dicky Eklund, “el orgullo de Lowell”, hermano y entrenador de Micky, con precisión maníaca, afán transformista y conciencia de su “performance”. Se pone en escena a sí mismo en la clave narcisista, masoquista y virtuosa que usó en “El maquinista”. Bale “actúa” como la vieja gloria, el personaje que carga con la leyenda de haber derrumbado a Sugar Ray Leonard (¿o es que Leonard se resbaló?) y es seguido por un equipo de HBO que graba un documental sobre su regreso triunfal pero que, en realidad, registra su decadencia. Adicto al crack, locuaz, fascinado por el abismo, moviéndose siempre en la frontera que separa la redención de la perdición, Bale se luce en un juego nervioso, compulsivo, plagado de tics y automatismos que marcan el ritmo de sus andares y el movimiento de sus ojos y cejas. Es la tradición de las “performances” neuróticas de ciertos papeles de los actores del Método, desde Brando hasta De Niro.


A las películas de box les gusta mostrar relaciones fraternales. Como en “Champion”, de Mark Robson”, o en “Toro salvaje”, de Scorsese. Relaciones que reproducen, en escala doméstica, las tensiones, acaso la rabia acumulada o el encono, que se liberan luego sobre el ring. Aquí, a diferencia de “Toro salvaje”, no vemos la supremacía bestial de un hermano sobre el otro, sino las consecuencias del afecto preferente y a veces sofocante de una madre excesiva y la necesidad de deslindar con el mundo del barrio y de la familia a través del triunfo en el box.


La película alterna la cotidianeidad de los entrenamientos y las vidas en solitario de Micky y Dicky, y la visión de su entorno familiar. Pasa del registro relajado y la observación de las rutinas y ambientes característicos de una ciudad en decadencia a la descripción de un ambiente sobrecargado, monstruoso, en el que prima la histeria de la madre (Melissa Leo) rodeada por una corte de hermanas arpías mostrada con un afán un tanto caricaturesco. Todo transcurre aquí entre lo natural y lo patético y ese devenir tiene algo irrisorio, chirriante, excesivo.


Un acierto del director Russell: liberarse de la iconografía pasatista, en blanco y negro o colores sombreados, evocativa de las grandes películas de box de la era del cine negro, desde “Body and Soul” hasta “The Set-Up” y de las fotos de reportajes boxísticos de la revista “Life”, en la línea marcada por “Toro salvaje”. El box es ahora una mercancía de las cadenas televisivas de cable y las peleas que vemos tienen el aspecto crudo de la imagen digital, con luz brillante y espacios abiertos. Los golpes no son pretextos para el primer plano del rostro amoratado o adolorido ni para la reflexión moral, la meditación o la introspección. Son sólo golpes, secos y contundentes.


Ricardo Bedoya

4 comentarios:

Anónimo dijo...

A pesar de sus excesos y defectos o, precisamente, por ellos, gran película.

Ramiro dijo...

Wahlberg le da con todo a Bale, pero Bale gana el Oscar porque morisquetea todo el rato.

Anónimo dijo...

Es una buena actuación de Bale. Dejate de j...

Renato dijo...

Es una buena cinta, Wahlberg y Bale en personajes de características contrastadas pero con la misma pasión por el box.Bale realiza una interpretación notable que va mas allá de los ademanes y gestos.Ambos pueden dar mucho mas en futuras producciones.Por otra parte, la actriz Melissa Leo hace tan bien su papel,se siente muy real que llega caerte antipática por su forma de manejar los asuntos deportivos de su hijo, su favoritismo, en sí a su familia.
Saludos