sábado, 18 de julio de 2009

La desconocida


"La desconocida" (2006) es la película más reciente de Giuseppe Tornatore, el realizador de "Cinema Paradiso" y "Malena", entre otras.

Siciliano, nacido en 1956, la obra de Giuseppe Tornatore se siente heredera y centro de confluencia de varias tradiciones del cine italiano de todos los tiempos. La recreación del pequeño pueblo de Sicilia donde transcurría la acción de "Cinema Paradiso" evocaba los modos del cine costumbrista regional y apelaba al tono del gran género popular italiano desde los tiempos de las divas silentes: el drama sentimental. "Malena" recreaba la "commedia popolare" en la versión que se difundió luego de los años severos del neorrealismo de postguerra: con una Mónica Bellucci paseando su esplendor por un pueblito siciliano desvelado ante su belleza de la misma manera en que lo hicieron antes las "maggiorate", damas opulentas como Gina Lollobrigida, Sophia Loren, Silvana Mangano, símbolos del cine italiano de los años cincuenta.

"La desconocida" no es una excepción, aunque Tornatore elige ampliar su registro y pulsar a la vez las cuerdas tensas y enérgicas del suspenso y el "thriller" y las posibilidades más bien amplias y melódicas del drama familiar.

La película empieza bien, con un relato que ofrece informaciones incompletas, ambiguas, equívocas, que mantienen el interés y crean suspenso. Irena (la notable Ksenia Rappoport), una mujer ucraniana, residente en Trieste, se emplea en la casa de una familia. Ella es secreta y reservada, esconde cosas de su pasado y pretende cumplir una misión personal en ese hogar donde hay una niña que padece de un mal extraño: es incapaz de ofrecer resistencia ante una caída o un accidente.

La arquitectura del edificio donde trabaja Irena y sus escaleras filmadas desde lo alto; la perspectiva del abismo; la acezante música de Ennio Morricone que acompaña los trajines del personaje imitando los acentos de las partituras de Bernard Herrman para las cintas de Hitchcock; el cambio constante de apariencia de Irena, a la que vemos rubia y luego morena, adivinándole un pasado penoso, acaso como prostituta o tal vez como esclava sexual de alguna mafia; la extraña conducta del personaje que acecha a los vecinos del edificio, investiga sus movimientos y se acerca con sigilo a ellos. Todos son datos que van aportando un atractivo costado laberíntico a la acción. Tornatore homenajea y celebra el cine de Hitchcock y acierta.

Pero luego llegan las explicaciones del enigma de la "desconocida" y se suceden los resbalones. La línea del relato que involucra al personaje del rufián depilado que encarna Michele Placido desplaza las trayectorias enigmáticas de Irena y se impone con redundante contundencia. Hitchcock es postergado para instalar la mecánica del "Giallo", esa modalidad italiana del relato policial que mezcla tramas plagadas de efectos sensacionales con violencia gráfica y giros sorpresivos de la acción. Y no es que ello sea un defecto en sí ya que el "Giallo" es tan noble como cualquier otro género y cuenta con ilustres representantes, como Mario Bava, Dario Argento, Lamberto Bava, a veces Lucio Fulci, entre otros. El problema es que Tornatore resuelve el lado criminal de la trama a machetazos y al efecto truculento.

Pero como es un director con oficio, consigue insertar, aquí y allá, escenas fuertes y logradas que coinciden casi siempre con un asunto que se asoma sin que Tornatore se decida a desarrollarlo a fondo: Irena como ángel exterminador que llega al seno de una familia de la pequeña burguesía de Trieste para perturbarla, inquietarla, enfrentarla con sus culpas y tal vez disolverla. El recuerdo de "Teorema", de Pasolini se apunta, por ejemplo, en la secuencia del baño de la señora Adacher, mientras Irena alaba la belleza de su cuerpo. Pero ahí queda esa posibilidad del sentido de la película.

Ricardo Bedoya