lunes, 29 de diciembre de 2008

Ann Savage (1921-2008)


Sólo Barbara Stanwyck pudo ser más desalmada. Ann Savage, con el cigarro ente las comisuras de los labios y la mirada torva, se consagró como una reina de la serie B más renegrida con su papel en Detour, de Edgar Ulmer(1945). Torva, ambiciosa, cruel, tentadora, chantajista, manipuladora, fue la encarnación perfecta del destino ruinoso que le espera al que está condenado a perder. Ha muerto a los 87 años, luego de ser recuperada por Guy Maddin para hacer un papel en My Winnipeg.
Ricardo Bedoya

9 comentarios:

Anónimo dijo...

A mediados del 2007, la aparición del paquete "Film Noir Classic Collection, Vol. 4" derrumbó el lugar común que ubicaba a la protagonista de la sobrevaloradísima Detour como la más "desalmada" del género -al menos al lado de las mucho mejores actrices Barbara Stanwyck (Double Indemnity, Wilder, 44) y Jane Greer (Out of The Past, Tourneur, 47). La Jean Gillie de la soprendente Decoy (Jack Bernhard, 1946) es LA perversa insuperable de la "serie B más renegrida" -al menos hasta que algún nuevo descubrimiento la ponga en segundo lugar.

Anónimo dijo...

Te falta ver cine, Bedoya.

Anónimo dijo...

¿No has visto "Decoy" Ricardo?

Ricardo Bedoya dijo...

Veo que hay un lector que tiene ganas de conversar sobre cine norteamericano clásico. Encantado. No hay nada más estimulante que hablar de viejas películas.

He visto "Decoy" y me parece una notable y divertidísima película, aun en sus extravagancias narrativas y sus giros extraños: el muerto resucitando para volver a morir; el azul de metileno inyectado en una morgue de prisión que parece el escenario de una película de Val Lewton, y hasta el moralista plano final con el dolar como regalo de ultratumba a la malvada que tenía por encima a otro más pillo y malvado.

Jean Gillie es mala de verdad, pero no es una de mis malas preferidas. Y por más recién descubierta que haya sido Decoy ( en realidad, no ha sido descubierta recién porque ya en 1979 Alain Silver y Elizabeth Ward en su Enciclopedia del Film Noir -libro indispensable y recomendación básica para los aficionados al género- tratan de ella y señalan sus virtudes), y por más "filme de culto" que se haya convertido, hay malas que superan a Jean Gillie.

¿Por qué el personaje de Jean Gillie me parece inferior a muchas otras malvadas del cine negro? Porque la siento teórica, definida desde el arranque por el guión: "¿Es un asunto de aritmética simple?", dice para definir su conducta. Y eso es lo que hace en los setenta y tantos minutos de proyección: sumar uno más uno; un dólar tras otro; una víctima tras otra; un engaño después del anterior. Es verdad que tiene dos momentos formidables: el atrpello a su cómplice y el final, cuando le grita al doctor para que cave más profundo y halle la cajita del tesoro, pero incluso eso es producto de la situación y no de la actriz.

Hay otros factores: ella no es la mujer cualquiera que fuerza su destino y tuerce su vida por ambición o codicia. No. Desde el arranque está ligada con personas que son tan brutales y despiadados como ella. Es una mafiosa y su acción tiende a apoderarse de un botín oculto. Y su víctima principal -el médico- es un poco torpe y cae en redondo apenas le llega la proposición, por más arrepentimiento y golpes al juramento hipocrático que dé después. Esta malvada, pues, es ávida, pero no seductora, ni carnalmente irresistible, ni le cuesta trabajo hacer caer al hombre, ni tiene una inteligencia algebraica: no; las cosas se resuelven para ella por aritmética simple. Es perversa, pero su maldad es sumaria, mecánica, y sus estrategias más o menos previsibles.


Las grandes malas del cine no lo son por lo que hacen, sino por la forma en que caminan, se paran, miran, fuman, seducen, planean villanías sin que el otro lo perciba. Y eso es lo que tenía Ann Savage, por más lugar común que sea decir y proclamar que Detour es una obra maestra, mucho mejor que Decoy.

Y eso es lo que tienen otras grandes malas del cine negro, de la serie B, o del cine a secas, sin mencionar a Stanwyck o Greer, que son malas hasta cuando son buenas: Peggy Cummings en Gun Crazy, Marie Windsor en The Killing, Gaby Rogers en Kiss Me Deadly, Faith Domergue en White Rose for Julie, Jean Simmons en Angel Face, Linda Fiorentino en The Last Seduction, Bette Davis en Beyond the Forest y Little Foxes, Joan Bennet en Scarlet Street, Ivonne de Carlo en Criss Cross, Gene Tierney en Leave Her to Heaven, Gloria Grahame en Sudden Fear, Lizabeth Scott en The Pitfall, entre otras

Mande usted su lista de malas, y de malos también si quiere.

Anónimo dijo...

Innumerables exégetas y cinéfilos, incluido Ricardo Bedoya, consideran a Detour como una obra maestra. Bien por ellos. Hay otros que ante todo vemos en esa película una prueba de que ese buen director que fue Edgar Ulmer podía sacarle partido hasta a las piedras, lograr de la nada tres minutos que están en la primera línea de una antología de la historia del cine (el estrangulamiento fortuito de su protagonista femenina, con ese portentoso movimiento de cámara que, con continuos desenfoques, pasa revista a todos los objetos del cuarto donde yace el cuerpo); otros que podemos ver también en esa célebre película un muestrario arquetípico de las características principales del género negro, a saber, estructura en flash-back, continua voz en off, estilización de la luz y las sombras...; o más bien, casi todas las características del género, sí, todas menos la aparición de una verdadera "femme fatale".
El titular de este blog considera a Vera, el personaje interpretado por Ann Savage, una de sus malas favoritas. Perfecto, todo el mundo tiene derecho a tener las preferencias que se le antojen. Pero hay mucho que parece discordante cuando enumera las razones de esa preferencia: "Las grandes malas del cine no lo son por lo que hacen, sino por la forma en que caminan, se paran, miran, fuman, seducen, planean villanías sin que el otro lo perciba. Y eso es lo que tenía Ann Savage". Tal vez Ricardo Bedoya y yo hemos visto distintas películas, pero en la obra de Ulmer que conozco nada de eso ocurre con el personaje y la actuación de Ann Savage. Expongo mi punto de vista, paso por paso:
- "La forma en que camina, se para": alrededor de transcurrido media hora de metraje recién aparece Vera; está haciendo auto-stop en la carretera, junto a la gasolinería donde el protagonista masculino, Roberts, detiene el carro. Él se ofrece a llevarla y ella camina al auto: no hay nada sensual en su caminar, sólo dirección, horizontalidad, y el traveling que la acompaña que podría sugerir cierto aliento romántico, contrasta con la expresión dura de su rostro, que no variará durante los siguientes 30 minutos en que casi estará constantemente en pantalla. Camina en otros momentos, claro, y se para, no está incapacitada físicamente para hacerlo, aunque en exteriores se la pasa sobre todo sentada en el carro, y sólo en un momento entra raudamente a la oficina donde Roberts trata de vender el carro; en el interior del cuarto de hotel que Roberts y ella comparten, camina estando sobria o ebria de la misma forma, sin la más mínima variación (porque es una bebedora consumada o porque la Savage era una actriz limitada, casi da igual), sin el más mínimo asomo de sensualidad; camina porque debe movilizarse, nada más, pero casi todo el tiempo está sentada en el sofá, tomando y fumando, y al final, yaciendo muerta en la cama.
- La forma en que "mira": Vera es descrita por el conductor (Haskell) que recoge en auto-stop a Roberts y que antes ha tenido un encuentro con ella, como un "animal" (expresión literal), y así mira Ann Savage, como un animal salvaje. Media hora de la misma mirada sin él más mínimo matiz, sin ninguna sutileza, como una suerte de la Bruja del Oeste de El Mago de Oz (Haskell también la ha llamado "bruja"); media hora de "mirada torva", sí, como la de un coyote, o más bien, por caricatural, la de Wile E. Coyote.
- La forma en que "fuma": no hay duda, Vera fuma una barbaridad. En la escena de la primera noche que Roberts y ella pasan en el hotel, hay un plano que muestra más de una docena de colillas en un cenicero, y otros muchos planos la muestran con el cigarro entre los dedos y nubes de humo a su alrededor. ¿Pero cómo fuma Vera? Ricardo Bedoya sostiene que lleva "el cigarro ente las comisuras de los labios", como en la imagen que precede a esta entrada. Falso. En las tres o cuatro veces que vemos a Vera llevarse el cigarro a la boca, jamás lo tendrá en sus comisuras, sino que siempre se lo llevará justo al medio, y es más, inhalará el humo para exhalarlo de inmediato, como un acto reflejo. Más que fumar, boquea.
- La forma de "seducir": quien ve desprevenidamente la imagen promocional referida, podría pensar que Vera es en verdad una mujer seductora. Pero así como ese modo de llevar el cigarro no aparece en ningún momento de Detour, ese peinado y ese maquillaje son también inexistentes Hay que ver cuán seductoramente se pasa el cepillo por el pelo Vera, con la misma fuerza y desinterés con que un pescador descama a una cojinova; esa manera tan sensual de maquillarse ante un espejo, del mismo modo en que una adolescente indolente se cubre los barros con una crema barata. Además, no hay que olvidar que Vera -descrita por Roberts en off como si pareciera recién arrojada de un tren en movimiento, aunque con cierta belleza natural- ha sido previamente echada del carro por Haskell porque lo ha arañado (como un animal) cuando sus manos han querido conocerla mejor ("una mujer que hace auto-stop debe ser amable"). Nada de seducción ahí. Y en la primera noche que pasan en el hotel, ella, ebria, toca el hombro de Roberts diciéndole que se va a la cama, una invitación obvia. Él no responde, dándole la espalda. Cuánta seducción también aquí. Uno la ha puesto de patitas en la carretera, otro la ha mandado solita a la camita. Qué espléndida "femme fatale" es el personaje de Ann Savage.
- La forma en que "planea villanías sin que el otro lo perciba": Vera no concibe ningún plan extraordinario por si misma; simple y llanamente es el "destino" (palabra machacada una y otra vez por la voz en off de Roberts) quien la hizo cruzarse con el homicida involuntario del hombre que la mandó al diablo con anterioridad; por puro azar tiene la oportunidad de tener a su merced a alguien más débil que ella, y así poder hacerse del dinero que llevaba el difunto y del monto que se consiga con la venta de su carro. Otra casualidad que le llega esta vez tipográficamente (un artículo de periódico anuncia que un millonario agoniza y que se busca a su único hijo y heredero, el tal Haskell, quien se fugó de casa siendo un adolescente), la impele a exigirle a ese pobre diablo que es Roberts seguir usurpando la identidad del occiso. Ah, pero claro, por sí sola cómo planea villanías esta mujer, ¡y "sin que el otro (Roberts) lo perciba"!. ¿"Inteligencia algebraica"? Por favor, más bien la más primaria teoría del azar.
- "Eso es lo que tenía Ann Savage": tal vez en otra película; en Detour, muy por el contrario, no tenía nada de eso.
En la película que he visto cinco o seis veces (que no se erice Ricardo Bedoya, no dudo que él la ha disfrutado más veces), Vera es neurótica, desagradable, una especie de monstruo como puede serlo cualquier tipa desequilibrada viajando en carretera a dedo, sin destino y con mucho alcohol, cigarro y frustración encima, y, por supuesto, ni por casualidad "carnalmente irresistible" (palabras también de Ricardo Bedoya). En el Detour que conozco, Ann Savage lleva al extremo de la caricatura una maldad animal, primaria, tal vez sólo porque era una mala actriz, o probablemente también porque Ulmer con un presupuesto risible que apenas le daba para una semana de filmación, guardaba la sutiliza para algunos notables detalles visuales, y se desinteresaba de la dirección de actores y optaba por el trazo grueso en la definición de los personajes.
Hay palabras que Ricardo Bedoya le inflige a la Jean Gillie de Decoy que con mucha mayor pertinencia le calzarían a la Ann Savage de Detour: "Es perversa, pero su maldad es sumaria, mecánica, y sus estrategias más o menos previsibles". Y otras que ciertamente definen extraordinariamente a Vera: "la encarnación perfecta del destino ruinoso que le espera al que está condenado a perder". Exacto, ella es ruinosa, medianamente fea ("belleza natural" suena a eufemimo), vulgar, incluso algo masculina, y sólo capaz de terminar de desgraciar a alguien ya en desgracia, nunca a quien, como Haskell, estaba fuera de su oportunista poder de chantaje y había conocido ya a "un millón, dos millones" como ella (la fascinación que durante décadas ha ejercido Ann Savage es precisamente la de la ordinariedad extrema); ser el destino ineludible que aguardaba al protagonista más salado de la historia del cine en una fábula en gran medida "teórica, definida desde el arranque por el guión".
Ricardo Bedoya menciona a otras malas, todas muy superiores a Vera en mi opinión, todas de alguna forma malas "no por lo que hacen, sino por" cómo lo hacen (aunque las protagonistas de Gun Crazy y Leave Her Heaven, hayan matado a quien hayan matado, no me parecen en concreto malas, o en todo caso no de la clase de las otras). Pero como mala, perversa, hija de puta, me quedo con la Margot Shelby de Decoy, aunque Jean Gillie no sea ni de lejos lo gran actriz que fue Barbara Stanwyck, o un auténtico icono del género como Gloria Grahame, Gene Tierney o Jane Greer; y aunque el director Bernhard no tuviera la pericia para potenciar a tan apasionante personaje y a la actriz que fuera su mujer. ¿Alguna de ellas pudo concebir un plan tan delirante como el de resucitar a un amante (con artilugios de cine fantástico de pacotilla) sólo para volverlo a matar (o hacerlo matar) apenas pudo señalar el supuesto escondite del botín?; ¿alguna de esas mujeres fue tan fría como para atropellar a un segundo amante y meterle dos balazos a un tercero en apenas tres minutos de metraje (casi tan de antología como los de Detour)? Ah, ¿y alguna de ellas fue tan coherente con su propia maldad como para asesinarle en público la dignidad a ese patético prospecto de amante (el policía) en un último suspiro que fue más bien última carcajada? Todas ellas estaban recién en la escuela de maldad para párvulas cuando Margot llevaba ya varios doctorados en la materia, en el género.
Pero en gustos y colores..., cada quien tiene sus preferencias y razones que las sustentan. Y ya que la memoria cinéfila cada tanto nos juega malas pasadas, tal vez Ricardo Bedoya debería revisitar Detour y comprobar que, aunque Vera le pueda seguir pareciendo una de sus malas favoritas, las razones de tal preferencia no tendrán nada que ver con las que ha posteado en días anteriores.

Anónimo dijo...

Te dieron duro, Bedoya.

Anónimo dijo...

uyuyuy, salió un contendor!

Anónimo dijo...

Estás revisando Detour, Bedoya?

R Bedoya dijo...

No puedo revisar Detour porque no la tengo a la mano. Trataré de hacerlo, por supuesto.

Pero sospecho que el lector asimila sin más la noción de "seducción", o la imagen de perversa, con los modales de una leona, tigresa o felina en celo. No necesariamente es así. No todas tienen que moverse como la Kathleen Turner de Cuerpos ardientes. Hay otras formas de balanceo y acercamiento. También está la seducción que ejerce el reptil, la viuda negra, la mantis religiosa, entre otras especies que apuntan y disparan si tanto adorno.En Detour, Ann Savage es "torva, ambiciosa, cruel, tentadora, chantajista, manipuladora (...)encarnación perfecta del destino ruinoso que le espera al que está condenado a perder". Lo escribí y me ratifico.
Y que las malas se mueven, posan, gesticulan y fuman de una manera particular, no tengo duda. Lo que no quiere decir que todas tengan el estilo de Joan Crawford ni la pulsera en el tobillo de la Stanwyck. En una película de mugrosos y jodidos perdedores que se mueven por carreteras anónimas y hoteles cochambrosos, la seducción no tiene el rito ni el glamour que pone la mujer del millonario en Beverly Hills y ni siquiera la amante del gangster de Nueva York. La femme fatale no necesariamente tiene glamour, pero eso no le quita la condición de malvada ni el estilo para mirar, pararse y posar. La neurosis y la obsesión -o la marca del destino que acecha y que va a destruir a alguien- son ya rasgos de su estilo y su manera de ser.

No dije que Savage fuera carnalmente irressistible. Dije que Gillis no lo era al enumerar algunas de las posibilidades que pudo adoptar su maldad.

Me parece que no vamos a ponernos de acuerdo. Su comentario es muy bueno pero no quita ni pone nada a lo que dije de Savage. Usted se queda con Decoy, yo con Detour. Usted identifica la maldad con el aroma perverso del glamour fílmico. Yo también, pero sin dejar de reconocer que hay mil otras formas de encarnar el desafuero femenino en las películas negras.

Prometo ver Detour para contar los milímetros que separen el cigarro de las comisuras de Ann.