domingo, 17 de junio de 2007

El trash cinema y su crítica


Tercio en el debate entre el Dr. Vértigo y Cabrejo sin que me llamen. Lo hago sólo para responder a una pregunta que nos hace -y se hace- el Dr. Vértigo: “¿Dónde estaban los comentaristas y sus libros serios hace treinta años, cuando había que recuperar estas películas, realmente, de la basura ?”

Indico el paradero de los críticos o comentaristas supuestamente “no habidos”.

Muchos de ellos estaban haciendo lo que Vértigo (dejemos los grados académicos de lado) les reprocha no haber hecho: recogiendo algunas de esas películas de la basura. No para celebrarlas en bloque, ya que ni el gusto ni la paciencia dan para tanto. Pero sí para situarlas, entenderlas, dar cuenta de su existencia, rechazarlas con argumentos o valorarlas contra la opinión de los “cultos” críticos de contenido. Y no desde hace treinta, sino cuarenta y hasta cincuenta años.

Pruebas al canto

La muy seria y prestigiosa revista francesa Positif se refocilaba, allá por los años cincuenta y, luego, en los sesenta, con las cintas más lúbricas y cutres de la producción erótica francesa e internacional desde los días en que los críticos Ado Kyrou, Gerard Gozlan, Gerard Legrand, entre otros, aliaban el comentario cinematográfico con los impulsos tardíos pero todavía activos del surrealismo.

En esa misma revista, un crítico y realizador como Bertrand Tavernier tomó la posta de los fundadores para atender a los “nanars”, como llaman los franceses a las películas para “parafílicos”, y hasta a los pornos exhibidos en salas pequeñas de Cannes al mismo tiempo que el Festival. El que conozca el libro 50 años de cine americano, publicado al alimón por Tavernier y Jean-Pierre Coursodon, sabe que allí, al lado de análisis “serios” sobre la obra de John Ford, Jacques Tourneur o William Dieterle, se encuentra “el rincón del nanar”, dedicado a llamar la atención sobre las películas bizarras, “trash”, o como quiera llamárselas.

Uno de los primeros acercamientos críticos a la obra de Ed Wood –muchísimo antes de la película de Burton y de la onda esnob de reivindicación que trajo consigo- es la que consignan Tavernier y Coursodon en ese libro indispensable, que tiene versión española en Ediciones Akal, de Madrid, en 1992.

¿Y acaso Santo contra las mujeres vampiro, entre otros venerables títulos de esa corriente prolífica del cine mexicano trash que fusiona la lucha libre con el horror, no fueron descubrimientos de una crítica francesa que Vértigo parece desconocer?

¿Y sabrá Vértigo que los críticos de la Nueva Ola disfrutaban con la montaña de películas de “última categoría” que se exhibían en los cines de París de los años cincuenta, según lo testimonian los textos y biografías de Truffaut? ¿Y que Jean-Luc Godard dedicó su primer largo, A bout de souffle, a la Monogram Pictures, productora de filmes de género contemplados con fervor por seres poseídos por una aguda parafilia? ¿Y que críticos como Michel Mourlet y Jacques Lourcelles cultivaron junto a la pasión por Preminger, Losey y Fritz Lang, el gusto por lo atrabiliario fílmico y lo “bajo”?

Al parecer desconoce también a Francis Lacassin, autor de Pour Une Contre Histoire Du Cinéma, una joya publicada en 1972 por la editorial francesa 10/18, donde recopila ensayos que establecen la genealogía del « mal gusto » fílmico a lo largo de la historia, examinada con una cultura y erudición impresionantes. Pero, sobre todo, con pasión de cinéfilo.

¿Y habrá escuchado hablar de Luis Gasca, uno de los pilares de la revista española Terror Fantastic, publicada hace más de treinta años, a comienzos de los años setenta, en pleno régimen de Franco, y autor de varios libros sobre el tema? ¿O de la revista francesa Midi-Minuit Fantastique, fundada en 1962, dedicada al culto de lo marginal y lo extraño (le bizarre), con Michel Caen y Jean-Claude Romer como sacerdotes de lo macabro y el editor Eric Losfeld fungiendo de sumo pontífice de lo más extravagante?

¿Y sabrá de Robin Wood, uno de los críticos de cine más importantes e influyentes?

Wood, junto a sus textos sobre Antonioni, Chabrol, Bergman, tiene ensayos brillantes sobre las modalidades del terror más oscuro y visceral en el cine norteamericano de los años sesenta y setenta.

¿Y conocerá Vértigo a Jonathan Rosenbaum y J. Hoberman, críticos del Chicago Reader y del Village Voice, respectivamente, autores de Midnight Movies, un libro que da cuenta del fenómeno del trash difundiéndose por salas universitarias y alternativas
en los setenta.

¿Y a Todd MacCarthy, autor de Kings of the B’s, que encuadra, define y conversa con muchos directores de las películas más despreciadas del cine norteamericano?

¿Y entre nosotros, en el Perú, qué ?

A revisar la colección de la revista Hablemos de cine. Allí se encuentra la apología del cine italiano de forzudos (en críticas de Juan M. Bullitta que datan de 1965), el interés por las Grindhouse de Gordon Hessler (valoradas por Isaac León Frías en los setenta), o los primeros abordajes críticos a películas que parecían mugrosas entonces, en los setenta, pero que ahora se ven con otras perspectivas. Recuerdo haber escrito con entusiasmo sobre Parásitos mortales (junto a los primeros Carpenter y Romero), luego de verla en su estreno casi clandestino en el cine Venecia, y muchos años antes de que Cronenberg sea el autor que ahora es.

Muchas de las películas « bizarras » o de trash cinema apenas si salieron de su país de producción, por lo que mal podían ser conocidas por la crítica internacional. Buena parte de su fama se debe ahora a la difusión de títulos caletas en soportes distintos al celuloide. Primero, gracias al vídeo, y ahora al DVD. O acaso a ese fenómeno de reconocimiento retrospectivo que convierte a una « película basura » del pasado en la primera o segunda cinta de la filmografía del autor consagrado o del fabricante de blockbusters de hoy. Las preferencias cambian; los directores también.

Le concedo razón a Vértigo en algo: fue un interés minoritario, en círculos de aficionados recalcitrantes formados en una concepción del cine como arte popular y en el que no cabe hacer diferencias entre cine de « arriba » y de « abajo ». Y en una apreciación del cine como escritura y puesta en escena, donde los « Grandes Temas » son lo de menos.

Ricardo Bedoya

2 comentarios:

CARLOS MALDONADO dijo...

EN EL ÚLTIMO PÁRRAFO DE ESTA EXHIBICIÓN DE MEGALOMANÍA (CUÁNTO HE LEÍDO, CUÁNTO HE VISTO, CUÁNTO SÉ), "DIOS" LE CONCEDE LA RAZÓN EN ALGO A VÉRTIGO (QUE NO HA LEÍDO NADA, QUE HA VISTO POCO, QUE NO SABE NI ENTIENDE NADA). CUÁN MAGNÁNIMO DIOS.
EN OTRA ENTRADA, NO QUEDA CLARO SI DIOS EN PERSONA O A TRAVÉS DE ALGUNO DE LOS ILUMINADOS QUE LO LEEN Y SIGUEN, SE LANZA CONTRA UN ECUATORIANO CUYOS IMPERDONABLES PECADOS SON PENSAR QUE ENTRE LOS CRÍTICOS Y JURADOS DE FESTIVALES DE CINE HAY MUCHO HUEVÓN, Y CREER QUE EL CINE DEL MEXICANO RAYGADAS ES UNA BASURA. CON ÉL, DIOS O APÓSTOLES NO SON MAGNÁNIMOS Y SE LE ECHAN ENCIMA, MUY RASTRERAMENTE, APROVECHANDO UN ERROR ORTOGRÁFICO QUE TAL VEZ NO LO SEA DEL TODO, YA QUE ESCRIBIR RAYGADAS PUEDE PROVENIR DEL HECHO DE QUE ESTE INDIVIDUO NO ES REY DE NADA, MÁS ALLÁ DE SU PROPIA ABYECCIÓN.
EN UNA TERCERA ENTRADA, DIOS MISMITO HACE PUCHEROS PORQUE OTRO PECADOR IRREDENTO COMENTA QUE SE ESTÁ SOBREVALUANDO (ENDIOSANDO) LA LABOR DE LOS CRÍTICOS.
¿DE QUÉ SE TRATA, BEDOYA? ¿QUIERE QUE ESTE BLOG SÓLO PROVOQUE REVERENCIAS Y AGRADECIMIENTOS DE TODOS SUS LECTORES, IGNORANTES SIN REDENCIÓN, PORQUE USTED ES LA FUENTE DE LA VERDAD? PARECE QUE HA CREADO ESTE BLOG COMO EL DIOS DE OCCIDENTE CREÓ SU IGLESIA, CON EL PROPÓSITO EXPRESO DE QUE LO ADOREN.
EL AMIGO ECUATORIANO TIENE RAZÓN: HAY MUCHO HUEVÓN ENTRE LOS CRÍTICOS DE CINE.

Dr. Vértigo dijo...

Wow! Puse la trampa y me pillé los dedos,o más de uno pisó el palito ? Es tanto lo dicho, que no me detendré en las coloridas y pasionales alusiones personales de José Carlos Cabrejo, para permanecer dentro de lo que nos importa, ver cine.
No siendo ni tan joven ni tan viejo,lo que he podido reconocer en estos años,los últimos treinta o cuarenta, es la presencia que este tipo de cine, el mal cine, ha ido adquiriendo en el interés del consumidor promedio, y del crítico, también promedio, que pretende instruirlo. Hace cincuenta años sólo la crítica más inteligente,perspicaz y sin prejuicios, minoritaria por fuerza, cuyas conclusiones no eran difundidas, y menos apoyadas, desde la prensa masiva (a la cual accede ese consumidor promedio), se ocupó en alguna medida de ese cine atroz y marginal. Pero lo más importante no es, después de todo, que hubiera o no intelectuales y críticos interesándose en el mal cine hace 30,40,50 ó 60 años (los alegatos de Adonis Kyrou en favor del mal cine eran de un entusiasmo conmoverdor y tan desafiantes en sus días como pueden ser hoy las posiciones contraculturales más jóvenes), sino que representaban un punto de vista contrario a la "verdad" cinematográfica establecida para la época. Esas miradas han existido siempre, ejercidas, por suerte, no siempre sólo desde la crítica profesional (Paul Eluard hablaba extasiado del "otro mundo" escondido en las más clandestinas películas pornográficas, y recomendaba a sus amigos que las vieran. Hace 70 años). Pero creo que hay una diferencia enorme entre DESCUBRIR ese mal cine,con una mezcla de fascinación, desconcierto y aprensión, es decir, por una experiencia genuina e ingenua,y atosigarse con él,una vez que ha sido transformado en producto pre-digerido (esta vez sí) por los medios masivos. Hace 40 ó 50 años habría sido reconfortante leer lo poco que se escribiera,positivamente, desde la crítica profesional, sobre el mal cine, especialmente si nuestro interés por este nacía mucho antes de saber siquiera que existía la crítica de cine. Ahora esa experiencia genuina ha quedado casi definitivamente abolida. El mal cine se marquetea exitosamente como "cine bizarro," porque es posible que nadie compre un DVD etiquetado como "joya del mal cine." O sí, pero sólo gracias a una costosísima campaña de promoción. Por eso es que, en varios de los comentarios a mis opiniones, quienes los escriben afirman que no pueden entender que alguien reconozca que una película es aberrante o estúpida y que es capaz de DISFRUTARLA justamente por todo ello. Tiene que existir, para ellos (críticos incluídos), algo más digno que una reacción como esa para vincularse de alguna manera al mal cine. No tengo derecho a meterme en cabeza ajena, pero no puedo evitar imaginarme al crítico de hoy,omnívoro no discriminante, bien adoctrinado y sobre-informado consumidor, respirando aliviado porque hay documentos académicos (los "libros serios"),o por último, hasta "la onda esnob de reivindicación," como bien describe Ricardo Bedoya, que lo relevan de explicar, cuando hiciera falta, su acercamiento al mal cine. O peor, acercarse al mal cine, cuando ya no hay "peligro," a partir de su (relativa) consagración popular y académica. A propósito de todo, creo que no es indiferente para esta discusión que sea justamente Ricardo Bedoya, y no Cabrejo, quien esté capacitado, por una simple cuestión generacional, para contribuir con la información sobre los "críticos o comentaristas supuestamente "no habidos"." (Aunque nunca pensé que iniciaría un concurso de "Yo He Leído Más Libros De Cine Que Tú.") Bedoya debe saber cuán difícil habría sido iniciar y extenderse en una discusión como esta, hace 40 años, fuera de un círculo muy pequeño de aficionados al cine (en general),críticos profesionales o no. Es decir, habría sido considerablemente más difícil e improbable que hoy. Por lo tanto, el interés que el mal cine despertaba en aquellos pocos es posible que naciera en el verdadero descubrimiento y no como un hábito inducido,"fashionable," que es como se entra hoy en contacto con el mal cine.

Dr.Vértigo