domingo, 11 de noviembre de 2012

Operación Skyfall


"Operación Skyfall" es uno de los mejores Bond.

Luego de un inicio filmado por una segunda unidad alerta pero que sigue al pie de la letra la aceitada y consabida fórmula de la secuencia de acción y persecución por Estambul, la película empieza a crecer y mejorar.

Daniel Craig hace un Bond que aparece como héroe, reaparece como espectro, prosigue como “has been” y se muestra adolorido, ojeroso, inseguro, avejentado, con la barba crecida, demacrado, tembloroso, golpeado por el cambio de las épocas. El hombre que monopolizaba los gadgets más primorosos y codiciados, fabricados exclusivamente para su uso hípersecreto, descubre que ahora cualquier émulo de Zuckerberg puede obtenerlos con herramientas informáticas manipuladas desde su casa. Bond esta en riesgo de convertirse en reliquia citable de la venerable cultura britanica, entre Turner y Tennysson.

La aventura de Skyfall es la de la reinvención de James Bond desde lo primario y fundamental. En el largo camino para reconstruir al personaje, ese viejo buque de guerra que está siendo llevado al muelle del retiro, las pruebas de competencia se libran mediante saberes tradicionales y viejas armas.

El torneo de Skyfall es retrospectivo. Arranca en la sofisticación “hi-tech” de la notable secuencia en Shangai, con medusas electrónicas proyectadas sobre los ventanales de un rascacielos de cristales iluminados. Prosigue en la exhibición de variadas destrezas de defensa mientras es amenazado por los reptiles carnívoros del casino de Macao, y culmina en un viaje a los orígenes del personaje y del género cinematográfico de espías, al que rinde tributo: en los paisajes espectrales de la Escocia rural, donde Hitchcock ambientó parte de “Los 39 escalones”, con Robert Donat.

Custodiado por sus padres de sustitución (Dench y Finney), Bond resuelva la amenaza del villano Bardem - histriónico y de lastimado Edipo- con una defensa artesanal que incluye clavos y recursos domésticos convertidos en objetos detonantes. En la ruta, apela al combate cuerpo a cuerpo, a los puños certeros, a las técnicas de las artes marciales, a las armas de fuego, a una radio transmisora que evoca la era de los transistores, al Aston Martin fabricado a mediados de los años sesenta para “007 contra Goldfinger”, y aplica las lecciones que dejó Dustin Hoffman cuando tuvo que defender su hogar del asalto de los furiosos vándalos rurales en “Los perros de paja”. Hasta escuchamos a Charles Trenet en la secuencia de la isla en ruinas.

 Este  007  mira al pasado, vuelve a la naturaleza y se defiende con los instrumentos que encuentra en el entorno. La regresión es, para Bond, el proceso que lo restaura como personaje y mito.

Ricardo Bedoya

2 comentarios:

Nowhereman dijo...

Coincido plenamente con el comentario acerca de la repetitiva, mánida y absurdamente exagerada secuencia inicial de la película y me pregunto ¿algún día los directores caeran en la cuenta que esa fórmula es aburridísima? El desarrollo de la cinta es interesante. Nos muestra ese declive o decadencia de usos y formas en el espionaje que atentan contra el mito mismo de Bond.El personaje que encarna craig es de lejos, el mejor desde Roger Moore. Detecté incluso un mensaje semi oculto y hasta con pizca de mea culpa en el discurso del personaje de Judy Dencht ante el gobierno inglés. Quizás pasó desapercibido para mucho pero a mí me dejó pensando y la inmedita aparición del villano con secuaces (excelente Javier Bardem) fue un empalme de imágenes que cayó perfecto. Un apunte final y a manera personal: un Bond sin encender un sólo cigarrillo en toda la película, no es un Bond completo. Cuando la guapa mujer fuma delante de él en el bar del casino de Honk Kong, verdaderamente deseé que le invitara uno, aunque sea para que lo encienda.

Gustavo Herrera dijo...

No voy a redundar en lo ya dicho de forma tan brillante por Ricardo Bedoya. Solo quiero hacer notar un par de sensaciones: la primera tiene que ver con la influencia que parece haber ejercido Christopher Nolan, con su trilogía sobre Batman, en Sam Mendes para desarrollar el personaje. Pues ya no se trata únicamente de un espía con "licencia para matar" desbordante de sensualidad y humor que salva al mundo occidental repetidas veces para mayor gloria de Inglaterra. Hay ahora un manejo distinto del personaje principal en el rollo psicológico que se extiende a los secundarios,en el planteamiento de sus motivaciones y en la búsqueda de sus orígenes, que trazan un paralelo entre el héroe del cómic de DC y al héroe de ficción creado por Ian Fleming. Es más, en esta entrega 007, al igual que Batman, es identificado con un logo o con una sombra claramente delineada. Al respecto hay que remitirse, por ejemplo, a la escena donde M llega a su oficina a oscuras y se da un pequeño susto al ver la sombra en la ventana. Otro aspecto que me interesó mucho es el de mostrar las relaciones laborales en la actualidad, la división de los empleados de oficina y los de campo y la discusión sobre quiénes son más importantes hoy en día para conseguir objetivos. Definitivamente, es una buena película, lástima nomás que se deba mover dentro de ciertos parámetros que exige la franquicia.