lunes, 24 de noviembre de 2008

Un congreso iberoamericano de cine

Aunque han pasado ya algunas semanas, no es tarde para hacer un breve comentario del Primer Congreso de la Cultura Iberoamericana que se realizó en México D.F. entre el 1 y el 5 de octubre último, y que estuvo dedicado al cine y a las artes audiovisuales. Fue en la Cumbre de Jefes de Estado de Iberoamérica celebrada en Santiago de Chile en la que el rey Juan Carlos le espetó a Hugo Chávez el contundente "por qué no te callas", donde se aprobó la puesta en práctica de estos congresos. La idea era debatir acerca de los problemas, comunes o no, que afectan el desarrollo de las prácticas culturales y artísticas en los países iberoamericanos y trazar puentes entre los gobiernos y las instituciones dedicadas a esas prácticas que permitan estimular y afianzar el desarrollo de las mismas.

El primer Congreso se ha concentrado en el cine (y muy genéricamente en las artes audiovisuales) y ha reunido a una buena cantidad de profesionales de diversos países, teniendo como figuras más notorias a los realizadores Manoel de Oliveira y Carlos Saura. Cierto, además de los Príncipes de Asturias que, junto con la presencia del Presidente Felipe Calderón, motivaron al inicio un enorme aparato de seguridad.

No hubo delegación oficial peruana, porque las invitaciones del Ministerio de Cultura de España, el órgano que canalizó las propuestas del Congreso, se hicieron de manera particular en cada caso. A Rosa María Oliart, Presidenta de CONACINE, se le invitó para participar en el debate sobre los órganos representativos de las diversas cinematografías. A las productoras Enid Campos y Natalie Hendrikxs para debatir sobre los temas de financiación, producción y mercado. Al crítico Alonso Eyzaguirre para tratar la relación de la crítica con el cine iberoamericano. En mi
caso, participé como redactor en dos libros colectivos (uno editado en México y otro en España), que fueron presentados durante el Congreso y me tocó hacer la ponencia introductoria y conducir una mesa redonda sobre el cine latinoamericano de los años 60 en la que estuvieron Miguel Littin, Román Chalbaud y Octavio Getino.

De entrada, se evidenció un problema de organización. El trabajo preparatorio estuvo coordinado en España. La contraparte mexicana no estuvo a la altura de las circunstancias. Ni el Instituto Mexicano de Cine ni el Consejo Nacional de la Cultura lograron articular adecuadamente el esfuerzo previo. Además, hubo cuatro mesas redondas temáticas que se desarrollaron
simultáneamente a lo largo del día, en varios horarios y con distintos participantes, que exigían el don de la ubicuidad que nadie poseía y que nos mantenían a muchos en largas sesiones que alcanzaban las 10 horas en el Centro Nacional de las Artes, que forma parte del antiguo complejo de los Estudios Churubusco, muy alejado de los hoteles en los que estábamos alojados los participantes.

Hubo, entonces, exceso de mesas redondas y dispersión. Naturalmente, las diferencias entre el nivel de desarrollo fílmico de los países se hicieron notorias desde el comienzo y las dificultades de la distribución y los problemas de un mercado copado por las compañías norteamericanas marcó la tónica de los debates. Lo deseable hubiera sido acotar la temática del Congreso y no diversificarla en tantas direcciones. Aún así, el Congreso no deja de ser un llamado de atención a los diversos gobiernos para la defensa de una actividad ligada a la industria, pero sobre todo al campo de la cultura y la comunicación. Un documento titulado Declaración de México", que puede sonar, precisamente, muy declarativo, y a cuyos puntos enlazamos, cerró el Congreso: http://www.conaculta.gob.mx/?p=654

No es la primera vez ni será la última que se afirmen esos propósitos de cumplimiento difícil y
problemático. Pero en la medida en que están de por medio compromisos intergubernamentales,
algo pueden contribuir a que no sean un simple listado de buenos propósitos. Que el programa
Ibermedia se vea reforzado ya sería un avance.


Isaac León Frías