lunes, 12 de julio de 2010

Revisando Dogville


"Dogville" es una parábola firmada por el danés Lars Von Trier. Una vez más en su obra, la protagonista es una mujer expuesta a la maldad de los otros, sean los seres humanos o la Providencia. En “Dogville”, Grace (Nicole Kidman) es "la Gracia" humilde y aterrorizada que llega a un pueblo de las Montañas Rocosas durante los días de la Gran Depresión. La persiguen unos gangsters. El pueblo de Dogville le da refugio y acoge a esa Gracia asustada y con vocación de santidad. Poco a poco, el gesto de generosidad se transforma y los seres humanos se revelan como lo que en verdad son: perros rabiosos que rechazan la Gracia, la esclavizan y prostituyen. Ante la perversidad y egoísmo humano sólo resta la sanción, en el más cruel estilo del Antiguo Testamento. La Gracia humillada -luego de hablar de ética con el Padre (James Caan)- se convierte en Ángel Exterminador que corta, con la espada de fuego, sus vínculos con la miserable gente del pueblo. Así de simple; así de dogmático y esquemático.

Pero como Lars Von Trier es un director astuto, recubre su enfático sermón con la camisa de fuerza del artificio “experimental”. "Dogville" no es una película realista. Descarta los escenarios que luzcan naturales y las situaciones que simulen lo real. El pueblo está diseñado de un modo espectral, con marcas de tiza sobre el suelo. Los actores fingen, con empleo de la mímica, abrir ventanas y cruzar aceras. Se desmonta la “ilusión de ralidad”. Desde la imagen inicial (la cámara en posición cenital sobre todo el "set") se nos recuerda que asistimos a una representación que tiene cuotas novelescas y lúdicas. Una voz incorpórea (la de John Hurt), a la manera de un demiurgo o el narrador omnisciente de una novela del siglo XIX, impone su dominio y su distancia, marcando las reglas del juego: el escenario es un tablero de damas y allí se libra un juego que acabará de modo fatal, con los perdedores barridos por el Apocalipsis, a causa de su estupidez y su codicia.


A diferencia de las cintas anteriores de Von Trier, "Dogville" no tiene la consistencia del melodrama, ni la carne ni el espíritu de los dramas metafísicos de Carl Theodor Dreyer, al que rindió tributo en "Contra viento y marea". Esta película es un diagrama, un artefacto cultural, una construcción plagada de referencias, un ejercicio cerebral que busca conciliar el puritanismo de "La letra escarlata", de Hawthorne, con las teorías teatrales de Bertold Brecht; el clima mental de "Nuestro pueblo", de Wilder, con las representaciones de la crueldad, distanciada y fría, del Fassbinder de "Las amargas lágrimas de Petra Von Kant"; el ambiente, vestuario y vehículos de "Viñas de ira" con la congelada ironía del narrador de "Barry Lyndon".

Pero, ¡qué lejos está Von Trier de sus modelos! "Dogville" se acerca más bien al fundamentalismo misantrópico de Mel Gibson en "La pasión de Cristo", con su monotonía narrativa, sus colores ocres, su regusto masoquista, su afición por la tortura, su relato construido como vía crucis, su maniquea división entre la "gracia" divina y la "desgracia" humana. Pero, claro, Von Trier es más "listo" que Gibson y se da ínfulas de cineasta de vanguardia, disparando aquí y allá de modo contradictorio. Usa los recursos de la “distanciación”, de índole brechtiana, pero dirige a Nicole Kidman con la ortodoxia de la encarnación naturalista. Busca la lucidez conceptual del espectador, despojando la acción de los “velos ilusorios de la mimesis realista”, pero mueve la cámara de modo nervioso y pleonástico mientras busca los gestos expresivos y emocionados de Ben Gazzara o Paul Bettany -ese Lot que no encuentra (ni encontrará) un solo hombre justo en el mundo culposo de Von Trier-, atentos al primer plano afectivo y conmovedor. Se concentra en el juego virtuoso de un montaje basado en cortes bruscos ("jump cuts"), interviniendo en la acción y guiando la mirada del espectador, mientras su dispositivo escénico sugiere el tratamiento contrario: la contemplación distante para abarcar con la mirada ese set abstracto, transparente, que contiene al elenco íntegro actuando a la vez y todo el tiempo durante las tres horas de proyección. Por eso, los mejores momentos de "Dogville" son aquellos que proponen una mirada abarcadora a todo el microcosmos: el de la imagen inicial, con el "mapa" de Dogville mirado desde el cielo, y el encuadre de Grace siendo violada mientras los habitantes de Dogville hacen sus tareas cotidianas.

"Dogville" es la obra de un director talentoso pero autoindulgente, dispuesto a celebrar como un adolescente sus “hallazgos” expresivos, que tienen más de pose y capricho que de verdadera originalidad.


Ricardo Bedoya

8 comentarios:

Pulgarcito soñador dijo...

Sin dudas. Las ideas de Dogville me parecen atormentadoras. Lo malo es que , al final, el film termina convirtiéndose el mismo, en un tormento.

Anónimo dijo...

El último párrafo es formidable, pero resulta excesivo en referencia a Dogville. Más bien le calza como guante a Luz silenciosa, "artefacto cultural" y "ejercicio cerebral" tan celebrado en este blog.

Anónimo dijo...

Asu, que malo que es Bedoya, deberian cambiarle el apellido a Von Trier, ponganle Tamayo, Mendoza o Durant, alli si, lo tratan suaveciiiiiito como al turron.

Silvina dijo...

Ricardo, cuando agarres una cámara y la hagas hablar como se debe, ahí te voy a dedicar unas líneas simpáticas. Von Trier es un gran cineasta, no por lo que hace sino por lo que se atreve a hacer.

Abelardo Puig dijo...

Durante los primeros minutos de película, yo estaba alucinado. ¿Cómo se atrevió a rodar una película así? Con el tiempo, me fui dando cuenta que la mejor forma de contar esa historia, es así, sin escenario, sin paredes. Esa escena, la primera vez que Kidman es violada, cuando la cámara pasa a un plano más general del pueblo, y sólo al fondo puede verse la atrocidad, mientras que el resto de habitantes pasean y charlan tan tranquilamente, es alucinante. Qué mente. Un genio. Llegando al final, el estado anímico del espectador es verdaderamente doloroso. ¿Cómo puede una persona tan bondadosa como el personaje de la Kidman soportar aquel infierno? ¿Cómo Tom puede traicionarla de forma tan ruín cuando ella más lo necesitaba? Se ve que Lars Von Trier se limitó a hacer con el final lo que muchos deseabamos: la venganza más cruda. No tengo capacidad para analizar amigo Bedoya pero si para sentir. Un abrazo.

Buenos días Playmobil dijo...

Hola
Me gusta mucho este articulo, ayuda a diluir algunas sentidos que tiene la 'escenografia'. Lo malo, apartir de todo el cine que he visto, es que no tengo capacidad para seguir todas las referencias.

Por otra parte, en mi opinion, la idea del escenario es hacer participar directamente al espectador de lo que sucede en ese pueblo (podriamos recurrir a la frase Pueblo chico, Infierno grande, alegoria). La toma de inicio es una prueba de esto al buscar convertir al espectador en otro miembro de Dogville que conoce cada cosa que hace su vecino (desde lo publico a lo intimo). Es por eso que no hay paredes que protegan lo privado: todos saben que Grace es violada, etc. No hay misterio pero si suspenso con la presencia de los malechores que terminan eliminando a este decadente pueblo inservible para superar la Gran Depresion.

La Enesima Dimension

Benito Lugo dijo...

"Von Trier es un gran cineasta, no por lo que hace sino por lo que se atreve a hacer". Con ese criterio habría infinitos grandes cineastas. Godoy se atrevió a hacer un bodrio como Imposible amor.

Silvina dijo...

Benito, aprende a leer entre líneas.