lunes, 12 de enero de 2009

¿La lección de Bollywood?


Isaac León Frías retoma el debate sobre el cine peruano a propósito de un artículo de Antonio Fortunic. ¿Es posible crear una industria cinematográfica en el Perú? ¿Es posible esperar que exista algún día?


"En El Dominical de El Comercio del 30 de noviembre último aparece el artículo La Lección de Bollywood, escrito por Antonio Fortunic, en el que se hace un balance periodístico de la industria cinematográfica de la India y se concluye que esa cinematografía, igual que la de Hollywood, deberían servirnos de ejemplo. ¿Ejemplo de qué? Dice Fortunic. “A diferencia de lo que se ha pretendido en el Perú, donde se demanda la excelencia cinematográfica a priori, sin tener en cuenta que nuestro mercado y nuestra industria son aún muy endebles, tanto Hollywood como Bollywood nos demuestran que el camino es exactamente el inverso: construir un sólido cimiento primero y desde allí explorar todo el potencial que la pantalla puede ofrecer”.

Empiezo por decir que me parece un enorme despropósito poner como ejemplos de una más bien improbable industria fílmica nacional esas dos cinematografías y por varias razones:

1) Ambas industrias se gestan en el periodo silente, en países con un gran territorio y volumen de población, y se van afianzando a través del tiempo.
2) Hay diversas circunstancias político-económicas que permiten ese afianzamiento y que no tienen nada en común con las nuestras.
3) Hollywood domina desde los años de la primera guerra mundial el mercado internacional; Bollywood, el enorme mercado interno y el de varios países próximos.
4) Los modelos narrativos activados, con todas las actualizaciones que puedan haber tenido en el transcurso de los años, se han ido sedimentando porque se trata de eso: de cinematografías muy sólidas y con enorme capacidad de producción.


No ha ocurrido lo mismo en otras industrias, cuyo alcance internacional ha sido más restringido o se ha limitado a ciertas etapas históricas (la italiana, la francesa, la británica, la alemana, la japonesa, etc) En la actualidad, países con un potencial económico muy grande como China o Corea del Sur o con un mercado interno bastante afirmado y una clara influencia regional como Irán, están robusteciendo sus respectivas industrias.

En el Perú se intentó hacer cine desde el periodo mudo, pero nunca se creó la posibilidad de formar una industria o apenas si se vislumbró a fines de los años 30. Los problemas de financiación y el débil mercado interno, la ausencia de una legislación que apoye la producción, el copamiento de las salas por los estrenos principalmente norteamericanos y los hábitos del público favorables a los estándares de ese cine, han sido los principales factores de inhibición de una, repito, improbable industria.


Sin embargo, no en el Perú, pero si en otros países de la región hubo en el pasado industrias cinematográficas, en México y Argentina, concretamente. Hoy es muy problemático hablar de la supervivencia de esas industrias que perdieron no solamente el mercado internacional que tuvieron, sino buena parte del mercado interno. Son muy escasas las cintas de esos dos países que obtienen una recaudación importante en el circuito de estreno. Desde que la televisión se consolida, se produce un cambio muy significativo al interior de esas industrias así como un desplazamiento del público de la pantalla grande a la pantalla chica.

Las cosas se han ido complicando aún más en los últimos años, lo que plantea desafíos muy serios a la propia vigencia de las grandes salas con la diversificación de los formatos y las pantallas. Allí están al respecto las declaraciones del mandamás de Dreamworks anunciando la extensión del empleo de la Tercera Dimensión (3D), como una respuesta a los riesgos que se ciernen sobre la supervivencia del cine en espacios públicos.

Que Fortunic proponga seguir las lecciones de Hollywood y Bollywood, y a estas alturas de la historia, no tiene el menor sustento real porque eso supondría tener unas condiciones que aquí y en toda Latinoamérica son inexistentes. Que al mencionar esas lecciones quiera decir que de lo que se trata es de hacer películas de entretenimiento, para más tarde hacer otras que pongan en agenda asuntos importantes, es una falacia. Así no se plantearon las cosas ni en Hollywood ni en los estudios de Bombay. Como él mismo pone como ejemplo a Vidas paralelas, cabe preguntar si la está considerando como una película de entretenimiento, cuando se supone que ese film quiere poner sobre el tapete el tema del terrorismo senderista.

Muchísimas películas norteamericanas han demostrado, desde la década del 10, en la etapa formativa de la industria, que el entertainment y los “asuntos importantes” no son en absoluto incompatibles. Pero es una ilusión pensar que se pueda construir una industria cinematográfica en la época actual en un país como el nuestro. Lo que sí es factible lograr es una pequeña producción (tal vez diez o quince largometrajes al año, en el mejor de los casos) que apunte a las diversas pantallas que son hoy el territorio de difusión del cine.

No es que la crítica demande la excelencia cinematográfica a priori. La excelencia es un bien muy escaso en el mapa del cine mundial. Lo que la crítica no puede hacer es amparar la mediocridad o la nulidad. Lo que tampoco hace el público cuando el resultado es clamoroso y es lo que pasó, justamente, con Un marciano llamado deseo, la película que dirigió Fortunic. Es muy fácil atribuirle a los críticos la razón del fracaso comercial de una película cuando, en verdad, el “poder” de los críticos es estadísticamente ínfimo, incluso en países como Francia o Italia. Postular implícitamente que es necesario hacer cintas como Un marciano llamado deseo para ir creando una industria es más bien hacer aún más abismal de lo que ya es la diferencia entre lo que podría hacerse aquí y esos modelos de comunicación que provienen de las grandes industrias. Más aún, es una invitación al precipicio en caída libre."

Isaac León Frías

9 comentarios:

Gustavo dijo...

Pues yo creo que Fortunic tiene algo de razón. Para lograr que hacer cine sea rentable en nuestro país, y se pueda generar una industria filmica, hay que hacer que la gente llene las salas, no hay otra manera, me parece. Y eso se logra con películas de entretenimiento. La gente quiere divertirse, emocionarse, entretenerse, ver la peli con canchita, no quiere peliculas lentas, que hagan pensar demasiado o que aburran con dialogos metafisicos. Se entiende?.
Pero claro, hasta para hacer cine de entretenimiento hay que esforzarse. No van a lograr que la gente llene las salas con bodrios como "Un marciano llamado deseo".

Anónimo dijo...

"La gente quiere divertirse, emocionarse, entretenerse, ver la peli con canchita, no quiere peliculas lentas, que hagan pensar demasiado o que aburran con dialogos metafisicos. Se entiende?"
Claro que se entiende. Para eso está Hollywood, no? Pensar que en el Perú, donde no tenemos ni cultura ni tradición cinematográfica, se pueda concretar una industria del entretenimiento, es consecuencia o del sueño o del mal estado de la sesera.
Yo soy 'gente' y me gustan las pelis comerciales -las mejores, interesantes, que no me subestimen como espectador- y las lentas. Otra vez se vuelve a esa penosa dicotomía que no hace sino empobrecer la discusión.

JORGE LUIS VILLACORTA SANTAMATO dijo...

Me parece muy interesante el artículo. Las apreciaciones son fascinantes.

Cuando el Sr. Fortunic indica

“A diferencia de lo que se ha pretendido en el Perú, donde se demanda la excelencia cinematográfica a priori, sin tener en cuenta que nuestro mercado y nuestra industria son aún muy endebles, tanto Hollywood como Bollywood nos demuestran que el camino es exactamente el inverso: construir un sólido cimiento primero y desde allí explorar todo el potencial que la pantalla puede ofrecer”.

me parece que tiene cierta lógica.

La lógica que le encuentro es "construir un sólido cimiento primero".

¿En qué consiste un "sólido cimiento"?. En unas circunstancias muy bien descritas en el análisis del redactor:

"Empiezo por decir que me parece un enorme despropósito poner como ejemplos de una más bien improbable industria fílmica nacional esas dos cinematografías y por varias razones:

1) Ambas industrias se gestan en el periodo silente, en países con un gran territorio y volumen de población, y se van afianzando a través del tiempo.
2) Hay diversas circunstancias político-económicas que permiten ese afianzamiento y que no tienen nada en común con las nuestras.
3) Hollywood domina desde los años de la primera guerra mundial el mercado internacional; Bollywood, el enorme mercado interno y el de varios países próximos.
4) Los modelos narrativos activados, con todas las actualizaciones que puedan haber tenido en el transcurso de los años, se han ido sedimentando porque se trata de eso: de cinematografías muy sólidas y con enorme capacidad de producción".

El análisis muestra claramente que hay razones político-económicas (punto 2). Hollywood (Estados Unidos de Norteamérica) domina a partir de la primera guerra mundial(punto 3)porque los competidores europeos se dedicaron a destruir sus industrias mutuamente. Los modelos narrativos existen (punto 4) porque las cinematografías "son muy sólidas", es decir, poseen un gran poder político, la "enorme capacidad de producción" sólo es expresión de ese poder político. En el punto 1 del análisis, lo que se indica es que el poder político en Hollywood y Bollywood se expresó en "la producción cinematográfica" sometiendo el invento técnico al control más ferreo posible y dirigiendo su desarrollo.

El análisis (puntos 1,2,3,4) me parece excelente y también me parece que señalan perfectamente cómo Hollywood y Bollywood son ejemplos adecuados de una probable industria fílmica nacional. El secreto está en el contro político, en la concentración de poder a tal punto, que ejerza un poder efectivo en la sociedad peruana toda.

En mi lectura, habría que crear las condiciones políticas que generen "consumidores cinematográficos", al margen de intentar imitar el desarrollo histórico de esas evoluciones políticas particulares que son Hollywood y Bollywood.

Por ejemplo, habría que asegurarse de que exista "tiempo libre" para la mayor parte de la población.

También habría que asegurar que tenga por coacción social (la mayor parte de la población) que "consumir" películas.

Y habría que asegurar también que esos asistentes estén suficientemente nutridos como para que asistan a las proyecciones y se mantengan despiertos.

Y, claro está, habría que asegurarles condiciones de vivienda y vestido que les permitan estar los suficientemente sanitos como para usar sus cuerpos eficientemente y llegar a las salas , salones, plazas, de exhibición.

Actualmente, sólo una porción mínima de la población peruana está en las condiciones económicas de explorar el "tiempo libre".

Para que exista consumo de productos ideológicos tan exquisitos como son los productos cinematográficos, hay que garantizar la existencia de asistentes a esas sesiones espirituales (que son totalmente políticas). Y esto sólo puede lograr utilizando el poder político.

En cuanto el control político de las relaciones sociales tenga un plan como el que planteo, habrá "industria cinematográfica". Que además puede tener soporte en DVD o vídeo o algún sucedáneo susceptible de ser controlado por el poder político.

Y a "nuestra" 'industria' podríamos denominarla con un nombre en buen español, algo así como "Industria Cinematográfica Peruana".

JORGE LUIS VILLACORTA SANTAMATO

Anónimo dijo...

Cualquier país puede crear la industria que desee. No es imposible en el Perú hacerse a la idea de una posible y poderosa industria cinematográfica. Para lograrlo se requieren unir voluntades (desde los críticos, hasta los medios, pasando por los legisladores).
Dos cosas promueven una industria, las políticas treibutarias y la disposición de personas como el señor Fortunic, que se atreven a invertir su propio dinero en ese afán de hacer empresa en su país.
Resulta patético que a los bodrios hollywoodenses de los que está plagada nuestra cartelera nunca se le haya dedicado los epítetos que a la película del señor Fortunic.

Anónimo dijo...

No cualquier país puede tener una industria. Lo que imagina Fortunic es algo con todas las de la ley, precisamente, como funciona en Holly y Bollywood. A lo más, podemos aspirar a la situación de Nigeria. Pero de allí a pensar en una industria, es muy complicado. No todo pasa por voluntades, sino por educación, preparación y una tradición que no tenemos. Alguien dijo por ahí que, de repente, en el cine los peruanos somos como en el fútbol: no la vemos.

Anónimo dijo...

Villacorta, sos un loco adorable. Me gustaría saber como escapaste del manicomio, querido. En serio te digo: no dejés de escribir porque tus comentarios son el aceite de ricino de este blog. Te lo pido POR FAVOR.

raul lizarzaburu dijo...

El anónimo del 13 de enero se queja de que "a los bodrios hollywoodenses de los que está plagada nuestra cartelera nunca se le haya dedicado los epítetos que a la película del señor Fortunic". Habla como si se tratara de un ensañamiento, y no es así. Es cuestión de emitir un juicio meramente crítico. Por ejemplo, en la encuesta de También Los Cinerastas Empezaron Pequeños, yo elegí como las peores películas del año a Meteoro, Jumper y Mamma Mia, sin seguir necesariamente un orden. Las tres son muy malas, pero tanto la película que hizo Fortunic como director (Un marciano llamado deseo) como la que hizo como guionista (Cuando el cielo es azul, que motivó todo un berrinche de su directora Sandra Wiese contra la crítica) me parecen peores aún. Y no es nada personal contra Fortunic, al margen de su peregrina idea de que el cine peruano siga los ejemplos de Hollywood y Bollywood para convertirse en una industria.

Anónimo dijo...

Siempre acertado, Lizarzaburu.

Gustavo dijo...

Meteoro, Jumper y Mamma Mia pueden ser películas malas, pero cuanta gente llevaron a las salas???.
Hagan películas que entretengan, que atraigan a los espectadores de a pie, que los emocionen, que los diviertan, claro, eso no quiere decir que filmen bodrios, pero bajen al llano al menos por un momento. Están muy desconectados de la gente común.