Dos películas peruanas, “Illary” y “Kasa okupada”, muy distintas en sus tratamientos, pero con similares problemas.
Ambas están sujetas, presas, hipotecadas, puestas al servicio de una idea rígida que preside su construcción.
En “Illary” es el esquema de las vidas paralelas pero opuestas: una hermana trabaja en el servicio de inteligencia y la otra se ve involucrada con Sendero Luminoso. El destino (o la Historia) las terminará por juntar.
En “Kasa okupada” todo está al servicio de un “parti pris” que se mantiene con absoluta rigidez: los diálogos están suprimidos; la información abunda en cargados intertítulos y la dinámica del relato se interrumpe a cada momento con grabados insertos de los elementos indispensables para un aquelarre.
En “Illary” se prodigan las explicaciones verbales, las justificaciones para cada acto y se dramatiza la vida familiar de las protagonistas, pero no se logra crear tensión narrativa ni conflicto entre los personajes. Los momentos fuertes resultan sobreactuados (la secuencia de la tortura); los apartes familiares se debilitan por las actuaciones; las referencias a la “realidad” (el accionar del grupo Colina, los crímenes de Mariela Barreto y La Cantuta, la captura de Abimael Guzmán) son datos agregados en una trama que va por otro lado. La abundancia de sentencias y frases resultan “ejemplares y aleccionadoras” y buscan hacer el diagnóstico de un sector de la juventud que se vio atrapado o seducido por la violencia política, pero restan dinamismo, fuerza y capacidad persuasiva a la acción.
En “Kasa ocupada”, los interludios verbales y gráficos detienen o congelan cualquier sentido de la progresión en una película que narra justamente un proceso, una trayectoria: la preparación de un aquelarre. Durante la proyección fue inevitable pensar en una vieja película peruana, “Cholo” de Bernardo Batievski, en la que otro “parti pris” estilístico, el de las imágenes congeladas de modo súbito, los “freeze frames”, le daban un aire catatónico hasta a los pases futbolísticos más sabios de Hugo Sotil.
En esa obsesión por lo sistemático, lo mecánico y lo repetitivo, "Kasa okupada" termina diseñando una “estética de la omisión”: se omite el sonido (más allá de algunos ambientales en exteriores); se omite la palabra; se omiten los elementos de género (ya sabemos que algunos “autores” no se preocupan por el género aunque lo transiten ); se omiten las acciones fuertes; se omite la violencia explícita; se omite el silencio; se omiten las actuaciones (dicho con todo respeto, más que de brujas por ratos "Kasa okupada" parece de zombis); se omite el humor (salvo el chiste previsible de la monja que no califica como virgen) En verdad, "Kasa okupada" me provocó las ganas irrefrenables de volver a ver “Magia negra” (“The Devil Rides Out”, de Terence Fisher), mi película preferida sobre brujos, brujas, aquelarres y otras conspiraciones infernales: una bocanada de aire fresco.
Algo diferencia a "Illary" de "Kasa okupada": la primera carece de mayores ambiciones estilísticas ni pretende fundar ni refundar la historia del cine; la segunda posee todas las pretensiones, juntas y revueltas.
Ricardo Bedoya
6 comentarios:
Kasa ocupada es peor.
Illary que es amanecer en quechua parece un anochecer del cine peruano, y casa okupada esta ocupada de zombis verdaderamente... y no deberia señor Bedoya decir eso sin perdir permiso
"(dicho con todo respeto, más que de brujas por ratos "Kasa okupada" parece de zombis)"
dilo y ya.
Hola,
Y dónde se puede ver Kasa okupada.
Gracias
Vi la Kasa esa en el Cafae y no sé si es de miedo, de risa o o de aburrimiento.
El gran "nuevo cine peruano", jajajajajaja
Eso es un invento de Castro Cobos.
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