
“Cu4tro” es un filme colectivo de episodios dirigidos, en ese orden, por Frank Pérez Garland, Christian Buckley, Bruno Ascenzo y Sergio Barrio. De los directores nombrados sólo el primero tiene experiencia previa en el largometraje, ya que realizó “Un día sin sexo” en 2005. Coincide en eso con “Cuentos inmorales” que, en 1978, inauguró la vía de los filmes de episodios en el cine peruano. Sólo Lombardi, director de uno de los episodios, había dirigido un largo hasta entonces. Los otros, Flores Guerra, Tamayo San Román y Huayhuaca, tenían experiencia en labores técnicas y en la dirección de cortos.
Los episodios de “Cu4tro” se articulan en torno del tema común del duelo y la melancolía. El primero (signado con el 4), de Frank Pérez Garland, es el más logrado. Escueto y ajustado, es el retrato de una mujer (Vanessa Saba) que se enfrenta a la pérdida del esposo. Sin más informaciones, sólo vemos apuntes y esbozos de los gestos que definen su abatimiento. La inacción es el signo del episodio.
Los planos valorizan el espacio vacío de un departamento; el fondo de la cruz iluminada de Chorrillos, vista a través de una ventana, se empaña y sale de foco conforme se expone la situación; la foto en clave baja de Mario Bassino aporta unidad de estilo visual al filme. Todo en ese departamento, ordenado y bien dispuesto, recuerda la estabilidad pasada de la pareja, siendo escenario repentino de la desolación actual. Hay como un hueco, un espacio vacío, en ese lugar. El cuerpo de Vanessa Saba encarna la idea de la melancolía en la lasitud con la que se mueve por ese ambiente que antes fue acogedor y en la morosidad con que se saca los botines o se derrumba en la cama: la actriz es el centro del corto y cumple a plenitud.
El segundo episodio (signado con el 3) busca introducir el humor en una película carente de otros acentos que no sean los de la penuria tanática. Dos hermanos (Natalia Parodi y Bruno Ascenzo) buscan contratar el funeral para su padre pero chocan con una empeñosa, aséptica y pragmática vendedora (Katia Condos) que los llena de razones, tarifas y opciones de compra. Si el episodio cumple con airear el clima de la película y los actores están en caja, la realización se siente rígida, a la manera de un ejercicio aplicado, literal e ilustrativo.
El tercer episodio (2, de Bruno Ascenzo) tiene un desarrollo narrativo errático y confuso, pero logra crear un clima de sordidez, descomposición y malestar en las relaciones entre los personajes. La dirección artística de Giuseppe de Bernardi incide en los interiores deteriorados, superficies desgastadas y texturas envejecidas que se corresponden con la situación de la protagonista. Destaca Gisela Ponce de León.
El último episodio (1, de Sergio Barrio) cuenta con dos puntos a favor: un relato limpio, narrado con seguridad (como en los cortos previos de Barrio, “Un domingo familiar” y “Un tal Nacho”), y la dirección de los actores. Los personajes de Renzo Schuller y Paul Vega son amantes; uno cuida y complace al otro, que padece de una enfermedad terminal. La situación apunta siempre al cargante sentimentalismo pero se mantiene en el límite gracias a la solvencia de los actores, que juegan en registros distintos. Schuller locuaz y expansivo, “representando” un papel de abnegación, pero también de incitación o provocación, frente a su privilegiado y adolorido espectador, un Paul Vega contenido y preciso como de costumbre.
En 1978, “Cuentos inmorales” trató de construir un público para el cine peruano apelando al reconocimiento de los signos más notorios de la vida urbana, ofrecidos en claves genéricas diversas: de comedia, sátira y observación de costumbres. “Cu4tro”, en cambio, es una cinta que no mira hacia la calle ni le interesa el color local. Prefiere mostrarse ensimismada, reconcentrada y con un aspecto mortecino, más bien frágil en su construcción dramática, monocorde en el discurrir y abstracta en su planteamiento. No le falta audacia, es cierto, sobre todo frente a un mercado que reacciona de modo positivo sólo ante las apelaciones más efectistas e inmediatas.
Ricardo Bedoya
Los episodios de “Cu4tro” se articulan en torno del tema común del duelo y la melancolía. El primero (signado con el 4), de Frank Pérez Garland, es el más logrado. Escueto y ajustado, es el retrato de una mujer (Vanessa Saba) que se enfrenta a la pérdida del esposo. Sin más informaciones, sólo vemos apuntes y esbozos de los gestos que definen su abatimiento. La inacción es el signo del episodio.
Los planos valorizan el espacio vacío de un departamento; el fondo de la cruz iluminada de Chorrillos, vista a través de una ventana, se empaña y sale de foco conforme se expone la situación; la foto en clave baja de Mario Bassino aporta unidad de estilo visual al filme. Todo en ese departamento, ordenado y bien dispuesto, recuerda la estabilidad pasada de la pareja, siendo escenario repentino de la desolación actual. Hay como un hueco, un espacio vacío, en ese lugar. El cuerpo de Vanessa Saba encarna la idea de la melancolía en la lasitud con la que se mueve por ese ambiente que antes fue acogedor y en la morosidad con que se saca los botines o se derrumba en la cama: la actriz es el centro del corto y cumple a plenitud.
El segundo episodio (signado con el 3) busca introducir el humor en una película carente de otros acentos que no sean los de la penuria tanática. Dos hermanos (Natalia Parodi y Bruno Ascenzo) buscan contratar el funeral para su padre pero chocan con una empeñosa, aséptica y pragmática vendedora (Katia Condos) que los llena de razones, tarifas y opciones de compra. Si el episodio cumple con airear el clima de la película y los actores están en caja, la realización se siente rígida, a la manera de un ejercicio aplicado, literal e ilustrativo.
El tercer episodio (2, de Bruno Ascenzo) tiene un desarrollo narrativo errático y confuso, pero logra crear un clima de sordidez, descomposición y malestar en las relaciones entre los personajes. La dirección artística de Giuseppe de Bernardi incide en los interiores deteriorados, superficies desgastadas y texturas envejecidas que se corresponden con la situación de la protagonista. Destaca Gisela Ponce de León.
El último episodio (1, de Sergio Barrio) cuenta con dos puntos a favor: un relato limpio, narrado con seguridad (como en los cortos previos de Barrio, “Un domingo familiar” y “Un tal Nacho”), y la dirección de los actores. Los personajes de Renzo Schuller y Paul Vega son amantes; uno cuida y complace al otro, que padece de una enfermedad terminal. La situación apunta siempre al cargante sentimentalismo pero se mantiene en el límite gracias a la solvencia de los actores, que juegan en registros distintos. Schuller locuaz y expansivo, “representando” un papel de abnegación, pero también de incitación o provocación, frente a su privilegiado y adolorido espectador, un Paul Vega contenido y preciso como de costumbre.
En 1978, “Cuentos inmorales” trató de construir un público para el cine peruano apelando al reconocimiento de los signos más notorios de la vida urbana, ofrecidos en claves genéricas diversas: de comedia, sátira y observación de costumbres. “Cu4tro”, en cambio, es una cinta que no mira hacia la calle ni le interesa el color local. Prefiere mostrarse ensimismada, reconcentrada y con un aspecto mortecino, más bien frágil en su construcción dramática, monocorde en el discurrir y abstracta en su planteamiento. No le falta audacia, es cierto, sobre todo frente a un mercado que reacciona de modo positivo sólo ante las apelaciones más efectistas e inmediatas.
Ricardo Bedoya
3 comentarios:
Cuatro definitivamente es intimista pues se habla de penas y lutos, soledades y suicidios, agonías y angustias, todo eso descrito en contextos interiores. Somos los espectadores consumidores de sus vidas íntimas donde sus personajes no vacilan en demostrar sus malestares que serán manifestados de distintas formas, sea hundiéndose en la soledad o recurriendo a lo sexual. En primer momento, los cortos 4 y 3, sus personajes no se resisten a asumir sus penas. La muerte de sus cercanos es un motivo de abandono, es estar disconformes con todo lo que les rodea. Sus personajes son volubles e indefensos, son huérfanos dentro de su realidad, incomprendidos, esto se debe a que no comparten sus penas. Hay una necesidad de morirse por sí solos dentro de ellos. Por otro lado, los cortos 2 y 3, nos habla de personajes fragmentados, amputados físicamente por la vida misma o que desean amputarse por sí solos. Encontramos el tema del suicidio y del agonizante. Estos a su vez recurrirán a otro sujeto, aquel que los pueda complementar. Su misma naturaleza fragmentada encuentra en estos una posibilidad de vivir, de entrar a la normalidad. Cuatro no es en grupo una película muy motivada pero muy a pesar no deja de ser seductora si es vista episodio por episodio. El tema central definitivamente es el luto, la muerte, la que ha llegado, a la que se aproxima o a la que se recurre.
Carlos: por qué no haces tu propio blog? Si en cada comentaro haces una crítica
si Carlos, si te vas a extender y poner tu punto de vista y tu critica, haz tu propio blog, prometo leerte y criticarte tambien.
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